¿Nena?
Saturday, 17. January 2009, 17:18:53
La primera vez que Marcelo vió a KS fue en la cancha de volleyball de la universidad. Algún tipo con el que estaban conversando Marcelo y Jaime (en realidad un conocido de Jaime) fue el que los hizo mirar en dirección a la cancha tras emitir un “esa vieja está buenísima”, que, como era de esperarse, obtuvo inmediata atención. A la distancia se veía rubia, estatura promedio, y un culo y unas piernas impresionantes: en efecto, estaba buenísima. Y Jaime que dice: “ah, sí, se llama KS, me tocó con ella en uno de los grupos de clase, es buena gente además”, y Marcelo que siente que nunca ha tenido esa suerte, y que ella está lejos de su alcance. El tipo se tiene que ir a clase y Jaime y Marcelo, que tampoco tienen más que hacer, se acercan a la cancha. La conversación surge espontánea, y Marcelo se da cuenta de que además KS tiene los ojos de un azul perfecto, y una risa que lo seduce, una risa que él provoca fácilmente en ella, y le gusta. Le gusta mucho. Y la suerte le sonríe esta vez, ya que una de las compañeras de grupo de Marcelo es a su vez amiga de KS, y siente como si todas las cosas apuntaran en la dirección que él quiere, por lo cual las conversaciones con KS se vuelven cada vez más frecuentes, y las llamadas telefónicas también, y KS vive muy cerca de la universidad pero Marcelo la lleva igual en el carro.
-¿Cuándo me invitas a una cerveza?
-Apenas salgamos de clase podemos ir, si quieres- Dice Marcelo, nerviosamente pero disimulando a la perfección.
-Me encantaría- contesta KS
Van a cualquier tienda y toman su primera cerveza, sentados en un andén cualquiera en ese día levemente soleado, y caen en cuenta de que se gustan, pero ninguno se atreve a decirlo, ni siquiera a sugerirlo. Así transcurren los días, sin que ninguno tome la iniciativa, hasta el momento glorioso para Marcelo cuando casualmente menciona esa canción que dice quiero ser el único que te muerda la boca y KS muestra toda su sonrisa al encontrarse con una de sus canciones favoritas, y Marcelo, en un momento de rarísima inspiración le dice, esta vez sin cantarlo “quiero ser el único que te muerda la boca” en el momento exacto, con el tono exacto para acercarse un poco a la felicidad. Y el beso no se hace esperar, ese beso adolescente de hormonas y deseo, de amor jovencísimo.
El día en que las gotas de agua caían del cielo casi con furia, en un ataque que contaba con millones y millones de kamikazes líquidos que interrumpieron el partido en sus minutos finales debido a las pésimas condiciones en que había quedado la cancha, KS, viendo a Marcelo empapado y sin ropa para cambiarse, lo invitó a su casa, que a esa hora del día se encontraba vacía, para secarse. Ya en la habitación de ella, con un Marcelo solamente en calzoncillos y mientras la lluvia se reventaba suicida contra las ventanas, el piso, las tejas de esa Bogotá helada, los besos fueron calentando cada cuerpo, cada rincón de la habitación y de la casa; mientras Marcelo desnudaba lentamente a KS la observaba cerrar los ojos de placer, miraba su cuello tan blanco, descubrió los pezones color rosa pálido que ya conocía tan bien, los senos que encajaban perfectamente en su mano, besó suave pero de alguna manera torpemente su abdomen plano, su ombligo no tan profundo, en un gesto inesperado mordió sus labios en el mismo momento en el que ella le quitaba los calzoncillos y sentía su pene absolutamente erecto y él la sentía tan húmeda; ella comenzó a masturbarlo lentamente, con cuidado, y después lo montó: por fin había llegado el momento que habían esperado, ese momento sublime en el que ella descendía lentísimamente sobre él y ambos sentían cómo el amor los invadía, cómo se encarnaba en ellos en ese día tan lluvioso y frío pero que disfrutaban al máximo, hasta que alguien golpeó en la puerta de la habitación.
-¿Nena?
-Mierda!! -Susurró KS- Mi papá!!
-Re- mierda!!! –balbuceó Marcelo que sorprendentemente ya estaba con los pantalones puestos y media camisa abotonada, todo un récord mundial- ¿qué hacemos?-
-No tengo ni puta idea… no sé por qué está aquí a esta hora…
-Parece que está sonando el televisor de su habitación… ¿nos estará esperando?
-Pues eso parece… mierda, mierda, mierda!!!!
