Antipejes y Similares, Continuación

Por un México DES-PEJADO Yante la corrupción confirmada por López, al darle la razón a Ahumada, su candidata guerrillera Lucía Morett, etc. ¡Lo dicho! ¡Son un peligro para México! ¡Incluyendo a sus partidos!

Nudo gordiano Sobre el aplomo

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Nudo gordiano
Por: Yuriria Sierra columnista
Sobre el aplomo

Un español a lo mexicano puro y llano, diríamos que, el de ayer, fue el "menos peor" de todos los escenarios posibles. Finalmente, Felipe Calderón rindió protesta ante el pleno del Congreso de la Unión, tal y como lo establece el artículo 87 Constitucional y, además, con total observación a las disposiciones de las leyes secundarias en el tema de toma de protesta: el Presidente saliente, Fox, asistió a la ceremonia, entregó la banda al presidente de la Mesa Directiva quien, a su vez, la puso en manos del Presidente entrante, Felipe Calderón.

La filigrana de las estrategias para conseguir una toma de protesta fue impecable. Una toma que, aunque compleja y breve, fue —en términos legales— una protesta impecable. Pero, sobre todo, fue un día que ofreció varias estampas intensas, poco habituales —y, de facto, muchas inéditas en el catálogo de la actividad política mexicana contemporánea—. Y muchos significados los del primero de diciembre. El orden de aparición no refleja su importancia, es un simple ejercicio de asombro:

1.- El aplomo de Felipe. Después de varios años en que los políticos han confundido la idea de valentía con la de valentonada, la bravura con bravuconería y la responsabilidad con perversidad, ayer Felipe Calderón nos dio una muestra de su madera: el aplomo no está hecho de extravagancias jactanciosas (como él mismo aseguró en días previos: acudiría a San Lázaro por obligación legal, no por mero capricho). El aplomo (en política) es la capacidad que pocos tienen hoy día para hacer y defender lo correcto en función de la ley y la razón de Estado, no de un cálculo electoral, clientelar o partidista. El aplomo de Felipe Calderón quedó revelado desde el momento mismo en que decidió abrir en cadena nacional, en el minuto uno de ayer, su día uno. Era necesario asegurar el traspaso de poderes a sus secretarios de Estado para que no se generara ni siquiera un breve vacío de poder en el imaginario de los mexicanos, en las horas previas a la toma de protesta. Pero fue, sobre todo, en ésta en la que quedó de absoluto manifiesto que si algo le va a sobrar al ahora Presidente, será determinación. Verlo ingresar por la parte trasera de la tribuna, hacia un escenario totalmente hostil, con una tribuna tomada por los suyos, pues no había opción distinta… Y, sobre todo, rendir protestas entre los silbatazos del odio y las consignas amargas de una bancada que no termina de administrar su derrota presidencial, pero tampoco su victoria legislativa.

2.- El aplomo del PRI. No los dejaban ingresar al recinto de San Lázaro. Los diputados más radicales de la fracción perredista habían colocado, en los cinco accesos, barricadas hechas a base de curules arrancadas del suelo. Un secuestro virtual de todos los que nos encontrábamos presentes en el salón de plenos, incluida la prensa. Barricadas instaladas con el maquiavélico propósito de evitar el ingreso de la fracción priista y, por lo tanto, sabotear la instalación del quórum para la sesión solemne. Y los legisladores del PRI saltaron la barda del "corral de la ignominia" (como se le conoce al espacio en el que se concentra la prensa). Quién sabe si vendieron o no caro su amor, pero el coordinador priista de los diputados, Emilio Gamboa, y el presidente de la Cámara de Senadores, Manlio Fabio Beltrones, además de sus respectivas bancadas (que en una escena cercana a la ternura ondeaban banderitas de México), hicieron lo que les correspondía para garantizar que la sesión y la toma de protesta se llevaran a cabo. No jugaron al tío Lolo: hicieron lo que corresponde a quienes merecen llamarse políticos profesionales. Yo me quedé pensando que si durante más de 70 años los priistas pensaron siempre que el Estado les pertenecía, no iban a permitir que el Estado fuera puesto en jaque de una manera no sólo deplorable sino indigna. Después de todo, hay muchos priistas a los que no se les puede negar su naturaleza de políticos profesionales.

3.- El aplomo del PAN. Por su parte, fue también aleccionador ver y escuchar a Santiago Creel, ex contendiente de Felipe Calderón, agradecer no sólo a los panistas, sino a los priistas por el "cumplimiento de su palabra". De hecho, hay quienes pensaban que el rencor haría de Creel una más de sus víctimas y sorprende ver cómo un buen perdedor se engrandece cuando asume que su misión va mucho más allá de la que dicta la frustración o el egoísmo (si acaso AMLO hubiera actuado así, pensando en el país y no en su presidencia ficticia). Así pues, sin haber competido contra él, Creel resultó más grande que Andrés Manuel, tan sólo por la forma en que asumió su derrota democrática frente a Felipe Calderón…

4.- ¿Y el aplomo en el PRD? Ayer en la madrugada, horas antes de que se realizara la toma de protesta, leíamos en los portales de Internet que, tras una larga junta deliberativa, López Obrador y sus cercanos habían tomado la decisión de "congelar y suspender" las protestas planeadas contra Calderón. Un asomo de nobleza para con el país y con el Poder Legislativo. Algo que esperábamos desde hacía meses. De pronto, a las ocho horas, cuando se rompía la tregua pacífica pactada entre el PAN y el PRD apostados en la tribuna tamalera, los golpes tardaron apenas un minuto en reaparecer en el recinto. Yo no dudo que el ala amarilla más moderada, encabezada por Jesús Ortega y los coordinadores parlamentarios —González Garza de los diputados y Carlos Navarrete de los senadores— realmente hayan intentado negociar con los sectores más duros y radicales de sus respectivas bancadas. Pero también para eso hace falta aplomo… Tienen seis años por delante: ellos decidirán si lo tienen o no para impedir que el derrumbe electoral mande de nuevo al PRD a un tercero y lamentable lugar. Seis años para demostrar que, en ese sector de la izquierda mexicana, el aplomo no es sinónimo de locura, de violencia ni de una insensatez destructiva, y sí autodestructiva.

Seis años tienen ellos y seis años toda la clase política, presidente Calderón incluido, para demostrarnos que el aplomo, cuando es una virtud política, se traduce necesariamente en la construcción de un mejor país…


http://www.nuevoexcelsior.com.mx/main.aspx?pid=bF3eyyF/Td4=&idioma=27&parent=8d7stF7VCc4IUG0OTWc4zFd9wEaXGWkg&noticia=8315&ruta=Nudo gordiano

Buscan culpables de la derrotaLópez Obrador sabía que estaba empatado con Felipe Calderón

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