Primalidad
Friday, January 25, 2008 7:14:14 AM
Hace un rato andaba en la calle, y un tipo angustiado y violento se me acercó, me empezó a gritar y me trató de asaltar, paró un camión (de la basura creo), y el weon se quedo quieto, en mi bolsillo saqué el filo de la cortaplumas que siempre ando trayendo, nos miramos, la nuca con todos los pelos parados, entumida, y por unos instantes todo fue silencio hasta que un taxi de un gordo que me dice que suba, cierro la puerta y aceleramos por san pablo hasta san martín.
En el camino el me comentaba que siempre le paraba a los weones con pinta de rockero porque no andaban colgando, yo le decia que gracias, que si no, habria terminado en cagada.
Al final me bajé, subí hasta mi departamento y me senté a escribir en el blog para que no se olvide, cuando son las 3.30 de la mañana.
Sin embargo, aun ahora cuando la adrenalina ya se va disipando, sigo pensando en que estuve a un paso de agarrarme a cuchillazos con otra persona, que como yo respira, siente, imagina, ama, odia y anhela... Aun ahora que los músculos se me destensan, y la cortaplumas que siempre ando trayendo esta ahí tirada, limpia, no sale de mi cabeza la idea de que si no hubiera sido por el taxista quizás ahora estaría corriendo en alguna parte con mi chaqueta ensangrentada, o tirado en alguna vereda, sin nada de valor, con las tripas en mis manos mientras en un charco de sangre me desvanezco con la parsimonia fúnebre de los desangrados.
Cuando íbamos en el taxi alcance a mirar por la ventana como el asaltante azotaba una botella contra el suelo, con expresión de desencanto y frustración, como esos leones de la national geographic que se echan de un bufido después que la cebra ha logrado escapar.
Quizás el no sabia que en toda la escena yo tenia mi mano en el bolsillo, crispada en el mango de un cuchillo, esperando el momento justo para tomarlo por sorpresa... Quizás el tenia una pistola con la que encañonarme cuando sacara el cuchillo, no se realmente que pensaba el, pero a mi no me sale de la cabeza el hecho de haber estado tan cerca de intentar enterrar un cuchillo en el vientre de un asaltante, aunque fuera en defensa propia.
Es curiosa la sensación, no soy tan cristiano como para pensar en temas de que soy culpable o algo, pero la verdad es que nunca había estado tan cerca de algo así... A lo mejor el tenia un bebe, no se, a lo mejor el desconocía que tengo bastantes cosas por las que vivir, a lo mejor si el lanzaba un corte en mi boca me deformaba y nunca mas podía tocar trompeta ni actuar, a lo mejor me acuchillaba y acababa siendo un lisiado, o a lo mejor yo lo acuchillaba, el se moría, yo terminaba preso... O en una de esas no se moría, y me cobraba venganza, que cosa as desagradable no poder caminar tranquilo por la calle.
Quizás se arrepentía, quizás decidía caminar, no se.
Lo único cierto detrás de tantas preguntas es que en una situación así los quizás no existen, todo eso uno lo patea para un poco mas adelante, porque en ese instante se acaban las diferencias con aquel simio primordial que nos mira a dos millones de años de distancia.
Y ahí esta uno repitiendo la rutina mas antigua de nuestra especie, con un pedazo de hueso, esperando golpear y que no te golpeen... Esperando matar y que no te maten.
Laissez Faire.
En el camino el me comentaba que siempre le paraba a los weones con pinta de rockero porque no andaban colgando, yo le decia que gracias, que si no, habria terminado en cagada.
Al final me bajé, subí hasta mi departamento y me senté a escribir en el blog para que no se olvide, cuando son las 3.30 de la mañana.
Sin embargo, aun ahora cuando la adrenalina ya se va disipando, sigo pensando en que estuve a un paso de agarrarme a cuchillazos con otra persona, que como yo respira, siente, imagina, ama, odia y anhela... Aun ahora que los músculos se me destensan, y la cortaplumas que siempre ando trayendo esta ahí tirada, limpia, no sale de mi cabeza la idea de que si no hubiera sido por el taxista quizás ahora estaría corriendo en alguna parte con mi chaqueta ensangrentada, o tirado en alguna vereda, sin nada de valor, con las tripas en mis manos mientras en un charco de sangre me desvanezco con la parsimonia fúnebre de los desangrados.
Cuando íbamos en el taxi alcance a mirar por la ventana como el asaltante azotaba una botella contra el suelo, con expresión de desencanto y frustración, como esos leones de la national geographic que se echan de un bufido después que la cebra ha logrado escapar.
Quizás el no sabia que en toda la escena yo tenia mi mano en el bolsillo, crispada en el mango de un cuchillo, esperando el momento justo para tomarlo por sorpresa... Quizás el tenia una pistola con la que encañonarme cuando sacara el cuchillo, no se realmente que pensaba el, pero a mi no me sale de la cabeza el hecho de haber estado tan cerca de intentar enterrar un cuchillo en el vientre de un asaltante, aunque fuera en defensa propia.
Es curiosa la sensación, no soy tan cristiano como para pensar en temas de que soy culpable o algo, pero la verdad es que nunca había estado tan cerca de algo así... A lo mejor el tenia un bebe, no se, a lo mejor el desconocía que tengo bastantes cosas por las que vivir, a lo mejor si el lanzaba un corte en mi boca me deformaba y nunca mas podía tocar trompeta ni actuar, a lo mejor me acuchillaba y acababa siendo un lisiado, o a lo mejor yo lo acuchillaba, el se moría, yo terminaba preso... O en una de esas no se moría, y me cobraba venganza, que cosa as desagradable no poder caminar tranquilo por la calle.
Quizás se arrepentía, quizás decidía caminar, no se.
Lo único cierto detrás de tantas preguntas es que en una situación así los quizás no existen, todo eso uno lo patea para un poco mas adelante, porque en ese instante se acaban las diferencias con aquel simio primordial que nos mira a dos millones de años de distancia.
Y ahí esta uno repitiendo la rutina mas antigua de nuestra especie, con un pedazo de hueso, esperando golpear y que no te golpeen... Esperando matar y que no te maten.
Laissez Faire.

