España, mi natura; Italia mi ventura; Flandes, mi sepultura. ¡Santiago y cierra España!

Hombres de valor innato, forjaron con sangre y fuego, glorioso Imperio Hispano, como linde el orbe entero,

Subscribe to RSS feed

Sticky post

Si Deseas Navegar Por Los Artículos Del Blog Haz Clic Arriba En Archivo

QUIERO RECOMENDAROS ESTA BUENA PÁGINA DE HISTORIA MILITAR. BLOG DE HISTORIA MILITAR Especializada en la antigüedad y el medievo europeo. Arte y cultura como reflejo y origen de los conflictos. HISTORIA MILITAR... BLOG OF MILITARY HISTORY Specialized in the antiquity and medieval European. Art and culture like reflection and origin of the conflicts. MILITARY HISTORY. (Clickar en la imagen para acceder al sitio web).

LA PÉRDIDA DE GIBRALTAR (1704).


"¿Gibraltar? Es una espina en la carne de España. ¿Le gustaría al pueblo británico ver una fortaleza rusa o china en el confín de sus tierras o en las islas del Canal?" (Arnold Toynbee, 1966)

"Gibraltar es una fuerza para Inglaterra en tanto España se halle postrada; pero, si España fuera fuerte, se convertiría en un punto vulnerable y habría perdido su razón de ser." (Angel Ganivet, s. XIX)





Ambiciones británicas

Poseemos dos testimonios de las ambiciones británicas sobre Gibraltar en el siglo XVII, fechados en 1656. En aquella época el regicida Cromwell le dirigió al almirante Montague la siguiente carta, fechada el 28 de abril de 1656:

"[...] Acaso sea posible atacar y rendir la Plaza y castillo de Gibraltar, los cuales, en nuestro poder y bien defendidos, serian a un tiempo una ventaja para nuestro comercio y una molestia para España; haciendo posible, además, con sólo seis fragatas ligeras establecidas allí, hacer más daño a los españoles que con toda una gran flota enviada desde aquí, aligerando la tarea de la escuadra [...]"




Estrecho de Gibraltar. Grabado del libro "En Les Forces de l´Europe", del ingeniero Vauban. Servicio Histórico Militar. Madrid

El general Montague contestó a Cromwell en los siguientes términos:

"[...] Percibo gran deseo, entre mis colegas, de que se tome Gibraltar. Mi punto de vista es el siguiente: la forma más sencilla de ocupar Gibraltar es la de desembarcar en las arenas del itsmo, cortando toda comunicación de la plaza con tierra. Que las fragatas fondeen en las cercanías para proteger el desembarco y ataque. Por otra parte, es bien sabido que España no aprovisiona las plazas fuertes sino para un mes; la operación requiere unos cuatro o cinco mil hombres bien adiestrados y con buenos mandos [...]"

Este proyecto de invasión no se llevó a cabo por razones de política interior británica. Pero nunca abandonaron la idea, que llevaron a cabo definitivamente con ocasión de la Guerra de Sucesión española en 1704. Pero esta vez lo consiguieron de forma taimada, esa forma tan británica de hacer las cosas, pues invadieron Gibraltar en nombre y como aliados de Carlos III, rey de España, junto con un contingente de soldados holandeses y españoles.

Gritemos todos juntos: "¡Que Dios confunda a la pérfida Albión!"

La pérdida de Gibraltar (1704)

El 1 de agosto de 1704 la flota combinada anglo-holandesa de los almirantes sir George Rooke (británicos) y Allemond (holandés), aliada de las potencias signatarias de la coalición de Lisboa que se inclinó a favor de los derechos del archiduque Carlos al trono de España, atacó la plaza de Gibraltar.

La fuerza atacante estaba compuesta por una escuadra de guerra de 61 navíos (51 británicos y 10 holandeses) y una flota de transporte para la fuerza terrestres de 14.000 soldados (8.000 británicos y 6.000 holandeses, en cuyos contingentes iban numerosos españoles de Cataluña y Aragón) al mando del duque de Ormonde. Como jefe de las fuerzas aliadas, comandante en jefe de las operaciones en tierra y máximo representante del archiduque Carlos en los territorios conquistados iba el príncipe austríaco Jorge de Hesse.




