Notas
Sunday, 8. November 2009, 05:12:17
NOTAS
. Si es cierto que “el orden de los factores no altera el producto”, entonces cualquier lugar es bueno para comenzar. O terminar, ¿cuál es la diferencia? Si la idea de sistema tiene aún validez, cualquiera de los varios aspectos críticos pudiera conducirnos hacia los restantes. El elemento central puede que sea la ideología, puede que sea la raza, la mujer, el homosexual, el control sobre los medios masivos de comunicación, un partido de baseball. Detrás de las palabras hay deseos y en los deseos historias de posibilidad: han tenido, o no, la ocasión de desarrollarse, hablar, ser.
. La presente discusión sobre razas en Cuba (entiéndase que negra, pues “lo blanco” queda fuera de todo cuestionamiento) no es sólo un signo de malestar, sino que esconde el secreto de una derrota silenciosa, que ya sucedió: la del concepto de democracia socialista. En este caso ‘derrota’ no significa que la democracia socialista haya dejado de existir, sino que sus veladores (en lo principal intelectuales, docentes y cuadros administrativos o políticos) permitieron que -como en acto de mago- el núcleo de su imaginario político les fuera robado y difuminado. Aquí Gramsci nos sirve de ayuda, pues la defensa de una ideología ocurre según niveles estructurados; dicho de otra forma, todos los ciudadanos técnicamente pueden, pero hay “profesionales de la defensa” (y la formulación). Es a ellos a quienes toca pensar los agujeros.
. En este contexto “discusión” es una cómoda palabra neutra, dado que esconde su ausencia de pasado inmediato; el hecho y los motivos de no haber existido, así como que el presente la recupera, pero bajo la forma de “erupción”. La permanencia de “puntos álgidos” en el “afuera” de la (inexistente o débil) discusión sobre la democracia socialista, conduce a que hoy no haya nada “natural” en estos nuevos lenguajes y presencias, sino que toca entender que han sido planteados. Cual si la democracia socialista pudiera personificarse, fuera alguien concreto, le han sido colocados en la mesa.
. Pero, si ya no tienen más que un imaginario vaciado, sin núcleo (¡esos marxistas!), ¿qué les queda? Entonces, ¿sólo resta del socialismo un cascarón? Se puede sentir terror y no responder a estas preguntas, o ni siquiera permitir que sean hechas. Pero también se puede recordar que, aún hoy, es la única sociedad moderna que se ha planteado el problema de la igualdad y –más que ello- la desaparición efectiva de la conexión entre pobreza y carácter sub-humano de la vida. Si el capital es global por esencia, entonces el mejor de los capitalismos posibles tiene el deber de explicar no los beneficios que puede brindar a los ciudadanos de un Estado (aquel donde opere dentro de las fronteras de una estructura político-social e identitaria: el país en cuestión), sino el reverso de pobreza en los no beneficiados (en aquellos países donde la pobreza, y sus consecuencias, son parte estructural de las expectativas y proyectos).
. Hay que rechazar la práctica (de los ideólogos del capital) de hablar por, desde y para un grupo (social o de países) y conducirlos a que asuman el fondo universalista de la ideología: hablar por todos. Alcanza con rechazar cualquier mesianismo y, en cambio, exigir que la palabra igualmente sea de aquel que se prefiere no escuchar: el extremo de desposesión. De otra manera, por meandros complejísimos, terminamos arribando al convencimiento de que los pobres están así porque quieren estar así; lo cual, de paso, indicaría que “ellos no son como nosotros”. Aplicada en sus límites, esta teoría de lo salvaje social, concluye en el más descabellado y darwiniano vitalismo solipsista. ¿Qué tipo de ceguera se necesita para operar dentro de un entramado mundial (en cuanto a la circulación de mercancías, dinero, mano de obra y materia prima), a la misma vez que se reconoce únicamente una responsabilidad particular muy controlada (en cuanto a los resultados del proceso, sus beneficios).
