Todos los domingos y días de guardar suelo correr en el paseo marítimo lo más temprano posible, después del esfuerzo me dirijo a una cafetería que hay cerca de casa para comprar unos churros recién hechos y calentitos, o tejeringos como los denominamos por estos lares, supongo porque se hacen como tejiéndolos con una especie de jeringa algo desarrollada.
En muchas ocasiones, mientras espero, me distraigo echando una ojeada a las etiquetas de las bebidas, y la verdad que muchas de ellas suelen evocarme algunas historias: encuentros, desencuentros; amor, odio; encrucijadas, intentos, abandonos, etc.
Hay una botella verde que reza “J&B”, bien pudiera tratarse de la aventura de Juan y Belén que desembocó en matrimonio y tres hijos. Justo junto a ella, una algo más tostada, “DyC”, ¿David y Carolina? ¿Diana y Cayetano? O tal vez los cuatros. Me gusta la de la izquierda: “White Label” suena a otra oportunidad, borrón y cuenta nueva, volver a empezar. Desvío la mirada hacia los licores y allí diviso “Guindas Miura”, como la famosa ganadería de toros bravos, habla de todos, de cómo debemos hacer frente a los avatares de la vida y a sus lecciones, qué más cornada da el hambre. Pero hay una muy malagueña, de un vino divino que es capaz de endulzar y embriagar a la vida, “Quitapenas”, mi preferida. Lástima que mi bodega no disponga de ninguna de estas garrafas, no ignorando cómo soy y cómo me gusta cruzar mares, en ella sólo encuentro botellas de “Captain Morgan”.
Hablando de cruzar mares, os comentaré una pequeña obra maestra, es uno de los vinilos que más aprecio. Nunca fui fan de Rod Stewart, más bien soy uno de sus detractores, pero lo que es bueno, es bueno y este álbum lo es, hablo de “Atlantic Crossing” (1975). El título tenía varios sentidos. Primero, dejaba Inglaterra por problemas con el fisco y se instalaba en los Estados Unidos. Segundo, abandonaba el sello Phonogram y desembarcaba en Warner. Tercero, pasaba a hacerse muy comercial en contra de su anterior política y se deshacía definitivamente de su grupo The Faces, separándose de su amigo y guitarra Ronnie Wood quien marchaba a los míticos Rollings Stones.
Maravillosas portadas y maravillosas caras surcadas, como los mares, las de los vinilos y este puede presumir de tenerlas bien diferenciadas, la cara A rápida y la B lenta, lenta, lenta. Termina con la canción que tiempo después pasó a ser himno de la Armada de su país “Sailing” y enarbola, junto con canciones suyas, dos grandes y maravillosos covers, uno de The Isley Brothers “This Old Heart of Mine” y el otro abriendo dicha cara B, la canción de Danny Whitten “I Don't Want To Talk About It”. Este es tema el que quiero regalar hoy, actúa con Amy Belle, a la cual unos días antes descubrió cantando por las calles de Glasgow.