Sunday, October 9, 2011 2:10:36 AM
Relatos, L5A
Kyuden Togashi.
La última planta del castillo, con las ventanas abiertas al exterior como si fueran fosas nasales, echa humo al cielo nocturno cual enorme dragón medio dormido.
Allí arriba las tejas vuelven a estar cargadas de nieve. Algunos carámbanos incipientes aquí y allá gotean y brillan bajo las estrellas.Read more...
Tuesday, September 27, 2011 3:35:21 AM
Relatos, L5A
Mirumoto era gran guerrero, pero no gran estratega. Encontró el “sitio perfecto” para el castillo de la familia que llevaría su nombre y empezó a edificarlo. Mentes más despiertas en estos asuntos estudiaron el terreno, pero la muerte de Mirumoto les libró de la vergüenza de tener que corregir a su maestro. El lugar era escarpado, solitario, fácil de defender pero muy difícil de abastecer. Era un lugar para el retiro y el estudio, no para la resistencia. De modo que se convirtió en dojo. El Dojo de la Montaña de Hierro.
Aquel día habían terminado las clases y comenzaba el tiempo en que los alumnos meditan, estudian disciplinas fuera del programa obligatorio o se divierten. Había unas dos docenas de jóvenes Dragón alrededor de los visitantes Kakita, intrigados con el estilo opuesto de la esgrima y la bella y exótica Kakita Sayori, con su cabello blanco como el de una bruja, pero hermosa y simpática. Tras una interminable sesión de duelos la chica empezó a preguntar cómo vivían en un sitio tan desolado o qué hacían con el tiempo libre, o cómo regresaban a casa si había alguna urgencia.Read more...
Monday, September 26, 2011 4:04:06 AM
Relatos, L5A
Una flecha pasó zumbando cerca de su yelmo, haciendo que se apartara por reflejo. Continuó el movimiento, improvisando, y golpeó con la naginata la pantorrilla del Daidoji, que cayó de hinojos con un grito de frustración. Revolvió la lanza y le golpeó en la cara con el mango, tumbándolo, aunque seguramente seguía vivo.
Daba igual. Ahora tenía un Kakita encima. Colocó el arma en posición baja y adelantada, a la defensiva, buscando calibrar la proverbial habilidad del Grulla. Por suerte para él, estaba herido y tras unos movimientos evasivos consiguió atravesarle el peto y hacerle caer, sangrando. Esquivó una yari que le tiraron. Chocó espalda con espalda con un compañero. Se miraron un instante y se ayudaron en la defensa contra tres Daidoji y un Doji.Read more...
Tuesday, August 30, 2011 8:44:04 PM
Relatos, L5A
Mes de Bayushi, día 14. Año 1123 del Calendario Isawa
Kyuden Togashi. En el gran salón, Togashi Yokuni está sentado inmóvil y en silencio, bajo nubes de incienso. Su armadura completa oculta su rostro.
En las cavernas secretas de algún sitio de la geografía Fénix, Isawa Tsuke abre mucho los ojos; el papel de arroz a su alrededor empieza a calcinarse. A Isawa Uona se le cae de las manos una tetera, en el vestíbulo del castillo Shiba todos la miran. Isawa Tomo contempla sereno un río y un grupo de niños que juega en el agua; por primera vez en su vida conoce la sensación de ahogarse. Isawa Tadaka alza la cabeza de un mar de rollos arcanos con memorias Kuni, alarmado. En una aldea del sur de las provincias Matsu, el mendigo llamado Yon muere.
Mes de Bayushi, día 15. Año 1123 del Calendario Isawa
En Ryoko Owari Toshi las “guerras del opio” empiezan a calmarse bajo el puño de hierro del Campeón Esmeralda. Doji Satsume está revisando un informe de un infiltrado en los cárteles Shinjo cuando oye una carrera desesperada hacia su despacho. Se pregunta qué pasará ahora. Se sorprende al ver que es un Miya extenuado. Dos minutos después, los atónitos vecinos oyen un grito desgarrador y varios golpes provenientes de la sala del jefe de las Legiones Esmeralda.