. Por tanto, y en oposición a lo anterior, se puede incluso reir ante la inmensidad de la tarea que se propone el socialismo: cambiar la totalidad de las relaciones sociales, incluyendo la economía, la política, la cultura y el humano mismo. ¡Pues sí que están locos estos marxistas! ¿Por qué temer, entonces, a las palabras si están dispuestos nada menos que a lo peor? No ya a reconocer dónde fracasaron, sino a recomenzar (pero, con las lecciones aprendidas: mejor).
. No es una solución, sino un impulso: la teoría marxista. Sus coordenadas son el lugar donde las preguntas pueden ser hechas; las de una sociedad, un sujeto y un mundo nuevo. Revolucionador (primero que todo, de la mente) y exploratorio. ¿Qué se le va a hacer? A veces… ¡hay que regresar al inicio! Lo que se acepta no es la realidad (de ese universo utópico, siempre por construir), sino el impulso hacia él: la direccionalidad de la vida.
. Dentro de las tareas culturales que correspondía cumplir a la teoría y práctica marxistas en la Revolución, estaba la creación de una cultura democrática y nacional-popular de nuevo tipo en oposición a la cultura burguesa del capitalismo. En el caso de países como Cuba, donde conviven grupos de orígenes raciales diferentes, pero con una misma cultura, tal cosa no podía ser lograda sin atender, armonizar y tejer a todos estos grupos a la vez y en idéntico nivel.
. A la teoría marxista correspondía pensar la existencia, interrelaciones y vida (en sus condiciones concretas) de todos estos grupos. De modo tan inesperado como natural (como inesperadas y naturales fueron las transformaciones de la realidad: la desintegración del antiguo “campo socialista”), entre las grietas de la Cuba del denominado “período especial” fueron surgiendo demandas (a veces angustiosas hasta el grito) de atención sectoriales.
. Vivificar la teoría marxista (de la construcción de esa cultura democrática y nacional-popular) mediante el pensamiento-acción con (y desde) esas agrupaciones sectoriales o encajar la nueva realidad, pero como si fuese un cuerpo extraño en el lenguaje de la intelectualidad nacional. Sería grato poder demostrar que ocurrió lo primero, aunque las evidencias presentes apunten hacia lo segundo. La extrañeza a la que me refiero es la de pensar lo particular con todo el aparataje teórico-crítico que la operación acarrea y (esto ha sido lo más negativo) sin atención a los fantasmas que acompañan la novedad. En el caso de lo racial, se pierde de vista la posibilidad de integrarse a una revuelta teórica articulada desde los muy variados modos de pobreza cubana y no dentro de la obediente clasificación que enfrenta a negros vs. blancos. Uno de los gestos discursivos que tal postura necesita es la aceptación de una categoría sumamente inestable en Cuba: los negros (sin tomar en cuenta que tanto lealtad como expectativas fracturan ese conjunto supuestamente homogéneo), en un país donde genéticamente más del 60% de la población tiene antepasados (lejanos o cercanos) de esa procedencia.
. Hay que pensar al revés: ¿qué “cosas” hay que hacer (a la Historia, las instituciones, las publicaciones, la enseñanza, los discursos) para poder hablar de las situaciones particulares de negros, mujeres, homosexuales, creyentes religiosos, sub-culturas? Y todavía al revés del revés: ¿qué “cosas” no fueron hechas para que haya podido tener lugar la emergencia (y creciente peso) de estos nuevos posicionamientos?
. La precisión demanda sutileza e implica leer los textos para localizar en ellos no la imagen de una fractura, la perspectiva de un otro, sino la dificultad de articular la “construcción” que antes mencionamos. Luego de que la investigación demuestra, de manera incontrovertible, que la Revolución no consiguió alcanzar sus metas de igualar a los diferentes (según origen racial) grupos del país, así como tampoco satisfizo las demandas que hoy se le hacen desde la identidad (genérica, sexual, religiosa, subcultural): ¿qué corresponde hacer? Es aquí donde el campo se abre a la estructuración de la protesta, pero también a la reevaluación (y relanzamiento) de esa búsqueda de unidad en la diversidad que es el u-topos de las revoluciones: su meta estratégica.
