Mis Cromos

vicentealmazanarribas@gmail.com

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Recuento 40

No sé por qué le llaman "estilo mariposa" a una forma de nadar. ¡Con lo mal que lo pasan las mariposas cuando caen a un río! Había una vez una mariposa cuyas alas estaban como pegadas al agua. Estaba tan agotada que temía no levantar el vuelo nunca más. Menos mal que por allí pasó un cazador de mariposas y le salvó la vida. La mariposa agradecida le seguía a todas partes. En una ocasión, en la que el cazador se cayó al río, la mariposa intentó sacarlo pero no podía, ¡pesaba muchísimo! Desesperada la mariposa pidió ayuda a todas las mariposas del bosque. En equipo consiguieron salvar al salvador. Ahora se reunen a merendar miel y a cantar"los amigos de mis amigos son mis amigos".

"Oso Cazamariposas" es un cuento de Susana Isern ilustrado por Marjorie Pourchet. Las mariposas me vienen siguiendo desde el supermercado.

Recuento 39

La seño escribió en la pizarra, con letra clara y bien grande:
¿Qué te llevarías a una isla desierta?
y nos pidió que contestásemos de uno en uno, que no nos preocupásemos. Que en esta ocasión no había respuestas buenas ni malas. Que nos escucháramos con atención porque luego votaríamos la que nos pareciese más ingeniosa.
Comenzó Daniel: "Yo un tirachinas! Siguió Susana: "Yo una vaca". Marcelino: "Pan y vino". Ralph: "Yo no quiero ir a una isla desierta". Diego: "Valor". Marilyn: "Un ukelele". Juanjo: "La auténtica navaja multiusos. La suiza". Stewie: "¡Un desintegrador atómico!". Lisa: "El libro ROBINSON CRUSOE en un estuche impermeable". Como dijo la seño, todas las respuestas fueron respetadas pero a la hora de votar hubo casi unanimidad, en realidad: todos menos uno coincidieron en el voto. Lisa razonó que "aunque lo que más me apetecía era llevarme el saxofón, en el libro de Daniel Defoe están las recetas de éxito para sobrevivir en una isla desierta". Y fueron felices y comieron regalices.

Este Robinson Crusoe es de Ajubel. Las ranas han salido de los agujeros verdes.

Recuento 38

Había una vez dos hermanos, Di y Da, que tenían un amigo invisible que se llamaba Norberto. Di y Da o Da y Di, que lo mismo da, compartían una habitación con un león, un oso, una jirafa, un mapa mundi, dos saxofones y un ejército de robots. Dentro de su habitación, los dos hermanos, tenían una casa de cartón que por dentro era de cristal y estaba llena de puertas y ventanas que les permitían ver otros mundos maravillosos. En uno de esos conocieron a Alicia. Da y Di hablaron entre ellos y se preguntaron si debían contárselo a sus papás. ¿Lo contaron? No señor. Era caso de conciencia.

La Alicia que yo conocí se parecía más a la de John Tenniel. La que visita a Di y Da es la "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll ilustrada por Helen Oxenbury.

Recuento 37

Hoy no os voy a poder leer un cuento porque es de noche y no hay luz eléctrica, las pilas de la linterna se han gastado, no ha salido la luna y las nubes no dejan ver las estrellas. Sí, tenemos una vela pero ni una cerilla ni un mechero para poder encenderla.
En el jardín hay un punto de luz. Es una luciérnaga, un gusano de luz, vamos a hacerle compañía. Ya leeremos mañana.

"En la noche oscura" es una delicia de cuento de Bruno Munari. Una creación de 1956 que rompió moldes. Ahora, en 2012 hay una edición en español. Habrá que ponerse las pilas.

Recuento 36

Había una vez una niña que tenía una prima que tenía un compañero de clase muy trasto. Tan trasto tan trasto que su mamá le llamaba "monstruo" que es una palabra que como "trasto" tiene la letra "t", la letra "o" y la letra "s". ¡Dos palabras que tienen TOS! Dos palabras que necesitan jarabe. JARABE DE PALO era una expresión que se utilizaba antiguamente para referirse a "dar unos azotes" o pegar una paliza. Hoy las personas civilizadas ya no utilizan la violencia con los niños. Es normal que los niños sean trastos porque tienen mucha energía. Y es normal que una mamá o un papá le diga "monstruo" de una manera cariñosa a su hijo, cuando es un trasto.
Además de energía los chicos tienen mucha imaginación y acostumbran a tener sueños que son muy reales.
¡Despierta! que este cuento se ha acabado.