Escuadras británica y holandesa ante Gibraltar en 1704. Grabado de la época.



La plaza de Gibraltar tenía sus fortificaciones en mal estado, una guarnición de 100 hombres y unas 100 piezas de artillería en su mayor parte desmontadas e inservibles, con apenas media docena de artilleros para servirlas. A pesar de ello, el gobernador don Diego de Salinas desplegó una notable actividad para la defensa de la plaza. Armó y organizó a unos 300 ó 400 voluntarios civiles. Con esta fuerza se crearon cuatro puntos de defensa:


Defensa del muelle viejo, al mando del maestre de campo don Juan de Medina, con la mitad de los voluntarios civiles (unos 150 hombres).


Defensa del camino de la Puerta de Tierra, al mando de don Diego de Ávila, con la otra mitad (unos 150 hombres).


Defensa del muelle nuevo, al mando de don Francisco Toribio de Fuentes, con el resto de voluntarios (apenas llegaban a 100 hombres).


Defensa del castillo, con los 100 soldados regulares, seis artilleros y dos ayudantes.

Los defensores estaban abandonados a sus propias fuerzas, puesto que el Capitán General de Andalucía, marqués de Villadarias, apenas contaba en su territorio con 150 soldados de infantería y 30 caballos, tal era el estado de indefensión de la Península a la que nos había llevado el rey Carlos II, de infeliz memoria e infausto recuerdo.

Antes del ataque, un oficial británico se presentó en la Puerta de Tierra para entregar al corregidor de la plaza, don Cayo Antonio Prieto y Lasso de la Vega, una carta del archiduque conminando a su reconocimiento como rey de España:

El Rey,

A mi ciudad de Gibraltar:

Estando plenamente informado del celo con que siempre os habíes señalado, en servicio de mi augustísima casa y no dudando que lo habeis de continuar, he tenido por bien de deciros:

como el almirante Rooke, general de las armas marítimas de S.M. Británica, pasando al mar Mediterráneo a otras expediciones de mi real servicio, llegará a ese puesto y os hará dar esta mi ral carta y os noticiará que yo quedo muy próximo a partir a las fronteras de este reyno, y entrar en los míos para tomar la posesión que por tan justos y debidos títulos me pertenece después de la muerte del Rey D. Carlos, mi señor y mi tio (que santa gloria haya):

esperando yo de lo mucho que siempre habéis acreditado vuestra fidelidad a mi augustísima casa, pasaréis luego que veais esta mi real carta a aclararme y hacer que todos los pueblos circunvecinos, que estén bajo vuestra jurisdicción, lo executen en la misma conformidad con el nombre que todas las potencias de Europa me reconocen por legítimo y verdadero Rey de España, y con que el Emperador, mi señor y mi padre, me proclamó en su imperial Corte, que es el de Carlos III:

asegurándoos y empeñando mi palabra real, si así lo executais, que os serán guardadas vuestras exenciones, inmunidades y privilegios en la misma forma que los conservó y guardó el difunto rey D. Carlos II, mi señor y mi tio; tratándoos a Vos y a todos mis amados Españoles con el amor y benevolencia que siempre habéis experimentado de la clemencia y benignidad de los señores Reyes mis predecesores. Si executáis lo contrario, que es lo que no puedo creer de tan fieles vasallos a su legítimo Rey y señor natural, será preciso a mis altos aliados usar de todas las hostilidades que trae la guerra consigo, aunque co el extraño dolor mío de los que amo como a mis hijos padezcan porque ellos quieren como si fuesen los mayores enemigos. El mismo almirante Rooke lleva orden para que cuando vuelva a pasar por este puerto, si se lo pidiérais, os asista con la gente que pudiere dar si la necesitareis.


Dado en Lisboa a cinco de Mayo de mil setecientos cuatro.

Yo el Rey

Por mandato del Rey mi señor, Enrique de Mongei.