. Pero por primera y única vez, en la historia del país, tuvo sentido creer en la posibilidad de igualdad plena (económica, social, cultural, ante la ley, de condiciones de vida, expectativas de desarrollo y acceso a la dirección política y administrativa del país). En lo adelante, desaparecida la estructura burguesa de clases sociales, el racismo sólo pudo echar raíz en el terreno más fértil: la cultura (entendida aquí como mundivisión propia y suma de tradiciones a las que se es leal). Si tal es el punto de partida, los logros de la Revolución son –aún hoy- enormes y todavía (o, más que nunca, ahora) el tipo de realización humana a la que un sujeto “negro” puede aspirar hace que lo que carezca de sentido sea lo contrario: suponer igual cantidad de realización dentro del espacio del capitalismo, sobre todo si se le piensa de modo no particular y no racial. Es decir, que no se trata de comparar las condiciones de vida de un ínfimo sector de “negros” integrados en los niveles más altos del aparato de dominación (por ejemplo, millonarios), con la masa nacional de obreros, sino de oponer la poquedad que ese obrero “parte” (divide, comparte) a lo que no se nos dice respecto al objeto de dominación (el pobre, el paria, el desposeído: la basura).
. Cualquier comprensión (o su contrario) del proyecto socialista pasa antes por esta voluntad de universalización dentro del territorio (lo cual implica el rechazo a toda mecánica de beneficios a cambio de “condiciones excepcionales”). Dicho de otro modo, no hay que ser excepcional para disfrutar del universal (en su reverso, “para nosotros todo es más difícil”) . Por tal motivo, para los sujetos “negros” sólo tiene sentido buscar lo no logrado adentrándose aún más en el socialismo: refundarlo una y otra vez.
. Claro que esto pasa, primero, por el reconocimiento del racismo a la cubana (nuestra variedad) y la derivación implícita en cuanto a que algo en el trabajo ideológico se ha dañado (como por otra parte, no podía sino suceder luego del espectacular sacudimiento que significó la entrada y travesía por el “período especial”). Además de ello, súmense aquí la homofobia criolla, el sexismo y la cuestión religiosa, cuando menos; teniendo en cuenta que, si tales tensiones existen, la vida del individuo que participe de varias de ellas puede ser intensamente lastimada (¿tiene, el socialismo, sus propios modos de alienación?). Si de agrupaciones identitarias se trata, junto con sus particularidades propias, también corresponde destacar cuestiones de validez general.
. ¿Permitieron los intelectuales cubanos (lo cual incluye, como antes vimos, a políticos profesionales, además de educadores y otras agrupaciones de pensamiento) que un tema de tal magnitud (el de la democracia socialista) les fuera, así sin más, arrancado? ¿Cómo sostener una afirmación de tal dureza cuando es posible citar tanta documentación que sustenta lo contrario? La misma persistencia y ampliación del enfoque (donde predomina la demanda) desde lo racial (hacia la Revolución y la cultura cubana post-1959), alcanza para demostrar que algún tipo de cambio ha sucedido. ¿No sería más justo entonces afirmar que estos intelectuales ni siquiera sintieron que les era debilitada la voz, que estaban siendo rebasados?
. ¡Pero nada menos que el aspecto práctico de la doctrina, el motor! La “democracia socialista”, de la cual ya no se habla hoy, en atención a que su contenido fue desplazado al tema de la “sociedad civil” (término que, para colmo, proviene del marxismo). ¿Implica ello que el tema de la “democracia socialista” como modo de nueva vida fue agotado? A decir verdad, no hay respuestas (¿en cuál documento o texto teórico la encontraríamos?), pues tampoco fueron antes hechas las preguntas (todas las imaginables) a la democracia socialista como tal.
. En el nivel de la construcción teórica, se suponía que el nuevo poder proponía -al tiempo que operaba dentro de ella- una reformulación de la democracia, según la fórmula clásica del socialismo ortodoxo en la cual el poder es de los obreros y campesinos, junto con la intelectualidad que se les alía. Ellos crearían no sólo el espacio político de una nueva democracia, sino el de nuevas relaciones de vida entre los sujetos. En este punto, el devenir de la “potencia humana” (tal y como la entendía Marx al final del Tomo III de El capital) le puso una zancadilla al pensamiento socialista; de modo paulatino, y muy marcadamente luego de la II Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría, los enconamientos de la lucha de clases se descubrieron atravesados (y fracturados) por el culturalismo y la voluntad de identidad grupal.
