¿Qué era eso, de todos modos?
Saturday, April 3, 2010 3:06:04 PM
cuento
Marcelo está sentado exactamente en la mitad del auditorio, cómodamente, escuchando palabras que a las 4 pm no significan nada, palabras que se pierden en el techo hermosamente cóncavo, rebotando para escaparse una por una, sin que pueda hacer nada para retenerlas. Rodeado de sus colegas, esperando que el tiempo no se siga dilatando, rodeado por las luces amarillas tan iguales a tantos auditorios, Marcelo, por primera vez en su vida, no sabía qué sentir. Muchas veces había estado sin saber qué pensar, muchísimas veces (quizá demasiadas) había estado sin saber qué hacer, otra veces no había sabido cómo actuar. Pero esta vez la sensación era totalmente diferente, estaba un poco desubicado, como fuera de foco, algo borroso que solamente él podía ver lo seguía, imitaba sus movimientos, hablaba por él. Cuando hubo un descanso para el café, Marcelo caminó silencioso por el suyo -solitario, ya que no conocía a nadie-; mientras lo bebía observaba de reojo a los demás asistentes: antes los hubiera calificado despectivamente, ahora los admiraba. Antes se hubiera largado de ahí bien temprano -si es que hubiera asistido-, ahora estaba tomando un café para poder resistir mejor el par de horas que faltaban. Antes. Ahora. ¿Qué era eso, de todos modos? El antes estaba muerto, así que ya no importaba. Sin embargo la sensación de que algo no estaba del todo bien se mantenía a pesar del café, a pesar del esfuerzo en tratar de poner atención en lo que se decía en esa tarde de llovizna tan liviana pero tan persistente como la duda en cómo sentirse. Era extraño no tener la tristeza tan pegada entre cada omoplato, era definitivamente raro no tener a la nostalgia babeando tontamente sobre su cara. Y entonces no había necesidad de salir corriendo al bar, no se exigía ese escape líquido de siempre, eso también era algo que no acababa de cuadrar bien en este nuevo esquema de las cosas. Ahora era sólo café, era una tranquilidad desconfiada que Marcelo no podía evitar, y que tal vez no quería evitar.
Salió del auditorio, y le pareció que el día apenas podía moverse de tan pesado que se veía. Una masa gris cubría la ciudad -tan parecida ahora a su ciudad natal-, mojándola poco a poco, sin querer disolverse, densa y terca y con ganas de quedarse un buen rato.