Por su parte, el príncipe de Hesse dirigió a los habitantes de Gibraltar una proclama manifestando que la fuerza atacante actuaba en nombre del rey de España:

A la ciudad de Gibraltar,

Señor mío, habiendo llegado aquí por orden de S.M. Católica con la armada de sus altos aliados no escuso, antes de pasar a la guerra ulterior, demoastrar confiado que V.E. conocerá la verdad, interés y la justicia. La ausa manifestará a V.E. el grande efecto que le profeso y el deseo que me asiste de emplearme en cuanto fuere de sus servicio, esperando que V.E., en vista de la real carta de S.M., con el debido reconocimiento a lo que debe a tan noble e ilustre ciudad, y tan obligado como es razón para que V.E. en todo experimente el alivio y felicidad que merece. Aguardo sin dilación la resolución de V.E., cuya vida guarde Dios muchos años, como deseo.


Delante de Gibraltar y Agosto primero de mil setecientos cuatro.
B.L.M. de V.E. su mayor servidor
Jorge Laudgrave de Asia.

Muy noble e ilustre ciudad de Gibraltar.

El corregidor Prieto contestó al príncipe afirmando su juramento al rey Felipe V y la disposición suya y de los habitantes de Gibraltar a sacrificar sus vidas en su defensa:


Excmo. Señor:

Habiendo recibido esta ciudad la carta de V.E., su fecha de hoy, dice en respuesta: Tiene jurado por Rey y señor natural al Señor D. Felipe V; y que como sus fieles y leales vasallos, sacrificarán las vidas en su defensa, así esta ciudad como sus habitantes; mediante lo qual no le queda que decir sobre lo que contiene la inclusa; que es quanto se ofrece y deseo que nuestro Señor guarde a V.E. los muchos años que puede.


Gibraltar y Agosto de mil setecientos cuatro.

Tras una inútil y heroica resistencia, el domingo 4 de agosto de 1704 la plaza de Gibraltar cayó ante las tropas aliadas anglo-hispano-holandesas del archiduque carlos. El príncipe Jorge de Hesse gestionó y firmóla rendición del gobernador Salinas como representante de Carlos III, Rey de España.

Las condiciones de rendición fueron ventajosas: se concedió a la guarnición abandonar la plaza con susarmas, incluidas algunas piezas de artillería, y provisiones para una semana, y facilitaron barcos para aquellos que no poseían caballos. Respetaron a todos aquellos de desearon quedarse en Gibraltar, prometiendo libertad de culto, siempre y cuando jurasen fidelidad al archiduque como Carlos III; solo se quedaron y juraron al nuevo rey 41 españoles.

Tras la rendición, se izó la bandera del archiduque en la fortaleza, aunque el almirante Rooke izó a su lado la enseña nacional británica, anunciando la felonía que este nación pretendía consumar pasado el tiempo. El duque de Ormonde, jefe de la fuerza terrestre de invasión, redactó una proclama en la que decía lo siguiente:

[...] No venimos a invadir o conquistar ninguna parte de España o para hacer cualesquiera adquisiciones para su magestad la Reina Ana ... sino para proteger y liberar a los españoles de lo que significa la sejección a que una pequeña y corrompida partida de hombres les había sometido al entregar aquella gloriosa monarquía al dominio de sus perpetuos enemigos, los franceses [...]"

A la semana de la rendición de la plaza, las fuerzas de caballería borbónica iniciaron las operaciones de hostigamiento, de forma que el almirante Rooke se vió obligado a aprovisionarse de agua en la costa norteafricana por imposibilidad de hacerlo en la bahía de Algeciras. A los pocos días la escuadra anglo-holandesa zarpó de Gibraltar hacia el Levante, enfrentándose a una flota franco-española en aguas de Málaga, con resultado incierto.


La cuestión de Gibraltar

Desde el primer momento de la firma del Tratado de Utrech surgen discrepancias sobre el alcance de su artículo X. Para los españoles, este artículo es una clausula definitoria, cuyo no cumplimiento por los británicos implica la nulidad del tratado y su abrogación. Veamos cuantos incumplimientos realizaron los británicos en estoa 301 años:


Por el artículo X los británicos se comprometen a no dejar a moros y judios vivir dentro de Gibraltar, clausula de los británicos procedieron a cumplir expulsando a lo moros y judíos que habitaban la plaza en 1714; pero a finales de ese año dejaron de cumplirla, de manera que en 1717 había en la colonia 300 judios, según consta en la protesta del marqués de Monteleón, embajador de España en Londres. Esta clausula podrá parecer anacrónica y racista vista desde la perspectiva del siglo XXI, pero su vaor jurídico es evidente en virtud del principio básico del Derecho de que pacta sunt servanda. En la época del siglo XVIII había una clara conciencia de respeto haciua el contenido del tratado.