. Las luchas desde identidades grupales, ¿son orgánicas a la recomposición de la dominación del capital? En el sentido de que “demoran” la velocidad del enfrentamiento de clases, sí. En el sentido de que, junto con los logros (muy elogiables) que obtienen para que los sujetos de identidad vivan con humanidad sus vidas, también revelan los límites de la supuesta libertad obtenida (impuestos por las mismas viejas estructuras de dominación), entonces no. ¿Se puede ser “sí” y “no” a la misma vez? ¿Orgánico y destructor? ....
. Sólo la permanente sospecha (Ricoeur) parece abrir un camino semejante. O una teoría de la existencia como experiencia guerrillera (¿no hay cierto tufo a Trotsky?): estoy donde no estoy, me desplazo, reconfiguro continuamente mi proyecto, dudo de mi posición subjetiva y también del beneficio que recibo, incluyo cada vez más. Pero, sobre todo, mientras más aceptado soy más hago del otro inaceptado mi punto de partida: en particular, mientras el otro es más sujeto de desposesión. Aquí, también, nos abraza Foucault (cuando, en sus últimos escritos, llama a convertir las vidas en obras de arte), pero agregando a Levinas: me constituyo en tanto avanzo hacia el otro.
. La inexistente teoría de la democracia socialista cubana no supo (aún no sabe) dar esa respuesta de la cual depende su posibilidad de evitar cualquier trampa represiva (cosa que ocurre cuando se trata al propio como ajeno político y, más que ello, enemigo) y ser (el Estado y la vida) no sólo socialista, sino serlo de manera radical, absoluta y mística. Si extendemos el argumento hacia todas sus derivaciones, de las soluciones ante la anterior dialéctica (¿qué es lo propio, qué es enemistad, cómo tratarlo?) dependen los límites del socialismo, su posibilidad de atractivo universal para explotados y desposeídos, y su salvación como forma de vida. Por semejante agujero del pensar, hueco negro de las ideas, es que el marxismo cubano ni siquiera se atreve a empezar a pensar (como problema filosófico) el más terrible de los temas: la posibilidad (y existencia) de la alienación en el socialismo.
. Y entiéndase que no hablamos de locura (lo cual es clínico), sino de vidas dañadas cuando al peso de la historia acumulada se agrega ahora el inmenso aparato del Estado y el Partido para impedir ésta o aquella práctica o conducta cultural, sexual, religiosa. En oposición a ello, hay salvar al socialismo del socialismo peor, preguntar a los textos (clásicos o a sus subsiguientes desarrollos). Hay que sacudir el esqueleto del pasado y ser cruel para que los textos respondan; dicho de otro modo, la elección del socialismo como horizonte de vida sólo tiene sentido si también se eligen la pregunta y la voluntad de obligar al socialismo a desgarrarse a sí mismo para emerger y serlo. Por cierto, ¿dónde están los textos exploratorios, con más intuiciones que certezas, en los teóricos cubanos del marxismo? (pero… ¿es que existen?) Tal vez andemos un poco huérfanos. Además de la sagrada trilogía (Marx, Engels, Lenin) y unos pocos seguidores aventajados (Luxemburgo, Gramsci), ¿qué otros marxistas son leídos en Cuba hoy? Sobre todo (sobre todo, sobre todo), ¿cuáles marxistas del presente?
. Tiene que haber (supongo) un modo socialista de desplegar la identidad hacia su libertad (en los espacios públicos) y de no tener que vivirla, como un secreto vergonzante, en los ámbitos privados. Hay que poder ser homosexual, o mujer, o sujeto negro, o sujeto religioso ya que, si estos son dañados por la máquina de dominación capitalista, entonces el socialismo ha de venir como el momento en el cual podrán (¡al fin!) desplegar su identidad-libertad. Además de lo ahora dicho, hay que poder disentir y, sobre todo, gozar.
