Una cena ligera
Sunday, October 9, 2011 2:10:36 AM
La última planta del castillo, con las ventanas abiertas al exterior como si fueran fosas nasales, echa humo al cielo nocturno cual enorme dragón medio dormido.
Allí arriba las tejas vuelven a estar cargadas de nieve. Algunos carámbanos incipientes aquí y allá gotean y brillan bajo las estrellas.
Asako Shigeru, con un tosco ropaje de botones de madera y cuello elevado, en color hueso, y una especie de zapatos de alguna tela más o menos negra. Su espada recta y de dos filos reposa a un lado. Al derecho, exactamente, y con la empuñadura a mano para mayor falta de cortesía; pero les da igual a todos.
Tatsu, por alguna razón con aspecto juvenil a pesar de sus buenos treinta; seguramente por la mirada penetrante pero curiosa, siempre aprendiendo. Kimono también humilde, azul sin adornos. No tiene posesiones, ni siquiera un arma.
Togashi Mitsu. Aquí dentro hay buena temperatura, pero las ventanas abiertas aportan frescor intenso en pago por el incienso. Aún así lleva todavía sus ropajes de verano: pantalón, cinturón y tatuajes. No hay armas. Vigila que todos tengan arroz y sirve el té cada vez que alguna taza se vacía.
El "Ronin Encapuchado", muy jovial y animado. Dos capas de marrón oscuro y marrón un poco menos oscuro en la mejor tradición de granjero honrado. Su bastón y su ancho sombrero no andan lejos.
Megumi parece el más invernal de la velada. Cuarenta y pico, con ropa colorida y abundante, semeja un comerciante o un mecenas preocupado por su labor, uno de esos tipos moderadamente piratas. Come sin comer. Bebe sin beber. La mirada es huidiza, la mente calculadora. Diríase que hizo una mala transacción. La bufanda azul añil le escuda la garganta contra una impertinente afonía.
Togashi Yokuni, callado anfitrión. Armadura completa, daisho completo. Rostro oculto. Palillos de madera de ciruelo. Sostiene un bol con la otra mano. Aunque tiene puesta la máscara de dragón, de alguna forma está comiendo. Todos le ven usar los palillos, todos ven el arroz disminuir, todos saben que come; nadie le ve comer. Todos, incluido él, se divierten. Ellos juegan a verle comer; él juega a no dejarse ver comer, aunque deja que no-vean que come para que coman ellos. Por ahora gana.
Hay otro sitio, vacío y sin cubierto.
―Hará unas dos semanas que se fue Kuro ―está explicando Mitsu―. Oímos el rugido triple de un tigre. Quiso ir él. ¡Estos shugenja viajeros! ¿Dónde van cuando se retiran? ¿Siguen viajando, como los Unicornio? ¿O sencillamente no se retiran? Son la cosa más inquieta que he visto. Ya ves, Shigeru-san. Tres maullidos y sale corriendo.
―Cuando el tigre agazapado asoma y ruge, replica también el dragón que permanecía oculto ―contesta el Fénix―. Sospecho... tengo la corazonada de saber de qué se trata. Lo he visto antes.
Tatsu y el Ronin Encapuchado cruzan miradas. Miran también a Megumi, pero Megumi está ocupado mirando la noche y el arroz alternativamente.
―Parece un asunto cerrado, circular ―habla ahora Tatsu, calmoso―, pero yo no me fiaría. Falta la réplica, para empezar. Y aunque sea un círculo cerrado tendrá consecuencias. Todo movimiento provoca otros movimientos. Si esto es un círculo cerrado, es la primera onda de varias más, más grandes, que la seguirán. Habrá hijos, nietos; lugares tocados, quizás reliquias. ¿Y el precedente? Poderes extraños...
Shi-Tien Yen-Wang ―dice la voz mental de Yokuni. (Que ha hecho desaparecer otro bocado mientras miraban a Tatsu. Le miran a él ahora).
―No, no, no, no ―dice Megumi mientras se frota las manos―. Los "Señores de la Muerte" esos no es lo mismo. No se les puede llamar precedente. Mirad, ahí arriba estamos todos con la nariz arrugada... ―se ríe un poco―, ¡son como aquí abajo vuestros Mantis y...!
―¡Hum! ¿Dónde estará Osano-Wo? ―interrumpe Mitsu con expresión angelical de actorzuelo de tercera― A su madre le gustaba este lugar. A lo mejor le gusta que hablemos de los Mantis...
