Cuentos
Tuesday, June 8, 2010 3:43:30 PM
Cuando el hombre despertó, la mujer todavía estaba ahí. No había sido un sueño. Un poco de sangre seca bordeaba su boca y pensó por un instante, limpiar toda evidencia de violencia. Sabía que era inocente, que la muerte había sido provocada por otras causas, pero los rastros de maltrato lo acusarían innegablemente. Fue al baño, abrió la ducha y dejó caer el agua directamente sobre su frente. Empapado, salió del baño y pasó junto al cuerpo de la mujer que se hallaba medio desnuda en el centro de la habitación. Recordó que la noche anterior, ella en medio de su locura, se había quitado la blusa y le había mostrado sus pechos, provocadora, para luego de la manera más indecorosa pedirle que le mostrara su miembro, para ver si valía la pena la noche.
Al mirarla inerte, el hombre quiso dejar de lado su culpa y dar paso a la sensación de bienestar que se siente cuando se ha alcanzado el equilibrio vital. Pero no pudo hacerlo. Las imágenes carnavalescas acudían a su memoria como grandes trozos de hielo, instalándose inamovibles y congelando a su alrededor cualquier intento de tranquilidad. La había conocido en el bar de la calle 13, el mismo bar al que había asistido cada jueves desde hace un año. Su llegada tuvo el mismo efecto de la aparición de una fresca brisa en pleno medio día, inesperada e inexplicable, provocando los susurros de todos los ocupantes. Su pelo, era lo más llamativo: largo, rojo y muy ondulado, contrastando con el azul intenso de sus ojos. Era la aparición más angelical.
Era extraña su forma de moverse al estar sentada en la barra del bar. Pidió un vaso de agua, el cual bebió sorbo a sorbo, saboreando y eructando, como si quisiera causar dos impresiones al tiempo: lo bello y lo feo, lo angelical y lo terrenal. Terminó su vaso de agua y pidió otro. Entonces, el hombre se sintió atraído como por un imán. Eso era exactamente lo que sentía, ella era un gran agujero negro que iba a tragárselo entero. Cuando estuvo a pocos centímetros de distancia, cuando pudo sentir el calor de su cuerpo, intentó vocalizar un hola, pero antes de que pudiera emitir el primer sonido, ella enfrentó sus ojos y le sonrió, bajó de la butaca, lo tomó de la mano y lo arrastró tras de sí.
Todos los vieron partir. La calle estaba húmeda aún y el vapor era visible en medio de la soledad. Sin hablar, él la seguía, sin hablar ella lo guiaba. Llegaron a la residencia, en la calle 8, en medio de putas y travestis, sin inmutarse por la presencia de los demás y en cambio, alterando el orden normal de la calle cómplice. Ese era el último recuerdo coherente del hombre. Luego, todo fue un remolino de fragmentos y caos total, de caras alteradas, de sangre, de gritos, de sexo.
Cuando el hombre intentaba armar el rompecabezas de sus recuerdos, sonó el teléfono. Era la hora de salir. Acomodó el cuerpo en la cama revuelta y lo cubrió con una sábana manchada. Abrió la puerta y bajó las escaleras tratando de mantener la calma y de no mostrar su nerviosismo. Al pasar junto a la joven de la recepción, desvió la mirada en un intento de ignorar su presencia. Por su parte la recepcionista advirtió en seguida el largo mechón de pelo rojo que colgaba de la parte trasera de su cabeza, casi rapada, razón por la cual, reparó también que había bajado solo. Espero unos minutos y al ver que nadie más bajó, le pidió al vigilante que revisara la habitación.
Al abrir la puerta el vigilante la encontró con sus pechos erguidos, sentada en la cama, sonriéndole e invitándolo a compartir el lecho. El hombre miró hacia todos lados y su centro gravitacional le indicó hacia donde debía dirigirse. La recepcionista esperó… cuando ya iba a llamar por teléfono a la habitación, escuchó los pasos en la escalera. La vió pasar con sus ojos azules y su pelo, rojo, la vio alejarse por la calle y perderse con la luz de la mañana. En vano esperó que el vigilante regresara.
