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Augusto C Sandino

En uno de aquellos días manifesté a mis amigos que si en Nicaragua hubieran cien hombres que la amaran tanto como yo, nuestra nación restauraría su soberanía absoluta. Mis amigos me contestaron que posiblemente habría en Nicaragua ese número de hom

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Augusto Nicolás Calderón Sandino

Augusto Nicolás Calderón Sandino nace el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, departamento de Masaya. De niño, trabaja con su madre recolectando café en las plantaciones del Pacífico nicaragüense.

En octubre de 1909 una insurrección apoyada por Estados Unidos provoca la renuncia del presidente José Santos Zelaya. Asume el cargo José Madriz, pero en febrero de 1910 tropas norteamericanas desembarcan en Corinto y provocan también su renuncia. Luego de múltiples maniobras toma el poder Adolfo Díaz, tenedor de libros de una empresa minera norteamericana y aliado incondicional de Washington. Estados Unidos otorga un par de empréstitos a Nicaragua y toma, en garantía, el control de las aduanas, el Ferrocarril Nacional, los vapores del Gran Lago y fondos no utilizados de otro préstamo.

En julio de 1912 estalla una sublevación en contra del títere Díaz. Tropas norteamericanas desembarcan en Corinto. Benjamín Zeledón enfrenta a los invasores y muere en combate el 4 de octubre. A sus 17 años Sandino queda muy impresionado con la imagen del patriota.

En 1916 trabaja como ayudante de mecánica cerca de la frontera con Costa Rica. Viaja a Honduras en 1920 y a Guatemala en 1923, donde trabaja en las plantaciones de la United Fruit. Marcha a México y trabaja para empresas petroleras en Tampico y Cerro Azul.

En agosto de 1925, Estados Unidos retira sus tropas de Nicaragua; la ocupación ha durado 13 años. Permanecen, sin embargo, los instructores de la Constabulary, antecesora de la Guardia Nacional. Golpe militar del general Emiliano Chamorro en octubre. Washington se niega a reconocerlo.

En mayo de 1926 ocurre un alzamiento liberal en contra de Chamorro. Tropas norteamericanas desembarcan en Bluefields. Al enterarse del inicio de la Guerra Constitucionalista, Sandino parte rumbo a Nicaragua a donde llega el 1 de junio.

El 26 de octubre de 1926 se alza en armas con algunos trabajadores del mineral de San Albino y se incorpora a la causa constitucionalista. El 2 de noviembre, en su primer enfrentamiento contra las tropas conservadoras en El Jícaro, sufre su primera derrota.

El 24 de diciembre, tropas norteamericanas desembarcan en Puerto Cabezas. Al día siguiente, Sandino consigue armas y municiones con ayuda de prostitutas del puerto. El general José María Moncada le ordena regresarlas en una entrevista que sostienen en Prinzapolka; logra conservar las armas e inicia el retorno a Las Segovias.

En enero de 1927, tropas norteamericanas desembarcan en Corinto. En febrero, Sandino se instala en El Yucapuca e inicia en San Juan de Segovia una campaña militar victoriosa; participa en un gran número de combates. Las tropas conservadoras son totalmente derrotadas y Moncada trata de deshacerse de él enviándolo a Boaco.

A principios de mayo de 1927 mantiene un intercambio epistolar con Moncada sobre los términos del armisticio que éste ha logrado con Henry Stimson, delegado del presidente Calvin Coolidge en Nicaragua. El 12 de mayo de 1927 en una circular dirigida a las autoridades locales de todos los departamentos anuncia su determinación de continuar la lucha hasta el retiro de las tropas norteamericanas de ocupación. El 18 de mayo se casa con Blanca Aráuz.

El 1 de julio de 1927 emite su primer Manifiesto Político dirigido al pueblo de Nicaragua desde su campamento en Mineral de San Albino. El 14 de julio responde a la propuesta de rendición que le hiciera Gilbert Hatfield, capitán de los marines. El 16 de julio, después de una batalla de 15 horas, toma por unas horas El Ocotal. La aviación norteamericana bombardea y ametralla el poblado causando 300 muertos entre la población civil.

Combate en varias ciudades y se retira hacia su campamento de El Chipote; inicia la guerra de guerrillas. El 2 de septiembre de 1927 se constituye el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. El 14 de noviembre suscribe el Acuerdo sobre los traidores a la Patria.

En diciembre, los gobiernos de Coolidge y Díaz acuerdan la transformación de la Constabulary en Guardia Nacional.

Después de varios días de «combate», el 26 de enero de 1928 los marines alcanzan finalmente la cumbre de El Chipote y encuentran sólo muñecos de zacate.

El 22 de junio de 1928 el dirigente comunista salvadoreño Farabundo Martí se incorpora a las filas del sandinismo.

El 6 de noviembre de 1928, en elecciones organizadas y supervisadas por los marines, es electo presidente el traidor Moncada.

El 23 de mayo de 1929 sale de Nicaragua con rumbo a México buscando, infructuosamente, el apoyo del presidente mexicano Emilio Portes Gil. Sus generales prosiguen la lucha. Regresa a Nicaragua el 16 de mayo de 1930.

El 31 de diciembre de 1930 las tropas de Miguel Ángel Ortez emboscan una patrulla de marines en Achuapa.

El 15 de febrero de 1931 suscribe su manifiesto Luz y Verdad.

En noviembre de 1932, Juan Bautista Sacasa es electo presidente. Poco antes había solicitado la permanencia de los marines, sin embargo, en esta ocasión Washington se niega.

El 1 de enero de 1933 triunfa la causa sandinista al retirarse los invasores norteamericanos de territorio nicaragüense. Sacasa asume la presidencia y el «general» Anastacio Somoza García la jefatura de la Guardia Nacional. Sandino viaja a Managua en febrero y firma un tratado de paz.

El 20 de mayo viaja nuevamente a Managua para quejarse con Sacasa por los constantes ataques de la Guardia Nacional en contra de su gente. Regresa el 30 de noviembre por la misma razón sin obtener resultados.

El 21 de febrero de 1934 al bajar la loma de Tiscapa, después de una cena con Sacasa, es capturado y posteriormente asesinado con los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor por orden de Somoza García. Poco antes, su hermano Sócrates había corrido la misma suerte. El coronel Santos López, quién participará posteriormente en la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional, logra escapar.

El 23 de agosto de 1934, el Congreso decreta una amnistía para todos los crímenes cometidos por la Guardia Nacional.

