Monday, July 11, 2011 8:53:06 PM
Nuestra Comida
Nuestros Invitados
Nuestro atuendo perfecto
Nuestro enlace perfecto
Nuestro HOGAR....
Thursday, May 19, 2011 2:18:04 AM
Alita era una mamá gallina de
las de verdad, siempre preocupada
por sus pollitos. La pobre tenía tanto
miedo a perderlos que los contaba todo
el rato, los volvía a contar y les repetía
cacareando sin parar:
-Quedense cerca de mí, cariños míos,
no se alejen y, sobre todo, tengan
cuidado con el gato.
Pero aquella mañana el gato rondaba
muy cerca del gallinero y un pollito
había desaparecido...Alita andaba
como loca, agitando las alas con gran
estruendo. Con el pico abierto y los ojos
desorbitados gritaba hasta desgañitarse:
-¡El gato se ha llevado a mi pequeño!
¡El gato se lo ha llevado!
En un momento se formó un alboroto
de padre y muy señor mío. En el corral,
los animales corrían en todas direcciones,
repitiendo con espanto:
-¡El gato se lo ha comido! ¡El gato
se ha zampado al pollito! De repente
vieron al pobre felino agachado detrás del
gallinero y se lanzaron a toda velocidad
tras él, que salió corriendo soltando
gritos, con el pelo totalmente erizado,
y saltó la valla.
Lejos del lío que había provocado sin
darse cuenta, un pollito muy pequeño
se aventuraba en el jardín dejando caer
granos de trigo por el camino. A su
alrededor, la naturaleza parecía hablar
suavemente y susurrable:
-Por aquí, Luciano, por aquí, pollito
mío. -Y los pajaritos que le seguían
repetían:
-¡Gracias, pollito, gracias, Luciano!
-De nada-contestaba Luciano sin
hacer caso. Pero después de quedarse
un instante pensativo respondió:
-¿Gracias, por qué?
-¡Pues por todo! -exclamó el gorrión
Hugo-. ¿No es una suerte poder
compartir los granos de trigo con
los amigos?
-¡Oh, no!¡Mis granos!-gimió
Luciano-. ¿Y ahora cómo voy a volver
a casa?
-Venga, hombresillo, no te preocupes.
Ya la encontraremos. Anda, no le des
más vuelta y sigue con el trigo.
El gorrioncillo le hablaba con una voz
tan cariñosa que Luciano se tranquilizó
y se puso de nuevo en marcha. Y la fila
siguió avanzando: primero Luciano,
que dejaba caer el grano, luego los
pájaros, que lo picoteaban. Y cuando se
acabó el trigo, Javo y sus compinches
se fueron volando sin decir ni adiós.
-¡Esperenme, esperenme!-gritó
Luciano, a quien le hubiese gustado
marcharse volando con ellos.-¡Bah!, ya
encontraré otros amigos -dijo al ver una
lombriz que se arrastraba por a tierra.
Pero Luis no tenía ninguna gana de
ser su amigo. Su familia siempre había
tenido pánico a los bichos con plumas,
aunque fueran pequeños. Y antes de
que Luciano pudiera dirigirle la palabra
ya había desaparecido.
Luciano siguió avanzando por el jardín
y tarareando con valentía <<Tralará larito>>,
pero como no encontró a nadie por el
camino, al cabo de cierto tiempo pensó
que se había perdido y se puso a llorar
con mucha pena.
-¿Por qué lloras?- le preguntó Janu,
un poco intrigada por aquella enorme
abeja sin rayas.
-Quiero volver a mi casa -dijo
mientras sollozaba y miraba a la abeja
a través de sus ojitos brillantes.
-No llores más -le dijo amablemente
Janu-. No estás perdido: yo vivo justo
ahí enfrente.
Lo tomó de la mano y le hizo entrar
en su casita mientras los gorriones, que
habían vuelto al jardín cantaban con
tono burlón:
Pobre pollito parlanchín
¡qué tristeza en su mirada!
Ya no tararea ni salta
mientras va por el jardín.
Janu, que ya no sabía qué hacer para
consolarlo, le buscó un jersey a rayas.
-Así -le dijo- parecerás una abejita
de verdad.
