El Arte puertorriqueño o Pintura de Puerto Rico
Tuesday, 2. October 2007, 03:10:01
Mis primeros recuerdos relacionados el arte de mi Isla, cuando aún era un niño se limitaban a
Francisco Oller y su cuadro El Velorio. Era lo básico; lo aprendido en la escuela obviamente, después
de memorizar y entonar la Tierruca, de Virgilo Dávila.
Supongo que para esa época ya Rafael Tufiño, Lorenzo Homar y el resto del grupo de pintores de la generación del 50 habían re-escrito la historia del arte en Puerto Rico importando ideas e influencias nuevas dentro del ambiente de las artes plásticas.
Eran tiempos de dádivas y de zapatos a medio peso, tiempos de dejar a un lado la tierra y correr a las factorías, eran tiempos de progreso y de nueva vida. Tal vez esto no dejaba mucho espacio para pensar en pintores, ni mucho menos en una vuelta al pasado en busca de re-encuentros con nuestras más profundas raíces culturales.
Pasó mi infancia inmersa en la vorágine de los años 60, pasó el arte pop y toda una cultura de guerra para encontrarme ya adolescente en el estudio del pintor Angel Botello, en la calle Sol del Viejo San Juan, contemplando una de sus obras a medio hacer. Me llevó el destino allí a otros menesteres no menos ajenos al arte, tal vez por ello el momento no fue ajeno a la confabulación orquestada por los santos de palo allí presentes, algunos lienzos haitianos, el olor a pintura y el ambiente creativo, casi espiritual que trasmitía el lugar a cualquier ser sensible, toda la cultura de nuestro Caribe en cada objeto, en cada cuadro y en cada herramienta. El momento fue mágico.
Recordé a Oller, recordé El Velorio, recordé La Tierruca. Descubrí el arte y a partir de ese momento jamás tuve dudas sobre quien soy y de donde vengo...
Mike Hernández
Francisco Oller y su cuadro El Velorio. Era lo básico; lo aprendido en la escuela obviamente, después
de memorizar y entonar la Tierruca, de Virgilo Dávila.
Supongo que para esa época ya Rafael Tufiño, Lorenzo Homar y el resto del grupo de pintores de la generación del 50 habían re-escrito la historia del arte en Puerto Rico importando ideas e influencias nuevas dentro del ambiente de las artes plásticas.
Eran tiempos de dádivas y de zapatos a medio peso, tiempos de dejar a un lado la tierra y correr a las factorías, eran tiempos de progreso y de nueva vida. Tal vez esto no dejaba mucho espacio para pensar en pintores, ni mucho menos en una vuelta al pasado en busca de re-encuentros con nuestras más profundas raíces culturales.
Pasó mi infancia inmersa en la vorágine de los años 60, pasó el arte pop y toda una cultura de guerra para encontrarme ya adolescente en el estudio del pintor Angel Botello, en la calle Sol del Viejo San Juan, contemplando una de sus obras a medio hacer. Me llevó el destino allí a otros menesteres no menos ajenos al arte, tal vez por ello el momento no fue ajeno a la confabulación orquestada por los santos de palo allí presentes, algunos lienzos haitianos, el olor a pintura y el ambiente creativo, casi espiritual que trasmitía el lugar a cualquier ser sensible, toda la cultura de nuestro Caribe en cada objeto, en cada cuadro y en cada herramienta. El momento fue mágico.
Recordé a Oller, recordé El Velorio, recordé La Tierruca. Descubrí el arte y a partir de ese momento jamás tuve dudas sobre quien soy y de donde vengo...
Mike Hernández







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