. Socialismo es gozar.
. ¿Cómo acceder a ese modo socialista del goce sin antes saber qué diablos es, como tal, el goce mismo y el particular de los grupos de identidad? Porque no existe una teoría socialista de la diversión, de la alegría, el entretenimiento, el disfrute, el placer, el goce. Para que los individuos trabajen alcanza con la coerción (presión lo mismo que chantaje o látigo), pero ¿se puede obligar a alguien a gozar, a que se sienta infinitamente feliz desde su identidad-libertad?
. Socialismo es producción de felicidad o nada. Pero reestructura los parámetros de la felicidad (¿cuáles son?). La imagen de multitudes agobiadas de trabajo y sufrimiento no cabe aquí, sino que se construye en el reverso: la alegría permanente.
. Dentro del socialismo cubano, las obligaciones de una lucha sin cuartel (para la defensa del proyecto) han puesto en primer plano (¿qué conductas, prácticas o consumos culturales permitir o impulsar?), a la ideología entendida como propaganda (donde predominan la inmediatez, la pedagogía social y el control); sin embargo, en las condiciones del mundo de hoy (globalización, post-comunismo, luchas identitarias, cultura de la red) casi todo control es veloz o paulatinamente burlado y casi cualquier demanda satisfecha. Dicho de otro modo, quien intente (en las presentes condiciones) controlar ideología, la perderá si no produce ideología.
. La tarea principal, la única que realmente vale la pena para el socialismo, es convertirlo en una opción atractiva, un horizonte de vida deseable; para sus ciudadanos y, más allá (esto es lo principal) para los desposeídos del mundo. Más, para ello, no valen los decretos ni las ordenanzas (es decir, los estilos cómodos), sino que hay que salir al veleidoso (y virtualmente infinito) campo de batalla de la ideología y producirla.
. La “producción” no es discurso puro (aunque lo incluye), sino su refracción en la multiplicidad de espacios de la vida y sus signos son primordialmente estéticos y conductuales: abarca todo lo que puedo crear, consumir y ser. No es un conjunto rígido de reglas, sino una reconfiguración permanente de límites (muy particularmente los de lo posible en el espacio público) y su voluntad es incluir. No es la ley externa que encarna en la justicia, sino la continua apertura de lo social, el cambio de las relaciones interpersonales, el diálogo con el mundo, la recepción de la tecnología, el ejercicio de la voz.
. El marxismo necesita héroes y figuras alegres, pero no los habrá en tanto las interioridades de su forma de democracia (y sus límites) no sean discutidos abiertamente y motivo de discusión permanente. El marxismo necesita fiesta (más bien reflexionar sobre ella) para que el socialismo (la plasmación como hechos de la doctrina, su encarnación en el Estado) aparezca como goce. Ah, y en esta palabra cabe la totalidad de las prácticas y consumos culturales, así como conductas y estilos de vida no lesivos para la comunidad (que previamente asumió al Estado socialista como su destino). ¡Pero hay que conocer la respuesta de la comunidad! La respuesta de todos (incluso la que no fue pronunciada).
. Y que no pueden ser escuchadas sino en el intercambio público de ideas. ¿Conduce esto a la renuncia, por parte de los estamentos políticos, a influir? ¡Jamás! Aunque esta vez “influencia” significa sutileza y “producción”. Como mismo en el concepto que los griegos antiguos tenían para la poesía (según Lezama): creatio ex nihilo (creación partiendo de la nada), pues si el diálogo existe la situación contextual es diferente cada día: evoluciona, muta. Según esto, política y marxismo no pueden sino ser poesía: adelantamiento y respuesta. (La poesía es la anotación de una respuesta: Lezama).
. A la comprensión y aplicación de este arte de guerrilla (estoy donde no lo imaginan y voy siempre más adelante) y equilibrio entre partes, creo que se le llama dialéctica.