Maurice Sendak es el autor del cuento "Donde viven los monstruos" y Mariscal el diseñador de la colcha de mi cama.

El gallito rojo

Recuento 35

Hoy te cuento una adivinanza:
"Que sí, que to, que me lo como yo"
¿Adivinas lo que voy a merendar?

El Libro de las Adivinanzas está ilustrado por Monika Beisner. Había 24 "caseríos". Aquí hay alguien de quien no me fío.

Recuento 34

En los tiempos en que se lanzó el Sputnik, el primer satélite artificial de la historia, las gomas de borrar eran un tesoro que muy pocos chicos se podían comprar. Con suerte, los Reyes Magos dejaban a los niños buenos un plumier con un lápiz de madera de cedro y una goma de borrar marca Millán. Lo normal era fabricarse una con miga de pan. Pasaron doce años y el hombre llegó por primera vez a la luna. En ese momento uno de aquellos chavales, Vicente, que no pudo tener una goma Millán empezó a trabajar. Con su primer sueldo, lo primero que hizo fue comprarse una goma de borrar. Cuando era pequeño las gomas eran cuadradas y de colores lisos: verde, naranja, blanco y amarillo. Ahora las había de todas las formas y colores imaginables. Eligió una con forma de satélite. Resultó ser una goma encantada. Si escribías el nombre de un planeta y lo borrabas con ella soñabas que hacías un viaje espacial a ese planeta. Eran sueños tan realistas que Daniel, nieto de Vicente, viajando a Plutón, su planeta favorito, el Día de la Madre, se dió cuenta de que no le había dado un beso a su mamá y regresó, a mitad del vuelo, para cumplir con su corazón.

El cuento Operación J está escrito por Daniel Nesquens e ilustrado por Alberto Gamón. El otro cuento es una historia real como la goma de borrar y la plataforma de lanzamiento.

Recuento 33

Don Tristón y Doña Angustias compartían la única tijera que había en su casa. La tijera tenía mucho trabajo y estaba aburrida de hacer siempre lo mismo: recortar las malas noticias del periódico. Un día la tijera abrió su boca y dijo:"¡Ya basta de desgracias y calamidades. Quiero ver algo divertido!"
Tristón y Angustias no sabían que la tijera tenía ojos y eso que en ellos metían sus dedos continuamente. Tampoco sabían que la tijera tenía brazos y piernas y que, con la música adecuada, podía ser una gran bailarina de ballet. Tampoco sabían lo que era capaz de hacer si se enfadaba. Lo supieron muy pronto.

Conocí lo que pueden hacer "Unas tijeras" gracias al cuento escrito por Daniel Nesquens e ilustrado por Jesús Sotés: "Este soy yo". Por lo demás: pido perdón a papá y mamá.

Recuento 32

En aquellos tiempos, cuando no se había inventado el reloj de arena, había oficios que ya no existen. Por ejemplo: veedor de pájaros, veedor de nubes, veedor de árboles, veedor de espumas de mar, veedor de cantos rodados...
Había veedores para cada especie de árbol: veedor de cipreses, veedor de alisos, veedor de plátanos...
Un veedor de plátanos observaba con gran atención cada uno de los dibujos de la corteza del tronco. El color de sus frutos. El olor de su savia. La intensidad de su sombra.
Los veedores trabajaban el tiempo suficiente para jugar, comer y dormir a satisfacción. No tenían que rendir cuentas a nadie de sus observaciones ni sacaban conclusiones. Eran veedores y eso era suficiente. Podían recordar. Podían pensar. Pero no actuaban. Si un veedor de rosas era testigo de cómo el pulgón se comía las flores miraba y dejaba en paz.
Gracias a los veedores sabemos que las cosas existen. Todos tenemos algo de veedores pero hoy es casi imposible encontrar un veedor puro. ¿Había veedores ciegos? ¡Claro que sí! ¡Eran los mejores!

Le revê de l'arbre es un cuento de Chistophe Gallaz y Jean-Claude Götting. El pájaro de trapo ha venido de Japón.