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Argentina - Mi blog

Dos veces en el mismo día

Subo al colectivo vacío al cual previamente habían subido una chica y un muchacho, yo era el tercero. Veo que saca el boleto la chica, justo, una moneda y toma el boleto, luego el muchacho, mete los noventa centavos justo y toma el boleto, me toca a mí, una moneda y cuando voy a buscar el vuelto, ¡sorpresa! Dos monedas de diez centavos, evidentemente una no era mía. La tomo y me acerco y cuando voy para el fondo, de pasada se la doy a la chica, me dice que no era de ella, luego se la doy al muchacho que estaba justo atrás de ella, me dice que no era de él, perfecto, me quede con los diez centavos. Por diez centavos no iba a ir a llevárselos al chofer, no valía la pena. Tampoco sabía que iba perder cinco del total ganado jajaja. Después los terminé regalando junto con un par de monedas más, algo que nunca hago, pero esta vez lo hice, pero eso no viene al caso. Así es que por la tarde subo a otro colectivo, una mujer de esas bien maleducadas que previamente se había colado en la fila, sube y saca el boleto de noventa, paga con cinco monedas, con lo justo, toma el boleto y se sienta, me toca a mí, saco el de noventa y vuelvo a pagar con un peso. Cuando voy a buscar el vuelto, encuentro tres monedas, veinticinco centavos, una era mía, y quince centavos eran de alguien que no era yo, enseguida me di cuenta que esos pertenecían a alguien que ya venía viajando sentado, seguramente el ultimo que había subido al colectivo, para no quedar como un verdadero chorro de quince centavos, lo primero que hago se los ofrezco como el vuelto que había “le quedado” a la desesperada que subió antes que yo, como cualquier lento pero desesperado por unos míseros quince centavos, primero dice que no con la cabeza, y al momento le cae la ficha y sonríe y dice “ah, sí”, se los deposito en la mano, y la chorra se queda pegada con los quinces centavos que en realidad pertenecían a otro que presupongo yo, iba sentado en le colectivo y si los dejó abandonado tampoco le importaban mucho, es así, para algunos quince centavos valen más que su propia honestidad.

Días de humoDelirando un poco con unas antenitas de unos auriculares que vi por ahí

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