En el artículo X se citan expresamente los objetos de la cesión: "ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen", y los límites a la misma: "sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra". No obstante, los británicos se han apoderado en estos 301 años de 850 metros cuadrados del itsmo:



Tras la firma del Tratado, el gobernador británico se apoderó militarmente de la Torre del Diablo en Levante y del Molino en Poniente.


En 1815 se declaró una epidemia en Gibraltar. Los británicos solicitaron establecer barracones en la zona neutral, por razones humanitarias. Pasada la epidemia, mantuvieron en el lugar los barracones y el personal.


El hecho se repitió en 1854.


En 1908 los británicos iniciaron la construcción de la actual verja, apoderándose ilegalmente de más metros cuadrados del itsmo.


En 1917 los británicos solicitaron a España suministro de agua potable a los barcos anclados en el puerto por razones humanitarias dadas las circunstancias bélicas del momento. España accedió a la petición, y cuando pasada la guerra retiró las facilidades y el suministro, los británicos presentaron una protesta diplomática.


En 1938, en plena guerra civil española, los británicos construyeron el aeropuerto en la zona neutral. Finalizada la guerra, España realizó las oportunas protestas diplomáticas, y el 30 de junio de 1940 derribó un avión británico con fuego antiaéreo.


La cláusula "sin jurisdicción alguna territorial" significa que la colonia, según el Derecho Internacional, no tiene aguas territoriales. Esta limitación ha sido contravenida por los británicos, que en 1786, 1825, 1842, 1879 y 1883 han pretendido establacer las aguas de la colonia.


Uno de los fines que se perseguía en el artículo X era "evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías" en España, algo que desde fecha tan temprana como 1713 no se consiguió. Existen numerosos informes sobre el contrabando de Gibraltar a España durante los siglos XVIII y XIX. Como ejemplo, diremos que en 1876 los británicos sabían que la cantidad de tabaco que entraba ilegalmente en España desde Gibraltar era cuatro veces mayor que la que introducía legalmente el gobierno.

La situación colonial de Gibraltar es anacrónica. Así lo han reconocido las Naciones Unidas y así lo han declarado en las resoluciones 2.325, 2.429 y otras muchas, en las que se dice explícitamente que esa situación destruye la integridad territorial de España y que había de ponerse fin a la misma antes del 1 de octubre de 1969.

Se podría hablar más sobre Gibraltar. Baste por ahora. Reconozcamos que estamos ante una ocupación militar por la fuerza, que Gran Bretaña es más fuerte que España, y que los británicos esgrimen la fuerza ante España, no la razón jurídica ni el derecho.

Vae victis !!




________________________________________________________________________________

FUENTES:


José Aguilera Pleguezuelo. La colonia de Gibraltar: un problema pendiente. Revista de Historia Militar, núm. 74. Servicio Histórico Militar. Madrid, 1993. Pág,s. 45-102.

PABLO DE CÉSPEDES.



Pintor, Escultor y Poeta.
Murió en Córdoba su patria en el año de 1608.



Este insigne profesor nació en la ciudad de Córdoba, de cuya Catedral fue Racionero. Es tan rara entre los artistas la riqueza de conocimientos, que Céspedes adornado de una erudición muy vasta, y cultivando felizmente todas las artes de imaginación, pasa fundadamente por un prodigio entre ellos. Así en su tiempo gozó de un crédito universal, y la amistad que tuvo con Arias Montano y otros hombres sabios de entonces manifiesta el lugar que supo hacerse con su literatura y sus talentos.