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El Muchacho de Niquinohomo

El Muchacho de Niquinohomo
Sergio Ramírez Mercado
Desde los tiempos de la conquista española el destino de Nicaragua ha estado marcado por su posición geográfica y por las características de su territorio; colocada entre los océanos Atlántico y Pacífico, la comunicación natural entre el río San Juan y el Gran Lago de Nicaragua despertó desde el primer momento en los españoles la ambición de lograr un paso entre los dos mares, llamado en las cartas y relaciones de la conquista el Estrecho dudoso.
Al producirse en el siglo XIX la expansión del capitalismo mundial, ya en proceso de franca liquidación el poderío colonial de España en América, la necesidad de contar con vías marítimas más económicas y rápidas para el transporte de materias primas, hace que Inglaterra, como dueña de los mares, fije su mira en la construcción de un canal interoceánico a través de Nicaragua. El canal se convierte así en el eje de las pretensiones de Inglaterra sobre el mar Caribe, que es ya su more nostrum y también en el eje de sus disputas con el naciente poder imperial de los Estados Unidos.
Así cuando los cinco países que bajo el régimen colonial español formaban el Reino de Guatemala declaran su independencia en el año de 1821, la disputa entre Inglaterra y los Estados Unidos comenzará a afectar el curso de la política interna de estas provincias, que anexadas fugazmente al imperio de Iturbide en México, se proclaman luego en República Federal Centroamericana, según el modelo de la constitución política de los Estados Unidos. Pronto se iniciaría una cruenta sucesión de guerras civiles, la Iglesia Católica y los viejos terratenientes criollos empeñados en combatir a los caudillos liberales que son los abanderados del federalismo; entre la sangre y la anarquía, la República Federal sólo resulta un experimento efímero, y después del fusilamiento del General Francisco Morazán, las antiguas provincias se separan y la reacción vuelve a ocupar el poder en cada una de ellas, pobres, obscuras y aisladas, tiranizadas por fanáticos religiosos, como sería el caso de Guatemala con el gobierno de Carrera.
Uno de los países desmembrados de la federación, que más padeció guerra civiles fue Nicaragua. Los españoles habían fundado en su territorio dos ciudades. Granada, a orillas del Gran Lago y abierta a la comunicación del Atlántico a través del río San Juan, la ruta canalera; y León, primeramente junto al Lago Xolotlán y trasladada en el siglo XVII un poco más hacia el occidente, por causa de violentos sismos, y cuya salida hacia el Pacífico era el importante puerto colonial de El Realejo.
Estas dos ciudades, poco comunicadas entre sí, organizaron su vida económica en forma autónoma, realizando en forma independiente su comercio a través de sus propios puertos; y ejercían su control político independiente sobre las regiones rurales de cuya agricultura eran dueñas, creándose así una división a la vez rural y política: ambas ciudades aparecían como sustitutos de un Estado nacional inexistente. El resto del país no era más que una inexplorada e ignota extensión territorial, pues las únicas tierras cultivadas eran las de la franja del Pacífico, lugar de los asentamientos coloniales donde también se había congregado la mayoría de la población mestiza pobre que rendía su mano de obra en las haciendas de añil y de cacao, productos coloniales que seguían siendo la base de la economía nicaragüense, junto con la explotación ganadera. Hacia las selvas del Atlántico, serían por el contrario los ingleses quienes empezarían a ejercer su dominio sobre las tribus indígenas de aquella región, la más grande del país.
Los ricos comerciantes de Granada, respaldados por el clero, se habían opuesto primero a la independencia y luego repudiaron los ensayos liberales de la facción leonesa, formada por agricultores. Tales inquinas hegemónicas hacen que al romperse la federación, las dos ciudades reclamen para sí la capitalidad, como forma de afirmar su dominio político y arrogarse el Estado nacional. Los finqueros y comerciantes arrastraban a los campesinos a la vorágine de las guerras civiles, haciéndoles morir inútilmente bajo sus banderas señoriales. En el año de 1854, el Partido Conservador de los granadinos llamado el Legitimista, y el Partido Liberal de los leoneses llamado el Democrático, entraron en un nuevo conflicto cuyas consecuencias habrían de ser amargas y trágicas como nunca.
Para ese entonces, a pesar de la expansión imperial inglesa, comenzaba a consolidarse ya el poder de los Estados Unidos, cuya mira inmediata en el continente americano era el more nostrum inglés, el Caribe: para proteger este coto de caza, el Presidente James Monroe proclamó en 1823 su doctrina de América for the americans.
Dentro de esta exclusividad pretendida de dominio, que llevaría más tarde al despojo territorial de México y luego a la guerra contra España por la posesión de Cuba, caía necesariamente la construcción y operación, lo mismo que la defensa militar, de un canal interoceánico cuyas opciones eran Nicaragua y Panamá; Inglaterra reconoció oficialmente este derecho canalero sobre Nicaragua a los Estados Unidos, por medio del Tratado Clayton-Bulwer firmado en el año de 1850, sin que por supuesto el olvidado gobierno de Nicaragua, o quienes lo pretendían, fueran tomados en cuenta para tales arreglos.
Pero dos años antes de firmarse este tratado, ocurría un acontecimiento que traería profundas consecuencias con respecto al territorio nicaragüense comprometido ya internacionalmente en el proyecto del canal: en 1848 se descubre oro en California, región que después de la guerra con México, los Estados Unidos se habían apropiado por derecho de conquista. Aventureros, comerciantes, fulleros, inmigrantes, todo el mundo quiere correr desde la costa este hacia California en busca de fortuna; pero un viaje a través de los desiertos y praderas del continente es riesgoso porque el far-west es todavía terra incognita, donde los indios hostiles asaltan a cada paso las caravanas; por barco, debía viajarse hasta el Estrecho de Magallanes, en el extremo sur de América, para ganar el Océano Pacífico, empresa de meses; puede intentarse el cruce del istmo de Panamá, pero allí están los pantanos, la fiebre, muchos quedan en el camino.
En el año de 1849, el Comodoro Cornelius Vanderbilt, uno de esos personajes con garra y sin escrúpulos que forman el coro de padres fundadores del capitalismo moderno, obtiene del gobierno de Nicaragua una concesión para operar a través de su territorio, por aguas de la disputada ruta canalera, un servicio de transportes para carga y pasajeros. Funda su compañía, The Accessory Transit Company, con barcos que desde New York hacen transbordes en el puerto de San Juan del Norte en la desembocadura atlántica del río San Juan; desde allí, embarcaciones de poco calado remontan el río y el Gran Lago, las pocas millas terrestres del istmo de Rivas, se hacen en diligencias desde el puertecito de La Virgen hasta San Juan del Sur en el Pacífico; y de allí en buques otra vez hasta California. Todo muy rápido y más que nada, barato.
En base a su contrato negociado con las autoridades nicaragüenses, el Comodoro Vanderbilt logra acumular una fortuna de millones al poco tiempo, pero mientras se encontraba en un crucero de recreo por Europa, para el cual había mandado construir un buque de lujo llamado White Star que atracaba en los puertos del Mediterráneo, donde Vanderbilt convidaba a bordo a la nobleza, sus socios Garrison y Morgan logran tomar el control de la compañía a través de una maniobra financiera. Empezaría entonces una guerra sin cuartel entre el Comodoro y sus antiguos socios por el control de las rutas hacia California, que multiplicaría los fuegos de la contienda civil nicaragüense iniciada en 1854 por liberales y conservadores: los liberales de León habían desconocido al gobierno conservador de don Fruto Chamorro de Granada y abiertas las hostilidades conciben en su empeño por derribarlo, la idea de contratar una falange de mercenarios norteamericanos. Un aventurero del sur, Byron Cole (quien perdería luego la vida mientras huía del campo de batalla, colgado de un árbol por campesinos nicaragüenses) hace la contrata con los leoneses y recluta en New Orleans a la falange, que encabeza el sureño William Walker. Los empresarios navieros Morgan y Garrison financian la compra de armas, municiones y vituallas, interesados en asegurarse la concesión de tránsito por Nicaragua".
William Walker, quien había peleado en México tratando de anexar el territorio de Sonora a los Estados Unidos, era el adalid de una política expansionista de los Estados esclavistas del sur; en 1855 desembarca con su falange en Nicaragua y es recibido jubilosamente por el gobierno liberal establecido en León, se le acuerda grado de General y va inmediatamente a tomar la plaza de Rivas en manos de los conservadores, pero es rechazado; logra sin embargo apoderarse poco después de la ciudad de Granada en una operación sorpresiva; fusila a dirigentes políticos de ambos bandos, aumenta su número de falangistas y armamento por medio de envíos recibidos desde Estados Unidos, y ya en julio de 1856 se proclama Presidente de Nicaragua; decreta que el inglés es la lengua oficial y ordena el restablecimiento de la esclavitud. Los Estados Unidos reconocen su gobierno y establecen relaciones diplomáticas con él.
Y como parte medular de su empresa de conquista, declaró nula la concesión otorgada al Comodoro Vanderbilt, suscribiendo una nueva a favor de Morgan y Garrison en febrero de 1856. Vanderbilt, por fuerza de sus intereses, y el gobierno inglés, que no quitaba su ojo puesto desde hacía tanto tiempo atrás sobre el canal, aportaron por su parte dinero y armas para equipar a los ejércitos de los restantes países centroamericanos que se unieron a los nicaragüenses, en una campaña militar de expulsión del invasor, que pretendía un dominio no sólo sobre Nicaragua, sino también sobre todo Centroamérica: Five or none se leía en los estandartes de los batallones de rifleros de la falange filibustera.
Seis meses después de su proclamación como Presidente de Nicaragua, los ejércitos centroamericanos lograron derrotar a los filibusteros; después de perder la segunda batalla de Rivas en abril de 1857 termina toda resistencia del invasor y Walker se embarca bajo protección del gobierno de los Estados Unidos, con rumbo a su país; cuando llega a New York, los periódicos lo aclaman como un héroe y estimulado por las demostraciones de apoyo, intenta varias veces más nuevos desembarcos en Centroamérica hasta que en 1860 es capturado en Trujillo, Honduras, y fusilado.
Las facciones en disputa en Nicaragua, firmaron un acuerdo de paz y se dieron una larga tregua después de concluida esta guerra, dejándose a las familias conservadoras de Granada gobernar el país por espacio de casi treinta años que coincidía también con una tregua que los imperios capitalistas se daban sobre el canal, obligados por la guerra de Secesión en los Estados Unidos y por las luchas coloniales de Inglaterra en el África. El proyecto del canal se deja dormir todos estos años en que si no hay guerras, tampoco hay mucho que cambie en Nicaragua; un gobierno patriarcal que cuida del país como si se tratara de una hacienda ganadera.
Al ocurrir la derrota de la Comuna de París en 1870, el capitalismo mundial haría un nuevo empuje que envolvería más que nunca a países marginales como los centroamericanos, en la producción indefectible de materias primas para las industrias metropolitanas. En este nuevo panorama internacional, Centroamérica producirá y explotará primeramente café y más tarde bananos. En el primer caso, como la caficultura requiere de un nuevo orden agrario, ya que debe concentrarse la tierra y disponerse de abundante mano de obra campesina, es la oportunidad de que los grupos liberales puedan derrocar por medio de revoluciones acaudilladas por militares, a los gobiernos conservadores, y expropiar las tierras de la Iglesia Católica.
Se forma así, primero en Guatemala en 1872, un gobierno de terratenientes cafícultores de credo liberal y aquella ola de cambios, aunque tardaría en llegar a Nicaragua, produciría en 1893 el derrocamiento de los conservadores granadinos y el establecimiento de una dictadura militar liberal, que preside el General José Santos Zelaya.
En el segundo caso, la producción de banano se realiza por medio de la ocupación de enormes cantidades de tierra por parte de compañías norteamericanas como la United Fruit Company, que ya a comienzos del siglo XX cultivan, exportan y comercian el banano. Las plantaciones bananeras llegarían a ser verdaderos Estados, con sus leyes, ciudades, fuerzas de policía, tiendas, almacenes, moneda; y los países donde se establecieron no percibirían más que pálidos beneficios y estarían al margen de esos imperios.
El General Zelaya gobierna a Nicaragua por 16 años, durante los cuales logra medidas de progreso y consolidación nacional, como la reincorporación del territorio inglés; y entre sus planes no deja nunca de estar la construcción del canal, pues Zelaya participaba ardorosamente de la ideología de que el progreso sólo podría lograrse por medio del capitalismo mundial en expansión. Sólo el canal llegaría a ser la fuente de riqueza y transformación del país.
Es entonces cuando el presupuesto calculado de América for the americans sufre alteraciones impuestas por la nueva etapa en que entran los Estados Unidos en su expansión imperial, han librado su guerra contra España por el dominio de Cuba y Teodoro Roosevelt toma violentamente el territorio de Panamá, agregándolo de Colombia, para asegurarse la construcción, al fin, de un canal interoceánico. Y la doctrina Monroe es ahora la del big stick, bajo la cual se ocupa militarmente Haití, Santo Domingo, Cuba, Honduras, México, Nicaragua.
Cuando Zelaya advierte que los Estados Unidos no estarán ya más interesados en un canal por Nicaragua al haberse decidido por Panamá, intenta negociar una concesión canalera con otras potencias extranjeras y busca contactos con Alemania y el Japón. Su caída del poder que se produce en el año 1909, y la subsiguiente ocupación de Nicaragua por la Marina de Guerra yanki, es provocada en parte por semejante intento; y porque su hostilidad contra Estados Unidos, toma a Zelaya bajo los fuegos de la también recién inaugurada doctrina de la Dollar diplomacy, que convierte al Departamento de Estado en agente de los banqueros y financieros, para operaciones de préstamos e hipotecas que requieren de gobiernos dóciles en el área del Caribe; y cuando no, los marines pasan a ser la policía de esos mismos banqueros, y a vigilar también que no se perturbe la paz de los enclaves bananeros. Para entonces ya los países centroamericanos pertenecen a la United Fruit Co. y a Boccaro Brothers & Co., que deponen presidentes, compran diputados y derogan y emiten leyes, encienden guerras. Son las banana republics.
A finales de 1909, los conservadores, con la franca ayuda del Departamento de Estado, se levantan en armas contra Zelaya en la Costa Atlántica del país, una región selvática y aislada y de enorme extensión, propicia para revueltas, su ejército insurgente está financiado por The Rosario and Light Mines Co., empresa minera yanqui de la familia Buchanin establecida en el país y a la que Zelaya reclamaba impuestos no pagados; dos norteamericanos enrolados como mercenarios en las filas conservadoras son fusilados por el gobierno, lo cual sirve de pretexto y ocasión al Secretario de Estado, Mr. Philander C. Knox -abogado de The Rosario & Light Mines Co., y consejero legal de la familia Buchanan- para desconocer al régimen de Zelaya por medio de una nota diolomática que al llegar a manos de Zelaya el 9 de diciembre de 1909, provocó su renuncia a la Presidencia, veinticuatro horas después, ya que en el juego de relación de poder de Estados Unidos en el Caribe, una comunicación semejante equivalía a una destitución; pasando el cargo a manos del Dr. José Madriz, quien no puede sostenerse pues los barcos de guerra yanquis patrullan las costas nicaragüenses, llevan armas a los alzados y detienen el avance de las fuerzas gubernamentales, declarando "zonas neutrales" los territorios en poder de éstos, y protegiendo a los rebeldes para que colecten impuestos de aduana.
Los generales conservadores entran a Managua y forman de acuerdo con Estados Unidos, un gobierno cuya cabeza sería poco tiempo después el contador jefe de la Rosario & Light Mines Co., Adolfo Díaz.
Mr. Knox, envía pronto a uno de los abogados de su firma, Mr. Dawson, a imponer al gobierno conservador una serie de condiciones que se conocen como "Los Pactos Dawson", contratación de préstamos para "salvar las finanzas del país", exclusivamente con banqueros norteamericanos; ninguna clase de concesiones (lo cual incluye claro está los derechos canaleros) a otras potencias, y los dictados de cómo deberá organizarse el nuevo régimen. Nicaragua pasa a ser de inmediato, y como se le conocía en los círculos financieros internacionales, la Brown Brothers Republic, pues aquella compañía junto con J. & W. Sehgman, U. S. Morgage Trust Company y otras más, se dividieron como en el Evangelio, las vestiduras del país: tomaron en prenda sus ferrocarriles, las entradas de aduanas, se posesionaron de los bancos, de las minas, y en el año de 1912, como "el contador jefe" iba a ser derrocado por uno de sus antiguos aliados, presto a su solicitud desembarcó la Marina de Guerra y bombardeó la ciudad de Masaya; los marines entraron en combato y capturaron al jefe rebelde, a quien internaron en la Zona del Canal de Panamá como recluso; surgiría entonces como héroe nacional el General Benjamín Zeledón, "el indio Zeledón" que no se rindió a los ocupantes; sería perseguido y asesinado y su cadáver paseado a la vista pública sobre el lomo de un caballo.
Desde esa fecha, las fuerzas de ocupación norteamericanas permanecerían en posesión del país, amparando con sus bayonetas a los gobiernos conservadores que se suceden hasta 1928 entre primos y parientes, y que documento continúan entregando a la nación a los intereses extranjeros, adquiriendo deudas usurarias y dando más bienes y recursos en prenda; el punto culminante fue alcanzado en 1914, cuando el General Emiliano Chamorro, embajador de Adolfo Díaz en Washington, firma con el Secretario de Estado, Mr. Jennis Bryan, un tratado que permito al gobierno de los Estados Unidos la construcción del canal interoceánico, con ejercicio de soberanía sobre las áreas necesarias de territorio y con facultad de construir bases navales en el Golfo de Fonseca y en las Islas de Maíz:
"El Gobierno de los Estados Unidos tendrá la opción de renovar por otro lapso de noventa y nueve años, el arriendo y concesiones referidos, a la expiración de los respectivos plazos; siendo expresamente convenido que el territorio que por el presente se arrienda y la base naval que puede ser establecida en virtud de la concesión ya mencionada, estarán sujetos exclusivamente a las leyes y soberana autoridad de los Estados Unidos".
Dice parte del texto de esto contrato de venta de la soberanía de una nación, por lo cual se pagaron a los gobernantes tres millones de dólares que de inmediato se entregaron a los mismos banqueros para consolidar a las viejas deudas, todo en una operación de tan vergonzosa tristeza que el mismo Senado norteamericano se negó durante varios años a ratificarla.
Por este tratado Estados Unidos no obtenía tanto una concesión para construir un canal, sino al contrario, para que nadie más lo construyera, pues teniendo el de Panamá concluido ese mismo año no estaban interesados en una nueva empresa que demandaba muchos millones de dólares. Allí estaban Díaz y Chamorro para garantizar esa exclusividad y la Marina de Guerra, para garantizarlos a ellos.En 1923, uno de los presidentes de la familia muere repentinamente, y el cargo pasa a don Bartolomé Martínez, el primero de los presidentes conservadores que no pertenecía por parentesco a la oligarquía y por tanto, tenía cierta posibilidad de actuar independientemente, redimió muchas de las deudas con los banqueros yanquis, rescató las acciones del Banco Nacional que pasó a ser propiedad del Estado; y buscó una alianza con los liberales para oponerse a la oligarquía conservadora granadina en las siguientes elecciones que se celebrarían en 1925, después de las cuales los Estados Unidos habían anunciado que retirarían del país las fuerzas de ocupación, pues una vez garantizada la opción del canal a través del Tratado Chamorro-Bryan su permanencia no se hacía ya tan necesaria.
La coalición dirigida por el Presidente Martínez, sale triunfante de las elecciones y gana la Presidencia Carlos Solórzano, conservador; y la Vice-Presidencia el Dr. Juan Bautista Sacasa, de la oligarquía liberal leonesa. Ha sido derrotado el General Emiliano Chamorro, a quien los norteamericanos ya habían dado un período presidencial como premio por la firma del tratado canalero; caudillo de muchas artimañas y de vivas ambiciones personales. Chamorro no queda conforme con esta derrota y sobre todo cuando cree disfrutar siempre del favor del Departamento de Estado. Los Estados Unidos, no obstante, habían aprobado la elección de Solórzano, un señor sin luces, cuyo terror de gobernar sin la presencia de los marinos lo llevó a suplicar que no se fueran del país. Pero éstos se van de todas maneras en agosto de 1925, sólo para regresar pocos meses después. Chamorro derrocó en octubre de 1925 a Solórzano y en enero de 1926 se hizo proclamar Presidente de la República por el Congreso Nacional. Sus cálculos con respecto a la bendición yanqui que debía de recibir de inmediato para sostenerse en el poder, quedan sin embargo entrampados a causa de un error técnico; años antes Estados Unidos había hecho firmar a los países centroamericanos un "Tratado de Paz y Amistad", que el gobierno yanqui suscribía en una de sus cláusulas más importantes: no podía reconocerse diplomáticamente entre las partes contratantes, a gobiernos surgidos de golpes de estado.
Los liberales reclaman que de acuerdo con la Constitución, la Presidencia corresponde al Vice-Presidente Sacasa y para amparar esta demanda provocan en la Costa Atlántica un primer levantamiento, rápidamente copado por barcos de guerra norteamericanos en mayo de 1926. Como resultaba demasiado evidente para el Departamento de Estado reconocer de inmediato a su fiel y viejo servidor Chamorro, pasando por encima del "Tratado de Paz y Amistad", los Estados Unidos llevan hasta aguas del puerto de Corinto en el Pacífico un barco de guerra, The Denver, y hacen subir a representantes de los dos partidos para unas pláticas de paz celebradas en octubre de 1926, que fracasan. Los yanquis, para apaciguar los ánimos, obligan entonces a Chamorro a dejar la Presidencia y en su lugar imponen a otro viejo amigo, "el contador-jefe" Adolfo Díaz.
Los liberales habían hecho un nuevo desembarco en el Atlántico en agosto del mismo año, con ayuda y armamentos proporcionados por el gobierno de México, en disputa entonces con los Estados Unidos; Sacasa instala un gobierno liberal en Puerto Cabezas en diciembre, y el Ministro de Guerra de su Gabinete, el General José María Moncada, inicia las operaciones de avance del ejército revolucionario hacia el Pacífico, comenzando así "la guerra constitucionalista".
La ayuda mexicana a los insurgentes, sirve de pretexto al gobierno yanqui para justificar su apoyo a Adolfo Díaz, y para movilizar de inmediato numerosos barcos de guerra a Nicaragua y preparar nutridos desembarcos destinados a obstaculizar la marcha del "ejército constitucionalista" que comanda Moncada. Para entonces ha culminado ya el proceso de la revolución mexicana iniciado en 1911; como resultado, se había puesto en marcha una reforma agraria y los gobiernos posteriores a la revolución defendían una política nacionalista que incluía el clamor por la nacionalización de los recursos naturales; el petróleo mexicano de la Costa del Golfo, en Veracruz y Tamaulipas, estaba en poder de poderosos consorcios yanquis. (Años después, el General Lázaro Cárdenas recuperaría para México esos yacimientos). En Washington, el Secretario de Estado Frank B. Kellog, acusaría a "los bolcheviques mexicanos" de fomentar el desorden y la intranquilidad, en un país de "gobiernos ejemplares" como Nicaragua.
La situación militar se deteriora rápidamente para el gobierno de Díaz, y la Marina de Guerra sabe que aquél no puede sostenerse sin su providencial ayuda, que no tardan en darle otra vez las "victoriosas" columnas de marines. Desembarcan primero en el Atlántico en diciembre de 1926, donde rodean y aislan, dentro de sus famosas operaciones de declaración de "zonas neutrales" a Sacasa y sus ministros, siendo gran parte del armamento y municiones lanzadas al agua; y en enero de 1927, ocupan la Costa del Pacífico, posesionándose de los puertos, la vía férrea y las principales ciudades; el 9 de enero, participan con sus aviones en la batalla de Chinandega, arrasando en llamas la dudad.
Pero el "Ejército Constitucionalista" marcha ya por las selvas, desde Laguna de Perlas, por las montañas de Las Segovias y los llanos de Chontales y Boaco hada el Pacifico y pese a la presencia de los marines, sus avances lo llevan en el mes de abril de 1927, a estar en posición de atacar muy pronto la capital.
El Presidente Coolidge, interesado personalmente en evitar la caída del Contador-Jefe Adolfo Díaz, pide a su amigo personal, el Sr. Henry Stimson, que viaje a Nicaragua para que allá, con plenos poderes arregle la situación a cualquier precio. Mr. Stimson llega a Nicaragua a fines de abril y el 4 de mayo se entrevista con el General Moncada en la Villa de Tipitapa, a pocos kilómetros de la capital; se ha impuesto una tregua y las fuerzas liberales ocupan Boaco, que cierra el dominio sobre más de la mitad del país. En aquella plática, Stimson sólo deja a Moncada dos alternativas: firmar un armisticio que permitiría a Díaz continuar en la Presidencia hasta las siguientes elecciones de 1928, elecciones que se celebrarían con garantía de la vigilancia de los marinos, quienes por supuesto seguirían en el país; o por el contrario, hacer frente a las fuerzas de ocupación que de inmediato entrarían en guerra con los rebeldes para desarmarlos. Moncada, eligió la primera alternativa. Mr. Stimson refiere en sus memorias sobre esta misión en Nicaragua, que aquel General insurrecto le pareció un hombre de gran atractivo y no común talento, lo cual no significaría otra cosa que Moncada era un hombre viable para ser Presidente. Esas señales no pasarían desapercibidas para Moncada, quien de regreso en Boaco reunió a su consejo de generales y les recomendó aceptar la rendición. Mientras tanto, se haría una alegre repartición de puestos públicos entre los jefes guerreros liberales, y a cada uno se dejaría en posesión de las mulas y caballos de su columna, remunerándoles también con diez dólares por cada día peleado. Excepto para Moncada, el precio de la rendición no era elevado, pero todos aceptaron, por medio de un telegrama que se transmitió al Comando Militar norteamericano el 8 de mayo.
Todos, menos uno. Y aquí comienza la historia del General Augusto César Sandino.
Los caudillos que sólo defienden los intereses de dominio de su clase, o que disputan en las guerras civiles el disfrute de beneficios personales, el acceso al poder para hacer negocios, comprar tierras, traficar con los impuestos; su sumisión incondicional a los dictados de la dominación extranjera y a la voluntad omnímoda de los consorcios y banqueros; la simple envoltura retórica de sus demandas patrióticas y reivindicaciones nacionalistas o constitucionales, que en el fondo no esconden otra cosa que la ambición, y tras de todo lo cual se compromete la vida de miles de campesinos que nunca alcanzan a saber por qué pelean o mueren: esas son las figuras centroamericanas que componen los terribles murales de lo que por mucho tiempo se llamó las guerras bananeras. Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro, José María Moncada; gracias a ellos, Nicaragua apareció a los ojos del mundo como un protectorado norteamericano durante un cuarto de siglo y continuó siendo, aunque sin tropas de ocupación, protectorado norteamericano después.
Pero sería un muchacho abstemio, tímido y de pequeña estatura, que había salido de un pueblecito nicaragüense situado en una meseta cubierta de arbustos de café en las estribaciones de la cordillera andina, en descenso hacia el Litoral Pacífico; que había andado por plantaciones de banano e ingenios de azúcar en la costa norte de Honduras y Guatemala, y por los centros petroleros de México, el que convirtiéndose en caudillo militar de esa guerra, contradiría
aquellos esquemas entreguistas; trabajando como peón, como tornero mecánico, como cuadrillero de limpieza urbana, como artesano, como obrero agrícola, había llegado por fin a México junto con otros muchos jóvenes latinoamericanos que iban en busca de mejor fortuna, y en el año-1926, precisamente aquel en que los marines volverían a desembarcar en su país para intervenir a favor de los conservadores en la guerra civil, estaba sentado en algún lugar público de la bulliciosa ciudad que era el Tampico del petróleo, de las doctrinas anarcosindicalistas, del socialismo galopante de la revolución bolchevique, del agrarismo mexicano de Zapata, conversando con amigos estibadores y petroleros; y teniendo el periódico del día sobre la mesa, este muchacho nicaragüense había dicho que la situación de su país lo estaba haciendo seriamente pensar en regresar para empuñar las armas en contra de la intervención.
-Qué se va a ir usted mano -le respondió uno de ellos- todos ustedes los nicaragüenses no son más que unos vendepatrias.
Esas palabras ayudarían en mucho a decidir su destino, porque como él lo contaría después, lo hicieron cavilar aquella y muchas otras noches, pensando que efectivamente, si vendepatrias eran los políticos de su país, los que callaban ante aquella ignominia, también lo eran. Y como en el curso de sus años de trabajador había ahorrado algún dinero, tomó parte de esos ahorros y con ellos decidió financiar el inicio de una resistencia armada contra la ocupación de Nicaragua, a donde llegó de regreso el 1° de junio de 1926.
Augusto César Sandino había nacido el 18 de mayo de 1895, en ese pequeño pueblo de Niquinohomo, formado por chozas de paja y lodo, de campesinos que trabajan como peones agrícolas en las plantaciones de café, región que es también de maizales, tabacales y platanares, localizada en el departamento de Masaya, el más densamente poblado de la república. Junto a la iglesia colonial que se levanta frente a una humilde plaza, hay unas pocas casas de tejas que pertenecen a los ladinos acomodados, que poseen tierras de alguna extensión y comercian con cereales que compran a los pequeños productores antes de la cosecha. (Una ironía del destino haría que en un pequeño radio territorial que no alcanza diez kilómetros, nacieran, Sandino en Niquinohomo, y en otros pequeños poblados más hacia el sur, José María Moncada en Masatepe, y Anastasio Somoza, en San Marcos).
A aquel grupo de ladinos de fortuna de Niquinohomo, pertenecía su padre don Gregorio Sandino, de cuya relación con una campesina de nombre Margarita Calderón, que recogía café en su propiedad, resultaría este hijo único nacido el mismo año en que José Martí caía en Cuba luchando por la independencia de su patria.
Las angustias, pobrezas y privaciones que forman la infancia de Sandino serían las mismas que en la sociedad nicaragüense de tintes feudales y patriarcales, debían sufrir los campesinos, hijos naturales de acomodados, sobre todo cuando, como en el caso de don Gregorio, el padre se casara con otra mujer de la misma condición, y los hijos fuera de matrimonio, al ser recibidos en última instancia en la casa paterna, que también sería el caso de Sandino, estaban en la obligación de trabajar duro en distintos menesteres para retribuir su propio sustento; al sentarse a comer, estos hijos naturales, debían hacerlo en la cocina, segregados de los hijos legítimos, de quienes debían usar también la ropa vieja. Del matrimonio de don Gregorio resultaron tres hijos, dos mujeres y un varón llamado Sócrates, que se incorporaría después al ejército de liberación de su hermano. De acuerdo con aquel mismo sistema feudal vigente en Centroamérica a lo largo del siglo XX y como remora de los anteriores, los campesinos podían obtener de sus empleadores adelantos por cuenta de su trabajo futuro, y redimir aquella deuda con las horas de labor que el patrono fijaba; al no poder cumplir, por causa de enfermedad, por ejemplo, iban a la cárcel. Cuando Sandino tenía nueve años, y antes de pasar a la casa paterna, su madre fue tomada prisionera por una deuda de esa naturaleza; y es también costumbre que los niños tengan que ir con sus padres a la cárcel si no hay quien vea por ellos . Allí en el calabozo, vería él cómo su madre, embarazada, se desangraba por causa de un aborto; así, su infancia maduraría entre interrogantes sobre la verdad de la justicia.
Tendría veinte años cuando dejaría la casa de su padre, para buscar la manera de hacer su vida por sí mismo y así recorrió haciendas y plantaciones trabajando como ayudante de mecánica; volvería más tarde a Niquinohomo para dedicarse al comercio de cereales, y en 1920, estando próximo a casarse con su prima Mercedes, se ve envuelto en un hecho de sangre que tendría mucho que ver con su vida futura, pues por asuntos de honor o de negocios, hirió mal a un hombre llamado Dagoberto Rivas a la hora de la misa dominical en la iglesia parroquial, y tuvo que salir huyendo hacia Honduras. Como se vivía allá la fiebre del banano en los reinos de la Frutera, muchos centroamericanos emigraban hacia esas tierras calientes de la costa norte, que eran una especie de far west tropical; las calles de Tela y de La Ceiba hervían de foráneos, se multiplicaban los garitos y las cantinas, los crímenes, los duelos a balazos.
Sandino se empleó en La Ceiba como guardalmacén del Ingenio Montecristo, propiedad de la Honduras Sugar & Distilling Co. En el año de 1923 tendría que dejar Honduras y llegó a Guatemala, donde se colocó como peón bananero en las plantaciones de la United Fruit Company en Quiriguá; ese mismo año seguiría viaje hacia México, donde comenzaría a trabajar en Tampico para la South Pensylvania Oil Co. En 1925 pasó al campamento que la Huasteca Petroleum Co., tenía en Cerro Azul, Estado de Veracruz y fue nombrado jefe de un departamento de venta de gasolina al por mayor, donde, estuvo hasta su viaje de regreso a Nicaragua en junio de 1526.
Ya en el país, se dirigió a la mina de San Albino, también de propiedad norteamericana, situada en la región norte de Nicaragua, y en las vecindades de lo que más tarde sería el teatro do la guerra sandinista; allí se empleó y comenzó a realizar una labor de proselitismo entre los mineros, a favor de la causa nacionalista. En octubre había formado una pequeña columna de soldados sacados de entre los trabajadores y con sus ahorros compró unos pocos viejos rifles a traficantes de armas de la frontera con Honduras.
El Partido Liberal, en armas contra el gobierno en la Costa Atlántica, peleaba una guerra que según la mira de Sandino, debía ser también una guerra contra la intervención extranjera, y por eso buscó dar su propia batalla dentro de esas filas. Libró con sus hombres el primer combate el 2 de noviembre de 1926, atacando la población de El Jícaro, en manos de fuerzas del gobierno. La mala preparación de su columna y la escasez y pésima calidad de las armas y municiones, harían que sufriera una derrota, pues no pudo ocupar la plaza. Pero aquella pérdida, sólo serviría para reafirmar su vocación de lucha; reagrupó a su gente y después de dejarla bajo seguro en un lugar, que después llegaría a ser un reducto legendario de la guerrilla sandinista, el cerro de El Chipote, en el. corazón de las montañas segovianas, se dirigió con unos pocos hombres hacia la Costa Atlántica, donde estaba el grueso de las tropas liberales, viajando por pipante a través del río Coco, en medio de la selva, travesía de muchos días y de muchas penalidades que no podía realizarse sin la ayuda de los indígenas zambos y mosquitos que pueblan la zona; soldados sandinistas durante la guerra posterior, esos indígenas formarían una eficiente aunque primitiva marina de guerra con sus pimpantes, llevando por el río guerrilleros, municiones y alimentos.
Varías semanas después alcanzó al General Moncada en Río Grande y se entrevistó con él para solicitarle armas y municiones, para su gente, que según sus planes formaría una columna segoviana que operaría en la región norte del país, al iniciarse la marcha del ejército hacia el Pacífico. Moncada se negó, y Sandino siguió para Puerto Cabezas, donde estaba Sacasa con su gobierno, llegando allí para la Navidad de 1926, precisamente cuando la Marina de Guerra declaraba la zona neutral y desarmaba a Sacasa, lanzando el armamento al agua. Por la noche, alumbrándose con teas de ocote, sus hombres y él, ayudados por las personas del puerto, recogieron rifles y municiones del estuario hasta el amanecer; con estas armas, inició su viaje de regreso a donde esperaban sus soldados.
En aquellas guerras civiles los ejércitos eran formados con peones de las haciendas, y los hacendados, actuaban como generales; el gobierno reclutaba forzosamente a los campesinos para enviarlos al frente de batalla, sin ninguna preparación militar previa y armados de viejos rifles Krag que se habían utilizado en la guerra entre Estados Unidos y España a finales del siglo anterior, con lo que las mortandades eran terribles, pues además se peleaba con tácticas cerriles, avances descubiertos de infantería, encuentros cuerpo a cuerpo, sitio de poblaciones, mientras los generales permanecían a la retaguardia, siempre convenientemente lejana. Guerra civil significaba hambre y viudez, los miembros y las familias quedaban abandonadas y los caminos se llenaban de niños pordioseros huérfanos.
Además del rifle antiguo, a los soldados se les proveía de un par de caites de cuero, especie de sandalias descubiertas, de un salbeque con diez tiros y de un sombrero de palma con una divisa que sería o roja o verde, según fuera el partido que los reclutara, Liberal o Conservador. Este servicio militar forzoso era parte del tributo que junto con su trabajo semigratuito, el campesino nicaragüense debía pagar al dueño de la tierra, dentro del sistema servil agrícola.
Metido en una guerra civil tradicional, Sandino aparecía como un General del pueblo que lejos de rehuir la lucha, participaba en ella brazo a brazo con los soldados de su columna, que multitudinaria pero disciplinadamente andaban tras él y tras la bandera enarbolada desde entonces en sus filas de colores rojo y negro, con la inscripción LIBERTAD O MUERTE. Iracundo por los éxitos militares de aquella columna de campesinos desarrapados, una columna popular del General abajo, que batía ferozmente al ejército conservador y salvaba del fracaso a última hora a los improvisados generales liberales, el jefe del ejército insurgente. Moncada, interrogó acremente un día de tantos a Sandino, en reclamo: -¿Y a usted, quién lo hizo General? -Mis hombres, señor - respondería él humilde pero firmemente.
Después de haber batido a las fuerzas del gobierno en San Juan de Segovia y Yucapuca tras una batalla de 12 horas, la columna segoviana de Sandino toma en marzo de 1927 la ciudad de Jinotega, marchando en el flanco derecho de Moncada, y el 2 de mayo, cuando Moncada se prepara a la rendición frente a Mr. Stimson, ocupa Sandino el Cerro del Común, frente a la ciudad de Boaco, que constituye ya una posición de avance hacia la capital. Hasta allí enviaría a buscarlo Moncada, para anunciarle las condiciones del armisticio, pero cuando Sandino llega al cuartel general ya el desarme está aceptado en consejo de generales.
Regresa al Cerro del Común y se aparta de sus hombres para que no lo vean llorar, mientras cavila amargamente sobre el eterno destino de la nación: la venta, la entrega. Igual que Moncada frente a la demanda de Mr. Stimson, Sandino examina esa larga noche de meditaciones en el Cerro del Común, dos alternativas: entregar las armas, licenciar a sus hombres; o resistir hasta la muerte frente al poderoso ejército de los Estados unidos, que tiene barcos de guerra, aviones, cañones, infinitos recursos. Los intereses que tradicionalmente se ponían en juego en las guerras civiles, indicaban que era una locura resistir; a Sandino se le estaban ofreciendo mulas, caballos, dinero, un puesto público como Jefe Político del departamento de Jinotega, prebendas y granjerías. Y la vergüenza. Pero esa noche recuerda aquella voz burlona del amigo trabajador en Tampico, que lo llamaba vendepatria. Recuerda que no había venido de tan lejos para pelear por un partido, sino por un país; que lo que importaba era no quién sería el candidato a la Presidencia en unas próximas elecciones que los marines realizarían a su antojo, sino que los Estados Unidos no tenían derecho a invadir un pequeño país, imponerle la humillación.
Sandino decidió aquella noche resistir, más con ánimo de sacrificarse como un ejemplo futuro, que con pretensiones de una victoria militar. Aquella decisión transformaría una guerra civil de facciones oligárquicas, en una larga guerra de liberación nacional; transformaría una guerra de soldados reclutados a la fuerza y de generales oportunistas, en una guerra en que generales y soldados serían todos pobres e hijos del pueblo, que andarían en harapos, que se llamarían unos a otros hermanos y cuya consigna escrita al pie de todos sus documentos oficiales, junto a un sello que representaba a un campesino decapitando con un machete a un soldado yanqui, sería la de Patria y Libertad; y aquella guerra convencional de montoneras, se transformaría en la primera guerra de guerrillas librada en el continente americano.
-¿Cómo se le ocurre morir por el pueblo -le diría en su última entrevista Moncada a Sandino-. El pueblo no agradece, lo importante es vivir bien.
Y dejándolo con una sonriente promesa de ser Presidente de un país ocupado y humillado, que ya tenía en el bolsillo. Sandino se retiró el 12 de mayo con su ejército a la ciudad de Jinotega, donde por medio de una circular telegráfica anunció a todas las autoridades de los departamentos del país, su decisión de no aceptar la capitulación, y resistir hasta las últimas consecuencias. Allí licenció a todos los que fueran casados, o tuvieran deberes de familia, para que volvieran a sus hogares. Treinta hombres permanecieron con él y con ellos se internó en aquellas ya conocidas soledades de las frías alturas de Yucapuca, tres días después de haberse casado con Blanca Aráuz, la muchacha telegrafista de San Rafael del Norte, la que había transmitido durante la recién concluida campaña, todos sus mensajes en la pequeña oficina de comunicaciones de la población. La boda se celebró la madrugada del 18 de mayo; recordaría, después que al entrar a aquella iglesia humilde que era como la de su pueblo, el olor de los cirios y de las flores silvestres, le traerían a la memoria su infancia.
El día primero de junio, dio a conocer su primer manifiesto:
"El hombre que de su patria no exige más que un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído".
En adelante, sus proclamas, sus cartas, hasta sus telegramas, estarían redactados en aquel lenguaje que nunca sería ni retórico ni gratuito, cargado de pasión pero también cargado de verdad. Era la voz de un artesano, de un campesino explicando su guerra en una lengua llana, pero lírica, el tono sencillo de un maestro rural en que también se dirigiría a sus generales, que lejos, con sus columnas en las selvas y en las montañas, recibían aquellas cartas del General en Jefe, que eran como lecciones, como poemas. Generales analfabetos que aprendieron a leer en el curso de la lucha y a escribir en las máquinas avanzadas al enemigo, sus propias cartas. Todo como una gran escuela.
El día 16 de julio de 1927, Sandino atacó la ciudad de Ocotal, en el departamento de Nueva Segovia, protegida por una guarnición de marines; con aquella batalla que duró desde las horas del amanecer hasta la tarde, el mundo sabría que la guerra de liberación había comenzado.
El 2 de septiembre de 1927, Sandino reunió a sus soldados en el cerro de "El Chipote" y en aquel recóndito e inexpugnable lugar de las montañas, fue jurado por los campesinos en armas que acudieron de todos los rumbos, el documento constitutivo del "Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua", al pie del cual quedarían cientos de firmas de los que podían firmar, y la huella pulgar de los analfabetos.
El ataque a Ocotal de dos meses atrás, había sido aún una batalla convencional, tratando de poner sitio a la guarnición de marines; los aviones yanquis acudieron pronto y bombardearon la ciudad, produciendo muchas bajas entre los sandinistas que peleaban a campo abierto y podían ser reconocidos fácilmente desde el aire, pero también entre los habitantes del pueblo. En aquel mismo mes de julio, refuerzos de tropas yanquis llegadas desde Managua con órdenes estrictas de acabar con "los bandidos" como comenzaría a llamarse a los rebeldes, habían perseguido incansablemente a los sandinistas y sostenido con ellos dos combates; uno en la ciudad de San Fernando el 25 de julio, donde los sorprendieron acampando en el poblado, y otro en Santa Clara, el 27 del mismo mes, donde también habían llevado la peor parte. La superioridad numérica, de elementos de guerra y de apoyo táctico de los marines no habría dado a los sandinistas ninguna posibilidad de resistir, si después de aquellas derrotas no cambiaban radicalmente sus tácticas. Se estaba dando paso al nacimiento de la guerra de guerrillas y Sandino y sus hombres desaparecen en las montañas para reorganizarse; entonces el servicio de inteligencia norteamericano reporta jubiloso en el mes de agosto que "los bandidos no están en capacidad de causar ya más problemas".
Una semana después de constituido el Ejército Defensor, presentan su primer combate dentro de aquel estilo que los marines no podían recordar después sin terror: el de la emboscada, el ataque sorpresa, la retirada rápida, una columna enemiga esperándoles en cualquier parte de abras y senderos desconocidos, en medio de la maleza, disparando desde las copas de los árboles, aguardándoles para dejarles cruzar un río y cuando estuvieran dentro del agua, tirarles. La primera batalla guerrillera fue dada el 9 de septiembre de 1927 en un lugar llamado Las Flores, cuando una columna de marines en marcha de una guarnición a otra, es sorprendida y sufre numerosas bajas; y el 19 de septiembre, la guarnición de Telpaneca, cerca del río Coco, es víctima de un ataque relámpago.
Aquellos llegarían a ser los dos sistemas típicos de la táctica sandinista de guerrillas: emboscadas a columnas en movimiento a través de la montaña; y asaltos a guarniciones en pequeños poblados. Los objetivos eran simples y claros: causar el mayor número de bajas, con la menor cantidad de municiones; apropiarse de armas, balas y otros elementos de guerra. No presentar combates prolongados, retirarse en orden por veredas que sólo ellos conocían, para reunirse más tarde en un lugar ya acordado; no dejar huellas, y recoger sus bajas. Después de un ataque y cuando los marines estaban aún esperando que el fuego continuara, ya los sandinistas iban lejos y sólo podían percibirse los ruidos de la montaña.
Los bien entrenados y elegantemente uniformados soldados yanquis, sólo encontraron una frase para designar aquella pesadilla: damned country! Lluvias, mosquitos, suampos, ríos crecidos, fieras, el horror de caer de pronto en una emboscada, fiebres, nunca un enemigo visible.
Una rama desprendida de un árbol, una piedra colocada en el camino, el remedo del grito de un animal o del canto de un pájaro, podrían ser clave del lenguaje sandinista de guerra, para indicar que los yanquis se acercaban, o para dar una orden de fuego. Todos los ruidos de la montaña eran enemigos del invasor. Cualquier campesino a cuya casa se acercaran a pedir agua u orientación, podría ser un sandinista que sembraba su pequeña parcela de maíz de día y servía como correo por la noche, o como soldado en días alternos.
El 8 de octubre, el Ejército Defensor cumple por primera vez una de aquellas hazañas que tanto se repetirían también después con fuego de metralla, derriban un avión de la marina y sus pilotos son capturados y ejecutados tras juicio sumario. Una patrulla enviada en rescate de los tripulantes es sorprendida por los sandinistas en El Zapotillo el mismo día y la desbandan en derrota. La prensa norteamericana, comenzaría a pasar a tener en la época de expansión más grande de sus operaciones, a las primeras páginas aquellas noticias y en la América Latina se comentarían con júbilo. Una poetisa chilena, Gabriela Mistral -declarada luego Benemérita del Ejército Defensor, mucho antes de que ganara el Premio Nobel de Literatura- llamaría a aquellos hombres descalzos y harapientos, "el pequeño ejército loco".
¿Y dónde estaba aquel General Sandino, dónde los jefes de sus columnas volantes, dónde aquellos soldados?
Cuando los jefes tácticos de la Marina de Guerra de Estados Unidos comenzaron a querer localizar un monte llamado "El Chipote" en sus mapas, tal lugar no aparecía ni bajo ese nombre ni bajo ningún otro. El Chipote, se decían, no existe. Es un nombre creado por la fantasía de los campesinos, que interrogados por los marines sobre su ubicación sólo respondían:
-A saber, señor, para allá...
Allá, eran Las Segovias, la región montañosa de Nicaragua que se extiende desde la frontera con la República de Honduras en el norte y que desciende por el este hacia las selvas y pantanos del Litoral Atlántico y por el noreste en suaves ondulaciones hacia las llanuras del Litoral Pacífico. Sus altos montes cubiertos de espesos pinares, centenarios y altísimos árboles que forman gigantescas grutas naturales de vegetación, parajes de roca viva por los que se precipitan los ríos, hondonadas y desfiladeros, cubren varios departamentos del país: Nueva Segovia, Estelí, Madriz, Matagalpa, Jinotega; región de ricos cafetales, de explotaciones madereras, minas, en manos de plantadores europeos o de compañías norteamericanas.
En algún lugar de esa región y cercano a la frontera hondureña, quedaba aquel lugar mítico. El Chipote, alta prominencia defendida por desfiladeros y a la que ningún camino conocido llegaba, siempre cubierta de nubes. En sus cumbres, se habían construido rústicos ranchos de palma, viviendas, bodegas para almacenar alimentos, corrales para caballos y ganado vacuno, talleres de refacción de armas, de fabricación de municiones, sastrerías y zapaterías, todo dentro de la pobreza del ambiente. A través de la frontera con Honduras, funcionaba eficientemente un correo con la ciudad de Danlí. Por allí salían hacia el mundo los comunicados y partes de guerra sandinistas.
El número de efectivos del Ejército Defensor, varió en distintas ocasiones, de entre 2,000 a 6,000 soldados que llegó a tener en la época de expansión más grande de sus operaciones, en 1931/1932. Sus ocho columnas, estaban bajo el mando cada una de un General, y cada columna tenía a su cargo un área territorial, para operaciones militares, organización civil y paramilitar, recolección de impuestos, lo mismo que para organización de producción agrícola que se hacía por medio de cooperativas. En esas áreas, también llegaron a funcionar escuelas de primeras letras para soldados y los campesinos.
Los generales sandinistas eran campesinos y artesanos, la mayor parte de ellos segovianos, pero había también del interior del país, y de otros lugares de Centroamérica. El General Pedro Altamirano, conocido como Pedrón, indígena de Jinotega que aprendió a leer y escribir durante la campaña, era comandante de la columna número uno, que llegó a controlar los departamentos de Matagalpa y Chontales.
El General Juan J. Colindres, también de Jinotega, comandante de la columna número siete que operó en Nueva Segovia, Estelí y, cuando la guerra alcanzó el Pacífico, en León y Chinandega.
El General José León Díaz, era de El Salvador y comandaba la columna número cinco, en León y Chinandega.
El General Francisco Estrada, artesano de Managua, actuaba como Jefe del Estado Mayor del Ejército; era un muchacho de extraordinario talento.
El General Pedro Antonio Irías, era comandante de la columna número tres en los departamentos de Jinotega, Matagalpa y Zelaya, y había nacido en Jinotega.
El General José María Jirón Ruano, de Guatemala, había estudiado su carrera militar en Potsdam. Murió fusilado en el curso de la lucha, después de ser capturado.
El General Miguel Ángel Ortez, que murió peleando en la batalla de Palacagüina cuando sólo tenía 25 años de edad, había nacido en Ocotal, y era un táctico militar nato.
El General Abraham Rivera, era de Jinotega y un profundo conocedor de las regiones del río Coco, de sus pobladores y de las lenguas indígenas; comandaba la columna número seis en Zelaya y Cabo Gracias a Dios.
El General Carlos Salgado, de Somoto, comandaba la columna número dos que se movía en distintas direcciones, desde Zelaya en el Atlántico, hasta León en el Pacífico.
Y el General Pedro Umanzor, comandante de la columna número cuatro, que cubría Nueva Segovia.
Aquellas columnas volantes contaban además de su número regular de tropa, con cuadros paramilitares, se trataba de voluntarios civiles que servían como correos, y en el servicio de espionaje; existía también una red de agentes urbanos que informaba de los movimientos de salida de tropas hacia la montaña, o de la llegada de aviones.
Pero había también en los cuarteles de la montaña, muchos niños huérfanos de guerra, que tenían también su papel en el ejército: se les conocía como "el coro de los ángeles". Asistían a las emboscadas y asaltos y su papel consistía en dar gritos, vivas y hacer toda clase de ruidos -un coro infantil cuyas voces se alzaban ensordecedoramente en el monte- con latas y triquitraques, dando unas veces la impresión de que el número de sandinistas era mayor, y otras, que llegaban refuerzos. Estos niños, cuando crecían, llegaban a ser soldados regulares y debían conquistar su propio rifle, como el caso del comandante Santos López.
Existió también una brigada internacional, compuesta por intelectuales y estudiantes principalmente, que llegaban de distintos puntos de América Latina hasta Las Segovias, a prestar servicio militar; los hubo de México, Argentina, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Honduras. Algunos pelearon como soldados de línea, otros sirvieron en el Estado Mayor, como secretarios de Sandino; varios, allí murieron.
A finales del mes de diciembre de 1927, los aviones de reconocimiento yanquis pudieron al fin descubrir "El Chipote" y comenzó entonces un intenso bombardeo que duró días de días, como preparación de un asalto por tierra para el cual concentraron cientos de soldados, la marcha de los marines hacia "El Chipote", planeada metódicamente por el General Lejeune, veterano de la Primera Guerra Mundial, comenzó en enero de 1928.
Como una vez descubierta su localización aquel reducto perdía su importancia y no podía seguir siendo cuartel general, Sandino decide desocuparlo; manda entonces a fabricar muñecos de zacate que son colocados en las trincheras y demás puntos de defensa, sobre los árboles, y en el monte, mientras el Ejército Defensor retira sus columnas ordenadamente por senderos desconocidos. El día 3 de febrero, mientras Sandino recibe en San Rafael del Norte al periodista norteamericano de The Nation, Carleton Beals, a quien concede una importante entrevista, los marines conquistaron por fin la cumbre de "El Chipote", desierta y abandonada a no ser por los soldados de zacate que impasibles los miran desde sus posiciones de fuego.
Poco tiempo después, el 27 de febrero, el más joven de los generales sandinistas, Miguel Ángel Ortez, quien era casi un adolescente, coge por sorpresa a una columna yanqui, y causa a los ocupantes una de sus más tremendas derrotas, en el combate de "El Bramadero".
Es después de entonces que en los documentos oficiales de la Marina de Guerra puede encontrarse o que ya no se le llama a Sandino "bandido" sino "guerrillero". Era una promoción conquistada a balazos.
"Lo llamamos "bandido" decía el Secretario de Estado, Cordell Hull, sólo en un sentido técnico".
En enero de 1928, se celebraría en La Habana la VI Conferencia Panamericana a la que asiste personalmente el Presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge; el tema central de los debates en aquella asamblea, sería el de la intervención armada en Nicaragua. El nombre de Sandino es ya una bandera en toda América Latina, menos para los representantes del gobierno conservador de su patria en aquella conferencia, quienes tratan de justificar por todos los medios la presencia de Estados Unidos, y restar razón a la resistencia de Sandino. No sería por tanto raro tampoco, que el Obispo de la ciudad de Granada bendijera en una ceremonia pública las armas de los marines que salían en febrero hacia Las Segovias. Con esas actitudes quedaba claro como nunca, que aquella era guerra del pueblo.
Esa guerra se extendería pronto a las regiones atlánticas bañadas por el río Coco y los ataques sandinistas tendrían allí un objeto preciso: arrasar las instalaciones de las compañías norteamericanas mineras. Sandino mueve su cuartel general de San Rafael del Norte hacia Pis Pis, en el mes de marzo de 1928 y en abril sus tropas ocupan las minas de La Luz y Los Angeles que como se recordará eran propiedad de la familia Buchanan que había contribuido a la derrota del gobierno de Zelaya décadas atrás. Los aviones yanquis realizan extensos bombardeos en busca de los sandinistas y arrasan pequeños poblados de campesinos: Murra, Ojoche, Naranjo, Quiboto; había comenzado el terror aéreo.
Pero las minas son incendiadas por los sandinistas, sus túneles dinamitados, los artículos de venta en los comisariatos confiscados. Los marines siguen muriendo en las selvas nicaragüenses, las listas aparecen a diario en los periódicos norteamericanos y la opinión pública comienza a inquietarse. Los senadores protagonizan acalorados debates en los que se preguntan, por qué si los marines quieren dedicarse a combatir "bandidos", no lo hacen en Chicago, contra Al Capone y sus secuaces. En abril de 1928, el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara del Senado, ordena la comparecencia del Secretario de Marina para que explique sobre las operaciones en Nicaragua y una resolución que adopta ese mismo mes, cuestiona la autoridad del Presidente de los Estados Unidos para mantener tropas de ocupación en aquel país. En New York, en Los Angeles, en Chicago, en Detroit, comienzan a surgir comités de lucha antiimperialista en favor de la causa de Sandino y se celebran mítines para reunir fondos. El gobierno persigue bajo acusación de ilegalidad a estos comités, que por otra parte han aparecido en Venezuela, en México, en Argentina, en Costa Rica.
Desde Francia, el escritor Henri Barbuse saludaría públicamente a Sandino como "el General de hombres libres"; el Primer Congreso Antiimperialista reunido en Frankfurt en 1928, da pleno respaldo a la lucha nicaragüense en las montañas.
En el combate de La Flor junto al río Cuas, cae el Capitán Hunter, USMC, y muchos de sus soldados; en el combate de Illiwás del 7 de agosto, los marines son otra vez derrotados. La resistencia del Ejército Defensor parece imbatible y frente a la presión interna de los Estados Unidos y el clamor internacional que sigue creciendo, la Marina de Guerra da su primer paso atrás: no comprometerá ya a sus hombres en acciones de guerra directas y sólo los utilizará como "asesores técnicos". En adelante, el grueso de la responsabilidad de fuego corresponderá a un ejército local, creado y entrenado por los marines, la Guardia Nacional de Nicaragua, que se funda en diciembre de 1927 mediante un contrato entre los gobiernos de Estados Unidos y Nicaragua, y que entraría en operación un año después. El combate de Cuje del 6 de diciembre de 1928, sería la última "batalla oficial" de las fuerzas de ocupación en Nicaragua, aunque un número posterior de muertos que siguen produciéndose en sus filas, probaría que aquel retiro no sería tan verdadero.
El triunfo electoral que dos años antes Mr. Stimson había dejado entrever al General Moncada, se produce a .finales de 1928. El Partido Liberal con Moncada a la cabeza gana las elecciones presidenciales que se realizan en noviembre. Las mesas electorales son presididas por oficiales yanquis y están integradas por marines; el General Charles McCoy, nombrado por el Presidente Coolidge, Director del Consejo de Elecciones de Nicaragua, es el que cuenta los votos. Moncada toma posesión de aquel cargo largamente esperado el 1° de enero de 1929, y no busca de ninguna manera el retiro de los marines del territorio, a pesar de que Sandino seguía proclamando todos los días, que apenas el último soldado interventor saliera del país, la guerra quedaría concluida. Más bien. procura conservar la presencia de aquellas fuerzas y redoblar la lucha contra Sandino, para lo cual crea una especie de ejército particular al margen de la Guardia Nacional, al que denomina "fuerza de voluntarios", que bajo el mando de un aventurero mexicano, Juan Luis Escamilla, comete toda clase de atrocidades en Las Segovias.
Al entrar el año de 1929 y frente a la decisión de los marines de continuar en el país, y la de Moneada en mantenerlos, Sandino avizora una lucha más prolongada; se trata ahora de una guerra nacional de resistencia de la cual ha desaparecido cualquier vestigio partidista; se enfrenta por igual a liberales y conservadores, a la oligarquía amparada en la intervención.
Para hacer frente a aquella perspectiva de una guerra larga, Sandino sabe que necesitará mucho más recursos de los que tiene, pues hasta entonces sus armas son los pocos rifles anticuados de la pasada guerra civil, o los que se arranca a los marines en las emboscadas y combates; la solidaridad internacional produce muy poco en ayuda efectiva de municiones, armas, alimentos, medicinas. Por eso decide en enero de 1929, escribir al Presidente Provisional de México, Emilio Portes Gil, pidiéndole la autorización de viajar allá, llevando en mente buscar personalmente la ayuda que necesita; los comités más entusiastas de apoyo a su lucha, están en México.
Mientras tanto, la represión contra los campesinos que viven en las áreas donde se desarrolla la guerra, se vuelve cada vez más cruel; se incendia sus ranchos, se destruyen sus siembras y se les obliga a abandonar sus hogares, para ser llevados a distantes sitios que sirven como campos de concentración. A todos se les sospecha ser miembros o colaboradores del Ejército Defensor. Según un reporte de The Foreign Policy Association, murieron sólo en el año de 1929 en esos campos de concentración, más de 200 personas entre mujeres y niños, a causa del hambre y el frío. Al comenzar a operar meses después la columna del famoso Teniente Lee, famosa por sus crueldades, torturas y mutilaciones, se redoblaría el terror. (La fotografía de un soldado norteamericano sosteniendo en su mano la cabeza de un nicaragüense asesinado, sería publicada en todo el mundo).
Al sobrevenir ese mismo año de 1929 la crisis económica mundial, la empobrecida economía nicaragüense que depende de sus exportaciones de café, sufre junto con la de los otros países centroamericanos, un grave colapso; sobreviene la total desocupación en el campo, el hambre; se endurece la represión y cientos de campesinos engrosan las filas sandinistas; para toda esa nueva gente era necesario conseguir más rifles.
Sandino sale hacia Honduras en viaje a México en mayo de 1929 y a finales del mes llega secr

