La azotea del autista

(cocteles servidos por Oppiano)

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A veces te entra...

¡Mira que prometí -luego de deslices iniciales- no hacer de esto un espacio confesional (que me repugna)! Verter encima de la mesa todo cuanto acongoja -tanto hasta el delirio-, sino sólo perseguir cosas frías, distantes: "como en un foro", me gusta decir-me (aunque tampoco aclaro cual... ni creo que lo he cumplido). En fin, que se deshace y finalmente, es tardísimo, resulta que está adentro, invadió, cual se si hubiese partido. Así debió de ser la acritud de vinagre y no lo quiero más: el animalito, déjalo salir.

v.

EL PEOR INNING: Industriales-Matanzas (el 8vo.)

EL PEOR INNING: Industriales-Matanzas (el 8vo.)

Hace unos minutos, en el 8vo. inning del juego de pelota entre
Industriales y Matanzas, los primeros perdían con marcador de
4x1, aprovecharon el descontrol de par de lanzadores matanceros,
llenaron las bases sin outs y finalmente no consiguieron anotar
siquiera una carrera. En nuestro país, envuelta cada decisión en las
nubes de lo político o de lo que no debe de saber el enemigo, se ha
perdido incluso la costumbre de hablar críticamente acerca de
pelota; sin embargo, el desastre de este 8vo. inning debe de ser
tan memorable que bien merecemos ("aquí falta una voz") los
textos de algún buen periodista deportivo que discuta lo ocurrido.
¿Podremos tener eso, eso al menos? ¿Será posible un debate
crítico acerca de la pelota que hoy se juega y su real calidad? ¡Ah,
qué nostalgia de lo que no se vivió!

Victor Fowler Calzada
Zequeira 175 altos e/ Infanta y Cruz del Padre
Cerro, Habana 6
(a dos cuadras de la Esquina de Tejas)
Teléfono: 8734352


Museo de Arte Maníaco: interior – derivaciones

Museo de Arte Maníaco: interior - derivaciones

Como mismo aquel maravilloso poema de Lezama (José L.) donde
restallaban par de versos esplendorosos: "un puente, un gran
puente que no se le ve / pero que pasa por encima de toda su obra
manuscrita".

Uno quisiera complementar o extender la mirada de lamento
implícito de la cual es portador el texto hacia otras zonas, la
sensación de estar atravesando una pérdida inmensa; es decir, el
duelo, hacia variantes de la escena alrededor y es así que aparece
-del modo más irresponsable posible- la verborrea del tickster:

"Estimados señores, no es que los familiares del
cadáver me hayan comisionado, sino que aquí
falta una voz, ay, una voz. O, como diría el
poeta: Un arte, un gran arte que no se le ve".

*
Vaya, porque tal vez la respuesta a una presión no es el gesto
heroico de la sabana, las invasiones, el machete cuidadosamente
afilado en las noches, dormir en una hamaca mientras en los
pulmones penetra el sereno y toda la acumulación de imágenes
que la tradición nos regala para que conformemos el aparataje de
lo trascendental, sino un "arte de fuga", de la relojería, de la
gestualidad maníaca, repetitiva, que equilibra la presión al
traducirla en insistencia alrededor de un punto.

*
Eso sí, la maravilla de ese punto, su grandeza, su heroicidad (y
esto es fundamental entenderlo) es que -por lo general o en el
absoluto de los casos casi- pertenece al orden lo absolutamente
inútil dentro del entramado social en el cual se ubica. Es tan
insistente, necesita de una cantidad tal de operaciones para ser
realizado, trabaja en búsqueda de lo diminuto en tal manera y en
un tejido de símbolos y referencias ocultas tan espeso que
amenaza siempre con sólo tener sentido para quien lo ejecuta; por
tal motivo la fuga no sólo implica un escape aterrado de lo real,
sino que incluso lo reproduce en una construcción fantasmática.
Dicho de otro modo, se huye de lo oprimente (lo real) para fabricar
un muñeco de lo real (una burla) que nos permite tener para
siempre a lo real presente: delante de los ojos, como una
advertencia o pánico de aquello en que nos pudiéramos convertir.

*
El arte fabrica el reino en donde este desplazamiento es posible. El
Museo de Arte Maníaco, de Sandra Ceballos, es otro acierto de su
ya legendario entre nosotros Espacio Aglutinador; ahora lo maníaco
apunta a convertirse en una categoría para la "aglutinación" de
arte, de manera que lo que hoy es una exposición personal en el
futuro pudiera resultar el paraguas debajo del cual fuesen
presentados proyectos o manías ajenas.

*
Las obras trabajan con el arsenal heroico, en lo fundamental, de
dos figuras del panteón más rancio y selecto de la historia cubana
reciente: José Martí y Ernesto Guevara, ambos dentro de un
ambiente donde se multiplica la imagen de ese otro modo de la
celebridad guerrera contemporánea y post-moderna que son los
personajes del "manga" japonés, esta vez encarnado en la figura
de Dragon Ball (rodeado de textos tomados de un texto canónico
del historial político del país: el Informe Central al Primer
Congreso del Partido Comunista de Cuba).

En el caso de Martí, podemos asistir (manosear) un álbum donde el
héroe -después de muerto- reflexiona a partir del hecho de haber
sido muerto por la mano de un cubano; desde esta imaginada, y
maniática, variante de la trascendencia el discurso reflexiona sobre
su final destino y además pone en solfa la interconexión mitificada
del machismo nacional y lo político. A diferencia de la suerte de
héroe blando, post-modernizado, que termina siendo este Martí de
Sandra (algo así como "el héroe que no debió de estar allí", alguien
a quien "le tocó") el rostro desencajado de Dragon Ball nos habla
de una dimensión en la cual lo heroico está integrado a la esencia
como una especie de pasión constitutiva; semejante pasión
entonces (visualmente "hecha" en el lenguaje del comic) no puede
sino entrar en conflicto con la gravedad programática (pensada
para "resumir" y "revolucionar" la Historia) de los textos que
rodean la figura: ese Informe al Primer Congreso del Partido
Comunista de Cuba.

*
Es aquí donde lo maníaco revela su evidente entraña política, pues
la obsesión del agente privado re-construye -en el nivel de la in-
significación- las monumentales obsesiones de la Historia, de lo que
pasa afuera. En este punto, menos importante que leer
acuciosamente los textos elegidos por la autora para elaborar sus
manías, es entender nuestras vidas en el espejo de la actitud
-como si se tratase de una representación dramática- puesta en
escena. O sea, que siendo ella, al propio tiempo, somos nosotros
quienes estamos siendo confrontados a elaborar, mostrara,
defender, intercambiar, masticar, devorar, excretar nuestras
manías. Por este camino podemos terminar dentro de un
espejeante delirio psicótico.

*
"La felicidad no existe, sólo existen momentos felices", dicen.
No sé, aprovechémoslos.
Gracias, Sandra, una vez más me haces pensar.

v.
Victor Fowler Calzada
Zequeira 175 altos e/ Infanta y Cruz del Padre
Cerro, Habana 6
(a dos cuadras de la Esquina de Tejas)
Teléfono: 8734352


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