Naranjas, ocres y amarillos.
Sunday, June 12, 2011 12:17:28 PM
cuento
Al salir disfrutó la ciudad como más le gustaba: en el momento exacto en que dejaba de llover y el sol aparecía casi pidiendo permiso, derramando su luz lo suficiente como para iluminar a los árboles agradecidos por el regalo líquido del cielo, la hierba brillante. Luego inhalaba profundo para poder abrazar el olor a lluvia y a pavimento mojado, el olor a ciudad, pero sobretodo el olor a infancia, a amigos y a tiempos un poco más fáciles, cuando ese vago malestar era la excepción y no la regla, un tiempo cuando la tristeza antes efímera no se había apoderado de cada uno de sus nervios, agarrada con garras y dientes para no desprenderse tal vez nunca. Ese olor y esa vista de la ciudad que todavía rezumaba agua daban tranquilidad para poder continuar en ese mecánico transcurrir de trabajo y obligaciones, era una especie de oasis, al igual que las tardes de domingo en que la ciudad se veía semi-desierta y tranquila, y al ver a esa giganta rezongando perezosa tratando de detener el tiempo para evitar la llegada del maldito lunes que todos odian, al verla coloreada de naranjas y ocres y amarillos que contrastan con un cielo ahora azul y púrpura y rojo, recordaba que pertenecía a la ciudad y la ciudad le pertenecía, y eso era suficiente para traer algo de paz al menos hasta el próximo domingo o la próxima lluvia.