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Acuerdo sobre los traidores a la Patria

Acuerdo sobre los traidores a la Patria
Cuartel General de los Defensores del Derecho Nacional de Nicaragua
Augusto C. Sandino, General en Jefe del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua, en uso de las facultades concedidas por el mismo Ejército y en apoyo de la Constitución Política de su Patria, hace saber a todo el pueblo nicaragüense lo siguiente:
ACUERDO
Son traidores a la Patria
Todo nicaragüense que con miras políticas traficare con la honra de la nación, solicitando apoyo oficial de los conquistadores de Nicaragua, así como del gobierno de la Casa Blanca y el que saliere del país como representante del gobierno espurio del traidor Adolfo Díaz.
El que haya celebrado pactos secretos con el enemigo, ya sea como jefe militar o como jefe civil.
El que prestare ayuda a los invasores y traidores para asesinar a los patriotas nicaragüenses que están defendiendo la Soberanía Nacional.
El que suministrare informes, verbalmente o por escrito, declarando contra sus conciudadanos.
El que solicitare protección de los invasores con el pretexto de defender sus intereses, ya sea nacional o extranjero.
A tales delincuentes les será aplicada la misma pena que la Constitución Política señala para los traidores a la Patria.
Al mismo tiempo hago saber a la sociedad nicaragüense, al pueblo con quien me unen los más estrechos vínculos que me obligan a defender sus derechos, y a los extranjeros radicados en el país: Que siendo el Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua una institución perfectamente organizada y disciplinada, dará toda clase de garantías efectivas a nacionales y extranjeros siempre que guarden estricta neutralidad.
Dado en El Chipote, a los catorce días del mes de noviembre de 1927.
Patria y Libertad
A. C. Sandino
Tomado de: El pensamiento vivo de Sandino, Casa de las Américas, La Habana, 1980.

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Luz y Verdad

Luz y Verdad
Manifiesto a los miembros de nuestro Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua
Impulsión divina es la que anima y protege a nuestro Ejército, desde su principio y así lo será hasta su fin.
Ese mismo impulso pide en Justicia de que todos nuestros hermanos miembros de este Ejército principien a conocer en su propia Luz y Verdad, de las leyes que rigen el Universo.
Pues bien hermanos:
Todos vosotros presentís una fuerza superior a si mismos y a todas las otras fuerzas del Universo. Esa fuerza invisible tiene muchos nombres, pero nosotros lo hemos conocido con el nombre de Dios.
Seguramente de que entre vosotros hay muchos quienes han querido encontrar la oportunidad de quien les explique esas cosas tan hermosas.
Pues bien hermanos:
Lo que existió en el Universo, antes de las cosas que se pueden ver o tocar, fue el éter como sustancia única y primera de la Naturaleza (materia). Pero antes del éter, que todo lo que llena en el Universo, existió una gran voluntad; es decir, un gran deseo de Ser lo que no era, y que nosotros lo hemos conocido con el nombre de Amor.
Por lo explicado se deja ver que el principio de todas las cosas es el Amor: o sea Dios. También se le puede llamar Padre Creador del Universo. La única hija del Amor, es la Justicia Divina.
La injusticia no tiene ninguna razón de existir en el Universo, y su nacimiento fue de la envidia y antagonismo de los hombres, antes de haber comprendido su espíritu.
Pero la incomprensión de los hombres solamente es un tránsito de la vida universal: y cuando la mayoría de la humanidad conozcan de que viven por el Espíritu, se acabara para siempre la injusticia y solamente podrá reinar la Justicia Divina: única hija del Amor.
Pues bien hermanos:
Muchas veces habréis oído hablar de un Juicio Final del mundo.
Por Juicio Final del mundo se debe comprender la destrucción de la injusticia sobre la tierra y reinar el Espíritu de Luz y Verdad, o sea el Amor.
También habréis oído decir de que en este siglo veinte, o sea en el Siglo de las Luces, es la época de que estaba profetizado el Juicio Final del Mundo.
Pues bien hermanos:
El siglo en cuestión se compone de cien años y ya vamos corriendo sobre los primeros treinta y uno; lo que quiere decir de que esa hecatombe anunciada deberá de quedar definida en estos últimos 69 años que faltan.
No es cierto que San Vicente tenga que venir a tocar trompeta, ni es cierto de que la tierra vaya a estallar y que después se hundiría; No.
Lo que ocurrirá es lo siguiente:
Que los pueblos oprimidos romperán las cadenas de la humillación, con que nos han querido tener postergados los imperialistas de la tierra.
Las trompetas que se oirán van a ser los clarines de guerra, entonando los himnos de la libertad de los pueblos oprimidos contra la injusticia de los opresores.
La única que quedara hundida para siempre es la injusticia; y quedara el reino de la Perfección, el Amor; con su hija predilecta la Justicia Divina.
Cábenos la honra hermanos: de que hemos sido en Nicaragua los escogidos por la Justicia Divina, a principiar el juicio de la injusticia sobre la tierra. No temáis mis queridos hermanos; y estad seguros, muy seguros y bien seguros de que muy luego tendremos nuestro triunfo definitivo en Nicaragua, con lo que quedara prendida la mecha de la "Explosión Proletaria" contra los imperialistas de la tierra. Sinceramente vuestro hermano.
Cuartel General del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
El Chipotón, Las Segovias, Nic. C. A.
Febrero de 1931, 15 Feb.
Patria y Libertad
A. C. SANDINO
Tomado de: El pensamiento vivo de Sandino, Casa de las Américas, La Habana, 1980.