. Con toda seguridad se puede apostar (a no ser que se le maniate) a que los mensajes circulantes en la red nacional (los cuales, de inmediato, pasan a la red global) serán cada día más expresión de esos vacíos de razón (lo no pensado) por el marxismo cubano. En meses recientes se han multiplicado nuevas ideas sobre raza, fricciones alrededor de la censura cultural, sobre la música ligera en conexión con el kistch, sobre la prohibición de mencionar (no digamos ver) a peloteros cubanos que abandonaron el país y hoy juegan en las llamadas Grandes Ligas de baseball. Todos, absolutamente todos esos mensajes son portadores de deseo.
. No es una queja ni una crítica, sino un simple diagnóstico: prácticamente ninguno de esos temas ha encontrado reflejo en el mundo editorial de las ciencias sociales cubanas ni tampoco en los medios masivos del país; al menos, no con la profundidad e intensidad que lo han hecho en la red nacional. Todos y cada uno de esos deseos desvalorizan (aún cuando no se les manifieste con tal virulencia) la democracia socialista cubana. ¿Cómo puede haber democracia donde no puede haber deseo o sólo puede ser satisfecho afuera (es decir, en secreto, como acto de vergüenza o doblez)?
. El deseo sólo es satisfecho en el goce, pero su opuesto es la destrucción, la deriva hacia el extravío de toda norma de convivencia: la libertad paradójica. En una sociedad sin límites todo se puede (lo cual es queja común respecto a nuestro presente hoy), más vale la pena recordar que ha sido el socialismo mismo quien eliminó –por falsas- las constricciones de la antigua respetabilidad. En la sociedad burguesa la ley es simple: quien destruye (erosiona, corroe) propiedad es destruido, pero el socialismo es profundamente popular. Aquí hay un paréntesis que no es sólo de la Ley, sino de la cultura y el debate.
. Lo siento, no voy a eliminar de las ecuaciones el incómodo obstáculo de la clase social y entonces, regresando a la pregunta anterior, ¿puede otro sistema social siquiera intentarlo? (Ya sé, ya sé que no hay pregunta alguna, pero es algo que se resuelve de manera sencilla: ¡haciéndola!).
. Suponiendo que las discusiones se dieran, ¿es la democracia socialista un antídoto? (como aquella “aspirina del tamaño del Sol” de la que hablaba Roque Dalton). Todo lo contrario, se trata de una bomba a sostener con las manos y la mecha está encendida cuando nos la dan.
. En uno de sus momentos más mediocres como pensador escribió Lyotard: “la crítica del socialismo está hecha”. Se refería a las imágenes de los ciudadanos de la desaparecida RDA que, llenos de deseos insatisfechos, invadían las tiendas de la antigua RFA cuando cayó el Muro de Berlin y pudieron pasar al otro lado. Tomar indicadores semejantes como la confirmación de la muerte de una idea no es un buen camino, pues, ¿no nos lleva también a afirmar que la crítica del capitalismo está igualmente hecha, y desde hace mucho, en cualquier imagen de los efectos de la dominación del capital? Huelgas, hambre, guerra, sangre.
. Lo fascinante en la posición de Lyotard es su incapacidad de “ver” que igualmente implica la más terrible crítica del capitalismo y, en consecuencia, devela su supuesto revolucionarismo de filósofo como un cómodo acto de aceptación (todo está bien, con tal de que yo lo esté). En oposición a ello, hay que devolver a la vida sus redes e interconexiones, pero hasta lo insoportable; es decir, todo está mal exactamente porque yo estoy bien, pues lo que importa es el otro: el excluido, la medida real.
. Lo que significa que ideas y sistemas tienen que atravesar pruebas, dar pruebas de sí en sus límites. Para lo que venimos apuntando aquí, al socialismo corresponde darlas en la actualización permanente de su modo de democracia. Es importante entender que este proceso no se detiene nunca, pues no hay un estado que permita pronunciar la frase tranquilizadora: “¡hemos llegado!”. Cada minuto es la prueba, cada acto en cada lugar (pues también el socialismo tiene que recuperar para sí, para entender su funcionamiento interno, la idea de interconexión y el daño de una parte enferma el total). La alienación en el socialismo: hay que pensarla.
