A normal man's chronicle.<Prelude 1>
Friday, October 31, 2008 2:55:22 AM
1987
Era una tarde nublada, en la que los rayos del solo no podian pasar los cúmulos de agua evaporada.Era una tarde como cualquier otra en ese pueblo tan hermoso en las afueras de Tijuana.
No era nada raro ver gente caminando por las banquetas de la calle principal, unos niños jugando, algún señor comiendo tacos, o incluso alguna señorita con vestidos exóticos parada en la esquina.
No había nada de especial en aquel dia. Como cada dia, los niños jugaban dandole una cierta alegría al lugar, la misma prostituta de siempre parada en el mismo lugar con la misma falda de piel y la misma playera corta, la misma gente conocida del pueblo caminando por la misma calle por donde habian caminado, corrido y jugado toda su vida.
El marcador del juego de futbol de los niños iba 3-1, a favor de los mayores.
Anotaron otro gol y el equipo de los pequeños empezaba a darse por vencido. El portero enojado comenzó a patear el poste, los delanteros entristecidos se sentaron en el suelo a jugar con canicas y todo el juego terminó con una derrota para el ánimo general de los menores.
Uno de los mediocampistas terminó pateando el balón con la fuerza que le quedaba. Este dio con la ventana de una casa y se metió en ella.
Las miradas comenzaron a caer sobre el niño de 8 años que había pateado el balón.
-¡Imbecil! ¡Ese balón nos costó 15 pesos! ¡Ahora metete a la casa y sácalo! ¡Mas vale que no le haya pasado nada o te tiraré los dientes mocoso!
El pequeño, intimidado, corrió hacia el lugar y tembloroso, entró a la casa que todos creian abandonada. Siguió con miedo y cautela hacia el segundo piso, donde había entrado el balón.
La puerta estaba cerrada.
Siguiendo lo que habia visto alguna vez en televisión dio una patada a la puerta. Esta se abrió. Vio que solo estaba apoyada con una silla.
Pero al levantar la cabeza, vio lo que ninguna mancha de tinta podría describir.
Era inimaginable.
Era horrendo.
Era la peor visión que habría tenido cualquier persona en su deprimente vida.
Sorprendido y pálido se dejó caer al suelo de rodillas y algunas astillas entraron sin que él sintiera algún dolor.
Al no poder creer lo que veian sus ojos tan solo los tapó. Por debajo de sus sucias manos, solo corrieron las lágrimas.
Solo una abominación podia ser capaz de tal obra. Era una carnicería grotesca de niños, fetos, bebés y partes solas indistinguibles tiradas en el suelo. Había miembros tirados por todas partes.
Brazos.
Piernas.
Cabezas.
Todo mordido a medias y dejado ahi.
El piso que al principio de la caza le habia parecido gris, ahoraera negro gracias a la sangre que emanaba de toda esta carnicería.
Uno todavia con vida y sin ninguna de sus extremidades gemía con una voz apagada y sin ninguna esperanza en sus ojos.
Seguido de eso, habia un vagabundo sentado en la esquina. Lo que tenia en sus manos era una pierna.
Fresca.
El olor en ese lugar era espantoso. A veces tan solo los funerales y cadaveres de animales causan repulsión y nausea a cualquiera, pero esto sobrepasaba los ímites.
El vómito del niño salió sin el menor aviso. Era bastante como para su edad.
El vagabundo tan solo se limitó a mirarlo.
Siguió comiendo.
Era una tarde nublada, en la que los rayos del solo no podian pasar los cúmulos de agua evaporada.Era una tarde como cualquier otra en ese pueblo tan hermoso en las afueras de Tijuana.
No era nada raro ver gente caminando por las banquetas de la calle principal, unos niños jugando, algún señor comiendo tacos, o incluso alguna señorita con vestidos exóticos parada en la esquina.
No había nada de especial en aquel dia. Como cada dia, los niños jugaban dandole una cierta alegría al lugar, la misma prostituta de siempre parada en el mismo lugar con la misma falda de piel y la misma playera corta, la misma gente conocida del pueblo caminando por la misma calle por donde habian caminado, corrido y jugado toda su vida.
El marcador del juego de futbol de los niños iba 3-1, a favor de los mayores.
Anotaron otro gol y el equipo de los pequeños empezaba a darse por vencido. El portero enojado comenzó a patear el poste, los delanteros entristecidos se sentaron en el suelo a jugar con canicas y todo el juego terminó con una derrota para el ánimo general de los menores.
Uno de los mediocampistas terminó pateando el balón con la fuerza que le quedaba. Este dio con la ventana de una casa y se metió en ella.
Las miradas comenzaron a caer sobre el niño de 8 años que había pateado el balón.
-¡Imbecil! ¡Ese balón nos costó 15 pesos! ¡Ahora metete a la casa y sácalo! ¡Mas vale que no le haya pasado nada o te tiraré los dientes mocoso!
El pequeño, intimidado, corrió hacia el lugar y tembloroso, entró a la casa que todos creian abandonada. Siguió con miedo y cautela hacia el segundo piso, donde había entrado el balón.
La puerta estaba cerrada.
Siguiendo lo que habia visto alguna vez en televisión dio una patada a la puerta. Esta se abrió. Vio que solo estaba apoyada con una silla.
Pero al levantar la cabeza, vio lo que ninguna mancha de tinta podría describir.
Era inimaginable.
Era horrendo.
Era la peor visión que habría tenido cualquier persona en su deprimente vida.
Sorprendido y pálido se dejó caer al suelo de rodillas y algunas astillas entraron sin que él sintiera algún dolor.
Al no poder creer lo que veian sus ojos tan solo los tapó. Por debajo de sus sucias manos, solo corrieron las lágrimas.
Solo una abominación podia ser capaz de tal obra. Era una carnicería grotesca de niños, fetos, bebés y partes solas indistinguibles tiradas en el suelo. Había miembros tirados por todas partes.
Brazos.
Piernas.
Cabezas.
Todo mordido a medias y dejado ahi.
El piso que al principio de la caza le habia parecido gris, ahoraera negro gracias a la sangre que emanaba de toda esta carnicería.
Uno todavia con vida y sin ninguna de sus extremidades gemía con una voz apagada y sin ninguna esperanza en sus ojos.
Seguido de eso, habia un vagabundo sentado en la esquina. Lo que tenia en sus manos era una pierna.
Fresca.
El olor en ese lugar era espantoso. A veces tan solo los funerales y cadaveres de animales causan repulsión y nausea a cualquiera, pero esto sobrepasaba los ímites.
El vómito del niño salió sin el menor aviso. Era bastante como para su edad.
El vagabundo tan solo se limitó a mirarlo.
Siguió comiendo.