Megumi fulmina a Mitsu con la mirada: ―¡Calla! Condenado tarado aullante hijo de un carro de monas... El barrigón ese de Osano-Wo es lo que me faltaba... Ejem. ¿Por qué hablamos de Osano-Wo? Yo no he dicho nada de la Mantis. Nadie ha dicho nada de ninguna mantis. ¡Dejad de distraerme! ¿Qué decía? Los Shi-Tien Yen-Wang. Eso era. Que no nos gustan. Pero no se trata de lo mismo. Es una pirueta difícil de prever, pero la irrupción de los diosajos esos en Tengoku es legal. No hay nada que hacer. Son seres celestiales. Tienen adoradores. A sus adoradores los acogió Shinjo. Shinjo es una celestial de Tengoku. Pues ya está. Pirueta completa. Adoradores legítimos en Ningen-do, naturaleza celestial. Clarísimo: a Tengoku. Emma-O está que trina, je. Casi preferimos a las lamentables Fortunas del Crisantemo de Acero. ¿Dónde se metería esa Shinjo? A ella sí que le van a caer capones de... Osano-Wo como... aparezca...
Se distrae al final de la frase; están viendo pasar una estrella fugaz. Yokuni esfuma más arroz. No es que no vean, es que no miran en la dirección correcta.
Mitsu mira a unos y otros, divertido.
―¿Acaba de pasar un fushicho?
Silencio.
Maldiciones y lamentos ininteligibles de Megumi. Sonrisilla burlona de Mitsu. Mirada perdida (¿o no?) de Shigeru siguiendo la estela de la estrella fugaz. El "Ronin Encapuchado" sigue con el arroz; estos asuntos sólo le interesan como ejercicio teórico de pensamiento. Tatsu observa que Yokuni ha dado otro de sus bocados invisibles. Megumi se limpia el sudor de la frente con la pobre bufanda y retoma el discurso.
―¡Bueno, en fin, que es intolerable! ¡Una cosa es que con el tiempo lleguen Fortunas nuevas... que vosotros habéis dado pase a un montón, os recuerdo... y otra cosa es una invasión así! Incluso esos descerebrados dioses Senpet tomaron medidas y mandaron un avatar, ¿no? ―mira a Shigeru buscando confirmación; es el mejor informado. Shigeru asiente.
―Sí, hubo un avatar..., pero había motivos. Aquello fue una intervención directa. Gravísima, aunque quizás justa; en cualquier caso violó los dominios de Anubis, y Anubis respondió. Aquí... aquí no habéis localizado infracción alguna, Megumi-sama. Vuestros letrados no han encontrado fórmula alguna que permita denunciar lo ocurrido. Y esos tres rugidos... y bien, habitantes legítimos de esta tierra fueron a buscar al tigre para tirarle de la cola y que rugiera. Ningún tribunal lo admitirá como falta.
Megumi rezonga sobre ingratitud, descaro, impiedad y felonía. Pero sabe que el Fénix tiene razón. Todo el Cielo lo sabe, que es peor.
―¿Pero a qué están jugando? ―dice Mitsu, ahora serio―. La intervención fue favorable a los hijos de la Dama Sol y el Señor Luna. Disculpad mi ingenuidad, pero yo sólo veo buena vecindad y cordiales saludos a los compañeros. ¿Qué invasión ni invasión?
―¡Y el fénix que acaba de pasar, eh! ¿Qué crees que lleva? ¿Harina para los mochi del Pequeño Calamar? ―exclama Megumi molesto.
―Uh. Oye, hummm... ¿sigue siendo válido lo de Pequeño Calamar después de la mayoría de edad? ―el ise zumi lo pregunta totalmente en serio, intrigado y lleno de curiosidad. Megumi mira al techo exasperado. Se promete a sí mismo seducir o amenazar a Ekibyogmi para que le mande unos laaargos disturbios intestinales al tatuado.
―El fénix es legal ―interviene el ídem sereno―. ¿Cómo no va a ser legal? Es nativo de Tengoku. Si es que lleva algo consigo... un nemuranai o dos tampoco constituyen agresión. Allá la entidad que los crea. Nosotros mismos tenemos varios desperdigados por los reinos extranjeros.
Terminan la cena. No hay líneas de avance. El último con la cena es Yokuni, que se dedica a hacer líneas de arroz sobre el suelo, colocando granitos consecutivos. Línea partida, línea partida, línea partida, línea entera, línea entera, línea entera. El hexagrama 12: "el estancamiento". Todos lo miran. Reflexionan. Cada uno entiende lo que quiere o puede.
"Osano-Wo no, Bishamon. Bishamon me va a apalear", piensa Megumi funesto.