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Sandino: Relato de su lucha

Sandino: Relato de su lucha
por Iván Ballesteros Armenteros
1. Biografía
Nace en Niquinohomo el 18 de Mayo de 1895. Hijo ilegitimo de un terrateniente Gregorio Sandino y de una campesina mestiza Margarita Calderón. Con estudios primarios y desde muy joven trabajando como comerciante o mecánico. Por una disputa debe irse de Nicaragua. Trabajará en Guatemala para la United Fruit Company y en Tampico (México), para la Huasteca petroleum. Las tensiones entre el gobierno mexicano y el de Estados Unidos sobre el control de los recursos petrolíferos por un lado, la situación del todavía México revolucionario le hace tomar conciencia a Sandino, de la situación similar en la que se encuentra su país.
De vuelta a Nicaragua ve la precaria situación de los obreros y campesinos, sobre todo de aquellos que trabajan para compañías norteamericanas, que al igual que en el XIX, reciben como pago una serie de cupones que apenas tienen valor adquisitivo.
Llego a un país donde se estaba gestando un pequeños movimiento nacionalista, y sobre todo anti-estadounidense. Se unirá a las filas liberales, en octubre de 1926, del General Moncada. Aportará a la lucha unas armas que él compra por valor de 300 $. Sandino participa de las tradicionales disputas entre liberales y conservadores por el poder. Detrás de la lucha entre ambas facciones estaban los intereses de Estados Unidos, que atendiendo a sus intereses apoyaba a uno u otro de los partidos. Pese a unirse a la facción liberal, esta le repudia por que su movimiento ocupa un espectro muy amplio de la sociedad indígena y obrera nicaragüense muy distanciado de la oligarquía liberal. Las armas de su grupo armada eran demasiado antiguas para luchar contra las tropas conservadoras de Adolfo Díaz, y cuando pedía armas a los liberales de Moncada estas le eran negadas. Es en este contexto de conflicto latente; (el 6 de Enero de 1927) es cuando 16 Barcos de guerra de los Estados Unidos, al mando del Almirante Latimer, desembarcan en Nicaragua, con el objetivo de sostener a Adolfo Díaz. Él en un discurso lamenta su anterior retirada de suelo nicaragüense (1925):
“(...) les doy la bienvenida a su regreso en ayuda de nuestra nación, en tanto yo sea presidente y en los gobiernos que me sigan, los marinos de la Unión deben permanecer en mi país”.[1]
Estas palabras muestran la realidad de Nicaragua en aquellos momentos, una realidad a la que se opondrá en todo momento Augusto Cesar Sandino.
En mayo de 1927, los liberales guiados por José María Moncada, entregan las armas al representante de los marines en Nicaragua (Henry L. Stimpson). Un acuerdo que suponía el definitivo espaldarazo presidencial por parte de Estados Unidos a ejecutivo conservador. Y el reparto de poderes entre conservadores y liberales. Sandino ve como una vez más los liberales, se mueven más por intereses de una pequeña oligarquía abandonando de nuevo al pueblo nicaragüense. Sandino no se vende, si en México le llamaban vendepatrias, por la tradicional actitud inoperante de los nicaragüenses ante la continua intromisión de los Estados Unidos. Ese mismo mayo de 1927 Sandino marcha con unos pocos fieles a Jinotega, para proseguir la lucha. Allí escribe el famoso manifiesto de El Mineral suscrito desde San Albino, estableciendo los puntos de su lucha: contra los oligarcas criollos, los invasores yanquis y en defensa de los oprimidos. La guerrilla Sandinista había comenzado.
2. La Guerrilla de Sandino.
Los comienzos del General Sandino no son nada fáciles. Pocos son los hombres que tiene a sus ordenes. La mayoría mal equipados y poco preparados para la guerra. Opta por crear el cuartel General en Las Segovias, en uno de los lugares más inaccesibles, en Cerro Chipote o Chipotón. La situación no se le presentaba nada fácil, pues pocos hombres debían enfrentarse al mejor ejército moderno del momento. Un ejército que había tenido una mayor preparación bélica, que el de Sandino. Esta preparación fue la guerra europea.
Desde Las Segovias, Sandino emprenderá una labor informativa de lo qué es y consiste su obra, mediante la elaboración de toda una serie de manifiestos. En todos ellos justificará su lucha contra el opresor yanqui, pedirá la unión del mundo latinoamericano para hacer un frente común contra Estados Unidos. A parte de criticar a los representantes gubernamentales de Managua por aceptar y favorecer la existencia de marines estadounidenses en suelo nicaragüense. La presencia de una guerrilla, provoca el temor de la burguesía pactista, la cual no dudará en ofrecer cargos al General de Hombres libres para que abandone su lucha. Incorruptible, él no se vende.
El malestar impulsa a Moncada (Mayo 1927) a enviar tropas a Jinotega, en la expedición también irán tropas estadounidenses. Ocupan parte del territorio, motivando la salida de Sandino a las montañas de aquella zona. Durante los meses siguientes, es cuando tiene lugar más intensamente la labor preparatoria de sus fuerzas, y la realización de manifiestos.
2.2 Críticas estadounidenses contra la invasión nicaragüense.
En julio de 1927, tiene lugar el primer enfrentamiento entre la Guerrilla de Sandino y los invasores estadounidenses, en lo que se conocerá como Batalla de Ocotal. La bárbara actuación de los marines, al ametrallar a la población. Esto provocó las primeras divisiones en Congreso y Senado estadounidenses criticando la acción exterior de los Estados Unidos en América Latina:
“Hemos impuesto nuestra fuerza a los países débiles, indefensos y sin poder alguno asesinando a millares de sus súbditos, y los hemos atacado cuando esperaban que los defendiéramos. Hemos usado de la doctrina Monroe para impedir que las naciones europeas que simpatizan con esas repúblicas americanas acudieran en su exilio(...)”[2] Discurso de H.H: Knowles, ex ministros en Nicaragua y en la República Dominicana.
No sólo fueron criticas las voces en los medios políticos, también en los públicos, sobre todos en diarios estadounidenses de tendencia liberal. Destacando muchos de ellos, que si la intervención estadounidense era para salvaguardar los intereses de un canal que todavía no había sido construido.
2.3 Hacia la configuración de la Guerrilla.
Las tropas de Sandino, no paraban de sufrir derrota tras derrota sobre todo por que los marines eran tropas de elite. Además estas tropas se dedicaron por practicar una guerra de castigo, atacando cualquier emplazamiento campesino ante el temor a que estos fueran guerrilleros de Sandino. A la larga esa persecución se convertirá en el mejor aliado de la causa sandinista.
Era clara, la difusión internacional del movimiento en el que estaba sumido Nicaragua, sobre todo en un periodo como el de entreguerras en el que las sociedades se estaban polarizando cada vez más. Los ejemplos los encontramos, en actos como los de Gabriela Mistral o cuando los ejércitos de Chiang Kaishek entraban victoriosos en Pekín, el retrato de Sandino figuraba como estandarte en varios cuerpos del ejército revolucionario chino. Un visitante famoso a las filas sandinistas será el caudillo salvadoreño Agustín Farabuno Martí, hubo alejamiento entre ellos motivado por cuestiones ideológicas
Siempre han generado las simpatías de la opinión pública, aquellos que luchaban contra el grande. Sandino en ningún momento tratará de vencer a los Estados Unidos, tan sólo garantizar la marcha de estos fuera de su país.
Las continuas derrotas hicieron aprehender al General Sandino de cual sería la táctica de lucha. Había que evitar que los invasores contaran con armamento superior, eligieran el terreno y el modo de los combates, pues eran profesionales y era lo que venían haciendo hasta el momento. La adopción de la táctica de guerrilla, suponía jugar a favor del factor sorpresa, entendiendo por tal, el empleo de la emboscada y la retirada inmediata. Esta técnica fue empleada por primera vez en septiembre de ese año, en la ciudad de Telpaneca, con éxito. El conflicto entre ambos ejércitos, era muy violento.
La situación de la Nicaragua en tiempos de la Guerrilla era la siguiente, si Sandino controlaba valles, montañas y ríos. En este campo sus fuerzas eran imbatibles. Los marines controlaban las ciudades. El mundo urbano guardaba una neutralidad benévola con fuerzas de ocupación y guerrilla sandista, les interesaba salvaguardar lo que tenían.
Los efectivos en ambos bandos eran de unos 3000 los hombres de Sandino, y 12000 en los marines. La composición de su ejercito no sólo era de nicaragüenses sino también de latinoamericanos, europeos y algunos asiáticos. Las ideologías entre estos soldados eran variadas, pero a todos les unía un sentimiento común, echar a los yanquis. El mismo Sandino dirá de los objetivos de su lucha.
“La verdadera independencia de Nicaragua Derivará de su integración espiritual, económica y política en el seno de una confederación de pueblos centroamericanos, para la búsqueda común de una solución socialista de sus problemas como pueblos.”
El armamento de la guerrilla era bastante vetusto, empleándose en algunos casos, fusiles de la guerra de Cuba. Se empleaban también armas hechas a mano, como las famosas bombas de Sandino. Pero el arma más eficaz era el servicio de información y espionaje. Llegándose a crear en la selva nicaragüense un argot particular y un sistema de signos para la comunicación entre elementos sandinistas.
No podemos pensar que la guerrilla sandinista era un cuerpo de milicias corrientes, era un cuerpo disciplinado. Donde cualquier tropelía de los mandos de Sandino se veía castigada con la muerte.
Por el bando contrario, un elemento clave para la lucha contra Sandino será la aviación. Pidiendo cada vez más la marina de Estados Unidos, más aviones. Se ametrallaba a toda persona que iba por la selva, no importaba en ese momento si estaba con Sandino o no. Los marines no asimilaran bien la idea de perder en tierra casi continuamente. Podemos establecer aquí un símil histórico con la futura Guerra del Vietnam, pues era común el bombardeo por parte estadounidense de la frontera hondureña, alegando que era zona de aprovisionamiento ocasionando la matanza de civiles.
2.4 Elecciones en Nicaragua.
En octubre de 1927, llegaban a Washington los Generales Emiliano Chamorro (Conservador) y José María Moncada (Liberal), para ver legitimadas las candidaturas de ambos a la presidencia. Participando estos, en diversos actos, con los grupos financieros inversores en Nicaragua. El objetivo, conseguir el patronato del dólar. Dado que la Constitución nicaragüense no permitía a ninguno de ellos ocupar el cargo.
Mientras los generales se dedicaban a la “campaña” en Estados Unidos. Sandino prosiguió con la lucha armada, tomando posiciones estratégicas sus hombres, en varios puntos de Nicaragua. La mayor parte de la documentación la encontraremos de los mismos escritos de Sandino. Llama la atención la utilización muchas veces de maniquís para engañar a los marines, los cuales se proponían mediante emboscadas cazar a Sandino. Siendo en la mayoría de los casos el cazador cazado. Un haciéndose Sandino muchas veces el muerto, para provocar el nerviosismo de las tropas yanquis.
Aquel conflicto tan violento deparará en una guerra de medios, donde la prensa de izquierdas estará a favor de Sandino, destacando las atrocidades de los marines. Los periódicos conservadores dirán lo contrario. Deducimos de todo esto que el movimiento sandinista fue relativamente conocido a escala mundial, estableciendo grupos de opinión a favor de uno u otro bando.
2.5 Las Conferencias Panamericanas.
La Sexta Conferencia Panamericana comenzó el 16 de enero de 1928, y resultó un fracasó dado que la tensión nicaragüense estuvo presente durante todas las reuniones. Existía un sentimiento común para todos los países de América Latina, de que el Tío Sam, estaba demasiado presente en la vida política de estos países.
Fue una reunión bastante turbada desde el principio, pues la llegada de la delegación de Moncada, no levantó muchos el animo a los asistentes. En esta Conferencia que tuvo lugar en La Habana, se oyeron cosas como la del Presidente de Estados Unidos:
“El gobierno de Estados Unidos no tiene, propósitos imperialistas y tampoco los tendrá en el futuro”
Una paradoja bastante seria. En aquellos momentos tenían problemas con Estados Unidos, casi la totalidad de los Estados Americanos. Motivado sin lugar a duda, por la aplicación de la doctrina política del “Big Stick”, de Theodore Rooselvelt. No será hasta que otro Rooselvelt llegue a la presidencia, cuando la tensión entre Estados Unidos y las demás potencias latinoamericanas se dirima. Esta cambio en la actitud de los Estados Unidos, se derivaría de la Política de buena vecindad practicada por su presidente.
El ejemplo lo encontraremos en la Séptima Conferencia Iberoamericana, celebrada en 1933 en Montevideo. Donde se daban muestras por parte de Franklin Delano Rooselvelt y de su Secretario de Estado Cordell Hull a favor de un principio general de no intervención en los demás asuntos americanos.
3. Los largos años de la lucha.
Mientras los asuntos de Nicaragua se discutían a kilómetros del país, la lucha del ejército de Sandino continuó. El 27 de febrero obtenía una victoria importante en El Bramadero. Destacaré de esta “Batalla”, la crudeza con la que se luchó, y como era normal después de estas escaramuzas, los desvalijamientos. Los saqueos era comunes en ambos bandos. Destacaban sin duda los de la guerrilla de Sandino, de ahí el apelativo de los periódicos oficiales a los tropas de Sandino con el trato de bandoleros También los marines hacían los mismo, sobre todo con las reliquias eclesiásticas. Esto no evitó que las condenas eclesiásticas fueran siempre contra Augusto Cesar Sandino (A.C.S):
“Las iglesias se hacían eco de la maledicencia, y cultivaban su apoyo a la intervención con una crítica despiadada a la resistencia, a la que atribuían desde todos los púlpitos características bolcheviques y ateas”[3]
Las actuaciones algunas veces de la guerrilla tenían un cierto carácter místico, dado el componente indígena de las filas sandinistas. Sabemos de algunas impresiones de Sandino, mandando trasladar sus tropas a unas zonas, pues había soñado que desde allí iban a lanzar un ataque los yanquis. Siempre se cumplían estas previsiones.
3.2 La batalla mediática.
Los conflictos no tenían sólo lugar en la Selva. También en los medios. La Guerrilla, solía tener a algunos periodistas a favor que relataban las luchas entre Sandino y los marines. Destaca uno de estos periodistas Froylán Turcios, director de la revista Ariel. Se convirtió en elemento de enlace entre él y los que deseaban enviar armas y hombres a Las Segovias, por Honduras. Por intercesión de los Estados Unidos se le ofreció un cargo a este hombre, con lo cual Sandino dejaba de tener uno de sus mejores propagandistas. La defección de Turcios le había privado de todo contacto con el exterior. Aprovechado por los diarios reaccionarios a proclamar la muerte de Sandino. Esto motiva la decisión de buscar la ayuda de otros países latinoamericanos. De ahí el futuro viaje de Sandino a México.
Eran normales las cartas entre personalidades de la izquierda europea y Sandino. Destacaremos a la del socialista Luis de Araquistain, quien en 1928 recibe un carta de Sandino a favor de la lucha republicana que por aquella época se estaba fraguando en España.
Cuando la guerra era mediática, sobre todo cuando se citaban las atrocidades de un bando y otro. Sandino empezó por tener prisioneros, pero al ver que el invasor aplicaba la ley de fugas a los soldados sandinistas, dejo de interesarle la propaganda, pagando con la misma moneda a los invasores, como él mismo les llamaba. Los marines, que no soportaron estar a merced de los sandinistas, optaran por echar a la población civil contra Sandino, cometiendo toda una serie de tropelías contra la población de Las Segovias. Llegando a una situación en la zona de tensión continua, pues o se coopera o se lucha contra él. Era común que hubiera gentes que se enrolaran en las filas del General de Hombres libres y quisieran asesinarle (José Santos Sequeira.)
Sandino continuamente desde sus manifiestos, procuraba que estos se convirtieran en proclamas a favor de la unidad de los pueblos de América frente al imperialismo de Estados Unidos. Del que sólo pedía un trato de Estado a Estado, y no a lo que parecía más de metrópoli a colonia. Critica continuamente la inoperancia de muchos estados ante el trato abusivo de EE.UU.
También tratará de establecer un plan de paz para Nicaragua, pidiendo para esto el apoyo de uno de los países punteros del cono sur americano, la Argentina de Hipólito Irigoyen. El plan de paz, no quiso ser conocido por el presidente Argentino, si bien la prensa rioplatense publica la carta de Sandino a su presidente. No cabe duda de que mantener buenos tratos con Estados Unidos valían más que la paz para Nicaragua.
3.4 el viaje a México
Iba para poco tiempo, con el objetivo de la obtención de armas y apoyo a su causa. Pero paso allí más de un año. Cruzo la mayor parte de Centroamérica hasta México pasando inadvertido, también por que así lo quisieron los países por aquellos que pasaba. En Julio de 1929, ya se encontraba en Veracruz, sino fue a la capital, es por que se lo impidieron.
La actividad guerrillera, no sufrió un paron sino que aumentó. Pues no sólo en Las Segovias se fraguaba la lucha contra los EE.UU. surgiendo grupos armados en toda Nicaragua. Uno de los motivos podrían ser las arengas desde México que mandaba Sandino.
Pese a estar allí más de un año obtuvo muy poco para la causa Sandinista, apenas dos ametralladoras de mano. Fracasó también en su intento de unificar todos los movimientos revolucionarios de Iberoamérica. Se entrevistó con el presidente mexicano Portes Gil, si bien no obtuvo de él, más que promesas.
Mientras en su país, el número de efectivos norteamericanos se reducía en el combate contra las tropas de Sandino. El motivo la Constabularia Nacional se había transformado en Guardia Nacional. Los soldados sandinistas ahora se enfrentaban a sus hermanos, y la Guardia Nacional empleaba sus mismas tácticas de combate:
“Los nuevos combatientes se tiraban al suelo. Avanzaban entre la selva en lugar de utilizar los caminos, evitaban los pueblos, dispuestos para el espionaje y se servían de los mismos métodos de guerrillas impuestos por Sandino.” [4]
Estados Unidos se veía cada vez más cansado e impotente, al ver que los resultados no llegaban, a la par que la situación se estaba viendo como ajena, aquella no era la lucha de los intereses de Estados Unidos. Era la lucha de los intereses de unos pocos de Estados Unidos. Cada vez era mayor la crítica de los diarios liberales, hacia ese conflicto, al que al parecer no se le podía poner fin. Paulatinamente dejará su presencia al mínimo, tan sólo a los agregados militares. Puede que este abandono progresivo de los marines se deba a la “política de vecindad.”
Este giro en la política estadounidense, dio sus primeros pasos en 1930. Un día después de que Moncada accediera al cargo, tras las elecciones. El nuevo presidente de los EE.UU. Edgar Hoover, proclamará que no iba a quedar ningún oficial extranjero en Nicaragua. Era un intento de hacer disminuir la tensión entre los Estados Unidos y los demás países americanos. Pues sabemos que durante el recorrido de Hoover por algunos países americanos, pudo sentirse molesto ante las manifestaciones antinorteamericanas de las que era testigo.
La existencia de tropas estadounidenses, no será nada gratuita. Pues el ya maltrecho erario nicaragüense, se verá cada vez más vacío, y la hacienda endeudada. Los gastos militares impedirán su utilización en otros campos, como la inversión pública. Pon tato la situación de guerra motivaba, por un lado el mayor endeudamiento del país con Estados Unidos, y por el otro la progresiva pauperización del país, poniendo fin al desarrollo.
Estos hombres de la Guardia Nacional, se educaban la mayoría de manos de oficiales del ejército yanqui, en la Academia Militar. Enseñanza demasiado liviana, pues formaba oficiales en apenas 6 meses. Diremos de todo esto que le mayor legado que dejó EE.UU. en Nicaragua fue una casta militar.
3.5 La lucha continua.
En Junio de 1930, regresa a Nicaragua con las manos vacías. Pese a contar con victoria de su ejército, y a contar con apoyo de la prensa mundial de izquierdas, incluida la estadounidense. Estaba sólo en la lucha contra Estados Unidos, ningún país latinoamericano se sumaba a la rebelión. Es un sus continuos manifiestos, proclamaba que la independencia de Nicaragua sólo se conseguía con cooperación de los pueblos de América latina.
El motivo principal por el que Sandino vuelve a tierras nicaragüenses es por el intento del gobierno de llevar a los campesinos a campos de concentración. Se utilizará una nueva forma de mantenimiento de la guerrilla. El control de ciertas industrias, en especiales madereras, obligara a los propietarios a pagar un “impuesto revolucionario.” Son años de reactivación de la lucha en la selva, con combates en los márgenes de río Coco.
En ese contexto de la lucha tiene lugar el llamamiento a las elecciones. Donde se abrirá una brecha entre liberales (Moncada) y una facción de su partido que le rechazaba. Estos a su vez se enfrentaban a los conservadores de Chamorro y Díaz. La Guardia Nacional tomará parte a favor de Moncada. Este intentará reformar la Constitución, para poder ser reelegido. En su anterior visita a Estados Unidos lo único que conseguirá será la negativa oficial de EE.UU. Sandino y su ejército optarán por llamar a la abstención, para él y su ejército esas elecciones no era sino una farsa. Ante las elecciones que se avecinan, Sandino y su ejército amenazaran con una serie de incursiones, que tendrían lugar en las principales ciudades de Nicaragua. Ya que su ejército se distribuye por todo el suelo nicaragüense.
El año 1932 comienza con las mismas batallas de siempre, es decir un tira y afloja entre sandinistas y los marines la Guardia Nacional, un conflicto que parecer ser que tiene un fin cada vez más cercano. Estados Unidos estaba cumpliendo su promesa de ir retirando sus tropas. Pero existía incertidumbre pues el conflicto en Nicaragua aún no había finalizado. Si era cierto que las tropas norteamericanas iban saliendo del país, pero la presencia de yanquis, en puestos de importancia como la Guardia Nacional (oficialía) y en cargos económicos, como la dirección de Aduanas, no daban muestra de ello.
A finales de 1932, la actividad guerrillera y política de Sandino se centra en exclusividad en lograr la mayor abstención ante las próximas elecciones. La cosa no estaba nada clara y más ante el enunciado por parte de las tropas estadounidenses de su marcha a principios de 1933. ordenará a sus Generales (Umanzor), la toma de posiciones estratégicas. El día 14 de octubre, el partido de los trabajadores de Nicaragua declara la huelga General electoral. Pese al boicot las elecciones se celebran llegando a la presidencia el Liberal Sacasa. Sandino y su ejército no reconocerán al nuevo presidente y si lo harán con H. Portocarrero, propuesto por Sandino a la presidencia.
Octubre de 1932, comienza con el acuerdo de liberales y conservadores de alcanzar la paz con Sandino. Una junta de notabilidades locales, formada por liberales y conservadores formarán el “Grupo Patriótico”, convinieron en gestionar una amnistía total, y una promesa entre liberales y conservadores de respetar el resultado electoral de las elecciones de noviembre de 1932. Moncada fue el único que se resistió a la firma del documento, todavía presidente. Un intento a la desesperada de mantenerse en el poder, quizás con la ayuda militar que le proporcionaba la Guardia Nacional.
4. Paz y Muerte.
Para Sandino era un mal menor la victoria liberal, y se está pensando seriamente en dialogar con el presidente electo. Sandino un poco contrariado todavía por el resultado de las elecciones, y su campaña por la abstención, pues sólo lo había hecho 1/3 de los electores. Decide crear el Estado Libre de las Segovias, pidiendo al incipiente Gobierno Revolucionario del Salvador que no reconocieran al Liberal Sacasa. A su vez comienza una serie de incursiones del ejército sandinista, a las ciudades del país. Se inicia una auténtica guerra Civil, pues ya los yanquis habían salido del país, y el conflicto era entre sandinistas y la Guardia Nacional. Nos encontramos por tanto en 1933.
Comienza el año 1933, sin los marines en Nicaragua, y con los Liberales de Sacasa en el gobierno. Uno de los puntos de Sandino se había cumplido, pero la presencia de estadounidenses en diversos puestos del país, todavía entorpecía la paz. Continua una actividad guerrillera cada vez más fuerte. Sabemos de casos en los cuales la Guardia Nacional se pasa al bando de Sandino. Hay una actividad arrolladora de las filas de Sandino, en todos los frentes del país, saldándose la mayoría con victorias.
Sacasa ordenaría a Sofonías Salvatierra encargarse de entablar relaciones con Sandino. Le dan un documento para que se entregue a Sandino proponiéndole, una reforma constitucional que vendría a servir para lograra una mayor representación de las minorías (uno de sus objetivos). Llegaba el momento de llevar a cabo el plan del Acuerdo Patriótico. El gobierno de Sacasa, no sentara muy bien desde el principio a la Guardia Nacional, que a los 15 días de Gobierno ya se desbarajusta una intentona golpista.
4.1 Los acuerdos de paz.
Los primeros contactos habían tenido lugar a finales del año anterior. Entre las condiciones de Sandino para la paz está:
“El gobierno de Sacasa debe ser libre y no traer compromisos públicos ni privados con los Estados Unidos del Norte América”.
Salvatierra contestará por carta que respecto a las relaciones con EE.UU. no existían acuerdos públicos o privados, y que desde primeros de enero, no había ni un solo soldado de la intervención. El 12 de enero Salvatierra marchará hacia Las Segovias a entrevistarse con A.C.S. Volverá a finales de enero con una propuesta conocida como el Protocolo de Paz:
“... Convencerse de que prescindirá de la intromisión extraña en las finanzas de Nicaragua y la determinación que tenga respecto a la llamada Guardia Nacional; saber si el doctor Sacasa tiene pactos con interventores norteamericanos.
Por Iniciativa del Ejecutivo, el Congreso Nacional de Nicaragua decrete la creación de un nuevo departamento (sito en el Cuartel General de Sandino, con el objetivo de declararlo zona neutral, o a modo de tierra de nadie)
Las autoridades civiles y militares del departamento sean nombradas dentro de los miembros que han integrado nuestro ejército. Las armas deberán formar parte del nuevo ejército como defensa de la República.
Extraer de los archivos nacionales e incendiar todos los documentos en que se califique de bandolerismo la actitud que asumió el suscrito y su ejército el 4 de Mayo de 1927, cuando el Gobierno de los estados unidos de Norteamérica, amenazó a los ejércitos nicaragüenses desarmarlos si no se sometían a su despótico capricho.
Revisión de los tratados Bryan-Chamorro, sobre la construcción del canal y la base marítima de Fonseca, la cual debe ser declarada una base naval de nacionalidad indohispana...”
Se concertó una tregua a partir del 23 de Enero, con una duración de 15 días, durante el cual se entablarían conversaciones para un armisticio final. La Guardia Nacional violará la tregua varias veces, demostrando la falta de acatamiento al Presidente; no eran los únicos, una parte del Congreso, las clases pudientes cultivaban el odio contra Sandino. Se trató muchas veces por parte de estos aquellos de romper el tratado de paz. Continuaran las incursiones de la Guardia Nacional, sobre la futura zona neutral. Los combates entre la Guardia Nacional y los generales de Sandino eran todavía la nota predominante. Se demostraba de esta forma, que las riendas de Nicaragua las llevará más la Guardia Nacional de Anastasio Somoza, que el Presidente. Eran continuos los llamamientos de Sacasa a la paz, sobre todo a la Guardia Nacional. Los militares contestaran al Jefe de Gobierno que eran los sandinistas los que la rompían.
Existía un principio para la paz, que fue aceptado por Sacasa. Tras encuentros, idas y venidas de Salvatierra a Las Segovias, para dialogar con Sandino. Augusto Cesar decidirá dialogar con Sacasa en Managua. El 2 de febrero dialoga por primera vez con el Presidente. Esa misma noche se firmará un convenio para la paz.
Este convenio vendría a ratificar el Protocolo de Paz. Se proclamará una amnistía a los hombres de Sandino, se creará un nuevo departamento territorial en el antiguo Cuartel General de Sandino, resguardado por su guerrilla, con el fin de garantizar la seguridad de estos, y a modo de zona neutral, para que paulatinamente entreguen las armas. Salida de los marines, apoyo a la reunión en Buenos Aires con idéntico temario, y que el gobierno admitiera su derrocamiento por el pueblo si éste consideraba negativa su gestión
El ejecutivo estará a favor de la paz desde el primer momento, y dará muestras de su fe, aprobando un crédito, para gastos de pacificación y obras públicas. A pesar de todo la Guardia Nacional continuará con la actividad hostil. Muchos soldados desarmados del ejército sandinista, resultaran heridos por las persecuciones de la Guardia Nacional. Esta situación provoca el temor del ejecutivo ante el torpedeamiento del proceso de paz. Sacasa obligará a Somoza a que controlé mejor a sus hombres. El 22 de febrero Sandino procede a la entrega de armas estipulada.
Ante los cumplimientos de los acuerdos por parte de ambos. Sandino viajará a Managua por segunda vez, para recabar de Sacasa el cumplimiento del pacto contraído y garantías para sus hombres desarmados, hace circular el rumor de que va a solicitar dinero. El error fue no hacer constar en el pacto de paz las condiciones que habían sido estipuladas en el Protocolo inicial, le presentaban como renunciando a sus aspiraciones a favor de una Nicaragua libre del pacto Chamorro-Bryan. Por ello recibió la critica de algunos de sus Generales como Gustavo Alemán Bolaños. La Guardia Nacional continuará con sus tropelías, pues todavía seguía aplicando la Ley de Fugas. Decir que si bien es cierto que los estadounidenses se habían marchado, la Guardia Nacional representaba la pervivencia de los intereses de EE.UU.
4.2 La muerte de Sandino.
Preocupaba al presidente Nicaragüense la rivalidad existente entre Somoza y Sandino, lo cual amenazaba la estabilidad de los tratados de paz. Conseguirá una reunión entre ambos en febrero de 1934. Sandino desde las Segovias comenzaba a llamar la atención ante las continuas tropelías de las tropas de Somoza a sus hombres. Aquello no era una paz muy justa. Este temor obligó a Sandino a no entregar la totalidad de las armas, con el fin de defenderse como pudieran y que si su presencia era lo que motivaba la tirantez existente, estaba dispuesto a abandonar el país. Su deseo de conseguir una paz duradera y una Nicaragua independiente le llevará a aceptar la entrevista entre Somoza y él. Con lo cual inicia su tercer y último viaje a Managua.
Sandino había llegado a la capital para dar por finalizadas sus gestiones en pro de la paz. "Yo no dispararé un tiro más. Haremos la paz aunque se oponga el mismo señor presidente. Mi resolución es irrevocable, por ese ideal he venido, desafiando los riesgos y haciendo cara a los rencores y odios de la Guardia Nacional", le había manifestado, al escritor Salvador Calderón Ramírez, el general Sandino. La entrevista prosiguió y Sandino agregó: "Para mí quiero no absolutamente nada, solamente pido garantías para mi gente. Mis hombres, después de la agitación de la guerra, necesitan templar sus músculos en el trabajo. Así como los llevé al matadero para repeler a los invasores, anhelo, hoy día, hacerlos entrar en el deber y enseñarles que si el AYER era de pólvora, destrozo y aniquilamiento, el HOY y también el MAÑANA deberán ser de actividad constructiva y de fecunda reparación".
Según relato del entonces ministro Sofonías Salvatierra en los "Últimos días de Sandino" en el auto cuando salieron de la Casa Presidencial, Sandino, don Gregorio Sandino y él viajaban en los asientos de atrás y los generales Estrada y Umanzor en los de adelante. Cuando venían por la avenida del Campo de Marte al pasar por el Hormiguero un destacamento de guardias nacionales les detuvo y el que hacía de jefe les gritó una orden: "!El que levante la mano será matado¡". Cuenta que las ventanillas del vehículo aparecieron erizadas de ametralladoras; Sandino y sus compañeros fueron despojados de sus armas y se les ordenó descender. Al jefe del pelotón él le dijo "!Oiga, soy ministro y venimos de Casa Presidencial", ¿qué ocurre?" y el militar respondió "Obedezco órdenes superiores" y sin agregar más hizo que todos entraran al patio del cuartel.
Sandino, exclamó: “¿Por qué semejante atropello?. Hecha la paz todos somos hermanos. Hace pocas noches el general Somoza me ha dado un abrazo en señal de concordia y hemos intercambiado retratos con dedicatorias en prueba de armonía.” se expresó Sandino ante los militares.
Y mientras Sandino hablaba alguien en el interior del cuartel se comunicaba por teléfono con el exterior. Luego el teniente López nos dijo: "Usted y don Gregorio Sandino permanecerán aquí hasta nueva orden, los demás habrán de seguirme". Rodeados por los guardias, Sandino, Estrada y Umanzor se perdieron en las sombras. Momentos después se escucharon disparos de fusilería y de ametralladoras, en tanto don Gregorio destacándose en la claridad de la mañana, dijo: "Ya están matando a Sócrates y sus compañeros". El ministro Salvatierra no pudo contestarle pero admiró la estoica serenidad y entereza del anciano. Pasados unos instantes se escucharon de nuevo el trueno de las ametralladoras:
"Están matando a Augusto" exclamó don Gregorio agotado totalmente por la emoción. Era la mañana del 21 de febrero de 1934.
El general Augusto César Sandino fue asesinado por órdenes expresas de Tacho Somoza. A los pocos meses en una cena reconocería la autoría del hecho.
"Hablad en las plazas, en las
universidades, en todas partes,
de ese general de América,
que se llamó Augusto César Sandino"
"Usadlo contra el panamericanismo
del silencio y que resuenen nuevas voces
de juventudes alertas en las atalayas,
pues la lucha de Sandino continúa".
Miguel Ángel Asturias