Dos veces estuvo en Italia y en Roma, adonde iban á formarse en aquella época casi todos los cultivadores de las bellas artes. Allí pudo alcanzar á Miguel Ángel, ingenio el mas colosal que ellas han producido en los siglos modernos. Siguióle por modelo, y le profesó toda su vida una admiración tan profunda, como lo manifiesta el elogio que insertó de él en su Poema de la pintura. En Roma Céspedes gozó de una reputación muy brillante: quando restituyó de su mano la cabeza á la estatua estropeada del Cordobés Séneca, los Romanos admirados de la belleza de aquella obra, pusieron debaxo de ella: viva el Español. Él pintó en la Trinidad del Monte al lado de los mejores profesores que entonces se conocían, sin que en el paralelo temiese quedar vencido. Uno de ellos fue el célebre Federico Zucaro, con quien tuvo amistad muy estrecha, y de quien es aquel dicho en ocasión de encargarle un quadro para la Catedral de Córdoba. Viviendo allí Céspedes, ¿qué necesidad tienen de enviar por quadros á Italia? Expresión hermosa, que fue después repetida por Bernini en Francia quando vio la fachada del Louvre trazada por Perrault. Los hombres grandes no conocen la envidia.

Las obras de pintura de Céspedes se conservan en Córdoba su patria, en Sevilla y otras ciudades de Andalucía. Palomino celebra mucho el quadro de la Cena que hizo para la Catedral de Córdoba, y los que pintó para la sala del Cabildo de la Iglesia de Sevilla. Él reunía una infinidad de prendas características de los grandes profesores. Era exacto en el dibuxo y en la anatomía, inteligente en el claro obscuro, gracioso en los semblantes, y buen colorista. Nadie hasta su tiempo había sabido en Andalucía hacer buen uso de las tintas.

No quedan otras muestras de su talento poético, que los fragmentos conservados por Pacheco del Poema que había hecho o estaba haciendo sobre la pintura. Se notan ciertamente en estos rasgos los descuidos propios de las composiciones que no tienen mas que la primera mano: violencias de sentido, obscuridades, tal qual hinchazón, y sobre todo, cierta desigualdad abandonada que destruye á veces el buen efecto. Pero hay en aquellos versos una manera tan valiente y tan fogosa, y la imaginacion del poeta se manifiesta tan rica, que se hace perdonar fácilmente estos lunares. Si habla de la tinta, es para acordarse de las revoluciones del tiempo y de la duración del ingenio: prescribe la elegancia y la fuerza del diseño, é invoca á Miguel Ángel y como su númen principal: pinta un caballo, y á la manera de Virgilio le hace atravesar denodado los torrentes, oir impávido la trompeta de la guerra, y arrojarse ardiendo á los combates.

Escribió Céspedes algunos tratados en prosa sobre antigüedades y sobre la pintura, no habiendo perdonado los tiempos sino los títulos de algunos. Murió en Córdoba el año de 1608, ya muy avanzado en edad, con sentimiento general de todos los que le conocían; porque su corazón era tan amable y tan virtuoso, como rico y despejado su talento. ¡Dichoso quien, como él, puede en la moderación y el retiro cultivar los buenos estudios, aventajarse en las artes, ser admirado y querido de su siglo, y dexar á la posteridad una memoria respetable!

MELCHOR DE MACANAZ.


Natural de Hellin
Reino de Murcia
Sabio Político
Escritor profundo
Ministro tan zeloso como perseguido
exemplo de constancia en la desgracia.
Murió en su Patria á los 90 años en 1760.



(...) Envidia á medida de la estimación que hacían de su mérito los Reyes y los buenos Españoles. La envidia, pues, le ocasionó una persecución, que no es necesario explicar, porque todos la saben. Permitiósele quedar por entonces en Francia, donde á pesar de no pagarle la pensión que el Rey le habia concedido, no quiso aceptar otra en aquel Reyno aunque se le dió licencia por el Ministro mismo que le perseguía, sin duda para acabarle de enagenar de España. Nómbrasele Enviado al Congreso de Cambray, que se disolvió por la paz de Viena; y se le mandó pasar á Bruselas, y después á Lieja. Persuadióle estando en esta Ciudad el Príncipe Eugenio de Saboya á que fuese á Viena, ofreciéndole ventajas capaces de seducir á otro que á Macanaz.