. El juicio último es triple: por lo que un sistema político estimula, genera o impone; por lo que censura, combate, niega o relega; por lo que torna inconcebible. La magnitud del salto que alcanzan a dar las revoluciones es definida por los resultados de ese tercer juicio (por demás, no pocas veces minimizado); es decir, no por lo evidente, sino por la cantidad de pasado que prometen suprimir para siempre, por la correspondencia entre la promesa y el mundo nuevo. Por tal razón, pese a descalabros y penurias económicas, una escena normalizada en cualquier capital tercermundista (gente limpiando parabrisas de automóviles para recibir centavos y con peligro para sus vidas) además de ser uno de los rostros de las diferencias económicas (entre los excluídos que no acceden a la divisa extranjera), continúa apareciendo como una imagen chocante y desajustada en el paisaje de la ciudad capital cubana. Ya no elegir, sino tener que ganarse la vida de esta forma (hacer esto porque no hay ninguna otra posibilidad) integra, para los cubanos, el contenido de lo que ni siquiera pueden concebir.
. El contenido esencial de la promesa (su cumplimiento o no) se decide en lo inconcebible y en relación dialéctica con el pasado (lo que no va a regresar jamás: lo irrepetible).
. El político es un guerrillero, pero el guerrillero es un administrador de mensajes en la red, el que organiza el cambio de los conmutadores en una estación de trenes gigantesca o el ingeniero que mueve la energía en la central eléctrica total. Son intelectuales de lo posible (con tal de que la posibilidad no se convierta en una máscara cuyo objetivo es esconder limitaciones personales o temores; con tal de que la máscara apenas oculte una voluntad orientada a la represión de cualquier idea diferente). ¿Qué ocurriría si todos se transforman en políticos? Los ciudadanos, digo (si la vida es el ágora).
. El socialismo desaparece por extensión.
. Mis palabras portan un contenido romántico e inalcanzable; si uno revisa la historia de los diversos socialismos (y si los seres humanos van a seguir siendo humanos) ni se han cumplido ni se cumplirán. Sin embargo, es imperativo que sean cumplidas y de eso es que trata la ética: de la opción es el horizonte de la vida y se busca volver de revés la existencia. Nada de delicadezas o pañuelos en la nariz, sino garras y desesperación (como explicaba Marx al recordar que el hambre del hambriento no es la misma que la de quien come con manteles y cubiertos).
. El capitalismo, en sus variantes gratas, tiene más glamour, pero el socialismo resulta más interesante (porque es más imposible).
. Se trata de todo.
. La felicidad (ya sea por ausencia, presencia, sobreabundancia, ansia, desespero o búsqueda) es política. No ya las condiciones para desarrollarla, sino el mero hecho de si existe o no, de si disminuye o crece. También el tiempo. Esas son las verdaderas variables.
. Plantearlo desentona, suena como locura y todavía más intentarlo.
. Claro.
. Si es cierto que “el orden de los factores no altera el producto”, entonces cualquier lugar es bueno para comenzar. O terminar, ¿cuál es la diferencia? Si la idea de sistema tiene aún validez, cualquiera de los varios aspectos críticos pudiera conducirnos hacia los restantes. El elemento central puede que sea la ideología, puede que sea la raza, la mujer, el homosexual, el control sobre los medios masivos de comunicación, un partido de baseball. Detrás de las palabras hay deseos y en los deseos historias de posibilidad: han tenido, o no, la ocasión de desarrollarse, hablar, ser.
. La presente discusión sobre razas en Cuba (entiéndase que negra, pues “lo blanco” queda fuera de todo cuestionamiento) no es sólo un signo de malestar, sino que esconde el secreto de una derrota silenciosa, que ya sucedió: la del concepto de democracia socialista. En este caso ‘derrota’ no significa que la democracia socialista haya dejado de existir, sino que sus veladores (en lo principal intelectuales, docentes y cuadros administrativos o políticos) permitieron que -como en acto de mago- el núcleo de su imaginario político les fuera robado y difuminado. Aquí Gramsci nos sirve de ayuda, pues la defensa de una ideología ocurre según niveles estructurados; dicho de otra forma, todos los ciudadanos técnicamente pueden, pero hay “profesionales de la defensa” (y la formulación). Es a ellos a quienes toca pensar los agujeros.