En Kyuden Matsu los gritos de furia y los golpes son mucho más numerosos. Unos pocos suicidios florecen en el mapa de la familia como lotos negros. Kage recibe un correo en el castillo Akodo. ¿Dónde está Toturi?
Mes de Bayushi, día 16. Año 1123 del Calendario Isawa
Shinjo Yokatsu intenta con todas sus fuerzas no bostezar y alejar el dolor de cabeza. Los cortesanos Ikoma, Doji y Yasuki divagan y se desgañitan mientras los Ide intentan que se llegue a alguna conclusión. El escándalo es general cuando un sudoroso caballo irrumpe en el tercer piso del castillo. Los cortesanos invitados no dan crédito; y los propios tampoco: es Otaku Kiuryu a lomos del corcel de una shiotome. Seis horas después la tierra tiembla como no lo hacía desde que el clan volvió al Imperio. El grueso de los ejércitos Baraunghar, Junghar y Khol galopan como truenos de Osano-Wo.
Mes de Bayushi, día 21. Año 1123 del Calendario Isawa
El Gran Oso tamborilea con los dedos en el mango de su descomunal tetsubo. El tofu frito se enfría. Su mente táctica no termina de decidirse. ¿Y si es un ardid de algún oni audaz? Pero si no lo es… Por la tarde, los asombrados campesinos Hida se preguntan por qué un formidable ejército Cangrejo marcha en dirección equivocada.
Thursday, August 12, 2010 7:36:59 PM
Relatos, L5A
Las manos de Togashi Mitsu reposaban sobre sus rodillas, sentado con las piernas cruzadas en posición de loto sobre la rama alta de un pino. Su ajada ropa era suficiente ahora, perfectamente adecuada al calor leve del comienzo de la primavera. De todas formas no pensaba en ropa o calor.
¿Puede un mono iluminarse? Esa fue la pregunta que le hizo a un monje Shingon unas semanas atrás. Mu, respondió el monje, lacónico. Una expresión corriente y ambigua que significa “nada” o “sin”.
Mitsu le daba vueltas a la respuesta, divertido. “Mu” es un viejo conocido en el mundo de los acertijos. Si un mono no puede iluminarse sus meditaciones no llegarían a nada; en caso contrario vería alguna luz. De hecho vio un gran resplandor encenderse de súbito, no muy lejos. El Togashi alzó una ceja. Fue al encuentro de la iluminación, saltando de rama en rama.Read more...
Tuesday, July 14, 2009 1:06:30 PM
Relatos, L5A
Día 8 del Mes de Shiba
No me lo puedo creer ¡me han nombrado yoriki! La Magistrada Imperial Soshi Mishiko me hizo llamar y me comunicó tan inesperado nombramiento. ¡Todavía no me lo creo! Me ha dicho que ya desde mi juventud se me daba bien conocer a las personas y averiguar cosas, y me parece que la gente honorable no diría que son muy buenas cualidades, pero me da igual...Read more...
Saturday, June 28, 2008 3:14:12 PM
Relatos, L5A
Cito a Shinsei: "Retirarse una vez la meta ha sido alcanzada es el camino de la Naturaleza". Esta es la esencia de la filosofía de la no-acción. Es natural salvar a un ahogado, no es natural vanagloriarse y exigirle favor. Es natural fijarse una meta y alcanzarla, no es natural regodearse y estancarse.
Un ejemplo que me gusta mucho es la llama de una vela. Es la imagen perfecta de lo humilde; también de la serenidad, la quietud y el reposo. No obstante, tiene el potencial para reducir a cenizas la mayor de las ciudades y su sensiblidad es extrema, puesto que reacciona incluso al sonido. Siente, reacciona, vuelve al reposo. No-acción.
¿Cuál ha de ser la reacción natural de los mortales a una manifestación celestial? Tal vez la Corte de Invierno y toda su agitación, tal vez la introspección. Cada uno debe encontrar su propio camino. Mientras se recorre, la meditación y la poesía no harán daño a nadie.