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STICKY POST

Gregorio Selser, historiador de Sandino

GREGORIO SELSER




Días pasados intelectuales de diversos países del continente rindieron homenaje en México a Gregorio Selser, uno de los más notables historiadores de América Latina, fallecido el 27 de agosto de 1991 en esa fraterna tierra que albergó a los militantes del exilio en los países platenses y de Chile durante las dictaduras que ensombrecieron la región en la década del 70. Allí había llegado el escritor y periodista con su familia tras el golpe en Argentina de marzo de 1976.
Gregorio Selser es autor de medio centenar de libros sobre la historia de nuestros países: su patria argentina, Bolivia, Chile, Guatemala, Nicaragua, Panamá, entre otros. Su notable obra "Sandino, general de hombres libres" (título que recoge una frase del gran escritor comunista francés Henri Barbusse) es un clásico de la literatura latinoamericana, material obligado de estudio en las universidades de todo el mundo sobre esta figura emblemática de las luchas liberadoras de nuestros pueblos. Conservo como preciado tesoro un ejemplar que me regaló, con esta dedicatoria: "Para Niko Schvarz, viejo colega de lides periodísticas, con un abrazo cordial de Gregorio Selser. México, octubre 1978". Lo mismo me acontece con otros dos libros suyos: "De la Cecla a la Mecla, o la diplomacia panamericana de la 'zanahoria'", referido al Consenso latinoamericano de Viña del Mar de 1969 (releyéndolos ahora, percibo que es de pasmosa actualidad); y "Alianza para el Progreso. La mal nacida", que me recuerda aquellos días de agosto de 1961, con el Che Guevara en Punta del Este, en que compartimos jornadas de labor periodística, él para Marcha y yo para El Popular, situación que se reprodujo en enero de 1962 en la conferencia de cancilleres de San Rafael.
No obstante, la obra mayor de Gregorio Selser, su aporte más relevante y perdurable, es la historia de los cientos de intervenciones del imperialismo norteamericano en los países de la América Latina y caribeña. Es la que elaboró de modo sistemático a lo largo de decenios, con un acopio documental fabuloso de fuentes muy variadas. Los resultados de esta investigación magistral están contenidos parcialmente en los volúmenes editados. Pero tengo entendido que una masa enorme de documentación quedó a nivel de carpetas y de libros reunidos en su nutridísima biblioteca sobre estos temas, en buena parte de origen norteamericano. La tarea de recopilar, sistematizar y publicar este rico material quedó frustrada por su muerte, a los 68 años. Era proverbial su afán y su minuciosidad por recoger y catalogar el material, día a día, contando para ello con la valiosa colaboración de su esposa Marta.
Gregorio Selser nace el 2 de julio de 1922 en Buenos Aires, Argentina.
En 1955 publica su primer libro, Sandino, general de hombres libres. Comienza a trabajar como corresponsal en Argentina del semanario uruguayo Marcha.
En 1956 trabaja como redactor del matutino La Prensa en Buenos Aires.
En 1958 publica El pequeño ejército loco: Operación México-Nicaragua.
En 1961 publica El guatemalazo.
En 1964 publica El rapto de Panamá: de como los Estados Unidos inventaron un país y se apropiaron de un canal. Comienza a trabajar como colaborador de la agencia noticiosa IPS.
En 1975 publica De cómo Nixinger desestabilizó a Chile.
En diciembre de 1976 llega exiliado a México. Trabaja como investigador del Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales.
En 1979 comienza a trabajar como editorialista internacional en el periódico El Día.
En 1982 publica Reagan: de El Salvador a las Malvinas. Participa en diversos foros sobre Centroamérica. Trabaja como profesor de Estudios de Posgrado en la Universidad Nacional Autónoma de México.
En 1983 recibe la Orden de la Independencia Cultural «Rubén Darío» otorgada por el gobierno sandinista. Publica Honduras, república alquilada. Al año siguiente publica Nicaragua de Walker a Somoza, historia de más de 120 años de intervenciones de Estados Unidos en Nicaragua, y el Informe Kissinger contra Centroamérica.
En 1988 recibe en Praga el Premio Internacional de la Organización Internacional de Periodistas (OIJ). Comienza a colaborar con el periódico La Jornada. Publica Panamá, érase un país a un canal pegado y La violación de los derechos humanos en Estados Unidos.
En 1990 publica Los documentos de Santa Fe I y II. Comienza a colaborar con el periódico El Financiero.
El 27 de agosto de 1991 se suicida en la Ciudad de México dejando varios trabajos inéditos.
Póstumamente se publican Luchas sindicales históricas de los obreros en Estados Unidos y 2 tomos de su Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina.

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Respuesta a Gilbert Hatfield

Respuesta a Gilbert Hatfield
Campamento del Chipote, Vía San Fernando. Al Capitán G. D. Hatfield. El Ocotal.
Recibí su comunicación ayer y estoy entendido de ella. No me rendiré y aquí los espero. Yo quiero patria libre o morir. No les tengo miedo; cuento con el ardor del patriotismo de los que me acompañan. Patria y Libertad.
A. C. Sandino
Circular a las autoridades locales de todos los departamentos
Yalí, 12 de mayo de 1927
Autoridades locales de todos los departamentos.
Muy señores míos:
Tengo el gusto y la satisfacción de saludarlos afectuosamente después de haber llevado a cabo una afortunada cruzada frente a las columnas enemigas, de la que daré a Uds. un detalle a grandes rasgos, para que no ignoren la actual situación del movimiento político militar que atraviesa nuestro país.
El 11 de marzo salí con mi Ejército rumbo al campamento del general Moncada: la suerte estaba de parte mía y en el lugar llamado "El Bejuco" logró mi Ejército romper las cadenas que ahogaban la revolución. La sorpresa de ellos fue grande al ver flamear la bandera de la libertad en el corazón de sus campamentos; desde ese momento las fuerzas constitucionalistas se llenaron de entusiasmo, y cada día se celebraba un combate a favor nuestro. El momento decisivo estaba próximo; la última campanada había llegado para el conservadorismo, puesto que el ejército liberal contaba con 7,000 hombres bien equipados y rebosando de entusiasmo, mientras ellos sólo contaban con mil y tantos hombres propensos más que a luchar, a la deserción, de modo que el triunfo era nuestro en toda la línea.
Habíamos vencido, pero he aquí que cuando nos disponíamos a hacer el último empuje y entrar triunfantes al Capitolio de Managua, el Coloso Bárbaro del Norte, o sea los norteamericanos; viendo que las fuerzas del gobierno perdían sus posiciones y teniendo ellos compromisos con Adolfo Díaz, propusieron al general Moncada un armisticio de 48 horas, para tratar de la paz de Nicaragua. Esto se prorrogó por 48 horas más. Como resultado de esas conferencias se han sentado las bases siguientes: Primero. Desarmar al ejército conservador, dejándonos a nosotros ocho días para efectuar el desarme de la revolución mediante estas bases: el gobierno daría al liberalismo seis departamentos: Jinotega, Matagalpa, Estelí, Ocotal y León y la Costa Atlántica; además, dos ministerios, el de Gobernación y el de Guerra, este último ofrecido al general Moncada, el cual no aceptó quedando siempre Díaz en la presidencia.
Como comprenderán, la aceptación de tales proposiciones necesitaba la aprobación de todos los jefes de la revolución. Para esto se llevaron a cabo en Boaco unas conferencias, para tratar de la aceptación o no de las bases. Y como mi campamento estaba un poco retirado de Boaco, no concurrí a las conferencias, pero me encontré con la resolución de la mayoría de los jefes que es ésta: no aceptar a Díaz como presidente de Nicaragua. La resolución del coronel Stimson, enviado especial del gobierno norteamericano, reconoce perfectamente nuestro triunfo, pero habiendo el Departamento de Estado reconocido al gobierno de Díaz, está en el imprescindible deber de sostenerlo en la presidencia por la moralidad de sus compañeros; pero prometen el gobierno de los departamentos referidos; además, la libertad absoluta de imprenta y controlar las futuras elecciones; que de seguro el triunfo en esa lucha cívica será nuestro porque contamos con la mayoría.
El A.B.C. de la América del Sur, o sean las repúblicas de Argentina, Brasil y Chile, han gestionado ante el Departamento de Estado Norteamericano para actuar como jueces en los asuntos de Nicaragua, lo que fue aceptado por ellos. Estos prescindirían de Sacasa y Díaz y propondrán sí, un gobierno liberal. Mi resolución es ésta: Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos. Mientras tanto, permaneceré aquí esperando la determinación del general Stimson, respecto a nuestro asunto.
Affmo. compañero y amigo,
(f.) A. C. Sandino.
Tomado de: El pensamiento vivo de Sandino, Casa de las Américas, La Habana, 1980