Se le envió á París para arreglar con el Cardenal de Fleuri los intereses de España con un poder tan absoluto, que admiró al Cardenal, y le obligó á decir, que jamas se había dado otro igual, ni él le tenia en Francia , añadiendo con exclamación: ¡Dichoso el Rey que tiene tales Ministros! Crecian sus urgencias, no obstante este exceso de confianza y noticioso el Rey Fernando VI, siendo aún Príncipe, le socorrió de sus propios alimentos. A este favor se agregaban otros de los Reyes, que obstinaban mas á sus enemigos. Antes de morir la Reyna primer muger de Felipe V, le encargó con encarecimiento la conservación del Rey, de sus tiernos hijos, y de sus amados vasallos; y el mismo Rey Felipe V mantuvo con él una especie de correspondencia epistolar.

Subió Fernando VI al Trono, y quiso valerse de Macanaz; pero sus contrarios, para impedirlo, persuadieron al Rey, que solo él podria asistir á la paz general que se había de ajustar en Breda, y después se concluyó en Aix de la Chapelle. Fue á Breda Macanaz, y quando tenia preparada en Febrero de 47 una paz mas ventajosa en su concepto y de muchos, que quantas se habían hecho desde los Reyes Católicos, se le mandó retirar á España precipitadamente, prenderle en Vitoria, conducirle al castillo de Pamplona, y después al de S. Antón de la Coruña, en donde le cerráron sin comunicación, ni libros, y se apoderaron de sus escritos, que pasaban de 200 volúmenes en folio. Allí otorgo su testamento legando sus escritos á la Biblioteca Real, y todos los libros de su librería de que careciese. Continuó con una paciencia christiana en aquella prisión, hasta que habiendo entrado á reynar Cárlos III, le concedió libertad, y permitió que se retirase á su patria, en donde murió seis meses después, en el año de 1760 á los 90 de edad. Fue Macanaz de trato dulce, de costumbres severas, y muy dado á la devoción desde niño. Su instrucción fue grande, y aun asombrosa; y sus escritos, aunque adolecen en parte del gusto de su tiempo, tienen mérito esencial, y el de la universalidad de materias y delicadez de muchas de las que comprehenden.

Pedro de Alvarado y Contreras. Su fama fue en vida la de uno de los más grandes conquistadores.


Capitán de Hernán Cortés
Apodo: 'Tonatiuh' por los Aztecas
Lealtad: España

Mandos:
Conquistador de México y América Central

Participó en:
Conquista de Cuba
Conquista de México
Matanza de Tóxcatl
Conquista de Guatemala
Conquista de El Salvador
Conquista de Honduras



Conquistador español, nacido en Badajoz en 1485 y muerto en Guadalajara en 1541. Llegó a La Española en 1510, donde su puso al amparo de su tío Diego de Alvarado. Participó en la conquista de Cuba (1511) y en 1518 se unió a las expediciones de Grijalva por Yucatán y México. Volvió a Cuba para dar cuenta del descubrimiento y, con ello, promovió la expedición de Velázquez y Cortés.

Puede considerársele como conquistador de gran parte de América Central (El Salvador, Honduras y Guatemala) y pudo haberlo sido también del Perú, pero renunció a ello tras enfrentarse primero, y negociar después, con Diego de Almagro.

Prácticamente todas las referencias a Alvarado mencionan como mínimo su carácter enérgico; la mayoría lo elevan a crueldad. A veces se asocia incluso su nombre al genocidio, tanto por su iniciativa en la Matanza de Tóxcatl, como por su posterior participación en el sitio de Tenochtitlan, y sobre todo por la violencia extrema de sus acciones en Centroamérica.

En México los indígenas lo llamaban Tonatiuh, (el Sol), por su aspecto físico; al parecer era rubio y de elevada estatura, lo que lo convertía en caso típico para la deificación, que inicialmente hicieron los mexicas de los españoles, considerándolos las "gentes rubias y barbadas" anunciadas como signo del regreso de Quetzalcóatl.

En 1518 acompañó a Juan de Grijalva como capitán de un navío en su viaje de exploración por las costas de Yucatán y el Golfo de México, en el que se produjo el descubrimiento de Cozumel. Fue el primero en navegar el río Papaloapan, razón por la cual la población cercana a la desembocadura del río se le bautizó con el nombre de "Alvarado".