El mundo es complejo. Incluso para los que lo percibimos sin máscara, las sutiles y numerosísimas relaciones se nos escapan. He pasado largos años de pensamiento y he llegado a la conclusión de que absolutamente todo es una piedra en un colosal tablero de go que no alcanzamos a ver. Cada persona que se cruza con nosotros, cada hierba que pisamos, cada vela que encendemos; todo tiene repercusiones impredecibles. Incluso el inmerecido honor de escribir esto ha de tener algún propósito. Citando de nuevo, cuando uno está listo para aprender aparece el maestro.
La poesía, como el Tao, insinúa el camino hacia algo que, naturalmente, no puede describir. Siempre es un noble ejercicio. Que los siguientes elegidos —todos somos elegidos y la mayoría ignoramos para qué— den su primer paso consultando la sabiduría joven de los anteriores. Ninguna experiencia puede contener al Tao, ¿a qué preocuparse si los caminos son distintos?
—Isawa Yon,
fénix sin fuego.
Monday, June 16, 2008 11:57:13 PM
L5A, Relatos
Kakita Toshimoko se desnudó y se metió en la bañera. Agua hasta el pecho, temperatura casi perfecta, unas flores de vainilla flotando. Se acomodó, extendiendo los brazos a lo largo del borde de la bañera (en esencia un cubo grande) y apoyando la cabeza tras soltarse el moño de samurai. Intentaba pensar en una posición con naginata que le había explicado un Shiba, pero estaba distraído.
Estos León, si no fuera por ellos me moriría de aburrimiento.
Secretamente (no tan secretamente como debería) disfrutaba de la explosión del shugenja Kitsu, e incluso la apoyaba. Satsume tenía a veces ideas un tanto radicales. Además el juicio fue entretenido, y cuando los León amenazaron con un desafío, Toshimoko empezó a saborear la idea de batirse con Arasou o Tsuko. Pero claro, las implicaciones, la paz, el decoro...
—Políticos...Read more...
Tuesday, February 5, 2008 12:47:52 AM
Relatos, L5A
Yusuke corrió serpenteando por las calles, aprovechando las sombras y procurando no hacer ruidos. A pesar de la importancia de su misión y la tensión de la batalla, no pudo evitar divagar mientras recorría la ciudad buscando los alrededores del parque oeste.
Es curioso cómo el karma se revela inevitable. Aquí estoy deslizándome subrepticiamente y conteniendo los crujidos de mi ancestral y venerable armadura. ¿Es esto ser un Bayushi, el sentido último? A los León les pareció una buena idea. Ellos son el referente del honor... Sé que no me están utilizando, su propio honor no les permitiría ganar gracias a una treta Escorpión.Read more...
Tuesday, January 15, 2008 4:58:34 PM
Relatos, L5A
Bayushi Satoko despidió a los criados, ahorrando la molestia al sensei. Quitó la tapa de su bote de piedras pulidas y negras, y luego también la de su adversario en la partida de go. Encendió dos varitas de incienso, sirvió un suave y excelente sake y revisó mentalmente su aspecto: kimono rojo oscuro con los remates en negro, obi gris pálido y la máscara de encaje de hilo de plata. Todo perfecto.
―Os estoy enormemente agradecida por recibirme, Kakita Toshimoko-sama. Es un gran honor.
―Y un gran placer. Una inocente partida de go, alejados de las maquinaciones de la corte ―respondió él, colocando la primera piedra en una posición intermedia.
Satoko sonrió, y empezó a preparar su defensa.
―Creía que los artistas de la espada estudiaban al enemigo antes de desenvainar. Aunque entonces él también os estudia… En verdad no me disgusta ir al grano. Os he rogado una entrevista para informaros de mis planes.Read more...
Saturday, December 29, 2007 4:58:58 AM
Relatos, L5A
Los templos son un lugar tranquilo, incluso durante la Corte de Invierno. El monje veía por el rabillo del ojo el ikebana que había elaborado un rato antes. Una rama seca y un arbusto invernal colocados en un sencillo jarrón tubular de bambú. Un adorno discreto en su mesa, que le ayudaba a meditar mientras preparaba la pasta de sándalo y la de flores de magnolia. Las varillas ya estaban listas.
