Segundo
Thursday, May 12, 2011 2:28:13 AM
Encima de él, descansando en sus brazos después de hacer el amor,vi dentro de sus ojos la misma mirada enigmática y con un toque de nostalgia que me electrizó en el hospital. Desde ese momento entramos en un lento y jugoso juego de seducción, con improvisadas citas a comer cerca de su trabajo, paseos en la tarde por la ciudad, hasta la noche en que cenamos como preludio de una velada de sexo. Nadie en mi vida tuvo más protagonismo que él estas semanas. Fue el antídoto perfecto contra "Él", cuando me desmenuzaba los sesos para no caer en una relación, y entonces rechacé una tentadora invitación mientras seguia inaccesible a mi Ciclista viñamarino.
He caído cautivamente ante el hombre del hospital: Javier, un regio doctor de cirugía cardiaca, que reparte su tiempo entre cirugías y salidas al aire libre; con una vida pausada, llena de recogimiento, muy diferente a mi jornada y a mis incesante y vacías búsquedas. Por eso no me alarmé y seguí adelante. Pensé que el sello de la lentitud y cierto freno que imprimió en nuestra relación era solo el reflejo de su personalidad exploradora, lo cual me pareció aun más excitante.
Hicimos el amor de igual forma, sin prisas, descubriéndonos poco a poco. Jugamos con los preámbulos que se nos negaron la primera vez que nos vimos en el hospital, y los besos fueron creando una capa de saliva y sudor que recubrió nuestros cuerpos. Agradecía la manera en que su mano se deslizó hacia mi sexo, acariciandolo lentamente con movimientos suaves, recorriéndolo de principio a fin y serpenteando con sus dedos mis cavidades, dándome el tiempo necesario para contener el placer. Fue en ese momento cuando abrí los ojos y confirmé que tras esa electrizante mirada quedaban cosas por descifrar. Cogí su cara, le di un largo beso y le hice el amor con ganas de absorber todo su ser, no solo su cuerpo; quería llegar al fondo de su alma y desvelar todos sus misterios. Deseaba regalarle el placer infinito, el mismo que me provocaba él, y así, intuyendo que entraba en un terreno peligroso, nos fundimos juntos en el orgasmo.
Ahora entiendo que ese deje de malancolía no era gratuito; era una herida reciente, según me explicó él esa noche: todavía tiene el corazón roto por su ex mujer, que lo dejó hace 3 meses sin mucha explicación y se fue con su mejor amigo a Europa. No me asustó tanto que ella se huebiera ido hace tan poco, como la forma en que él me hablo de ella.
Así le conté a Rodrigo, al día siguiente, en una cafetería donde me escuchó atento tras sus gafas.
-Desaparece ahora que estás a tiempo.-sentenció Rodrigo, con la sinceridad que lo caracteriza y el cariño que me tiene y que:<<no quiere verme sufrir por nada del mundo>>.
-Es que no sabes lo que me provoca- le dije.
-¡Pero si apenas lo conoces solo desde hace unas semanas!. Siempre se desea más a esa persona que se nos escapa un poco-.
-Hace mucho tiempo que no sentia algo así por alguien-le expliqué con tristeza.
-Pero ya se va- dijó Rodrigo
<<En ese instante llega Javier con su traje azul, me abraza de sorpresa y me dice al oido; "Te voy a extrañar, dime que me quede y lo hare"...>>
He caído cautivamente ante el hombre del hospital: Javier, un regio doctor de cirugía cardiaca, que reparte su tiempo entre cirugías y salidas al aire libre; con una vida pausada, llena de recogimiento, muy diferente a mi jornada y a mis incesante y vacías búsquedas. Por eso no me alarmé y seguí adelante. Pensé que el sello de la lentitud y cierto freno que imprimió en nuestra relación era solo el reflejo de su personalidad exploradora, lo cual me pareció aun más excitante.
Hicimos el amor de igual forma, sin prisas, descubriéndonos poco a poco. Jugamos con los preámbulos que se nos negaron la primera vez que nos vimos en el hospital, y los besos fueron creando una capa de saliva y sudor que recubrió nuestros cuerpos. Agradecía la manera en que su mano se deslizó hacia mi sexo, acariciandolo lentamente con movimientos suaves, recorriéndolo de principio a fin y serpenteando con sus dedos mis cavidades, dándome el tiempo necesario para contener el placer. Fue en ese momento cuando abrí los ojos y confirmé que tras esa electrizante mirada quedaban cosas por descifrar. Cogí su cara, le di un largo beso y le hice el amor con ganas de absorber todo su ser, no solo su cuerpo; quería llegar al fondo de su alma y desvelar todos sus misterios. Deseaba regalarle el placer infinito, el mismo que me provocaba él, y así, intuyendo que entraba en un terreno peligroso, nos fundimos juntos en el orgasmo.
Ahora entiendo que ese deje de malancolía no era gratuito; era una herida reciente, según me explicó él esa noche: todavía tiene el corazón roto por su ex mujer, que lo dejó hace 3 meses sin mucha explicación y se fue con su mejor amigo a Europa. No me asustó tanto que ella se huebiera ido hace tan poco, como la forma en que él me hablo de ella.
Así le conté a Rodrigo, al día siguiente, en una cafetería donde me escuchó atento tras sus gafas.
-Desaparece ahora que estás a tiempo.-sentenció Rodrigo, con la sinceridad que lo caracteriza y el cariño que me tiene y que:<<no quiere verme sufrir por nada del mundo>>.
-Es que no sabes lo que me provoca- le dije.
-¡Pero si apenas lo conoces solo desde hace unas semanas!. Siempre se desea más a esa persona que se nos escapa un poco-.
-Hace mucho tiempo que no sentia algo así por alguien-le expliqué con tristeza.
-Pero ya se va- dijó Rodrigo
<<En ese instante llega Javier con su traje azul, me abraza de sorpresa y me dice al oido; "Te voy a extrañar, dime que me quede y lo hare"...>>