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Conversaciones con Sandino

Conversaciones con Sandino
Ramón de Belausteguigoitia
Febrero de 1933
El hombre y sus ideas
Durante las dos semanas que aproximadamente estuve en el campamento del ejército de la Libertad, no dejé de estar a diario en conversación con el general Sandino, quien me trató desde el primer momento con una amabilidad enteramente familiar.
Unas veces el caudillo me llamaba y otras iba yo a verle a su casa, que custodiaba su guardia personal, con ametralladoras en mano. El general se solía pasear en una habitación obscura contigua a la de la guardia y entraba sonriente, abrazándome, según su costumbre.
Era una sencilla habitación decorada por algún calendario y un cromo en el que se veía unos cazadores de focas en un mar proceloso de hielo, disparando contra estos anfibios que se acercaban alarmantemente a la embarcación. Había un banco y unas sillas; en el banco se sentaban de ordinario algunos jefes que asistían silenciosos a la entrevista, o los soldados de retén. En un rincón se veía un montón de rifles.
El general se sentaba en una sencilla mecedora, que la tenía balanceándose sin cesar. Resaltan en su cara ovalada, pero angulosa, cierta especie de asimetría en ambos lados del rostro, que contribuyen, juntamente con las comisuras de sus labios, a dar unas extrañas variaciones a su rostro. En sus ojos obscuros brilla con frecuencia una afectuosa simpatía, pero de ordinario se muestra en ellos una profunda gravedad, una intensa reflexión. El reposo de sus facciones, la fortaleza de sus mandíbulas, en ángulo bien abierto, confirman la impresión que da su conversación de una voluntad serena y afirmativa. Su voz es suave, convincente; no duda en sus conceptos, y las palabras van precisas, bien guiadas por un intelecto que ha pensado por cuenta propia en los temas que expresa. Su gesto habitual es frotarse las manos teniendo en ellas un pañuelo. Rara vez acciona ni cambia la tonalidad serena de su voz. La impresión que da el general Sandino, lo mismo en su aspecto que en su conversación, es de una gran elevación espiritual. Es, sin duda, un cultivador de la "yoga", un discípulo de Oriente.
Los temas de nuestra conversación fueron varios y de ordinario sin mucho orden. Yo he procurado recogerlo en distintas materias, pero guardando desde luego una absoluta realidad en los conceptos y en las frases, a fin de que el lector pueda penetrar en la psicología de este extraordinario paladín de la Libertad, que ha sido tenido por muchos como un hombre vulgar y sin instrucción, quizá también como el Pancho Villa de la rebelión nicaragüense. Pero esto es absolutamente falso. El general Sandino es un espíritu delicado y fino, un hombre de acción y un vidente, como hemos dicho ya, y sin tener sino una instrucción bastante limitada, es una extraordinaria personalidad, aun aparte de su papel de libertador.
--Ya veo que le han tomado a usted por americano --me dijo, riéndose alegremente, la primera vez que me vio.
--Sí, general --le dije--; pero ya se convencieron bien pronto, y no pasó nada. Todo ha sido una broma.
Y luego de habernos sentado, y mientras el general inicia su habitual balanceo, le digo:
--Me interesa sobre todo en este movimiento su aspecto espiritual más que el episódico y militar. Yo veo que hay en usted una gran fe, y yo no sé si un sentido religioso. Entiendo que todos los movimientos que han dejado huella en la Historia han tenido una gran fe religiosa o civil. El liberalismo de los pueblos anglosajones, unido a sus principios religiosos, me parece más profundo y definitivo que el de la Revolución francesa. ¿Tiene usted alguna religión?
Sandino.--No; las religiones son cosas del pasado. Nosotros nos guiamos por la razón. Lo que necesitan nuestros indios es instrucción y cultura para conocerse, respetarse y amarse.
Yo, sin darme por vencido, le insisto:
--¿No cree usted en la supervivencia de la conciencia?
Sandino.--¿De la conciencia?
Yo.--Sí, de la personalidad.
Sandino.--Sí, del espíritu, claro está; el espíritu supervive, la vida no muere nunca. Puede suponerse desde el principio la existencia de una gran voluntad.
Yo.--Todo es cuestión de palabras; para mí, eso es la religión, la trascendencia de la vida.
Sandino.--Como le digo, la gran fuerza primera, esa voluntad, es el amor. Puede usted llamarle Jehová, Dios, Alá, Creador...
Y después de explicar, según su fe teosófica, el valor de los espíritus guías de la Humanidad entre los cuales coloca Adán, Moisés, Jesús, Bolívar..., mientras su palabra expresa una convicción profunda y sus ojos, opacos, se animan, continúa:
--Sí; cada uno cumple con su destino; yo tengo la convicción de que mis soldados y yo cumplimos con el que se nos ha señalado. Aquí nos ha reunido esa voluntad suprema para conseguir la libertad de Nicaragua.
Yo.--¿Cree usted en el destino, en la fatalidad?
Sandino.--¿Pues no he de creer? Cada uno de nosotros realiza lo que tiene que hacer en este mundo.
Yo.--¿Y cómo entiende usted, general, esa fuerza primera, que mueve las cosas? ¿Como una fuerza consciente o inconsciente?
Sandino.--Como una fuerza consciente. En un principio era el amor. Ese amor crea, evoluciona. Pero todo es eterno. Y nosotros tendemos a que la vida sea no un momento pasajero, sino una eternidad a través de las múltiples facetas de lo transitorio.
Yo.--Insisto en este punto, porque creo que toda gran obra solo se ha hecho a base de una gran fe, que yo llamo religiosa y usted la llama con otras palabras; pero que no es sino el empujón de un mundo espiritual. He apercibido en su ejército esa compenetración, esa espiritualidad.
Sandino.--Si eso es todo, estamos compenetrados en nuestro papel; todos somos hermanos.
Yo.--Recuerdo haberle hecho referencia en algún momento al sentido histórico de Napoleón y Bolívar.
Sandino.--¡Ah, Napoleón! Fue una inmensa fuerza, pero no hubo en él más que egoísmo. Muchas veces he empezado a leer su vida y he tirado el libro. En cambio, la vida de Bolívar siempre me ha emocionado y me ha hecho llorar.
Después, com el general hiciera referencia a las fuerzas espirituales que obran en la conducta de los hombres, le pregunto:
--¿Cree usted, general, en fuerzas de esa naturaleza que obran en los hombres sin la acción de la palabra?
Sandino.--Completamente; yo mismo lo he experimentado no una, sino muchas veces. En varias ocasiones he sentido una especie de trepidación mental, palpitaciones, algo extraño dentro de mí. Una vez soñaba que se acercaban las tropas enemigas y que venía con ellos un tal Pompilio, que había estado antes conmigo. Me levanté inmediatamente y di la voz de alarma, poniendo a todos en plan de defensa. Dos horas después, todavía sin amanecer, los americanos estaban allí, iniciando el combate.
--Hay una parte de nuestro organismo donde existe el órgano del presentimiento.
--Yo se lo diré --añade el general, y tomando mi cabeza me señala la nuca--. ¿No lo cree usted?
Yo.--Yo no niego ninguna clase de posibilidades de esa naturaleza. Y desde luego creo que usted puede tener un sistema nervioso especial: una gran potencia espiritual. Lo veo en su ejército.
Y recuerdo haber leído en una carta escrita por su hermano Sócrates y que me había enseñado don Gregorio, que "Augusto tenía un enorme receptáculo telepático". Y en otra carta, "que había visto en sueños a su padre y a su madre y sentía que debían estar muy inquietos".
Y añado yo:
--He visto en los soldados un sentido espiritual admirable. Hablando con muchos de ellos, les he oído decir que la justicia estaba con ellos y que por eso vencían siendo tan inferiores. ¿Cómo ha conseguido inculcarles estos principios?
Sandino.--Hablándoles muchas veces sobre los ideales de la justicia y sobre nuestro destino, inculcándoles la idea de que todos somos hermanos. Sobre todo, cuando el cuerpo desfallece es cuando he procurado elevar su espíritu. A veces, hasta los más valientes decaen. Es necesario conocerlos, seleccionarlos. Y alejar el temor, haciéndoles ver que la muerte es un ligero dolor, un tránsito.
Yo.--¿Por compenetración?
Sandino.--Sí; estamos compenetrados de nuestra misión, y, por eso mis ideas y hasta mi voz puede ir a ellos más directamente. El magnetismo de un pensamiento se transmite. Las ondas fluyen y son copadas por aquellos que están dispuestos a entenderlas. En los combates, con el sistema nervioso en tensión, una voz con sentido magnético tiene una enorme resonancia... También los espíritus combaten encarnados y sin encarnar.
Yo.--¿Cree usted en la trascendencia de este movimiento?
Seguramente el general no me ha entendido el sentido realista en que yo le he hecho esta pregunta. En el curso ya de sus impresiones suprasensibles, por decirlo así, continúa destrenzando su pensamiento en conceptos más lejanos y más difíciles.
Pero no nos sería posible seguir todo su pensamiento, e indicaremos únicamente el esqueleto de sus ideas, que versan ya sobre términos irreales:
--Le diré a usted; también los espíritus luchan encarnados y sin encarnar... Desde el origen del mundo, la tierra viene en evolución continua. Pero aquí, en Centroamérica, es donde veo yo una formidable transformación... Yo veo algo que no lo he dicho nunca... No creo que se haya escrito sobre eso... En toda esta América Central, en la parte inferior, como si el agua penetrara de un océano en otro... Veo Nicaragua envuelto en agua. Una inmensa depresión que viene del Pacífico... Los volcanes arriba únicamente... Es como si un mar se vaciara en otro.
Es una descripción fantástica, que yo no he podido aprisionarla por completo, pero que se traduce en una especie de visión de una gran catástrofe marítima en esa zona de la América Central. Y Sandino se lleva las manos a los ojos, como queriendo arrancar de ellos alguna visión. De nuevo el tono opaco de su mirada se anima más.
Es Sandino, el héroe y genial Sandino, el visionario.
--La fe --pienso yo-- es eternamente infantil y creadora; infantil, porque une al mundo real, al de lo maravilloso, y apartando la duda, que es escepticismo y vejez, nos lleva al mundo del ensueño de esos primeros años, en los que quizá, como dice el poeta Wordsworth, los hombres conservan todavía el reflejo de una inmentalidad o de una encarnación, como dirían los teósofos, que todavía no se ha borrado de la mente, con los años y la baja realidad de los sentidos.
Y es creadora, porque el hombre se siente no como un mísero aparcero de una vida transitoria, que se disipa como el humo, sino el propietario, mejor dicho, como el actor de un drama eterno y siempre renovado.
Cuando salgo, Sandino habla con un viejo soldado, encargado de llevar sal a las columnas que se vienen acercando, y mientras aquél parte con su mula cargada, el general lo despide con un "Que Dios le guarde".
2.- Conversaciones con Sandino.
Temas sociales
Habíamos visto al general Sandino, mientras cabalgaba con algunos oficiales, haciendo una inspección a sus tropas y me dijo:
-Ya ve usted, nosotros no somos militares. Somos del pueblo, somos ciudadanos armados.
Recordando estas impresiones sobre el aspecto social del movimiento sandinista, preguntaba una tarde al general, mientras conversábamos, y él se balanceaba en su mecedora.
-Se ha dicho en ocasiones que su rebelión tenía un marcado carácter social. Hasta se les había tildado de comunistas. Entiendo que este último dictado ha obedecido a una propaganda tendenciosa y de descrédito. ¿Pero no hay programa social?
Sandino.-En distintas ocasiones se ha tratado de torcer este movimiento de defensa nacional, convirtiéndolo en una lucha de carácter más bien social. Yo me he opuesto con todas mis fuerzas. Este movimiento es nacional y antiimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para todo Hispanoamérica. Por lo demás, en el terreno social, este movimiento es popular y preconizamos un sentido de avance en las aspiraciones sociales. Aquí han tratado de vernos, para influenciarnos, representantes de la Federación Internacional del Trabajo, de la Liga Antiimperialista, de los Cuáqueros... Siempre hemos opuesto nuestro criterio decisivo de que esta era esencialmente una lucha nacional. [Farabundo] Martí, el propagandista del comunismo, vio que no podía vencer en su programa y se retiró.
El general calla pensativo.
En algunos países, como en México, se ha pensado por muchos que el movimiento sandinista era fundamentalmente agrarista. Yo he tenido ocasión de comprobar, durante mi estancia en Nicaragua, que la propiedad está muy dividida y que el país es de pequeña propiedad. Apenas hay latifundios, y estos no son muy grandes. El agrarismo, pues, no tiene un gran campo de acción. Los pocos que no tienen tierras no se mueren de hambre, como se me había dicho. Y, efectivamente, tuve ocasión de comprobar estas impresiones de tierra de promisión en forma no muy halagadora por cierto. Hay cerca de Granada un hermoso paseo de mangos que llega hasta el Lago. Mientras una especie de Cancerbero que tiene la contrata de la fruta los recoge como puede, dos o tres desarrapados esperan la caída accidental de algún fruto para hacer su comida diaria. No les tenía cuenta trabajar en los cafetales porque solo les daban quince centavos, y preferían esta modesta holganza. El país está destrozado; no hay trabajo por ninguna parte, según ellos.
Insisto yo todavía sobre la cuestión de las tierras con el general, y le pregunto si es partidario de completar el sentido de pequeña propiedad que tiene el país, dando terrenos a quien no les tenga.
Sandino.-Sí, desde luego, y eso es algo que no tiene dificultades entre nosotros. Tenemos tierras baldías, quizá las mejores del país. Es donde hemos estado nosotros.
Y el general explica su proyecto de colonizar la zona del río Coco, que es de una enorme feracidad.
-Nicaragua importa una cantidad de productos que no debe: cereales, grasas, hasta carne, por la costa del Atlántico. Todo esto se puede producir allí. Por de pronto haremos navegable el río ; después empezaremos a abrir terrenos de cultivo. Pero hay una exuberancia vegetal increíble. Sólo el cacao silvestre les pone por de pronto en condiciones de explotación económica.
Yo.-¿Cree usted en el desarrollo del capital?
Sandino.-Sin duda que el capital puede hacer su obra y desarrollarse; pero que el trabajador no sea humillado y explotado.
Yo.-¿Cree usted en la conveniencia de la inmigración?
Sandino.-Hay aquí muchas tierras que repartir. Nos pueden enseñar mucho. Pero a condición de que respeten nuestros derechos y traten a nuestras gentes como iguales.
Y el general añade luego, en tono de broma, que si había extranjeros que fueran allí con otras ideas, llevados de un espíritu de explotación inaceptable o de dominio político, ellos procurarían irles poniendo espinas en el camino para que su marcha no fuera tan sencilla. Por lo demás, todos los extranjeros serían recibidos como hermanos, con los brazos abiertos.
Hemos recordado en aquel momento el admirable desinterés que ha demostrado en todo momento el general Sandino, y la especial estipulación del convenio que se acaba de firmar expresando que los delegados del mismo indican en su nombre "su absoluto desinterés personal y su irrevocable resolución de no aceptar nada que pudiera menoscabar los móviles y motivos de su conducta pública". Entonces le pregunto:
-¿No tiene usted la ambición de poseer algún terreno propio?
Sandino.-¡Ah, creen por ahí que me voy a convertir en un latifundista! No, nada de eso; yo no tendré nunca propiedades. No tengo nada. Esta casa donde vivo es de mi mujer. Algunos dicen que eso es ser necio, pero no tengo por qué hacer otra cosa.
Recordando que el general Sandino está a punto de tener sucesión, le pregunto:
-¿Y sus hijos, si los tiene?
Sandino.-¡No, eso no es una objeción! Que haya trabajo y actividad para todos. Yo soy partidario más bien que la tierra sea del Estado. En este caso particular de nuestra colonización en el Coco, me inclino por un régimen de cooperativas. Pero eso tendremos que irlo estudiando más despacio.
A propósito de estas cosas -añade el general, sonriente-: hoy he tenido un caso de los muchos que vienen a contarme sus cuitas, que pinta el espíritu ansioso de algunas gentes que manejan dinero. Es un pobre hombre con mucha familia a quien habían prestado trescientos pesos hace mucho tiempo. Ahora el que se los prestó le exige, y como no los tiene, quiere llevarse su casa, el ganado, todo, y hasta sus hijos como esclavos. Y yo le he dicho al prestador: "¿Usted cree que su dinero vale tanto como las lágrimas de esta pobre familia?". Después he dicho al otro que vaya donde uno de esos abogados que hacen justicia y que venga otro día. Yo espero convencerlos. Ya ve usted -añade el general- lo que pasa por aquí -mientras su boca se abre en una franca sonrisa que muestra su excelente humor.
Yo sonrío también ante el recuerdo de esta justicia benévola, que muestra su espíritu persuasivo y no su espada de guerrillero.
Yo.-General, ¿le gusta a usted mucho la Naturaleza?
Sandino.-Sí.
Yo.--¿Más que la ciudad?
Sandino.-Sí; la Naturaleza inspira y da fuerzas. Todo en ella nos enseña. La ciudad nos desgasta y nos empequeñece. Pero el campo no para encerrarse egoístamente en él, sino para marchar a la ciudad y mejorarla.
La vista de las plantas, de los árboles; los pájaros, con sus costumbres, su vida... son una continua enseñanza.
La dicción clara y precisa del general, el sentido didáctico que da a sus explicaciones, hasta el corte de su mano, que se mueve incesantemente y que muestra unos dedos cortos y firmes, nos muestran en el general, no el hombre de fantasía, sino de un pensamiento inquieto y profundo en quien bulle el eterno deseo de saber. Y entonces le pregunto:
--¿Es cierto que desea usted hacer algunos estudios?
Sandino.-Sí; me interesa el estudio de la Naturaleza y de las relaciones más profundas de las cosas. Por eso me gusta la filosofía. Naturalmente que no me voy a poner ahora en plan de escolar. Pero saber, aprender, ¡eso siempre!
Pasamos a hablar después del tema militar, del aspecto de exterminio que tuvo la campaña, y yo le pregunto:
--¿Fueron crueles los americanos?
Sandino.-¡Ah, eso yo no se lo voy a decir! Pregúntelo por ahí fuera y verá.
Yo.-Se habla, entre los enemigos de usted, general, de muertes innecesarias, de crímenes que se atribuyen a parte de su tropa.
Sandino.-Pues si se achaca algún mal, cualquiera que sea, yo soy el único responsable. ¿Se dice que ha habido asesinatos? Pues yo soy el asesino. ¿Que ha habido injusticias? Pues yo soy el injusto. Ha habido que castigar no sólo al invasor, sino al que tiene concomitancias con él.
El general se yergue y habla con energía, y sus ojos brillan con indignación.
Yo.-A mí, cuando me han hablado de estas cosas, he dicho que la libertad no se conquista con sonrisas a los invasores. Que es el precio de la libertad. Pero, naturalmente, creo es muy duro para [ser] dicho por un extraño.
Sandino.-¡Oh, sí; el precio de la libertad!
El general Sandino ha pasado, por asociación de ideas, al rigor mostrado con sus propias tropas para mantener la disciplina. Como algo se ha hablado sobre este punto, le pregunto:
--¿Cuántos fusilamientos ha ordenado usted en sus tropas?
Sandino.-Cinco. Dos generales, un capitán, un sargento y un soldado. Uno de los generales por abusos cometidos. Me denunciaron que había violado varias mujeres. Comprobé los hechos y lo mandé fusilar. El otro, por traición.
Y el general cuenta cómo desde que llegó el general Sequeira creyó ver en él un hombre de lealtad sospechosa. Un día los aviones lo habían sorprendido y lanzaban un bombardeo furioso. El general Sandino se mantenía inmóvil en un rincón cuando, en medio del estampido de las bombas, siente que alguien se acerca sigilosamente. Era Sequeira, con la pistola en la mano. "¡Quiere matarme!", pensó Sandino; e inmediatamente sacó su arma y, abalanzándose sobre aquel le obligó a enfundar su automática. Sequeira quedó sin mando, pero aún participaba en las operaciones. Todavía el general lo sorprendió en un momento parecido al anterior. Cuando le iban a capturar se escapó en dirección al campamento americano. Sandino destacó fuerzas que lo trajeran enseguida, vivo o muerto. Entonces lo trajeron ya muerto.
Yo.--¿Es cierto que todas las armas suyas, rifles o ametralladoras, han sido tomadas al enemigo? ¿Qué tanto por ciento calcula usted?
Sandino.-Sí, puede usted decir que todas, fuera de unos pocos fusiles llegados de Honduras y de los primitivos "Con Con", que ya no sirven. Los que no tenían fusil aguardaban a que se cogiera al enemigo o entraban en acción con bombas y pistola, o sencillamente formaban gente de reserva.
Yo.--¿Tuvo usted, general, durante la lucha la intuición de la victoria moral definitiva?
Sandino.-No; yo creí, al meterme en esta empresa, que no saldría nunca de ella sino muerto. Consideré que eso era necesario para la libertad de Nicaragua y para levantar la bandera de la dignidad en nuestros países indohispano.
Yo recuerdo haber oído expresar sentimientos parecidos entre su tropa, a quienes había oído decir: "Antes morir que humillarnos" y "No nos hubiéramos retirado sin que se fueran los 'machos' " .
Yo.--¿Fue su esposa un obstáculo o un estímulo para la lucha?
Sandino.-Fue un estímulo. Al llegar aquí, después de iniciada la lucha la conocí. Intimé con ella. Sus ideas y las mías eran iguales; estábamos identificados. Cinco años estuve separado. Luego pudo entrar en la montaña. Mi esposa nunca ha cejado en su espíritu.
Pero, ¿no la conoce? -añade el general, y llama--: ¡Blanca! ¡Blanca! Te voy a presentar un señor de un apellido muy largo, que no hay manera de pronunciarlo al principio.
Aparece la señora del caudillo. Es una señora muy joven, de facciones correctas, el aire dulce y la tez muy blanca. La saludo, y poco más tarde se va, después de unas breves palabras.
Sandino.-Mi señora es de aquí, con un noventa y cinco por ciento de español. Aquí los españoles se mezclaron poco con los indios.
Yo.-Generalmente, el español se ha unido con los indios fuera de los sitios donde este ha sido muy guerrero. En México, por ejemplo, se ha mezclado poco en Sonora y en Sinaloa. En el resto casi completamente.
Sandino.-Pues aquí, poco. El indio huyó a la montaña. Pero tiene algo. Tanto, que hay un refrán que dice: "Dios hablará por el indio de Las Segovias". ¡Y vaya si ha hablado! Ellos son los que han hecho en gran parte esto. Es un indio tímido, pero cordial, sentimental, inteligente. Ya lo verá usted con sus propios ojos.
Entonces el general manda a llamar a un soldado y le invita a que hable con su jefe, que está sentado en la guardia y que es de la misma raza de los indios zambos del Atlántico.
Hablan los dos, y se aprecia en el dialecto una mezcolanza de palabras de varios idiomas, desde el inglés y el francés al español.
--¡Ahora háblele usted en inglés!- me dice a mí.
Le hablo un rato y veo que conversan los dos perfectamente.
--Y ahora, español- añade.
Efectivamente, lo hablan perfectamente.
Sandino.-Pues ya ve usted si son inteligentes. Pero han estado completamente abandonados. Son unos cien mil sin comunicaciones, sin escuelas, sin nada del Gobierno. Es donde yo quiero llegar con la colonización para levantarlos y hacerlos verdaderos hombres.
Yo.--¿Cree usted en la transformación de las sociedades por la presión del Estado o por la reforma del individuo?
Sandino.-Por la reforma interior. La presión del Estado cambia lo exterior, lo aparente. Nosotros opinamos que cada uno dé lo que tenga. Que cada hombre sea hermano y no lobo. Lo demás es una presión mecánica exterior y superficial. Naturalmente que el Estado tiene que tener su intervención.
Yo.--¿Qué significan los colores de su bandera?
Sandino.-El rojo, libertad; el negro, luto, y la calavera, que no cejaremos hasta morir.
3.- Conversaciones con Sandino.
Hispanoamérica, Centroamérica y España.
Era la misma tarde lluviosa de costumbre; Sandino se paseaba en la habitación oscura, junto a la guardia, y al verme exclama:
Sandino.-¡Sí; pase usted, tenemos gran alegría de que haya un español en el campamento, para que vea lo que somos y lo que hemos sido! Sí; de España hemos recibido un gran apoyo moral.
Yo.-Hubiera sido preferible ayuda positiva, voluntarios...
Sandino.-No; nos han dado algo superior: las ondas que vienen con el apoyo moral. Vale más eso que si nos hubieran enviado un cañonero con soldados y parque.
Y cuenta cómo llegó hace tiempo al campamento un español que era andarín y recorría el mundo. Estuvo varios días y contó anécdotas interesantes de su viaje y de España.
Tengo entendido que este andarín murió más tarde aplastado entre las ruedas de un tren en marcha. Sin duda viajaba económicamente. Y la verdad es que no recuerdo su nombre, que ya me lo dijeron.
En ese momento le traen una carta, y yo le ruego que la lea, interrumpiendo la conversación, y el general añade:
--No; a usted lo consideramos como un miembro de nuestra gran familia indohispana, y no tenemos reserva. Vea usted esta carta: es de un cura amigo, que estuvo aquí mucho tiempo. Es de ideas libres; tiene su familia, hijos, hacienda, y es de aquellos que podrían decir: "Obra como yo te digo; pero no hagas lo que yo hago".
Y Sandino sonríe con su franca sonrisa benévola. Después lee la carta, en que el cura felicita al general por la paz, que dice que no debe quedar a medias.
Yo pregunto al general:
--¿Este movimiento puede tener alguna conexión con los ideales de una Hispanoamérica unida?
Sandino.-Sí; el gran sueño de Bolívar está todavía en perspectiva. Los grandes ideales, las ideas todas, tienen sus etapas de concepción y perfeccionamiento hasta su realización.
Yo.--¿Cree usted posible que este sueño pudiera realizarse en una generación? Aún hay falta de preparación para eso. Comunicaciones, íntima comprensión, una sensibilidad armonizada para sentir los problemas comunes.
Sandino.-Yo no sé cuándo podrá realizarse esto. Pero nosotros iremos poniendo las piedras. Tengo la convicción de que este siglo verá cosas extraordinarias.
Me acuerdo yo entonces de la situación de Centroamérica. Estas pequeñas Repúblicas, con las que no ya la diplomacia yanqui, si no las Compañías americanas, sobretodo las fruteras, juegan como muñecos.
Ellos hacen y deshacen elecciones y ponen sin gran esfuerzo, a sus hombres de confianza. Ahora, en la reciente revolución de Honduras, han dado pródigamente muchas cosas; naturalmente, para cobrárselas luego en alguna forma. Mientras a lo mejor estos países ponen restricciones a la inmigración blanca, están vaciando aquellas Compañías la isla de Jamaica en las costas del Atlántico, para abaratar la mano de obra y los negros siguen aumentando enormemente. Así, las pequeñas Repúblicas tienen su soberanía mediatizada..
Yo.-General, ¿no cree usted necesaria la Unión de Centroamérica?
Sandino.-Sí, absolutamente necesaria.
Yo.--¿Cuándo cree factible el proyecto?
Sandino.-Eso ya vendrá, ya vendrá...
Y el general se pone pensativo; yo, no queriendo ser indiscreto, no insisto sobre punto tan delicado.
Recuerdo que el Presidente Sacasa me decía que él consideraba necesaria la Unión; pero con el tiempo, cuando las ideas comunes y las comunicaciones se hubieran desenvuelto suficientemente y sólo a base de un mutuo acuerdo; pero pienso que hay cerebros centroamericanos dirigentes que creen que la separación representa un estado morboso, una debilidad común, alentada por el imperialismo, y quisieran ir a la Unión por la fuerza. Desde luego, hay una especie de patriotismo centroamericano muy marcado.
Sandino.-De todas maneras, no profesamos un nacionalismo excesivo. No queremos encerrarnos aquí solos. ¡Que vengan extranjeros, incluso americanos, desde luego!
Tampoco pensamos que en nacionalismo político está toda la solución. Por encima de la nación, la federación; continental, primero; luego más amplia hasta llegar a la total.
Yo.--¿Qué le parece de España?
Sandino.-Una nación predestinada. España será la encargada de realizar la comunización universal en el futuro.
Yo.--¿Comunización?
Sandino.-Sí, fraternización. España tiene un pasado glorioso. Allí, según la leyenda, está enterrada María y Santiago, hermano de Jesús. Además, está dando al mundo ejemplos admirables. El advenimiento de la República ha sido algo notable. Lo mismo la actitud del rey que la del pueblo, y en cuanto a la colonización... ¡Mire usted! Yo veía antes, hace tiempo, con protesta la obra colonizadora de España; pero hoy la veo con profunda admiración. No es que esté usted delante. España nos dio su lengua, su civilización y su sangre. Nosotros, más bien nos consideramos como españoles indios de América.
Yo.--¿Y cree usted en la influencia moral de España en la futura América?
Sandino.-¡Indudablemente! Su obra no ha terminado. Perdurará.
Como surgiera alguna alusión al problema regionalista de España, indicó Sandino que le interesaba ese punto de la diversidad temperamental y exclama:
--Diga usted, ¿qué diferencia hay entre un andaluz y un vasco?
Yo.-Pues yo creo que el andaluz representa un predominio de la imaginación, fácil comprensión de otras ideas, ingenio, claridad de conceptos, tendencia a los términos opuestos, optimismo brillante, a veces desaliento, escepticismo otras. Han pasado muchas razas por ahí. En cambio, el vasco es primitivo, con ideas simples, un monoideísta; pero estas enraízan en lo más profundo de su ser, y no se contentan con vivir, sino que tienden a realizarse a la acción. Hay escondida por allí una gran espiritualidad. Es optimista por naturaleza.
Sandino.-Me parecen interesantes estas diferencias. ¿Hay algunas otras?
Yo.-Sí; el catalán y el gallego, por ejemplo, represetan también profundas variedades comarcales y raciales, dentro de la unidad histórica y espiritual. En cuanto a la común armonía del conjunto, todo depende de los grandes ideales comunes.
Después, Sandino hace referencia al vascuense.
--Yo he trabajado con vascos -dice--, y los conozco bien. El vascuense está relacionado con el sánscrito. Hay en el espíritu de los vascos algo de internacional. Están unidos al mundo. Por eso en todas partes se encuentra como en su casa.
Luego, entrando en el tema de la política española, pregunta:
--¿Se orientan bien las cosas?
Yo.-Tengo la convicción de que sí. Hay al frente de España un carácter magnífico: es Azaña. Su obra es afianzar el alma tradicional, el esqueleto de España, e incrustarlo en la evolución moderna. Es el verdadero líder. No va detrás de las masas mendigando; las orienta y las guía. Sabe enfrentarse a una opinión injusta o necia, aunque la tenga la mayoría. Yo espero que lleve tras de sí, en un partido propio, una buena parte de la mejor energía española: los intelectuales, los profesionales, los pequeños propietarios independientes y el capitalismo consciente y evolucionista. Azaña es un hombre de acción, es un hombre providencial.
Sandino.-¿Y la República?
Yo.-A mi modo de ver, La República tiene que resolver la gran antinomia de los tiempos modernos, en máximo de estatismo con el máximo de libertad, los avances del ideal del trabajo con la defensa y el estímulo del bienestar común. El porvenir es todavía de la clase media. Esta y el capitalismo consciente pueden enarbolar todavía una gran bandera, no una bandera vergonzante, sino altiva e independiente. Si el capitalismo debe entregar algún día su herencia o transformarse definitivamente, debe hacerlo con dignidad, como quien ha cumplido una misión histórica, no como el ladrón sorprendido con las manos en la masa. Entretanto, debe orientar, debe participar en el Gobierno, como toda fuerza vital. Además, hoy en día la libertad peligra de nuevo, y no me refiero a eclipses parciales, que pueden ser necesarios. El liberalismo no ha muerto, ni morirá nunca, mientras haya un hombre de corazón libre. Yo creo que alrededor de todo esto debe girar el programa de una República española.
Sandino.-¿Usted me ha pedido un autógrafo?
Yo.-Sí, mi general.
Sandino.-Yo se lo daré, haciendo un saludo a España.
AL PUEBLO ESPAÑOL, UN SALUDO POR CONDUCTO DEL XXXX ESCRITOR SEÑOR BELAUSTEGUIGOITIA, QUIEN HA RECIBIDO LAS IMPRESIONES DE NUESTROS ÚLTIMOS ESFUERZOS LIBERTARIOS.
San Rafael del Norte, Feb. 13-1933.

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La conspiración contra Sandino

