Primero, servir...
Friday, April 24, 2009 3:09:26 PM
El cambio de las costumbres en la humnanidad, dizqué por el "avance de la civilización" va aumentando la tendencia de dejar "olvidados" los principios de solidaridad y sensibilidad humana para quienes nos rodean, incluso para la familia. Y no sólo resulta muy común ver un desmedido egoísmo en las generaciones actuales sino ya en los adultos, cuyo objetivo de vida parece ser rendirse culto a sí mismos y hacer girar todo alrededor del yo-yo-yo-yo... como principio y fin.
La parte positiva de ese yoísmo debería ser desarrollar una autoestima suficientemente fuerte para poner todo el empeño posible en desarrollarse al máximo, en todos los valores humanos... y proyectarlos a aquellos que se quedaron estancados o que ya están en franco retroceso hacia lo infrahumano, y no tanto por presión del mundo sino por degradación impulsada por ellos mismos.
Si todos logramos convencernos que tenemos -por insignificantes que nos parezca ser- mucho que dar a los demás, terminaremos "cogiéndole gusto" a ser útiles a todos, aunque no nos lo pidan. ¡Qué satisfactorio será, entonces, sentir la alegría de concretar obras que se convierten en "peldaños" por los cuales empezarán o continuarán subiendo aquellos semejantes. Recién entonces podemos decir y sentir que estamos justificando nuestra existencia y aunque fuera corta ha de dejar huella positiva.
Alguien escribió (y lamento no saber su nombre): "Soñaba y veía que vivir era gozar. Desperté y comprendí que vivir era servir. Serví y comprobé que servir era gozar..."
Convenzámonos que somos deficientes o malos hermanos mayores o padres o tíos o abuelos, que somos deficientes o malas autoridades o hasta irresponsables miembros sociales... y ese examen de conciencia nos ayudará a despertar y cambiar. Si no nos decidimos a ser disciplinados en la vida no podremos hacer que esa disciplina sea asimilada y practicada por los demás: y sin disciplina no tendremos un proyecto de vida que nos proyecte a lo superior. Mientras más consintamos los excesos de las nuevas generaciones bajo el pretexto de que "hay que respetar su libertad" (cuando en realidad lo que buscan quienes defienden ese camino es no tener frente a sí y detrás de sí a generaciones que les enjuicien sus vicios y omisiones) estaremos convirtiéndolos en enemigos no sólo de su respectivo destino sino del nuestro.
Sirvamos bien a los demás, cumpliendo lo mejor posible nuestras tareas y obligaciones así como los aportes voluntarios, y tarde o temprano esa semilla -por insignificante que parezca- terminará germinando y dando frutos.
La parte positiva de ese yoísmo debería ser desarrollar una autoestima suficientemente fuerte para poner todo el empeño posible en desarrollarse al máximo, en todos los valores humanos... y proyectarlos a aquellos que se quedaron estancados o que ya están en franco retroceso hacia lo infrahumano, y no tanto por presión del mundo sino por degradación impulsada por ellos mismos.
Si todos logramos convencernos que tenemos -por insignificantes que nos parezca ser- mucho que dar a los demás, terminaremos "cogiéndole gusto" a ser útiles a todos, aunque no nos lo pidan. ¡Qué satisfactorio será, entonces, sentir la alegría de concretar obras que se convierten en "peldaños" por los cuales empezarán o continuarán subiendo aquellos semejantes. Recién entonces podemos decir y sentir que estamos justificando nuestra existencia y aunque fuera corta ha de dejar huella positiva.
Alguien escribió (y lamento no saber su nombre): "Soñaba y veía que vivir era gozar. Desperté y comprendí que vivir era servir. Serví y comprobé que servir era gozar..."
Convenzámonos que somos deficientes o malos hermanos mayores o padres o tíos o abuelos, que somos deficientes o malas autoridades o hasta irresponsables miembros sociales... y ese examen de conciencia nos ayudará a despertar y cambiar. Si no nos decidimos a ser disciplinados en la vida no podremos hacer que esa disciplina sea asimilada y practicada por los demás: y sin disciplina no tendremos un proyecto de vida que nos proyecte a lo superior. Mientras más consintamos los excesos de las nuevas generaciones bajo el pretexto de que "hay que respetar su libertad" (cuando en realidad lo que buscan quienes defienden ese camino es no tener frente a sí y detrás de sí a generaciones que les enjuicien sus vicios y omisiones) estaremos convirtiéndolos en enemigos no sólo de su respectivo destino sino del nuestro.
Sirvamos bien a los demás, cumpliendo lo mejor posible nuestras tareas y obligaciones así como los aportes voluntarios, y tarde o temprano esa semilla -por insignificante que parezca- terminará germinando y dando frutos.