Pero el pollito, vestido con el jersey,
que le venía estrecho, se quedó en un
rincón sin moverse. Janu sintió pena
cuando por fin se dio cuenta de lo que
le pasaba: echaba mucho de menos
a su madre y necesitaba estar a su lado.
Así que decidió acompañarlo a casa,
al gallinero.
Para el pollito, el viaje de regreso
fue un maravilloso paseo por el jardín,
lleno de alegres canciones y compañeros
que revoloteaban.
Tralará larito, tralará larito...
Thursday, May 12, 2011 2:28:13 AM
Encima de él, descansando en sus brazos después de hacer el amor,vi dentro de sus ojos la misma mirada enigmática y con un toque de nostalgia que me electrizó en el hospital. Desde ese momento entramos en un lento y jugoso juego de seducción, con improvisadas citas a comer cerca de su trabajo, paseos en la tarde por la ciudad, hasta la noche en que cenamos como preludio de una velada de sexo. Nadie en mi vida tuvo más protagonismo que él estas semanas. Fue el antídoto perfecto contra "Él", cuando me desmenuzaba los sesos para no caer en una relación, y entonces rechacé una tentadora invitación mientras seguia inaccesible a mi Ciclista viñamarino.
He caído cautivamente ante el hombre del hospital: Javier, un regio doctor de cirugía cardiaca, que reparte su tiempo entre cirugías y salidas al aire libre; con una vida pausada, llena de recogimiento, muy diferente a mi jornada y a mis incesante y vacías búsquedas. Por eso no me alarmé y seguí adelante. Pensé que el sello de la lentitud y cierto freno que imprimió en nuestra relación era solo el reflejo de su personalidad exploradora, lo cual me pareció aun más excitante.
Hicimos el amor de igual forma, sin prisas, descubriéndonos poco a poco. Jugamos con los preámbulos que se nos negaron la primera vez que nos vimos en el hospital, y los besos fueron creando una capa de saliva y sudor que recubrió nuestros cuerpos. Agradecía la manera en que su mano se deslizó hacia mi sexo, acariciandolo lentamente con movimientos suaves, recorriéndolo de principio a fin y serpenteando con sus dedos mis cavidades, dándome el tiempo necesario para contener el placer. Fue en ese momento cuando abrí los ojos y confirmé que tras esa electrizante mirada quedaban cosas por descifrar. Cogí su cara, le di un largo beso y le hice el amor con ganas de absorber todo su ser, no solo su cuerpo; quería llegar al fondo de su alma y desvelar todos sus misterios. Deseaba regalarle el placer infinito, el mismo que me provocaba él, y así, intuyendo que entraba en un terreno peligroso, nos fundimos juntos en el orgasmo.
Ahora entiendo que ese deje de malancolía no era gratuito; era una herida reciente, según me explicó él esa noche: todavía tiene el corazón roto por su ex mujer, que lo dejó hace 3 meses sin mucha explicación y se fue con su mejor amigo a Europa. No me asustó tanto que ella se huebiera ido hace tan poco, como la forma en que él me hablo de ella.
Así le conté a Rodrigo, al día siguiente, en una cafetería donde me escuchó atento tras sus gafas.
-Desaparece ahora que estás a tiempo.-sentenció Rodrigo, con la sinceridad que lo caracteriza y el cariño que me tiene y que:<<no quiere verme sufrir por nada del mundo>>.
-Es que no sabes lo que me provoca- le dije.
-¡Pero si apenas lo conoces solo desde hace unas semanas!. Siempre se desea más a esa persona que se nos escapa un poco-.
-Hace mucho tiempo que no sentia algo así por alguien-le expliqué con tristeza.
-Pero ya se va- dijó Rodrigo
<<En ese instante llega Javier con su traje azul, me abraza de sorpresa y me dice al oido; "Te voy a extrañar, dime que me quede y lo hare"...>>
Wednesday, May 11, 2011 3:02:29 PM
En el momento y lugar indicado nos conocimos.
Perfectos detalles.
Que tengas buen viaje.
Siempre tendremos internet para comunicarnos.
