Uno es palo, vientre de piedra
duro, escondido, recargado en la pared
esperando en las estepas, en los rios
para florecer, para entrar riendo,
para entrar llorando.
Dos trofeos junté en estas manos
en las palmas los besé, junté más.
(solo eso mostré, hasta ahí)
Tres de las caidas, juntas
en almibar para ablandar el dolor.
Frente al café y su blanco olor
derribo estos, derribo, y canto
y lloro, y muero, y rio; vivo.
Cuatro leguas o lenguas corté,
embestí las caras de olor cutre,
las palabras de gélidas miradas
y las letras de pútrido color.
cinco miradas, aveces cientas(ciertas),
son las más importantes
que llegan en mí, en mil.
(son pocas, solo las necesarias)
Seis.
Me jacté, presumí y canté, no,
no era necesario, solo un poco
solo lo mío. Y para qué, para caer
y no saber, para reir y no sonreir.
Siete de las letras en tu nombre
juntas para ti, para mi, para ellos.
Juntas para siempre, para aquellos
que sufran de dolor y no saberlo.
Ocho risas al alba, al sobervio
aire que ríe con sarcasmo, a las
rosas entregadas en los sobres,
en las raices del quinqué.
Nueve veces lágrimas en tu falda,
en tus zapatillas de jengibre,
ahi lloré, ahí te lo dije, solo,
con el aire, con el fuego.
Diez, no escribiré, no lo haré.
Aquí me quedaré, solo así lograré
algunas de las palabras.