La conspiración contra Sandino
Por Jesús Miguel (Chuno) Blandón
Como el asesinato de Lincoln, de Kennedy, de Maderos, de Villa y de Zapata, de Pedro Joaquín Chamorro, de Olof Palme…, tras los rostros conocidos directamente en la acción, yacen conspiraciones que la historia parece nunca aclarar. Este trabajo pretende profundizar sobre el asesinato más trascendente en la historia de Nicaragua, el del general Augusto C. Sandino.
Al leer esta pregunta, el lector se responderá automáticamente: los yanquis, Somoza y la GN. Sin embargo, con el paso de los años han venido surgiendo elementos de juicio que nos permiten considerar que la respuesta pareciera ser más compleja de lo que a simple vista se percibe.
Efectivamente, a mediados de la década de los 80, el dirigente revolucionario y eminente psiquiatra, Dr. Mario Flores Ortiz, nos reveló al periodista Eligio Álvarez Montalbán y a mí, que el sargento ex GN, Juan Emilio Canales, quien en 1934 fungía como escolta del general Anastasio Somoza García, le había dado el siguiente testimonio: que un poco antes de los trágicos sucesos del 21 de febrero de 1934, que culminaron con el asesinato de Sandino y sus compañeros, él --en desempeño de sus funciones-- había asistido a cuatro reuniones secretas, en la oficina de Somoza, en La Curva, en una de las cuales había estado presente el embajador de Estados Unidos en Managua, Arthur Bliss Lane. Que el diplomático reunió a notables liberales y a conservadores, representantes de las paralelas históricas, para plantearles la necesidad de eliminar físicamente a Sandino, como condición indispensable para que hubiera paz en Nicaragua.
Por los liberales, según el testimonio de Canales, asistieron el general José María Moncada, el general Gustavo Abaunza Torrealba, el general Carlos Pasos y el general Somoza García. Por los conservadores concurrieron con el general Emiliano Chamorro, el general Bartolomé Víquez y el doctor Carlos Cuadra Pasos.
Todos aceptaron la propuesta de Bliss Lane y solamente se abstuvo el doctor Carlos Cuadra Pasos, por motivos religiosos.
Por otra parte, el doctor Carlos Manuel Vílchez Castillo, quien hasta hace poco fungiera como magistrado de la Corte de Apelaciones de Estelí, viene a fortalecer lo dicho por el doctor Flores Ortiz cuando, al ser entrevistado por nosotros, afirmó que conoció al sargento ex GN Juan Emilio Canales, en el año de 1977, cuando éste era cuidador de las instalaciones de Pinturas Sur, kilómetro 14, carretera a Masaya.
Agrega el doctor Vílchez que él era muy amigo del doctor Orlando Montenegro Medrano, alcalde de Managua, y que uno de sus escoltas era ahijado de Canales. Declara el doctor Vílchez que un hermano suyo tenía un terreno colindante con las instalaciones de Pinturas Sur, por lo cual miraba frecuentemente a Canales. Un día, éste le dijo que tenía en su poder el reloj y otras prendas del general Sandino y que, como estaba en mala situación económica, quería venderlos.
Canales tendría en esa época unos 75 años, dice el doctor Vílchez, y ya había salido de la Guardia. En otras conversaciones, sostuvo el ex GN que él conocía cosas muy importantes sobre lo ocurrido a Sandino, pero un día que Vílchez llegó con una grabadora, Canales mostró mucho miedo y dijo que eran cosas peligrosas que comprometían a muchas personas y no quiso grabar.
¿Quién era Canales?
¿Quién era Juan Emilio Canales, testigo principal en los trágicos sucesos que se analizan?
Según Francisco Gurdián, ex redactor del diario La Noticia, cuyo testimonio es reproducido por Eduardo Pérez Valle ("El Martirio del héroe -La Muerte de Sandino", Empresa Nicaragüense de Ediciones Culturales, Managua, Nicaragua, p. 53): "Juan Emilio Canales era mi vecino cuando ejercía el oficio de sastre, siendo a la vez sargento de la Guardia. Sus buenos modales, decencia y honradez eran reconocidos. Yo lo traté y utilicé sus servicios cuando compartía dificultades económicas con su primera esposa, doña Matilde Venerio, de Chinandega, ya fallecida. Vivíamos dos cuadras al norte del Campo de Marte."
"Doña Matilde me contaba cómo, desde el 21 de febrero de l934, su vida había cambiado totalmente. Juan Emilio, que antes no tomaba licor, desde entonces bebía noche a noche, y le daba mala vida. Para contener su agresividad, ella lo amenazaba con denunciar por el periódico su participación en el asesinato de Sandino; cómo había llegado a casa todo nervioso, por primera vez, con tragos entre pecho y espalda, que le habían hecho beber sus superiores, y le refirió lo del asesinato; cómo había llegado con el overol manchado de la sangre del héroe, pues él había cargado su cadáver desde Los Guanacastes hasta los predios del viejo hospicio".
"Más tarde, este matrimonio se disolvió, y cada cual cogió por su lado, cargando ella con sus hijos".
Este testimonio es vital para la sustentación de nuestro alegato. Juan Emilio Canales era un sastre que, para complementar sus modestas entradas, requería del sueldo de sargento G.N. Quiso su mala suerte que lo conociera Somoza y lo nombrara su ayudante personal, cargo en el cual lo fueron envileciendo hasta obligarlo a tomar licor, por primera vez, la noche trágica del 21 de febrero, y así hacerlo partícipe del crimen.
A partir de ese momento, Canales va ascendiendo en las filas de la Guardia, hasta llegar a Mayor, y, en 1947, aparece entre los esbirros que hostigan al doctor Leonardo Argüello, cuando éste sale de la Embajada de México hacia el exilio.
En 1953, cuando Carlos Eddy Monterrey, otro de los asesinos materiales de Sandino, se rebela contra Somoza por haber nombrado a su hijo Jefe del Estado Mayor GN, Juan Emilio Canales comparece en el Consejo de Guerra, como testigo contra Monterrey.
En 1956, a la muerte de Somoza, Canales es apartado del Ejército como lo fueron otros oficiales viejos y se le nombró Fiel del Rastro, puesto que ocupó durante algunos años.
En 1966, poco antes del asesinato del mártir antisomocista Silvio Parodi Basset, éste fue avisado por su hermano, Lázaro Parodi, de que había recibido llamadas amenazantes de Juan Emilio Canales, según información que nos ha suministrado el doctor Danilo Aguirre Solís.
Desde entonces, se le pierde la pista hasta que se encuentra, primero, con el doctor Flores Ortiz y, luego, con el doctor Carlos Manuel Vílchez, ya viejo y en desgracia.
Indicios y presunciones
No existen otros testimonios además de lo declarado por el doctor Flores Ortiz y el doctor Carlos Manuel Vílchez, que prueben que sí se realizaron las cuatro reuniones.
Sin embargo, hay una serie de indicios que parecieran demostrar, fehacientemente, que lo dicho por ellos está ajustado a la verdad histórica.
La doctrina penal nos dice que la prueba por medio de indicios y presunciones es supletoria para el juzgador, cuando no existen testigos de cargo o presenciales y lo ayudan a encontrar la culpabilidad o inocencia del acusado. (1)
Visto lo anterior y tomando en cuenta que, cuando se perpetró este asesinato que estremeció al continente no se realizaron las investigaciones ni el proceso correspondiente, porque los autores intelectuales, que ocupaban posiciones de poder lo impidieron, ha llegado la hora de que, a falta de un juicio ordinario legal, se sometan los hechos a otro juicio más importante aún: el juicio de la historia.
Nosotros usaremos el método de inferencia lógica, y valiéndonos de los instrumentos que pone a nuestro alcance la ley penal y la respectiva jurisprudencia en materia criminal, trataremos de demostrar la real posibilidad de que las reuniones mencionadas por Flores y Canales se hayan efectuado, como preámbulo trágico al asesinato de Sandino.
Los conjurados
1.-ARTHUR BLISS LANE Y ANASTASIO SOMOZA
En 1977 fue publicado, en los Estados Unidos, el libro "Guardianes de la Dinastía–La Historia de la Guardia Nacional de Nicaragua", del profesor Richard Millet (Lea, Grupo Editorial -2006).
A lo largo de su obra, el profesor Millet se empeña en demostrar que ni los Estados Unidos ni su embajador en Managua, Arthur Bliss Lane, tuvieron participación en el asesinato del general Sandino en 1934 y que, por el contrario, se opusieron a que se consumara.
Una tarea difícil para el escritor, aunque muy loable su empeño de limpiar la imagen de su país tan deteriorado en la azarosa historia de sus relaciones con Nicaragua a través de los siglos XIX y XX.
Basándonos en investigaciones realizadas en los últimos años, nos proponemos dar al lector una versión más objetiva para que se forme una idea clara sobre estos dramáticos sucesos ocurridos en 1934, que culminaron con el asesinato de nuestro máximo héroe nacional.
En 1968, el diario El Centroamericano, de León, publicó dos folletos. El primero, titulado: "Revolución en Nicaragua" (traducción de documentos oficiales publicados por el Departamento de Estado en Washington, años 1935 y 1936, con relación a Nicaragua) y el segundo: "Inquietud Política en Nicaragua, sobre el asesinato del general Sandino".
"Revolución en Nicaragua" (Editorial El Centroamericano, León, Nicaragua) trata del derrocamiento del presidente Juan Bautista Sacasa y del ascenso de Anastasio Somoza García al poder.
Por una rara casualidad, El Centroamericano fue fundado por el general Gustavo Abaunza Torrealba, mencionado por Juan Emilio Canales en su testimonio al doctor Mario Flores Ortiz.
En su edición del 13 de agosto de 1968, el diario El Centroamericano trae un anuncio que dice:
"El Departamento de Estado Norteamericano ha dado ya libremente a la publicidad toda la correspondencia diplomática cruzada entre Managua y Washington, tanto sobre la forma en que fue ultimado Sandino… como a la caída violenta del presidente Sacasa, dos años después.
Toda esta historia documental figura, íntegramente, en los documentos que escribió desde Managua y recibió de Washington el ex ministro Americano Bliss Lane, a quien se quiso sindicar en la muerte del guerrillero…"
"Lane se defendió en dos folletos de singular interés… cómprelos en la Administración de El Centroamericano".
En la página 18 de Revolución en Nicaragua se registra una comunicación del Embajador Arthur Bliss Lane, al Secretario de Estado, Mr. Cordell Hull.
La comunicación, con fecha 1ro de mayo de 1935, dice en su parte conducente: "Señor: refiriéndome a mis despachos números 803, 808 y 810… el 23 de abril, el doctor Octavio Reyes Spindola, encargado de Negocios de México en Nicaragua, me habló substancialmente como sigue:
"Sería de lo más infortunado para el prestigio de los Estados Unidos, si Somoza, conocido como responsable de la muerte de Sandino, un héroe de América Latina, aunque enemigo mortal de los Estados Unidos, llegara a ser Presidente. Se diría que los Estados Unidos lo habían puesto en el poder como recompensa por haber matado a Sandino".
Más adelante, en la misma comunicación, Lane se refiere a una conversación que sostuvo con el jefe de Protocolo del presidente Sacasa, señor Lisímaco Lacayo Solórzano, el 10 de mayo del mismo año, 1935. Según Lane, Lacayo le dijo: "La elección de Somoza sería indicativo de que nosotros (EU) lo hubiéramos puesto en la Presidencia, y de que, como Somoza había matado a Sandino, el enemigo de los Estados Unidos, toda la América Latina diría que nosotros le habíamos dado la Presidencia a Somoza como una recompensa".
"Estoy preparado --sostiene Bliss Lane-- para admitir que el prestigio de Estados Unidos puede sufrir temporalmente en América Latina si Somoza llegara a ser Presidente".
El 31 de mayo, el subsecretario de Estado Summers Wells, contesta que: "El Departamento ha recibido y leído con interés su despacho estrictamente confidencial # 829 del 14 de mayo, relativo a la situación política general de Nicaragua. La actitud general que usted ha asumido está estrictamente de acuerdo con la política del Departamento. Por el secretario de Estado, Summers Wells".
En otra comunicación fechada el 16 de junio, Bliss Lane dice al Secretario de Estado:
"Hace alrededor de un año me vi obligado a dar una declaración a la prensa con respecto a la opinión popular de que los Estados Unidos estaban apoyando la candidatura de Somoza".
"Yo había amonestado a Somoza el 14 de junio de 1934 de que, a menos que él contrarrestara tal opinión, me vería comprometido a tomar una acción apropiada, que él había persistido en sus actividades y había llegado tan lejos en Granada hasta admitir la responsabilidad por el asesinato de Sandino, por lo tanto, yo había hecho la declaración, con la aprobación del Departamento de Estado (en este momento Somoza interrumpió), si yo siempre te dije que tu declaración era buena y debía hacerse… respetuosamente suyo Bliss Lane".
En un telegrama a Cordell Hull, refiriéndose a la planeada ejecución de Abelardo Cuadra, Lane afirma que conversó con Somoza: "He ido más lejos en este caso que en ningún otro momento, desde la situación surgida como resultado de la muerte de Sandino" ("Revolución en Nicaragua", p. 15).
En la página 24, Lane vuelve sobre el tema de la muerte de Sandino "nosotros seríamos culpados, individual y colectivamente y el gobierno de EU en particular y de que la crítica de lo que yo había tratado de hacer por ayudar en la situación de Sandino, estaba todavía muy fresca en mi memoria, para ser atrapado de nuevo: "Una vez mordido, dos veces cauteloso".
Una extraña relación
¿Por qué esa constante preocupación del embajador Lane de que la opinión pública lo señalara como autor intelectual del asesinato de Sandino?
La verdad es que quien involucra directamente a Lane es el mismo Somoza.
Efectivamente, en primer lugar está el testimonio de uno de los autores materiales del delito, Abelardo Cuadra, que entonces publicó la Revista Bohemia de Cuba en 1949 y que fue reproducido por Gregorio Selser. (Publicado por La Nación, de Buenos Aires, el 21 de febrero de 1934, y reproducido en Sandino, p. 714, Selser, Editorial Aldilá, Managua).
Afirma Cuadra que "el 21 de febrero de 1934, la Guardia Nacional celebró Consejo de Guerra en la residencia de su jefe Somoza". "En la mencionada reunión Somoza dijo: "Vengo de la embajada norteamericana donde acabo de sostener una conferencia con el embajador Arthur Bliss Lane, quien me ha asegurado que el gobierno de Washington respalda y recomienda la eliminación de Augusto César Sandino, un perturbador de la paz del país". Como se ve, estas afirmaciones confirman casi al pie de la letra lo dicho por Canales al Dr. Mario Flores Ortiz.
En segundo lugar, Somoza se refiere implícitamente a Lane durante su discurso en el homenaje que le dieron en Granada, cuando afirmó: "Yo, jefe de la Guardia Nacional, logré segar las cabezas de todos los implicados en esos actos de bandidaje. Fui llamado en cierto momento para liquidar una situación y lo hice, y no rehuyo responsabilidad". (Cable de Asociated Press, publicado por La Nación, de Buenos Aires, el 21 de junio de 1934, y reproducido en "Sandino", Selser, p. 174, Editorial Aldilá, Managua).
¿Por eso es que Bliss Lane se ve obligado a hacer una declaración, llama a Somoza a su despacho y lo amonesta "por haber ido tan lejos en su discurso en Granada?"
Y Somoza, como un niño agarrado en falta, contesta: "Si yo siempre te dije que tu declaración era buena, debía hacerse".
Todo esto revela, por lo menos, una extraña relación, casi patológica, entre ambos personajes. Pero vayamos más a fondo en este tenebroso asunto y regresemos al escenario del crimen, la noche fatídica del 21 de febrero de 1934.
Son las diez de la noche, la cena que el presidente Sacasa y su familia han ofrecido a Sandino, ha concluido en Casa Presidencial, Loma de Tiscapa.
Federico Sacasa acompaña a Sandino y a sus amigos hasta la puerta, Sandino, su padre y Salvatierra se colocan en la parte trasera del carro, Umanzor y Estrada van adelante con el chofer Francisco Rodríguez. Bajan de La Loma, y al acercarse al retén de El Hormiguero notan que está obstruido el paso por un vehículo que aparenta tener las llantas ponchadas: es un Ford GN 5.
De su interior, sale nada menos que nuestro viejo conocido Juan Emilio Canales, quien grita: "Párese el carro, al que levante la mano lo tiran ¡Todos a tierra!" ("Sandino", Selser, p. 683).
Todos son conducidos a pie hasta la cárcel El Hormiguero. Permanecen en el patio vigilados con ametralladoras, hasta que llega el pelotón de guardias que comanda Carlos Eddy Monterrey.
Sandino, Estrada y Umanzor son montados en un camión militar. Don Gregorio y Salvatierra permanecen en El Hormiguero.
Son casi las 11 de la noche cuando se escuchan los disparos; don Gregorio dice: "Ya los están matando".
Lane deambula por Managua en la noche.
A la 1 de la madrugada del día 22, tres horas después, llegó a El Hormiguero nada menos que el ministro americano Bliss Lane, quien sube a don Gregorio y a Salvatierra en su carro y se los lleva a la Embajada.
¿Qué andaba haciendo un diplomático de su categoría, en una noche de balaceras, deambulando por Managua?
¿Cómo sabía Lane que todo estaba consumado? ¿Por qué no llegó antes que Sandino y su padre fueran separados, evitando así el crimen? ¿Estaba Lane en comunicación directa con Somoza? ¿Quién le informaba todo, minuto a minuto?
La versión que da Bliss Lane es que el presidente Sacasa lo llamó para pedirle que llevara a Somoza a La Loma, y que después Somoza y Sacasa le solicitaron que fuera a traer a don Gregorio y Salvatierra a El Hormiguero para garantizar sus vidas (El martirio del héroe-La muerte se Sandino", p. 48).
¿A quién se le ocurre que Somoza y Sacasa, dos fieles funcionarios al servicio de la Embajada, iban a mandar a Lane a traer a las mencionadas personas, función que podía realizar fácilmente cualquiera de los oficiales acantonados en Casa Presidencial?
La versión que da el coronel Juan Ferretti --quien escapó de la balacera en la casa de Salvatierra-- el 12 de abril al Diario de Costa Rica, afirma que "el ministro americano es el verdadero jefe de la Guardia Nacional de Nicaragua, con Moncada, principal persona responsable del cobarde asesinato de mi inolvidable jefe".
Agrega Ferretti que "desde mi escondite pude ver al Ministro (Lane) que llegó a inspeccionar la casa de Salvatierra… minutos después del asalto.
Preguntó: "¿Todo está consumado?", revisó los cadáveres y salió satisfecho ("El martirio del héroe–La muerte de Sandino", pp. 60, 61, 62, 63 y 64).
Exageradas o no, las declaraciones de Ferretti confirman dos cosas: una, lo extraño del peregrinaje de Bliss Lane esa noche tenebrosa en las calles de Managua; dos, el sentimiento de repudio generalizado en Centro América hacia su persona.
Pero hay más todavía. Después de cometido el asesinato, nadie, ni el presidente Sacasa, puede localizar a Somoza; nadie sabe dónde está. Pero Bliss Lane sí lo ubica inmediatamente y dice: "Habiéndome dicho el presidente que no le había sido posible conseguir a Somoza, me pidió persuadirlo de llevarlo a la presidencial. Encontré a Somoza en su casa mostrándose renuente a ir, por la posibilidad de que se le hiciera objeto de violencia
Al ofrecerle llevarlo conmigo en mi carro, consintió en acompañarme". ("El martirio de un héroe-La muerte de Sandino", p. 48.)
O sea, que Somoza no hacía caso a su jefe, el Presidente. Pero con Bliss Lane sí caminaba de la mano, como un niño al ser llevado al dentista por su padre.
Finalmente, para cerrar con broche de oro el perfil de este extraño personaje, digno de una obra de Tennesse Williams, y su aún más extraña relación con Somoza, en varias de sus comunicaciones con el Departamento de Estado, se queja amargamente de que Somoza no le hace caso.
"Es cierto que he visto a Somoza muchas veces con anterioridad al miércoles… él me dio su palabra de honor, la última vez a las 6 pm del 21 de febrero, de que no tomaría ninguna acción contra Sandino sin mi consentimiento.
¿O sea, que él se arrogaba el derecho de ser quien diera la orden final? No se quejaba porque Somoza hubiera matado a Sandino, sino porque no había sido tomado en cuenta. Pero, a pesar de todo, Lane defendería a Somoza hasta el fin.
"El Presidente me dijo anoche (26 de febrero) que no tiene suficiente confianza en Somoza"
"Lo que el Presidente no parece comprender es que es de vital importancia para él no seguir disgustando a la Guardia".
Lane cierra sus meditaciones con esta frase de antología: "Desgraciadamente está rodeado por influencias… personas que desean humillar a Somoza" (Inquietud Política en Nicaragua, ediciones El Centroamericano)
Somoza admite e involucra
En mayo de 1934, se propuso a la Asamblea el proyecto de amnistía para los asesinos de Sandino, y mientras estaba en debate Somoza se mostró abiertamente complacido de que hubiesen matado a Sandino y admitió que él había dado la orden.
También afirmó que el ministro norteamericano estaba implicado en el asesinato y que apoyaba sus ambiciones políticas. Esto disgustó a Lane, el general prometió no repetir declaraciones semejantes, sin embargo, como lo señaló el propio Lane, continuó haciéndolo, especialmente cuando estaba ebrio" (Lane a Hull 22 de mayo de 1934; 23 de junio de 1934 NARG59, 81700-876; 22, 23 y 25 junio de 1934, Guardianes de la dinastía, p. 270).
Si Lane no confiaba en Somoza por no haberle cumplido su palabra, como repetidamente afirma en sus comunicaciones, lo natural habría sido que tomara distancia de él, aunque fuera para acallar las habladurías. Pero no. Continuará su extraña y enfermiza relación con él, se reunirán, una y otra vez, en diferentes lugares, y lo acompañará hasta casi dejarlo sentado en el sillón Presidencial.
El presidente Sacasa y su familia, después de la muerte de Sandino, se convierten en rehenes indefensos en manos de Somoza y de la Guardia.
Sacasa envía a su hermano Federico, quien junto al encargado de Negocios en Washington, Henry Debayle, hace gestiones desesperadas para que EU detenga a Somoza en sus planes de dar un golpe de Estado.
Lo anterior lo demuestra el memorando del jefe de la División de Asuntos Latinoamericanos, Edwin Wilson (Washington, octubre 16 de 1935).
"El señor Federico Sacasa y el Dr. Henry Debayle visitaron al señor Summes Wells (Subsecretario de Estado) para decirle que Somoza estaba inhibido constitucionalmente para ser Presidente de Nicaragua".
Que el Gobierno de Nicaragua necesitaba ayuda moral de EU, "que el Gobierno estadounidense tenía una parte de la responsabilidad por cualquier situación que surgiera de la acción de la Guardia".
Después de esto, según el memorando, Wells se negó a hacer ninguna declaración a favor de Sacasa en contra de Somoza (Revolución en Nicaragua, p. 62).
Lo mismo se afirma en el memorando de Willard Beaulac, jefe asistente de la División de Asuntos Latinoamericanos, Washington octubre 25 (817008298), y en la carta del presidente Sacasa, en la que pide ayuda a EU (Revolución en Nicaragua, p. 57).
El Departamento de Estado se negó repetidamente a realizar un solo gesto que detuviera a Somoza.
Sin embargo, el mismo profesor Millet en su libro afirma que en septiembre de 1935, la esposa del Presidente, "que era la que llevaba los pantalones", había obtenido armas y el apoyo de los gobiernos de El Salvador y de Honduras para exigir la renuncia a Somoza y ofrecerle un cargo fuera de Nicaragua, si no, su cuartel sería bombardeado por aviones hondureños.
Esto lo confirma Lane, plenamente, en su comunicación secreta No. 829 del día 1 de mayo de 1935 al Departamento de Estado, cuando se refiere a la entrevista sostenida con el embajador de El Salvador, Dr. Cesar Virgilio Miranda. Nótese la forma despectiva con se refiere al mencionado diplomático que adversa Somoza.
"Este individuo, viejo amigo de los Sacasa, ha sugerido e insinuado a mí, respectivamente, que --como Decano-- yo convoque al cuerpo diplomático, a fin de apoyar al Gobierno en sus relaciones con la Guardia Nacional, de que yo intente --con el apoyo del ministro de El Salvador-- la renuncia de Somoza como jefe de la Guardia. (Revolución en Nicaragua, p. 20)."
Lane no sólo se negó a apoyar al señor Sacasa, o sea al gobierno constitucional, sino que consiguió permiso del Departamento de Estado para aconsejarle (al señor Sacasa) que no emprendiera esa acción. (Guardianes de la Dinastía, p. 278).
En resumen, el Departamento de Estado no podría intervenir para apoyar a Sacasa, pero sí para defender a Somoza.
Mataron, batieron palmas, pero el crimen no pagó
Como el asesinato de Lincoln, de Kennedy, de Maderos, de Villa y de Zapata, de Pedro Joaquín Chamorro, de Olof Palme..., tras los rostros conocidos directamente en la acción yacen conspiraciones que la historia parece nunca aclarar. Este trabajo pretende profundizar sobre el asesinato más trascendente en la historia de Nicaragua, el del general Augusto C. Sandino.
Somoza, asesino de Sandino, ¿y cuántos más en la conspiración?
No pretendemos realizar aquí un análisis sicológico de la personalidad de Bliss Lane, porque va más allá de los objetivos que se ha planteado este trabajo, pero sí queremos dejar sentadas algunas verdades con respecto a él.
1.- Somoza no le tenía ningún respeto, lo manoseaba y lo involucraba en situaciones incómodas a la hora que él quería.
2.- La de Bliss Lane nunca fue la actitud viril y enérgica que corresponde al representante de una súper potencia, poniendo en su lugar a un simple guardia a quien ellos han colocado en posiciones cimeras, sino que la actuación de Lane consistía en una serie de quejas y lamentos, afirmando que Somoza no le hacía caso por más que le prometió que sería prudente.
Veamos, por ejemplo, una de las comunicaciones de Lane con su jefe del Departamento de Estado.
"Por la mañana recibí a Somoza... pareció inusualmente excitado... me dijo que él deseaba proceder inmediatamente contra Sandino y que si yo hacía un simple guiño de ojos, lo encarcelaba". (Would ‘lock him up). ("El martirio del héroe-La muerte de Sandino", pág.17)
¿Qué son esas expresiones en boca de un diplomático de tal envergadura?
Todo parece indicar que, en su vida privada, Lane era un solitario. Por lo menos en Nicaragua no se le conocieron esposa ni hijos.
Somoza García era el instrumento directo que usaría Bliss Lane en la realización de sus planes. La vinculación entre ambos era total.
Finalmente, hay un detalle que es importante registrar. Dice Abelardo Cuadra que, 17 minutos antes de las diez de la noche, llegó Lisandro Delgadillo donde estaba con Somoza diciendo que ya habían capturado a Sandino.
"Entonces Somoza nos preguntó si no sería mejor dejar presos a Sandino, Estrada y Umanzor por toda la vida".
Finalmente, para no dejar ninguna duda acerca de la culpabilidad de Bliss Lane y del Gobierno norteamericano en el asesinato de Sandino, Carlos Fonseca Amador, en su trabajo Crónica Secreta (Bajo las banderas del Sandinismo, Editorial Nueva Nicaragua, Managua. Primer tomo, pág. 417) nos dice:
"Al observarse la correspondencia del Embajador, se ve el trazo de mensajes secretos con Washington en los días inmediatos anteriores al 21 de febrero de 1934.
16 de enero, 5 y 16 de febrero, son días en los que, explícitamente, se admite en la recopilación: no impresos, es decir, que Artur Bliss Lane se comunicó secretamente con su Departamento de Estado.
"Por lo que se refiere al propio 21 de febrero, incluyendo el comienzo de la noche, el norteamericano se mantendrá en contacto directo con Somoza García".
En la taimada correspondencia diplomática de Bliss Lane, éste confiesa que, en algún momento, le expresó a Somoza que, en cuanto a Sandino, no se precipitase, lo que es una confesión paladina de la orden del crimen transmitida a Somoza, al que, además, se le exige, según el tono de las palabras citadas, ser oportuno. Carlos Fonseca cita como fuente de información precisamente el folleto publicado por El Centroamericano, Inquietud Política en Nicaragua.
Alude el mensaje 81700/7946, telegrama del Ministro en Nicaragua (Lane), al Secretario de Estado. Managua, 23 de febrero de 1934, págs. 16-17. (2)
José María Moncada:
El tercero de los conjurados, José María Moncada, era tío y padrino de Somoza. Su influencia fue determinante para que lo nombraran Jefe Director de la Guardia Nacional. Somoza había sido traductor de Moncada en el Espino Negro; después fue su asistente personal. Moncada siempre acompañó a Somoza en los momentos más cruciales de su agitada vida política y éste no tenía por qué ser la excepción.
Moncada odiaba a Sandino, quien lo había exhibido ante el mundo como traidor después del pacto del Espino Negro. Desde entonces, Moncada era incondicional de la Embajada Americana.
El 27 de noviembre de 1929, cuando el presidente de los Estados Unidos, Hebert Hoover, llegó al puerto de Corinto, reunió a Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro y Moncada a bordo del buque Maryland, donde sirvió un lunch en su honor. Díaz era Presidente, Moncada, Presidente electo, y Chamorro ex presidente. Lejos estaba Moncada de ser el guerrero nacionalista que había luchado por la Constitución contra Díaz y Chamorro.
Siendo todavía Presidente, el embajador Mathew Hanna lo había hecho reconciliarse con sus viejos rivales Emiliano Chamorro y Adolfo Díaz, con quienes había brindado en la Legación Americana (Sandino, Selser pág. 517). "Pero la mayor prueba de la participación de Moncada en el crimen lo constituyen las declaraciones que dio don Gregorio Sandino algún tiempo después de la muerte de su hijo, al Diario Latino de El Salvador, país al que había llegado voluntariamente exiliado. Don Gregorio declaró:
‘Las armas están en poder de la Guardia Nacional y el jefe de ella es el general Anastasio Somoza, quien, junto con Moncada, parecen ser los instigadores del asesinato. Esto sí puedo asegurarles a ustedes, que Moncada es el principal instigador y autor intelectual del delito’. Sigue diciendo Don Gregorio que hay pruebas y, entre ellas, la de que en los días en que se registraron los trágicos sucesos, él (Moncada) estaba en Managua, en la cantina de la Nicolasa, y ahí conversó con cierta persona a quien dijo: ‘Sólo matando al bandido de Sandino se puede arreglar esto. Todo el mundo lo sabe allá, pues lo dice la pública voz...’ desde luego, los instigadores estaban detrás". (Sandino, Selser, pág. 720)
Otra prueba demoledora sobre la culpabilidad de Moncada, la da Gustavo Alemán Bolaños en su libro Sandino el Libertador, reproducido por Selser.
"Moncada, para dar los últimos toques al drama, llegó a Managua procedente de su residencia llamada Venecia, el 21 de febrero, que fue el día del crimen, pasando inmediatamente a las dos de la tarde a la residencia del Ministro Norteamericano, en el cerro de Chico Pelón, donde se quedó a almorzar. A las cuatro salió Moncada de la casa del Ministro y se encaminó al Campo de Marte, donde estaba la residencia de Somoza, y ahí permaneció hasta las siete y treinta de la mañana del día 22". (Sandino, Selser, pág. 710)
Y ¿qué dice Bliss Lane al respecto?
"Tal como le expliqué a Wilson por teléfono hoy (Edwin Wilson, jefe de la División Latinoamericana del Departamento de Estado), la situación se ha agravado por las crecientes y fuertes presunciones de que yo conspiré con Moncada y Somoza para matar a Sandino. Esto me ha sido dicho por nicaragüenses y fuentes diplomáticas". (Comunicación entre Lane y el señor Hull los días 22, 23,24 y 26 de febrero de 1934. Guardianes de la Dinastía, pág. 264. "El martirio del héroe-La muerte de Sandino", pág. 58)
Creo que está demostrada, de manera irrefutable, la culpabilidad de Moncada, y pasamos a otro de los conjurados.
Gustavo Abaunza
El general Gustavo Abaunza Torrealba figuraba en la terna que presentaron los yanquis a Moncada y, luego, éste a Sacasa para Jefe Director de la Guardia Nacional, junto a Somoza y al General José María Zelaya (Semper Fideles–El secuestro de la GN, Justiniano Pérez), o sea, que gozaba de la total confianza de la Embajada Americana.
Una prueba más concreta que incrimina a Abaunza Torrealba aparece en la declaración de uno de los autores materiales del delito, Abelardo Cuadra, que entonces publicó la Revista Bohemia, de Cuba, en 1949, y que fue reproducida por Selser, como mencionamos antes. Afirma Abelardo Cuadra: "El 21 de febrero de 1934, la Guardia Nacional celebró consejo de guerra en la residencia de su jefe Somoza. En ese gran consejo de oficiales participaron el general Gustavo Abaunza, segundo jefe de la Guardia; el coronel Samuel Santos, el mayor Alfonso Gonzáles Cervantes, el capitán Lisandro Delgadillo, el capitán Francisco Mendieta, el capitán Policarpio Gutiérrez, el capitán Diego López, el teniente Federico Davidson Blanco, el teniente José A. López, el teniente Ernesto Díaz, el subteniente César Sánchez y Camilo González Cervantes".
El profesor Richard Millet, en la página 258 de su libro Guardianes de la Dinastía, sostiene que: "Lane y Somoza se vieron varias veces el 21 de febrero de 1934, y el general Abaunza y Somoza se las arreglaron para mantener en Managua, en un recital de poesía, a todos los oficiales que no estaban involucrados, con lo cual se aseguraban que no habría oposición militar a sus acciones".
"Esta información presenta a Abaunza como si hubiera estado considerablemente más decidido a matar a Sandino que Somoza", afirma Millet.
Agrega el escritor norteamericano que, cuando Somoza titubeó, Abaunza dio la orden para la ejecución.
En la página 267 del mismo libro, Millet afirma que: "Abaunza, originalmente, había sido incorporado a la Guardia para que espiara a Somoza (por orden de Sacasa), pero evidentemente se cambio de bando".
"Abaunza y Somoza –-sigue diciendo Millet-- hasta se habían emborrachado juntos y, tambaleándose, fueron a la Loma y mandaron a llamar a Sacasa para protestar por la continua presencia del general Carlos Castro Wassner, enemigo personal de Somoza, como comandante de las fuerzas que resguardaban al presidente".
"Sacasa, finalmente, despidió a Abaunza, y Somoza, aunque lo intentó, no pudo protegerlo", termina diciendo Richard Millet.
Por su parte, en su testimonio, Abelardo Cuadra afirma que Abaunza fue dado de baja mes y medio después del crimen y, luego, fue Director de El Centroamericano, órgano somocista de León". ("El martirio del héroe–La muerte de Sandino", Pág. 18)
Abelardo Cuadra también declara: "Cuando se dio el consejo de oficiales, la tarde del 21, Somoza pidió que se redactara una acta en que constatara la resolución (matar a Sandino).
"La primera acta se rompió --cuenta Abelardo-- debido a una objeción hecha por el general Gustavo Abaunza, quien dijo que allí no quedaba deslindada la responsabilidad, ya que parecía que era el Ejecutivo el que lo autorizaba".
"El acta, firmada por todos, sospecho que Somoza se la entregó al Presidente o al Ministro Americano", finaliza diciendo Abelardo. ("El martirio del héroe–La muerte de Sandino", págs. 20 y 21)
Por su parte, el periodista César Vivas nos afirma que "el general Abaunza, siendo Subsecretario de Gobernación, en 1949, en su oficina le dijo que Sandino y sus compañeros habían sido metidos en una caja de plomo". ("El martirio del héroe–La muerte de Sandino", pág. 72)
En su libro Civiles y Militares, Armando Zambrana Fonseca, (Ediciones Pavsa, Managua) se refiere a la reunión o consejo de guerra mencionado por Abelardo Cuadra a Bohemia y a las afirmaciones de Somoza de que contaba con el respaldo del embajador Bliss Lane.
En la página 207 de su libro, Zambrana sostiene que "Sandino fue echado en un ataúd hecho de plomo, según testimonio del coronel Carlos Eddy Monterrey, uno de los autores materiales del asesinato". "Si esto es cierto --afirma Zambrana-- el simple sentido común nos hará deducir que la preparación del asesinato no se limitó a lo conversado en la mañana del 21 de febrero con Bliss Lane y los oficiales de la GN".
"¿Acaso la reunión del 21 con Bliss Lane fue la última de una serie? ¿Cuántas personas civiles estaban involucradas en la operación?" (El subrayado es nuestro).
"¿Dónde estuvo el ataúd (de plomo)? ¿Quién o quiénes lo tenían guardado?"
"¿Lo hicieron en Nicaragua o lo trajeron de otro lado? ¿Desde cuándo estuvo planificado el asesinato del general Sandino?", se pregunta, repetidamente, Armando Zambrana Fonseca en su libro Civiles y Militares.
Somoza: Fui llamado a liquidar
Granada, Nicaragua, 20 de junio de 1934 (AP). Durante un banquete en homenaje al Jefe de la Guardia Nacional, General Anastasio Somoza, al que asistieron numerosas personas, entre ellas, el ex Presidente General José María Moncada.
Somoza, en un discurso, aceptó prácticamente la responsabilidad por la muerte de Sandino. "...La única forma –dijo Somoza– de terminar con los horribles crímenes que se producían, era liquidar al General Sandino y, los sandinistas. Una falange de bandidos. Yo, Jefe de la GN, logré segar las cabezas de todos los implicados en esos actos de bandidaje. Fui llamado en cierto momento para liquidar una situación y lo hice, y no rehuyo responsabilidad". (Sandino, Selser, pág. 714, Editorial Aldilá, Managua.)
"O sea, que está demostrado que Moncada, Chamorro y demás autores intelectuales estaban presentes en un homenaje público donde el criminal confesaba su ilícito, además, se vanagloriaba de haber cumplido la misión que se le encomendó". ¿Quién se la encomendó?
Voto razonado de conservadores amnistiando a Somoza
El voto razonado de los conservadores ante el Senado, dice, entre otras cosas: "La muerte del General Sandino ha constituido un delito... pero cabe la interrogación de si el hecho fue un asesinato con carácter de delito común... o si perteneció por circunstancias intrínsecas y extrínsecas a la categoría de delitos políticos.
"El fin sangriento del General Sandino no fue un hecho aislado que se realiza por determinación de un solo hombre con ánimo de servir miras particulares o de derivar provechos personales. Fue la culminación de una serie de desgraciados sucesos que afligieron a Nicaragua. Horroroso encadenamiento de crímenes que cubrió de luto y de ruina a las Segovias.
"El conflicto creado y mantenido por las operaciones del General Sandino no llegó a tener más soluciones posibles que la destrucción y la muerte. En los últimos días de su agitada vida en que pernoctó el General Sandino en Managua, los ecos hicieron resonar en la general alarma, el reto terrible cruzado entre Sandino y la Guardia Nacional, único ejército legalmente reconocido.
"Vimos plantearse la disyuntiva implacable: la destrucción del instituto armado o la destrucción a raíz de Sandino y sus huestes.
"Los suscritos senadores conservadores, haciéndonos intérpretes de la opinión de nuestro comitente, votamos a favor de la amnistía".
Firman: Emiliano Chamorro, Carlos Cuadra Pasos, Joaquín Gómez, etc.