;D Lindo Javier Te extrañare mucho
Thursday, April 21, 2011 1:46:57 AM
Entrar en el mercado más conocido y concurrido a mi gusto, siempre es un paseo, una liberación, una sensación de alegría y de caos que me invade. Me divierte, me reconforta y me sorprende. Soy una gran asidua. Martes por la mañana, calor, ingreso por su pasillo central. Me recibe la habitual agitación y ese olor dulzón que me llena los sentidos. A pesar del buen ánimo y del ambiente festivo, nunca compro en los primeros puestos. En la entrada tuerzo a la derecha y me interno en la segunda calle para llegar siempre al mismo lugar. Más que por convencimiento, lo hago ya por inercia.
Lo atiende una mujer mayor, con varias orquillas en la cabeza que le separan el pelo y le estiran hacia atrás las arrugas, señales de cansancio. Nunca me saluda, ni siquiera me reconoce, aunque hace más de 6 años que la frecuento. Eso no me importa mucho, porque me atiende rápido y bien. Hay poca gente entre semana. Llego y pregunto quién es el último.
El último es un chico guapísimo. Está a mi lado. Debe de tener unos treinta y algo. Es alto. Tiene pelo castaño oscuro, lo lleva largo y unas gotas de agua se descuelgan de las puntas. Lleva un bronceado discreto y tiene un bonito perfil. Viste de manera informal, con una camiseta blanca y unos pantalones de lino arrugados, como de quien quiere ir cómodo por la vida. Deduzco que trabaja Part-time.
Miro sus manos; son grandes. Fentaseo con ellas descubriendo mi cuerpo, mitigando mis miedos y buscando mi placer. Miro a mi alrededor. Somos todas mujeres y todas nos fijamos en él. La mujer de adelante suyo, una mojigata, con camisa de flores discretas y hasta el último botón cerrado, se vuelve un par de veces a mirarlo, con ese descaro que le permite la autoridad de los años. Me imagino que piensa que se parece a su sobrino preferido o que haría buena pareja con la hija de la amiga recién divorciada. Lleva el monedero en la mano y juega con él mientras fantasea igual que yo.
A su lado y un poco por detrás de él, hay otra mujer, de esas de edad intermedia. D e esas que no saben si asumir que son mayores o seguir estirando la juventud. Se ve que antes fue liberal; aún quedan huellas en su corte de pelo y en su ropa. Solo lo mira un par de veces, de reojo. No tiene gesto muy amable en su cara, como si no quisiera acordarse de un par de noches, que ahora jamás confesaría, en las que perdió la cara de malhumorada y algo más, por un chico así de guapo.
Vuelvo a mirarlo e imagino que tiene una vida tranquila.
Que compra y, una vez en casa, cocina para sí mismo mientras escucha buena música. Miles Davis, quizás.
No lleva reloj, ni pulseras, ni anillos. Su casa debe de ser así de minimalista. Me gusta la gente simple, que no se complica la vida. Cuando llega su turno lo hace más bien sin prisa, disfrutando del momento. Por eso creo que trabaja part-time y no está cesante. No sufre con la angustia del tiempo.
Tiene una voz suave y me sorprende el trato de la vendedora con él. Le sonríe y le dice <<mijo>>, y a mí cuando me atiende apenas me mira. Pienso que debe de ser un gran cocinero; nada me seduce más que un hombre que cocine bien. Me imagino que hacer el amor con él debe de ser un dulce placer, una de esas experiencias húmedas y orgásmicas. Un gran amante, atento y seductor, preocupado por la satisfacción en su conjunto, y no solo del goce personal. Sus besos deben de saber a frutos de la pasión y su piel huele a canela.
Retrocedo un poco y le miro el cuello. Por su camiseta asoman las puntas de un tatuaje; será acaso el vestigio de algún largo viaje cargado de historias. De prontose vuelve y me dice <<permiso>>. Le sonrío coquetamente. Me reflejo dentro de sus grandes ojos negros. Él también me sonríe. Lo dejo pasar. Es mi turno. En efecto, la mujer que me atiende ni me ve. He olvidado qué venía a buscar. Seguro que llegaré a casa con menos de la mitad de la compra. Qué más da; hay cosas más importantes en la vida.
Monday, April 18, 2011 9:32:37 PM
Los duendecillos, como todo el
mundo sabe, splían vivir en los
bosques. Algunas veces, hasta no hace
mucho, incluso se dejaban ver por los
jardines. Pero eran muy pocos los que,
como Luciano, vivían en un jardín.