Varios hermanos Alvarado se unieron a Cortés en el puerto de la Trinidad, cuando iniciaba su viaje, entre ellos Jorge, Gonzalo y Gómez, y Juan el viejo bastardo, Pedro fue el primer capitán de Hernán Cortés durante la conquista de México.

Participó en la batalla sostenida contra los tlaxcaltecas dirigidos principalmente por Xicohténcatl. Una vez que los conquistadores españoles vencieron y pactaron una nueva alianza con los tlaxcaltecas, en muestra de paz les regalaron mujeres a los principales capitanes. Una de ellas fue la propia hija de "Xicohténcatl el viejo" a quien se le bautizó como doña Luisa y era destinada para Hernán Cortés, quien la cedió a Pedro de Alvarado. Siendo aún soltero, Pedro de Alvarado tuvo un hijo con doña Luisa a quien bautizó con su propio nombre y una hija a la cual bautizó con el nombre de Leonor. Leonor se casó con Francisco de la Cueva primo del duque de Alburquerque.

Fue embajador de Cortés en Tenochtitlán, estuvo en la matanza de Cholula y en la entrada a México. Participó en la prisión de Moctezuma. Fue causante de la matanza de 1520 durante la fiesta de Tóxcatl, lo que motivó la revuelta de los mejicanos y precipitó la muerte de Moctezuma. Con Juan Velázquez de León formó la retaguardia del ejército de Cortés en la "Noche Triste". Tomó parte con Jorge de Alvarado, Gutiérrez de Badajoz y Andrés de Monajaraz en la toma de la capital (junio-agosto 1520). En 1522 participó en la conquista de Tututepec. En 1523 partió a la conquista de América Central. En ocho meses luchó denodadamente con los quichés, pactó con los cakchiqueles, derrotó a los tzutuhiles y los xinca, conquistó Guatemala y Salvador y fundó Santiago de los Caballeros de Guatemala. Aunque nominalmente al mando de Cortés, actuó con independencia. Ayudó a Cortés en su expedición de Honduras (1526) y conquistó con posterioridad el territorio de Nicaragua. En 1527, con fama fabulosa, regresó a España. Protegido por Francisco de los Cobos, se casó con Francisca de la Cueva y obtuvo de Carlos V el nombramiento de gobernador, capitán general y adelantado de Guatemala. Vuelto a Veracruz en 1528, fue encarcelado por Nuño de Guzmán y luego liberado ante el anuncio de la vuelta de Cortés. Volvió a Guatemala (1530). Preparó una expedición para conquistar el Perú (1534). A su llegada a la meseta de Quito descubrió que se le habían adelantado Pizarro, Belalcázar y Almagro. Regresó a Guatemala en 1536. Se casó en segundas nupcias con Beatriz de la Cueva, hermana de su primera mujer. Se le reconoció el gobierno de Honduras y se le dio permiso para la exploración de las Molucas. Mantuvo enemistad con Antonio de Mendoza sobre contratos de tierras.

Muerte en Nochistlán (1541)

Muerte de Alvarado, tal y como aparece representada en el Códice Telleriano-Remensis. Junto a su cabeza aparece su nombre en (idioma náhuatl: Tonatiuh, «Sol»)?

En esa última acción militar, que a veces se conoce como Guerra del Mixtón, Alvarado fue arrollado por el caballo de un compañero inexperto que huía del contraataque de los indios chichimecas, que estaban parapetados en el Cerro del Mixtón (gato) y eran comandados por Francisco Tenamaxtle, un caxcán que se había levantado en armas. Sucedió en Nochistlán, en el sur de lo que hoy es el estado de Zacatecas.

Tras unos días de agonía, murió el 4 de julio de 1541. Su cuerpo fue enterrado primero en la iglesia de Tripetio (Michoacán), y trasladado cuarenta años después por su hija, Leonor Alvarado Xicotencatl, a Santiago de Guatemala (hoy Antigua Guatemala), junto al de su mujer Doña Beatriz de la Cueva –llamada la sinventura, no sin motivo: enviudó menos de un año después de suceder a su hermana como mujer de Alvarado, y luego sobrevivió a su marido sólo otro año–; la última morada de Alvarado está en una cripta de la catedral de la Antigua Guatemala.
Su fama fue en vida la de uno de los más grandes conquistadores.