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Kyuden Togashi

La Elevada Casa de la Luz

Posts tagged with "precariedad mental"

Pensamientos en el filo de la navaja

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A los japoneses les gusta la flor del cerezo; dicen que aquí preferimos las rosas. El nexo de la flor del cerezo con su árbol es frágil, y cualquier brisa las arranca y se las lleva. Mueren en su esplendor y lo que se degrada ya es sólo un cadáver. La rosa se aferra a la existencia y se pudre en vida, se arruga y oscurece, decae y pierde pétalos uno a uno; cuando le llega la muerte parece imposible que alguna vez haya sido hermosa.

Hace unos años un crítico literario y orientalista aficionado me corregía en un relato el uso del término "belleza" y/o sus derivados en la descripción de un paisaje. Lo señalaba como error puesto que en su concepción de la belleza, es decir la concepción nipona, no hay sitio para algo que perdura. Me pareció discutible y rebuscado. Entendía la teoría, pero nada más.

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El fin de la esperanza para la humanidad

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Primero fueron el Agente Smith, el Agente Brown y el Agente Jones...

Luego vinieron el Agente Johnson, el Agente Jackson y el Agente Thompson...

Finalmente, tras la rebeldía de las fuerzas de Sión (que se negaban a estudiar Educación para la Ciudadanía Virtual), la inaceptable conducta de los piratas (no toleraban que los Centinelas llevaran burka) y su inútil insistencia en sabotear a las máquinas (nunca les entusiasmó la Alianza de Civilizaciones)... los programadores han creado al agente definitivo, el más letal, el más veloz, el de lengua más viperina, el de mejor camuflaje, el que nunca descansa, el que rastrea en todas partes...
EL AGENTE FROM THE VEGA



Revelación de las 12:45 de la mañana de ayer, 28 de abril

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Estaba pensando en la niña recalcitrante de las aventuras de Narnia, la adolescente con el arco en una mano y la lógica en otra. Esto no es lógico. Aquello no es razonable. Etcétera. Pensé que más o menos en esa edad hay un buen número de jovencillos que descubren el pensamiento racional, bien estructurado, y se agarran a él con fe de iluminados. Deriva en el interés por la ciencia el método científico y el desdén por lo que no está demostrado. Io mismo pasé por esa fase.

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El placer de ganarse el pan honradamente

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No veo más de lo que ves tú

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Oberva bien la siguiente imagen. Parecen dos fotos de una grapadora, pero ¿a qué se parece? Cuando lo sepas, pincha en Read More. Antes no, para que luego no digas que ves lo que io quiero que veas.

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Veni veni venias, ne me mori facias, veni veni venias...

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Esta mañana hemos tenido un examen. Terminé enseguida y me quedé observando el silencio ajetreado del aula. Va pasando el tiempo, intento dibujar algo en un papel. La chica que está a mi lado entrega su ejercicio y saca su cartera. Un billete de 20 y otro de 5, hace como que los comprueba. Buen intento ―pienso―, pero no estoy disponible. El silencio se vuelve más tenso con el avance del reloj.


Otra chica, en el otro extremo de la clase, decide relajarse por un momento. Entona una nota sostenida, vibrante, tres o cuatro segundos a plena voz como si fuera una de esas cantantes gordas. Fue el grandioso final de un aria épica, o quizás dramática. Pero, como todos nuestros teléfonos, la chica estaba en modo silencioso y pareció un bostezo.


Hay un frikipunto para quien haga la pregunta correcta. Esto es Kyuden Togashi, las respuestas no importan.

M y la noche del surrealismo

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Mi pobreza económica es tediosa como un verano pasado en la inactividad, de modo que me he buscado un trabajillo. Reparto fruta en un camión, del almacén a un par de tiendas. A pesar de ser una ocupación para dos meses y haber transcurrido sólo (y apenas) uno, estoy experimentando cambios de jefes, modelo empresarial y formato laboral.

Esta noche he empezado con un nuevo horario y una nueva diversión: como ahora reparto la fruta de madrugada, cuando las tiendas están cerradas, debo tener cuidado de no extralimitarme al moverme por el local, o saltará una alarma que mi encargado deberá apaciguar desde su teléfono móvil. Primer día con estas novedades, y ha acaecido una serie notable de eventos:

Me dirijo a la primera tienda. Linda con un parque destino habitual de juerguistas y otras hierbas menos buenas. A unos cincuenta metros de la tienda, una prostituta (¿o era una borracha?) se asoma a la carretera y me tira un beso. Una chica bastante alta, y con un abanico. Llego a la tienda y aparco el camión. Segundos después llega mi encargado, comprobando que todo vaya bien. Pero todo va mal: las llaves que nos han dado no sirven, y no puedo descargar la mercancía. El encargado maldice y me envía a la segunda tienda mientras piensa algo.