Luciano era pequeño como
un pulgar y vivía en una encantadora
casita con forma de seta.A Luciano le gustaba mucho
dormir la siesta, pero de vez en cuando
abría un ojo para vigilar las fresas
que crecían bajo su ventana. Al
duendecillo le encantaban las fresas.
Pero Luciano no tenía nada
que temer de sus vecinos. Todo
lo contrario.
Estaban orgullosos de vivir
con un duendecillo en el jardín
y lo mimaban mucho.Abeja Sol, siempre tan
ahorrativa, a menudo le llevaba
tarros de miel de regalo y Abejorro
Modorro nunca se presentaba con
las manos vacías. Como ven, todos los
insectos de los alrededores adoraban
al hombrecillo bonachón de la barba
blanca y todos presumían de ser su
mejor amigo.Hasta que un día, un treiste día,
un rumor circuló entre zumbidos por
todo el jardín: en realidad Luciano
no era más que un enano de jardín,
un vulgar enano como cualquier
otro de esos qque abundan por
los alrededores. ¿A qué venía tanto
alboroto? ¿Acaso no se parecen mucho
los duendes y los enanos de jardín?No se engañen: el asunto
era delicado, ya que los enanos,
a diferencia de los duendecillos,
tenían muy mala fama. Se solía decir,
sin motivo alguno, que eran ladrones,
mentirosos y cosas peores aún.Ya hacía tres días que Luciano,
que no sabía nada del rumor,
no recibía visitas de sus vecinos.
Un poco inquieto, decidió acercarse
a casa de Abeja Sol, que era
la que vivía más cerca.
-¡Sol! ¿Estas ahí? ¡Ábreme!
-gritó mientras llamaba a la puerta.
¿Es que te has olvidado de tus amigos?
Ya hace tres días que espero tu tarrito
de miel. De repente, un torbellino de
reproches y nervios abrió la puerta
y gritó con fuerza:
-¡Largo de aquí! ¡Fuera! No hay
miel para enanos ladrones.
-¡Pero si soy un duendecillo!
-respondió con indignación
Luciano.
Demasiado tarde. La puerta
ya se había cerrado. Y eso no fue
todo: Abejorro Modorro y Hugo
Mariposa le dieron el mismo
recibimiento.Desde entonces, nadie quiso
hablar con él, ni siquiera para
darle simplemente los buenos días.
Y eso que Luciano era un verdadero
duendecillo, y lo puedo asegurar.
La prueba es que dejó su casa para irse
a vivir al bosque, y eso nunca lo haría
un enano de jardín. Vagó mucho tiempo por
los bosques, hasta que encontró
un tronco de árbol en el que
se refugió. Un zorro hambriento
pasó por allí y empezó a olisquear
alrededor del árbol.
-¡Mmm, qué delicioso olor
a duendecillo!-dijo metiendo
el hocico por el agujero por
donde había pasado Luciano.Entonces dijo una voz temblorosa:
-No soy un duendecillo, soy
un enano de jardí. Tengo un sabor
terrible y si me comes te daré dolor
de barriga.
Y dichoesto, Luciano se tiró
un pedo muy oloroso.
-¡Puaj! ¡Qué asco!-exclamó
el zorro tapándose la nariz y, sin
decir más, se alejó.Entre tanto, llegó a oídos
de los habitantes del jardín
un rumor que decía exactamente
lo contrario que el anterior:
que Luciano, como ustedes ya
saben, era un auténtico duendecillo.
Ahora todos, empezando por Sol,
querían ir a pedirle disculpas. Pero
el duende ya no estaba en casa. Tras
buscarlo por todos lados, comprobaron
con tristeza que había desaparacido.A los tres días, Duendecillo
Luciano volvió a aparecer
por el jardín. Allí se vivía mejor
y, sobre todo, no había zorros...
sólo amigos arrepentidos que
lo esperaban con tarritos de miel
y otros exquisitos manjares.
Pequeñito...
