Sutura---->

comenzamos una nueva historia ....

Luciano Duendecillo

Los duendecillos, como todo el
mundo sabe, splían vivir en los
bosques. Algunas veces, hasta no hace
mucho, incluso se dejaban ver por los
jardines. Pero eran muy pocos los que,
como Luciano, vivían en un jardín.
Luciano era pequeño como
un pulgar y vivía en una encantadora
casita con forma de seta.

A Luciano le gustaba mucho
dormir la siesta, pero de vez en cuando
abría un ojo para vigilar las fresas
que crecían bajo su ventana. Al
duendecillo le encantaban las fresas.
Pero Luciano no tenía nada
que temer de sus vecinos. Todo
lo contrario.
Estaban orgullosos de vivir
con un duendecillo en el jardín
y lo mimaban mucho.

Abeja Sol, siempre tan
ahorrativa, a menudo le llevaba
tarros de miel de regalo y Abejorro
Modorro nunca se presentaba con
las manos vacías. Como ven, todos los
insectos de los alrededores adoraban
al hombrecillo bonachón de la barba
blanca y todos presumían de ser su
mejor amigo.

Hasta que un día, un treiste día,
un rumor circuló entre zumbidos por
todo el jardín: en realidad Luciano
no era más que un enano de jardín,
un vulgar enano como cualquier
otro de esos qque abundan por
los alrededores. ¿A qué venía tanto
alboroto? ¿Acaso no se parecen mucho
los duendes y los enanos de jardín?

No se engañen: el asunto
era delicado, ya que los enanos,
a diferencia de los duendecillos,
tenían muy mala fama. Se solía decir,
sin motivo alguno, que eran ladrones,
mentirosos y cosas peores aún.

Ya hacía tres días que Luciano,
que no sabía nada del rumor,
no recibía visitas de sus vecinos.
Un poco inquieto, decidió acercarse
a casa de Abeja Sol, que era
la que vivía más cerca.
-¡Sol! ¿Estas ahí? ¡Ábreme!
-gritó mientras llamaba a la puerta.
¿Es que te has olvidado de tus amigos?
Ya hace tres días que espero tu tarrito
de miel.

De repente, un torbellino de
reproches y nervios abrió la puerta
y gritó con fuerza:
-¡Largo de aquí! ¡Fuera! No hay
miel para enanos ladrones.
-¡Pero si soy un duendecillo!
-respondió con indignación
Luciano.
Demasiado tarde. La puerta
ya se había cerrado. Y eso no fue
todo: Abejorro Modorro y Hugo
Mariposa le dieron el mismo
recibimiento.

Desde entonces, nadie quiso
hablar con él, ni siquiera para
darle simplemente los buenos días.
Y eso que Luciano era un verdadero
duendecillo, y lo puedo asegurar.
La prueba es que dejó su casa para irse
a vivir al bosque, y eso nunca lo haría
un enano de jardín.

Vagó mucho tiempo por
los bosques, hasta que encontró
un tronco de árbol en el que
se refugió. Un zorro hambriento
pasó por allí y empezó a olisquear
alrededor del árbol.
-¡Mmm, qué delicioso olor
a duendecillo!-dijo metiendo
el hocico por el agujero por
donde había pasado Luciano.

Entonces dijo una voz temblorosa:
-No soy un duendecillo, soy
un enano de jardí. Tengo un sabor
terrible y si me comes te daré dolor
de barriga.
Y dichoesto, Luciano se tiró
un pedo muy oloroso.
-¡Puaj! ¡Qué asco!-exclamó
el zorro tapándose la nariz y, sin
decir más, se alejó.

Entre tanto, llegó a oídos
de los habitantes del jardín
un rumor que decía exactamente
lo contrario que el anterior:
que Luciano, como ustedes ya
saben, era un auténtico duendecillo.
Ahora todos, empezando por Sol,
querían ir a pedirle disculpas. Pero
el duende ya no estaba en casa. Tras
buscarlo por todos lados, comprobaron
con tristeza que había desaparacido.

A los tres días, Duendecillo
Luciano volvió a aparecer
por el jardín. Allí se vivía mejor
y, sobre todo, no había zorros...
sólo amigos arrepentidos que
lo esperaban con tarritos de miel
y otros exquisitos manjares.



Pequeñito...


Janu LibélulaUna mirada

Comments

JandraJanushi Tuesday, April 19, 2011 4:13:02 AM

enero wink

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