INTENTO
Mientras Yohana intentaba pintar o al menos demostrar que lo intentaba, el profe seguía con disimulo sus movimientos. Él también intentaba demostrar que le enseñaba a Yohana a pintar, sobre todo porque su novia estaba en el centro de la habitación escribiendo en el portátil. Pero lo cierto es que no podía evitar fijarse en su tremendo trasero y sus enormes tetas, recién puestas, tan grandes que su piel estaba tensa, parecía como si fuera a abrirse en cualquier momento y a mostrar la piel ensangrentada junto con los hilos de la sutura, hecha por la mano experta del cirujano. Si, el profe, se sentía atraído hacia ese cuerpo construido como un “Frankenstein” moderno, con la diferencia que éste pequeño monstruo se veía mucho mejor y podía despertar los sentidos de cualquiera. Incluso, parecía menos peligroso. Sin embargo no lo era. Sus artificios y sus orificios eran una trampa mortal para quien cayera en ellos, aunque el profe no lo sabía, Yohana tenía todo un historial de conquistas y conquistados, benefactores de tantos encantos. Su inspiración y gusto por la pintura le había llegado de repente, una tarde que vio al profe darle clases a una de sus vecinas. Lo que más le llamó la atención no fue su habilidad como artista, sino su aspecto sano y fuerte, pensó que sus brazos podían soportar todo el peso de su cuerpo y la harían sentir la pasión que ya no hallaba con su último marido.
Por su parte el profe era todo un artista, pero no solo con el pincel y el óleo, era todo un profesional para enredar a sus aprendices, ya había pasado por eso muchas veces, sabía que siempre terminaban ofreciéndose, por eso no dudó en ofrecer su casa para dar las clases y, como artista que se respete sabe moldear bien sus movimientos, entonces le pidió a su novia que le acompañara a dar la clase y así evitar cualquier sospecha de infidelidad. La pobre Yohana no pudo evitar mostrar su desagrado cuando vio aparecer el carro del profe y a su lado, la fastidiosa novia. El primer intento de acercamiento había fallado, demasiada intromisión la presencia de la novia, ella que había planeado desabrochar su blusa en un pequeño descuido para así empezar a mover sus fichas, ahora ya no podía hacerlo sin parecer la más guarra de todas las mujeres, y eso, por supuesto no le convenía, tenía una apariencia que cuidar, sino, perdería todo lo que con tanto esfuerzo delantero y trasero, le había costado. El profe no pensaba igual, sabía que era el primer paso, que pronto vendría la oportunidad de estar solos y entonces, todo sería diferente.
La novia, se sentía una intrusa en la habitación. Ella también intentaba demostrar que escribía, quería mostrar a Yohana que su presencia allí obedecía a algo más que “ser el perro guardián” de aquel hombre que tantas veces le había fallado. Lo veía aproximarse a Yohana con el pincel y corregirle la pincelada, los dos sonreían ante sus errores con el óleo, y aunque trataban de disimular lo bien que se sentían cada uno con lo proximidad del otro, la novia podía percibir la tensión entre los dos. Levantaba la mirada de la pantalla y los observaba tratando de mostrarse natural ante esta observación, pero los tres eran conscientes de lo que sucedía. Él, para calmar un poco la ansiedad de la novia, se acercaba de vez en cuando a revisar lo que ella escribía, intentaba leer en vano el relato que le mostraba en la pantalla, pero su mente y su cuerpo no lograban coordinarse ante tanta tentación, ella lo sentía impaciente, ansioso, esforzándose por parecer normal. El tiempo corría y la cita que tenían pendiente el profe y la novia se acercaba, de pronto en uno de sus acercamientos, la novia le recordó la cita, pero él argumentó en voz baja que no podía dejar la clase sin terminar. Ese fue su pobre intento por disimular su deseo de permanecer allí.
Mientras la novia concluía su último relato y la pantalla empezaba a difuminarse, Yohana pensaba que pronto terminaría su segunda clase de pintura y difuminaba la estela de colores rojos y amarillos impregnados en el lienzo, equivocándose a cada paso logrando capturar por completo la atención del profe. Éste, sabía que luego de que partieran los tres, debía enfrentarse a la furia. La novia, sentía su corazón oprimirse al concluir el relato en el cual estaban presentes los personajes del profe y Yohana.