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Augusto César Sandino

Augusto César Sandino
Nicaragua será libre solamente a balazos y a costa de nuestra propia sangre, hemos dicho, y esa bola de canallas políticos que se disputan el látigo del invasor, por su culpa quedarán anulados en un futuro no muy lejano y el pueblo tomará las riendas del Poder Nacional.
El suscrito y su Ejército, son solamente la natural consecuencia de la descabellada y criminal política internacional de Norteamérica en Nicaragua, y aun en detrimento del mismo pueblo yanqui; nosotros hemos sido provocados en nuestros propio país, por lo que no somos responsables en nada.
Creo oportuno manifestar que: nací en un pueblecillo del Departamento de Masaya, el 18 de mayo de 1895; crecí en privaciones hasta de lo más indispensable, y nunca me imaginé asumir, en el nombre del pueblo nicaragüense, la actitud en que nos encontramos; hasta que, en vista de los abusos de Norteamérica en Nicaragua, partí de Tampico, Méx., el 18 de mayo de 1926, -en donde me encontraba prestando mis servicios materiales a la compañía yanqui-, para ingresar al Ejército Constitucionalista de Nicaragua, que combatía contra el régimen impuesto por los banqueros yanquis en nuestra República.
Cuando partí de México a estas privilegiadas tierras, aún ignoraba todavía mi espíritu la terrible y pesada tarea que me esperaba. Los acontecimientos me fueron dando la clave de la actitud que debería asumir como hijo legítimo de Nicaragua y en representación del mismo espíritu de nuestro pueblo, ante la claudicación y cobardía de nuestros directores políticos.
Mi buena fe, mi sencillez de obrero y mi corazón de patriota, recibieron la primera sorpresa política, cuando después de haber librado algunos combates contra los intervencionistas en Las Segovias, me dirigí en solicitud de armas a Puerto Cabezas, donde estaba nuestro Gobierno Constitucional, el del doctor Juan Bautista Sacasa. Hablé con el mencionado doctor, y me dijeron que consultarían mi caso con el general Moncada. Este se negó rotundamente y permanecí en aquel puerto cuarenta días en aplazamientos, pues los ministros de Sacasa estaban llenos de ambiciones presidenciales. Por un tercero supe que estaban tratando de enviar la expedición a Las Segovias, al mando de un general Adrián Espinoza, y que me propondrían que acompañase al mencionado general siempre que yo aceptase hacer propaganda por el candidato que se me indicara. En eso sucedió que el 24 de diciembre de 1926 los piratas norteamericanos obligaron a Sacasa a que los militares y elementos bélicos, salieran de aquel puerto en el término de 24 horas; Sacasa no pudo sacar el armamento y los piratas lo hundieron en el mar. La Guardia de Honor de Sacasa salió desorganizada para Prinzapolka, unos por agua y otros por tierra, quedando Sacasa y sus ministros encerrados en un círculo de casas de campaña del ejército yanqui que lo sitió. Yo salí con seis ayudantes atrás de la Guardia de Sacasa y conmigo iba un grupo de muchachas de amores libres, ayudándonos a sacar hasta la distancia impuesta por los invasores, rifles y parque, que fueron en número de 30 rifles y siete mil cartuchos. La flojera de nuestros directores políticos llegó hasta lo inesperado y fue entonces cuando comprendí que los hijos del pueblo estábamos sin directores y que hacían falta hombres nuevos.
Llegué a Prinzapolka y hablé con Moncada, quien me recibió desdeñosamente, ordenándome entregar las armas a un tal general Eliseo Duarte, por lo que dispuse mi rápido regreso a Las Segovias. Pero sucedió que llegaron los doctores Arturo Vaca y Onofre Sandoval, quienes gestionaron con Moncada que se me dieran los treinta rifles y los siete mil cartuchos que yo mismo había llevado a lo que accedió Moncada despectivamente.
Cuando regresé el 2 de febrero de 1927 a Las Segovias, me encontré con que en esos días los conservadores habían destruido en Chinandega a las fuerzas al mando del general Francisco Parajón y que éste y sus jefes, se habían refugiado en la República de El Salvador.
Los hombres segovianos me esperaban llenos de entusiasmo en la zona de El Chipote y en sus manos puse aquellos treinta rifles y siete mil cartuchos, los que, dos días después, utilizamos en el primer triunfo que tuvimos en San Juan, Segovia. Por consunción, el enemigo abandonó la plaza de Ocotal y fue ocupada por nosotros. Allí me encontró el general Camilo López Irías, quien estaba empeñado en reunir las fuerzas dispersas que abandonó el general Parajón en Chinandega.
Convinimos con López Irías que él pasaría a ocupar Estelí, que también estaba abandonado por el enemigo, y que yo con mi gente tomaríamos a balazos la plaza de Jinotega.
En Ocotal dejamos fuerzas militares y autoridades civiles.
López Irías logró acrecentar rápidamente su columna y pocos días después, en el lugar denominado "Chagüitillo" sorprendió al enemigo, quitándole un valioso tren de guerra, que duró poco en su poder por habérselo vuelto a arrebatar el enemigo, con creces, al extremo de que lo desorganizó y lo hizo huir a Honduras.
El enemigo ocupaba las plazas de Estelí y Jinotega y no había columnas organizadas del liberalismo ni en Occidente ni en los departamentos del Norte, a excepción de mi columna segoviana que se encontraba impertérrita en San Rafael del Norte; no obstante que un tal general Carlos Vargas, perteneciente a la columna de López Irías, me aconsejaba huir de aquellos lugares porque estábamos rodeados del enemigo. Vargas venía derrotado y acobardado junto con su jefe aún cuando había visto el heroísmo con que combatieron mis muchachos de una caballería que mandé en su protección, quienes derrotaron al enemigo por su flanco y le arrebataron provisiones y parque.
El enemigo se vio libre en todo el interior y acumuló gran parte de sus fuerzas sobre de las nuestras que venían del Atlántico, al mando de los generales Luis Beltrán Sandoval, José María Moncada y otros jefes constitucionalistas.
Aquellos días eran de desesperación para el Ejército Liberal; me escribió Moncada, pero firmó Luis Beltrán Sandoval, desde "Tierra Azul", ordenándome reconcentrarme con las fuerzas a mi mando, al lugar en que ellos se encontraban, porque de lo contrario me harían responsable del fracaso del Ejército Liberal. (Esta famosa nota se encuentra en mi poder y en aquellos días era secretario de Moncada, el general Heberto Correa, quien puede saber algo a este respecto).
Por mi parte hubiera volado para salvar a Moncada y sus hombres de la desesperación en que se encontraban, pero mi columna era relativamente pequeña y peleábamos casi a diario. Sin embargo, mandé 150 hombres chipoteños al mando de los coroneles Simón Cantarero y Pompilio Reyes, quienes iban desarmados, custodiados por 8 rifles mal equipados y con instrucciones de ponerse a las órdenes del general Moncada y de esperar mi llegada a reunirme con ellos. La fuerza salió y en la misma noche marchó de Yucapuca, a la toma de Jinotega, y a las cinco de la mañana teníamos rodeada aquella plaza, que con la blancura de sus paredes envueltas todas en una sábana de neblina blanca y con sus lucecillas pálidas que recibían los primeros rayos de la luz del día, nos detuvo por un instante la dulce calma en que dormía; pocos minutos más tarde se entabló el sangriento combate que terminó a las cinco de la tarde con el triunfo de nuestras armas libertadoras, avanzándole al enemigo todo el elemento de guerra de que disponía en aquella plaza.
El ejército enemigo había llegado a sentir terror por nuestra columna, pues las mesetas del "Yucapuca" y del "Saraguasca", estaban sembradas de cadáveres habidos en los combates anteriores.
Nuestra columna segoviana la integraban ahora 800 hombres de caballería muy bien equipados y nuestro pabellón rojo y negro, majestuoso, se levantaba en aquellas agrestes y frías colinas.
Los 150 hombres fueron quienes salvaron el tren de guerra de Moncada, que estuvo a punto de caer en poder del enemigo. Mientras tanto el general López Irías desapareció totalmente de Las Segovias, y en esos mismos días supimos que el general Parajón trataba de reorganizarse en Occidente; inmediatamente mandamos una nota desde Jinotega al mencionado general, invitándole a que pasara con su gente a Jinotega, para que juntos cooperáramos a la salvación de Moncada.
Mi carta llegó al poder de Parajón y en la primer quincena de abril de aquel año de 1927, llegó con sus fuerzas a Jinotega, lugar en que le recibimos con marchas triunfales, y por la noche dimos un concierto en su honor, en el parque de aquella ciudad.
El día siguiente, dejamos a Parajón en posesión de la plaza de Jinotega, marché con mis 800 hombres de caballería, a libertar a Moncada, quien había abandonado hasta los cañones, dado el empuje abrumador del enemigo.
En el recorrido que hicimos de Jinotega a "Las Mercedes", lugar en que hallamos a Moncada, tuvimos dos ligeros encuentros en San Ramón y Samulalí.
En Jinotega se reunieron después de mi partida, los generales Parajón, Castro Wassmer y López Irías, formando una sola columna con la que me seguían de cerca.
Una tarde de la última quincena de abril, llegamos a "El Bejuco", en donde hizo alto la cabeza de nuestra caballería pues encontrábamos señales positivas de que el enemigo estaba a corta distancia.
Efectivamente, teníamos al enemigo al frente y toda nuestra caballería tomó posiciones; al instante ordené al coronel Porfirio Sánchez H., que con 50 hombres de caballería descubriera al enemigo; al mismo tiempo manifesté a los generales Parajón, Castro Wassmer y López Irías, la conveniencia de que sus fuerzas se tendieran en línea de fuego, lo que hicieron al instante.
Diez minutos después se trabó entre nuestra caballería y el enemigo un ruidoso combate en el que participaron gran cantidad de ametralladoras del enemigo. Acto continuo, ordené al coronel Ignacio Talavera, jefe de la primera compañía de nuestra caballería, que con las fuerzas a su mando protegiera al coronel Porfirio Sánchez H. Esperé la llegada de los generales Parajón, Castro Wassmer y López Irías, quienes llegaron a mi presencia solamente con sus ayudantes. Hice sentir a ellos mi opinión, a la vez que mi propósito de ir en persona con mis 150 muchachos. Los generales mencionados quedaron en el lugar que me encontraron y yo marché.
A poca distancia de haber caminado entre montañuelas, me encontré con mi gente llena de entusiasmo, por haber capturado el cuartel general del enemigo que afligía a Moncada. Avanzamos al Hospital de Sangre y encontramos muchos heridos, quienes nos informaron que los jefes de aquella fuerza enemiga, eran los generales conservadores, a saber: Bartolomé Víquez, Marcos Potozme, Carlos Chamorro Chamorro, Benavente, Baquedano, Alfredo Noguera Gómez y otros que no recuerdo por el momento. Avanzamos un valioso botín de guerra, consistente en varios miles de rifles y muchos millones de cartuchos. La fuerza de Castro Wassmer, aprovechó para acabarse de equipar hasta por demás.
La noche entró; al amanecer descubrimos unas banderitas rojas que flameaban en el picacho de un cerro y con cien hombres fui a descubrirlas de cerca, pero antes de llegar nos encontramos con tres hombres pertenecientes a las fuerzas de Moncada, quienes nos acompañaron a la casa-hacienda donde se encontraba el mencionado Moncada.
Las fuerzas costeñas, entusiasmadas vivaban a Sandino y a su columna. Cuando llegué al campamento, ya estaba Castro Wassmer y Moncada sentados en una hamaca, pero un soldado se anticipó a decirme que Castro Wassmer decía a Moncada lo mucho que le costó hacer llegar a aquel lugar a Parajón, López, Irías y Sandino.
Efectivamente encontré a los dos hombres en la hamaca y Moncada se levantó con sonrisa irónica tendiéndome el brazo sobre las espaldas.
Moncada hizo leer una orden del día, prohibiendo el traspaso de soldados de una columna a otra, en prevención a que gran parte del ejército constitucionalista ahora reunido, quería pertenecer a mi columna segoviana.
Despechadamente, Moncada me ordenó ocupar la plaza de Boaco, manifestándome que fuerzas de su mando ocupaban aquella plaza, lo que era falso; y su única intención fue la de que fuese asesinado por las fuerzas al mando del coronel José Campos, a quien Moncada tenía sobre el camino que por la noche yo pasaría. Después que me comuniqué con el mencionado coronel, me manifestó que Moncada no le dijo nada de mi pasada por aquel lugar y que a eso se debió que la noche anterior me hubiera emplazado las ametralladoras, tal como lo hizo, porque creyó que se trataba del enemigo.
Cuando llegué a las orillas de Boaco, donde creí encontrar fuerzas de Moncada, el enemigo nos rechazó a balazos y me vi obligado a ocupar posiciones, desde donde mandé correo expresándole a Moncada que: en Boaco estaba reunidas todas las fuerzas conservadoras que derrotamos en "Las Mercedes" y que diera sus órdenes, porque no era cierto que fuerzas de su mando ocupaban aquella plaza.
El correo regresó manifestándome que Moncada había desocupado totalmente "Las Mercedes", y marchado para Boaquito. Me regresé con mi gente y lo seguí hasta alcanzarlo, y entonces fue que el coronel José Campos me contó lo que atrás dejé referido.
En Boaquito me ordenó Moncada que ocupara con mi fuerza el cerro "El Común". Allí permanecí hasta el día que Moncada ahorcó al liberalismo nicaragüense en "El Espino Negro" de Tipitapa.
Todo lo acontecido de aquella fecha al presente ya lo hemos dicho y el público observador ha logrado aquilatar nuestra actitud.
Digo que cuando partí de México, para Nicaragua, en mayo de 1926, lo hice bajo la confianza que el liberalismo nicaragüense luchaba por la restauración de nuestra Independencia Nacional, seriamente amenazada por los ilegales Tratados Bryan-Chamorro, hijos de la criminal política internacional de Norteamérica.
Sin embargo, ya en el teatro de los acontecimientos, nos encontramos con que los dirigentes políticos conservadores y liberales nicaragüenses, son una bola de canallas, cobardes y traidores, incapaces de poder dirigir a un pueblo tan patriota y tan valeroso como el nuestro, digno de mejor suerte, quien, con su actitud patriótica está dando ejemplos de dignidad y moral a los demás pueblos del Continente en donde sus directores están en condiciones análogas a los fracasados nuestros. Nosotros hemos sido abandonados por nuestros directores políticos, quienes se han aliado con los invasores, pero entre nosotros mismos los obreros y campesinos, hemos improvisado a nuestros jefes.
Todavía en estos días de tanta luz y ejemplo para nuestro pueblo, los fracasados políticos siguen disputándose el látigo del invasor siendo lo más irrisorio del caso, que están peleando como perros y gatos dentro de un costal, por alcanzar una presidencia, a base de supervigilancia extraña, que nosotros no se la permitiremos.
Los despechados dicen que Sandino y su ejército son "BANDIDOS", lo que quiere decir, que antes de dos años Nicaragua, toda estará convertida en un país de "BANDIDOS", supuesto que antes de ese tiempo nuestro ejército habrá tomado las riendas del Poder Nacional, para mejor suerte de Nicaragua, en donde ya no tendrán lugar de vivir (SALVO QUE BAJO SIETE CUARTAS DE TIERRA) los patriotas de la clase de Adolfo Díaz, Chamorro, Moncada, Cuadra Pasos y otros.
Nuestro ejército de obreros y campesinos anhela fraternizarse con los estudiantes, porque comprendemos que de nuestro ejército y ellos sacaremos hombres, quienes, con nuevas orientaciones harán de nuestro suelo una Patria luz, que será benéfica hasta para nuestros hombres de política pasada, quienes si rectifican sus errores, podrán merecer nuestros respetos; a excepción de los de la clase mencionada en el párrafo anterior, por haber matado con sus ambiciones materiales el vínculo de nacionalidad que les asistió.
Nicaragua será libre solamente a balazos y a costa de nuestra propia sangre.
Cuartel General del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, Las Segovias, Nic, C. A., agosto 4 de 1932.
PATRIA Y LIBERTAD.
Augusto César Sandino
La dignidad nacional
4 mayo 2001
—Freddy Franco—
El 4 de mayo celebramos el día de la dignidad nacional, por la consecuente actitud de Sandino frente a la intervención extranjera y su firme posición ante la traición de las clases y sectores políticos dominantes criollos (liberales y conservadores), que se entregaron en cuerpo y alma a la intervención y dominación norteamericana a partir de 1927. Frente a dicha actitud, Sandino proclamó: «el 4 de mayo... es fiesta nacional porque fue ese día en que Nicaragua probó antes los ojos del mundo que su honor nacional no se humilla, que le quedaban todavía hijos que con su sangre lavarían la mancha de los demás».
Nicaragua y los nicaragüenses seguimos enfrentando el desafío de construir una Nicaragua soberana, independiente y digna, ya que en las actuales condiciones históricas se mantiene o pervive el sometimiento externo a los organismos financieros internacionales y a determinadas potencias extranjeras. Y no solo por una posición hegemonista de éstos, sino también por nuestra propia fragilidad nacional, en la que aquellos tienen una alta responsabilidad, pero sobre todo una parte importante de nuestra clase política (de las élites históricamente dominantes) que han tenido una visión estrecha, excluyente y malinchista del desarrollo nacional, que no han contribuido a crear una sólida capacidad nacional desde el momento de la independencia, limitando hasta el extremo la posibilidad de lograr un desarrollo equilibrado, sostenido y realmente soberano frente a las exigencias y dinámica internacional.
Dicha fragilidad se ha profundizado en los últimos años, con gobiernos que están más de cara a cumplir al pie de la letra las recetas de los organismos internacionales y entregar nuestra economía y nuestros recursos naturales a los capitales extranjeros, sin el mínimo asomo de proteger el interés nacional y de los nacionales, y mucho menos pensando estratégicamente en cómo hacer de la ayuda internacional y de la inversión extranjera un factor de desarrollo y no de mayor dependencia, como sucede en la actualidad.
Por eso, no es casual la apropiación de determinados puntos del territorio por extranjeros que lo ponen en venta pública (como sucede con los Cayos Perlas, por ejemplo) sin que exista el mínimo control y protección nacional y estatal, igualmente sucede con los recursos naturales como los del mar y los bosques. Se dice que casi el 50% del territorio (incluidas sus riquezas), sobre todo del norte y atlántico del país, se encuentran en manos extranjeras sin el debido control soberano del Estado y sin el debido aprovechamiento para el desarrollo económico del país.
Pero también nuestra fragilidad se expresa en términos políticos. La fragilidad de nuestras instituciones, la mentalidad política dependiente prevaleciente y la chapucería política de algunos sectores políticos -sobre todo los que han gobernado el país desde 1990- son algunos de los factores -entre otros- que han facilitado que continuamente se produzca el injerencismo y la imposición política extranjera de manera descarada y lesiva a los intereses soberanos de Nicaragua.
Por eso, no es casual que algunos embajadores, como el de Estados Unidos recientemente y continuamente, pretendan imponer las reglas del juego político en Nicaragua, cuestión que soberanamente es de decisión exclusiva de los nicaragüenses. Pero dicha actitud tampoco es casual. La historia nuestra está llena de ejemplos del intervencionismo norteamericano. Como dijera el Encargado de Negocios de los Estados Unidos Lawrence Dennis a finales de 1926 «Aquí se piensa muchas veces que nosotros venimos a servir los intereses de los unos contra los otros, pero se equivocan, nosotros sólo servimos nuestros intereses». Aunque históricamente los Estados Unidos se han apoyado (y ha sometido) a determinados sectores políticos -a veces en detrimento de otros- en el fondo lo que no han entendido históricamente dichos sectores, es que lo que le ha interesado y le sigue interesando a los Estados Unidos como potencia son sus intereses hegemónicos y no los nacionales ni la de los nacionales. Pero en su estrecha o nula visión nacional siguen esperando que la «línea política» como antaño le venga del norte o que las soluciones les vengan de afuera. Mientras dichas concepciones prevalezcan en nuestro país, será muy poco lo que podremos avanzar en la construcción de una Nicaragua para todos, soberana y próspera.
Por eso, la idea de Sandino sobre la soberanía e independencia nacional, sigue vigente como hace 74 años, cuando inició su lucha de liberación nacional. Hoy, pese al proceso de mundialización en marcha, que incluso ha puesto en cuestión el concepto mismo de Estado-nación, continúan siendo válidos los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos, que hay que defender consecuentemente no solo por una cuestión de honor nacional sino, sobre todo, como premisas necesarias para lograr un amplio e integral desarrollo nacional.

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