
Descargo los puños ante esta nada que me rodea.
Quiero gritar mudos silencios que se ensañan con
Mi ser. Quiero oír los murmullos de burla del mundo
Que me atosiga, que me persigue.
Mas la calma no llega. La ira pervive.
Bufón, entretén al buen sir.
Gira.
Voltea.
Chasquea tu gorro.
Cave canem.
Intento mirar más allá de los pecados capitales que
Marcan mi camino; la senda sigue recta entre las bifurcaciones
De una vida ya perdida y maltrecha.
Bufón,
No duermas – No duermo.
No sueñes – No señor.
Tiemblo - Perdón.
He perdido la noción del yo personal entre la
Angustiosa multitud que me ignora y me debilita.
Duro corazón que golpea inútil en el encallecido pecho
Del vagabufón… vagabundo de heridas,
Bufón de torpes sentimientos,
Reír,
Llorar,
Gemir,
Gritar…
Aún las campanillas resuenan en mi cabeza,
No hay función más alta que mi propia conmiseración.
No hay destino más cruel que respirar mi propia
Pobreza. El torbellino de palabras que se arremolinan
En mi cerebro no es más que el caótico barboteo de mi
Boca… Música divina para los hijodalgos que me rodean.
Bufón, pobre bufón.
Y el rey sonríe y las bellas damas se abanican, y
El iluso se ilusiona y el sir más ácido se retrata en un
Cuadro lleno de pinceladas pero falto de calidad.
Y la pesadilla prosigue y los músicos tocan, y
Únicamente escucho:
Miserere mei, Deus,
secundum magnam misericordiam tuam!