Llego a la segunda tienda. Dispongo de un manojo de cuatro llaves para una única cerradura (?), pero ninguna penetra siquiera en su oscura intimidad. Se lo hago saber al encargado, que maldice más, y me ordena regresar a la primera tienda, a esperar que otro repartidor nos abra las malignas puertas. A todo esto eran las cuatro de la madrugada, llovía, y el repartidor-salvador se esperaba sobre las cinco. Estaba pensando en echarme a dormir sobre el volante (amplio y sugestivo) cuando el encargado en persona y otro repartidor compañero mío (también con llaves obsoletas para sus tiendas) aparecen y me confirman que era una prostituta, y de hecho está en compañía de otras dos colegas. También especulan sobre su feminidad, habiendo apreciado más rasgos misteriosos que la estatura que io había notado. Brr.

En fin, las agujas se desplazan y el repartidor llega y nos abre. Descarga apenas dos cajas y se va a su siguiente parada. A mí me quedan bastantes más. La lluvia ni me disgusta ni me ocasiona resfriados, pero sí me dificulta la visión si llevo gafas (y las lentes de contacto son poco recomendables en ambientes con abundante polvo) y disminuyen mi estabilidad sobre cierto tipo de suelos, como el allí presente. Al empezar a descargar, una caja de melocotones se me cae y unas pocas piezas ruedan por el suelo del camión. Las recojo refunfuñando en broma y sigo. Dispongo de un carro para mover pilas de cajas con facilidad. Voy haciendo pilas, salvo el peldaño de la tienda, dejo las cajas.

Por cierto, se supone que nos dejarían delimitada el área en el que podríamos movernos sin activar la alarma. Aquí no había nada de eso, a lo sumo unas vagas indicaciones del encargado, antes de que se fuera. Dejo un saquito de ajos bien apoyado contra una columna, me aseguro de que no se moverá y salgo a por otra cosa. No bien piso la calle, suena algo como sssssssplaf; entonces me giro, veo el saco en el suelo, y oigo el pitido de la alarma. Arrr, pienso, cual capitán de barco.

Normalmente, el escalón de la tienda no da problemas. Una discreta tensión de antebrazos (nunca un tirón brusco) basta para izar el carro con su contenido. Esta noche había un problema: la suela mojada de mi calzado hacía el punto de apoyo peligrosamente resbaladizo. No estaba seguro de si subiría el carro o bajaría io, y de manera desagradable cabe añadir. Así que el esfuerzo de antebrazos fue bastante mayor.

Sigo descargando ignorando la alarma, que se acalla después de un rato merced de los buenos haceres del encargado. Llevaba una pila de cajas en el citado carro, cuando una alcantarilla sobre la que pasaba decidió hundirse. El carro se desequilibró. Una caja de champiñones (pequeños y escurridizos), una de setas, tres o cuatro de ciruelas y una de naranjas (de mesa) desparraman su contenido por la mojada acera. Me quedo mirando el estropicio como un pintor que ve un trazo inexacto en su lienzo, y pienso hummm, aunque con una leve carga de veneno, para ser honesto.

Una vez recogida la fruta, y espantada a patadas la demasiado deteriorada, prosigo con la descarga. Todavía habrían de caer unas cebollas y unas berenjenas, que ya no tuvieron efecto en mi ánimo. Divertido por la cadena de sucesos, no me irritó. Al terminar la descarga tocó cerrar la puerta y la persiana de seguridad de la tienda. La llave de esta última se negaba a salir de la cerradura. Me planteé seriamente romper la llave allí mismo, total los cerrajeros abundan y sería problema de las dependientas, no mío. Viendo peligrar su integridad, la llave se asustó y decidió salir.

La segunda tienda no dio tantos problemas, pero habiendo perdido tanto tiempo en la primera, ya estaban allí las dependientas. Lo cual es malo, porque en lugar de dejar las cajas donde me plazca, debo llevarlas a donde ellas digan. Un fastidio. Por el lado bueno, ya no haría saltar la alarma. Según me enteré después, entre todos los repartidores hicimos saltar al menos seis alarmas.

Pero ya ha terminado la nefanda jornada. Hace 24 horas que no duermo, estoy cansado y dolorido en algunas zonas. Tengo un pertinaz hipo que debería haberme abandonado hace media hora, una sensación de sed pesada y ni rastro de hambre. Estoy sudado y sucio, y mi humor es excelente. (A pesar de que todavía no nos han pagado el jornal correspondiente al mes de julio). Bon soir, día. Me hundiré en las tinieblas del Yume-do1 hasta que los deberes de bondadoso Master me devuelvan a la realidad.


1: Yume-do, el Reino de los Sueños. Reino Espiritual por el que vagan las mentes consciencias dormidas.