Sunday, April 17, 2011 7:51:10 PM
Janu Libélula vivía sola en una
casita húmeda situada en medio
del estanque.No le gustaba que la
molestasen, por lo que no invitaba
nunca a nadie.Pero ello no le impedía
que,cada año, con la llegada del buen
tiempo, se acercaran a visitarla los
vecinos del jardín.Abeja Sol se acercaba a recoger
néctar de los botones de oro y Abejorro
Modorro aprovechaba para refrescarse
las alas.Escarabajo Javo, por su
parte,se dedicaba a pintar nenúfares.
Y mientras permanecían allí, Janu no
paraba de ir de uno a otro para advertir
que no tocaran las flores, que no
entraran en casa con las pastas mojadas,
que si patatín, que si patatán...hasta que
todo el mundo estaba de vuelta en casa.Pero un día, alguien se acercó
a grandes saltos a casa de Janu.
Era Teban Betracio.Claro que Teban no sólo sabía
brincar.También tenía gran talento
para cantar.Y eso,o más bien croar,
fue lo que hizo ruidosamente desde
aquella noche para prodigar su amor,
pues estaba enamorado.La primera
en saberlo fue Janu, que no podía ni
dormir.<<Lo tengo metido aquí dentro>>
-pensaba-,<<que se vaya con el
escandalo a otra parte.>>¡Croac! ¡Croac! fue lo único que supo
contestar cuando Janu le pidió que
hiciera menos ruido.
Pero como era el doble de grande
que la libélula y en ocasiones le gustaba
engullir insectos, Janu no insistió por
miedo a acabar en la panza de la rana.Por fin,un día, fuera de croar,
Teban encontró lo que buscaba: una
esposa.Como comprenderán,Janu
rechazó la invitación para asistir a la
boda, que se celebraba en el fondo del estanque.Así que se casaron y tuvieron muchos
renacuajos.Los días fueron pasando
felizmente para Janu, que ya no sufría
los cantos de Teban, demasiado
ocupado alimentando a la prole.Pero la felicidad no duró mucho,
ya que,con el tiempo, los renacuajos
crecieron.Una mañana una ranita sacó
la cabeza del aguajunto a la casa de
Janu, después dos, depués tres y
finalmente todo un ejército de pequeñas
ranas,que empezaron a botar y hacer
cabriolas de todo tipo.-¡Fuera! ¡Largo de aquí!,vayanse,
renacuajos-gritó furiosa.Trató de
asustarlos escoba en mano, pero no dio
mucho resultado.Al final se refugió en casa y cerró los
postigos y la puerta con llave.Pero para
se desgracia,los días siguientes fueron
idénticos, llenos de estruendo.No le
quedó otro remedio que esperaar a que
las ranitas crecieran.Cuando crecieron, el concierto
de <<croacs>> fue tal que invadió todos
los rincones del estanque.Volvieron
a celebrarse muchas bodas y, de nuevo,
una multitud de renacuajos cubrió el
agua. Otra vez la misma canción. La
pobre Janu, antes de partir, vendió
la casa a las ranitas, que se instalaron en
ella como pudieron con sus numerosos
hijos y más que numerosos nietos. Finalmente Janu encontró otra
charca llena de nenúfares. Aunque,
en realidad, vivir sola no la complacía.
Quizá hasta echaba de menos a los
revoltosos renacuajos. Y quizá por eso,
el día que vio llegar a unaranita verde
entonó feliz varios <<croacs>> y le dio
la bienvenida.
Thursday, April 14, 2011 1:52:00 AM
Es increible cuando nos reencontramos con personas que dejamos de ver por mil y una cosa, l@s ves y se viene a la mente momentos, lugares, conversaciones que movieron montañas y nos hicieron cambiar.....Hace unas semanas me reencontre con unos amigos y la sensación fue como si el tiempo no hubiera pasado, como si aun siguieramos llendo a los bares llevando los tambores, platillos, guitarras, microfonos y las ganas de que saliera exelente el show, y me di cuenta que siempre extrañe esos tiempos y por alguna razon quedaron en algun rincón de mi cabeza. Por otro lado, hoy recordaba cuando me despertaba y veia un rostro, cuando tenia frío en mis pies y otros me los calentaban, cada vez que me despertaba era un msj de Buenos Días y Animo, preparar desayuno y tomar en la cama
..., momentos lindos que no me dejan sentir pena, ahora es entretenido para mi recordar esas cosas. Esto le comente al Doctor hoy.
Ultra preparada confiada y tranquila