-Puta vida… vistámonos al menos- Marcelo tenía el corazón más rápido que nunca antes
-Esperemos un rato a ver si se va
-Pues sí, ojalá
Transcurrieron 15 minutos, y seguían encerrados en la habitación. El hombre no volvió a tocar la puerta, pero sonaba todavía el televisor
-Maldita sea, ¿qué hacemos?
-Pues creo que no tenemos escapatoria, tendremos que salir de acá algún día. ¿Estás listo?
-Sí- mintió Marcelo
-Eso te pasa por meterte con la consentida de la casa- intentó bromear KS
-Lo tendré en cuenta- intentó reir Marcelo
-¿Pá?
Silencio.
- ¿Pá?
Televisión.
KS se asoma a la habitación y no encuentra a nadie, solamente el TV encendido.
Parece que se fue hace rato…
-¿Cuándo me invitas a una cerveza?
-Apenas salgamos de clase podemos ir, si quieres- Dice Marcelo, nerviosamente pero disimulando a la perfección.
-Me encantaría- contesta KS
Van a cualquier tienda y toman su primera cerveza, sentados en un andén cualquiera en ese día levemente soleado, y caen en cuenta de que se gustan, pero ninguno se atreve a decirlo, ni siquiera a sugerirlo. Así transcurren los días, sin que ninguno tome la iniciativa, hasta el momento glorioso para Marcelo cuando casualmente menciona esa canción que dice quiero ser el único que te muerda la boca y KS muestra toda su sonrisa al encontrarse con una de sus canciones favoritas, y Marcelo, en un momento de rarísima inspiración le dice, esta vez sin cantarlo “quiero ser el único que te muerda la boca” en el momento exacto, con el tono exacto para acercarse un poco a la felicidad. Y el beso no se hace esperar, ese beso adolescente de hormonas y deseo, de amor jovencísimo.
El día en que las gotas de agua caían del cielo casi con furia, en un ataque que contaba con millones y millones de kamikazes líquidos que interrumpieron el partido en sus minutos finales debido a las pésimas condiciones en que había quedado la cancha, KS, viendo a Marcelo empapado y sin ropa para cambiarse, lo invitó a su casa, que a esa hora del día se encontraba vacía, para secarse. Ya en la habitación de ella, con un Marcelo solamente en calzoncillos y mientras la lluvia se reventaba suicida contra las ventanas, el piso, las tejas de esa Bogotá helada, los besos fueron calentando cada cuerpo, cada rincón de la habitación y de la casa; mientras Marcelo desnudaba lentamente a KS la observaba cerrar los ojos de placer, miraba su cuello tan blanco, descubrió los pezones color rosa pálido que ya conocía tan bien, los senos que encajaban perfectamente en su mano, besó suave pero de alguna manera torpemente su abdomen plano, su ombligo no tan profundo, en un gesto inesperado mordió sus labios en el mismo momento en el que ella le quitaba los calzoncillos y sentía su pene absolutamente erecto y él la sentía tan húmeda; ella comenzó a masturbarlo lentamente, con cuidado, y después lo montó: por fin había llegado el momento que habían esperado, ese momento sublime en el que ella descendía lentísimamente sobre él y ambos sentían cómo el amor los invadía, cómo se encarnaba en ellos en ese día tan lluvioso y frío pero que disfrutaban al máximo, hasta que alguien golpeó en la puerta de la habitación.
-¿Nena?
-Mierda!! -Susurró KS- Mi papá!!
-Re- mierda!!! –balbuceó Marcelo que sorprendentemente ya estaba con los pantalones puestos y media camisa abotonada, todo un récord mundial- ¿qué hacemos?-
-No tengo ni puta idea… no sé por qué está aquí a esta hora…
-Parece que está sonando el televisor de su habitación… ¿nos estará esperando?
-Pues eso parece… mierda, mierda, mierda!!!!
-Puta vida… vistámonos al menos- Marcelo tenía el corazón más rápido que nunca antes
-Esperemos un rato a ver si se va
-Pues sí, ojalá
Transcurrieron 15 minutos, y seguían encerrados en la habitación. El hombre no volvió a tocar la puerta, pero sonaba todavía el televisor
-Maldita sea, ¿qué hacemos?
-Pues creo que no tenemos escapatoria, tendremos que salir de acá algún día. ¿Estás listo?
-Sí- mintió Marcelo
-Eso te pasa por meterte con la consentida de la casa- intentó bromear KS
-Lo tendré en cuenta- intentó reir Marcelo
-¿Pá?
Silencio.
- ¿Pá?
Televisión.
KS se asoma a la habitación y no encuentra a nadie, solamente el TV encendido.
Parece que se fue hace rato…








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