Puso el polvo pegajoso de sándalo en el centro de la mesa, las varillas a la izquierda, el polvo de flores a la derecha. Cogió una varilla, la hizo rodar sobre el montón de sándalo con la palma de la mano, luego sobre la magnolia, otra vez al sándalo. No necesitó mirarlo ni encenderlo para saber que el incienso estaba bien hecho. Dejó la barra a un lado y cogió la siguiente varita. Sonrió y habló sin alzar la vista, prosiguiendo con su artesanía.
—Debes de estar muy atribulada, mi joven amiga. Llevas ahí un buen rato y todavía no te has decidido a hablar. ¿Cuántos años hace que me conoces? Deberías saber que aún soy capaz de tener las manos en un lugar y la mente en otro.
La samurai sonrió: —Se os ve tan en paz, sama, que sois solaz incluso callado.Read more...
Friday, December 14, 2007 5:01:47 PM
Relatos, L5A, Música
I], de San Bao.Experimentó otro ataque de melancolía. Los bushi alardeaban con sutileza mientras las cortesanas competían en silencio por ser la más delicada al servir el vino de arroz. La nieve ya era un manto firme, el invierno había llegado. Miró alrededor, sin fuerzas para mantenerse en la conversación. Veía a sus amigos muy lejos, como si fueran una visión. La soledad le golpeó de pronto, directa y contundente como un Hida.
Y sin embargo, ni siquiera hay tiempo para divagar a solas —pensó, triste—. No sé qué estoy haciendo aquí... ni en ninguna otra parte.
Volvió a prestar atención alrededor. Los intereses personales, las búsquedas románticas y el mero entretenimiento eran las tres hebras, ya indistinguibles, que formaban el tapiz de la velada. Preguntó a su vecina por una Daidoji que no había podido venir. Unos minutos después, se excusó con una mala disculpa. Luego murmurarán, pero nadie dirá que la compañía le disgustaba.
Se fue a su habitación. Se despojó de los sables con respeto, colocándolos en la estantería lacada al efecto. Se tumbó mirando al techo.
Y ahora esto. Una bendición, o el colmo... o las dos cosas. Debo centrarme en mi deber. Mi deber... Honra a tu clan. Honra a tus ancestros. Honra al Emperador Celestial. Gi. Yu. Jin. Rei. Meiyo. Makoto. Chugo. ¿Y si me voy a un templo?* * * * * * *—Déjame esta noche, Kanbara; te prometo que mañana seré buena y te dejaré peinarme sin prisas. Estoy agotada.
La sirviente se marchó, aunque refunfuñando. La samurai se quedó sola. Dejó el wakizashi, dejó el abanico, dejó la expresión serena. Se quitó las agujas, el cabello cayó libre y negro. Cogió su peine de púas de marfil, y cepilló, cepilló, alisando.
Ya nadie te recuerda, y yo... ¿qué estoy haciendo? Me has dejado, pero sólo puedo esperarte. ¿Tal vez eres tú? ¿Has vuelto? Yo... quiero que seas tú. Necesito que seas tú.
Se miró en el espejo. Lloraba.* * * * * * *La sala era pequeña, íntima. Las láminas del suelo eran grandes y perfectamente encajadas, en número par según la vieja superstición. Un jarrón de porcelana colgaba de la pared, contenía una rama de pino y dos flores de invierno cuidadosamente colocadas. Era el único adorno del cuarto, sumido en la penumbra de una tarde del Mes de Togashi. No había té, ni mesa, ni incienso, ni brasero. Ambos estaban sentados sobre los talones; ella encarada al norte, él al este. Ella y él miraban al suelo.
Él volvió un poco la cabeza. Vio la pequeña espalda de ella, sus hombros. La cabellera le ocultaba la nuca y también le escondía el rostro. Volvió a mirar al suelo, y sólo susurró: —No deberíamos estar aquí.
Ella se giró lo suficiente para ver por entre el cabello, haciendo suspirar a su kimono de seda. Adivinó la mirada culpable, el miedo, la confusión, el deseo, el amor, y sólo dijo: —Ámame esta noche, samurai.
*De Shiki Masaoka.