. En este contexto “discusión” es una cómoda palabra neutra, dado que esconde su ausencia de pasado inmediato; el hecho y los motivos de no haber existido, así como que el presente la recupera, pero bajo la forma de “erupción”. La permanencia de “puntos álgidos” en el “afuera” de la (inexistente o débil) discusión sobre la democracia socialista, conduce a que hoy no haya nada “natural” en estos nuevos lenguajes y presencias, sino que toca entender que han sido planteados. Cual si la democracia socialista pudiera personificarse, fuera alguien concreto, le han sido colocados en la mesa.
. Pero, si ya no tienen más que un imaginario vaciado, sin núcleo (¡esos marxistas!), ¿qué les queda? Entonces, ¿sólo resta del socialismo un cascarón? Se puede sentir terror y no responder a estas preguntas, o ni siquiera permitir que sean hechas. Pero también se puede recordar que, aún hoy, es la única sociedad moderna que se ha planteado el problema de la igualdad y –más que ello- la desaparición efectiva de la conexión entre pobreza y carácter sub-humano de la vida. Si el capital es global por esencia, entonces el mejor de los capitalismos posibles tiene el deber de explicar no los beneficios que puede brindar a los ciudadanos de un Estado (aquel donde opere dentro de las fronteras de una estructura político-social e identitaria: el país en cuestión), sino el reverso de pobreza en los no beneficiados (en aquellos países donde la pobreza, y sus consecuencias, son parte estructural de las expectativas y proyectos).
. Hay que rechazar la práctica (de los ideólogos del capital) de hablar por, desde y para un grupo (social o de países) y conducirlos a que asuman el fondo universalista de la ideología: hablar por todos. Alcanza con rechazar cualquier mesianismo y, en cambio, exigir que la palabra igualmente sea de aquel que se prefiere no escuchar: el extremo de desposesión. De otra manera, por meandros complejísimos, terminamos arribando al convencimiento de que los pobres están así porque quieren estar así; lo cual, de paso, indicaría que “ellos no son como nosotros”. Aplicada en sus límites, esta teoría de lo salvaje social, concluye en el más descabellado y darwiniano vitalismo solipsista. ¿Qué tipo de ceguera se necesita para operar dentro de un entramado mundial (en cuanto a la circulación de mercancías, dinero, mano de obra y materia prima), a la misma vez que se reconoce únicamente una responsabilidad particular muy controlada (en cuanto a los resultados del proceso, sus beneficios).
. Por tanto, y en oposición a lo anterior, se puede incluso reir ante la inmensidad de la tarea que se propone el socialismo: cambiar la totalidad de las relaciones sociales, incluyendo la economía, la política, la cultura y el humano mismo. ¡Pues sí que están locos estos marxistas! ¿Por qué temer, entonces, a las palabras si están dispuestos nada menos que a lo peor? No ya a reconocer dónde fracasaron, sino a recomenzar (pero, con las lecciones aprendidas: mejor).
. No es una solución, sino un impulso: la teoría marxista. Sus coordenadas son el lugar donde las preguntas pueden ser hechas; las de una sociedad, un sujeto y un mundo nuevo. Revolucionador (primero que todo, de la mente) y exploratorio. ¿Qué se le va a hacer? A veces… ¡hay que regresar al inicio! Lo que se acepta no es la realidad (de ese universo utópico, siempre por construir), sino el impulso hacia él: la direccionalidad de la vida.
. Dentro de las tareas culturales que correspondía cumplir a la teoría y práctica marxistas en la Revolución, estaba la creación de una cultura democrática y nacional-popular de nuevo tipo en oposición a la cultura burguesa del capitalismo. En el caso de países como Cuba, donde conviven grupos de orígenes raciales diferentes, pero con una misma cultura, tal cosa no podía ser lograda sin atender, armonizar y tejer a todos estos grupos a la vez y en idéntico nivel.
. A la teoría marxista correspondía pensar la existencia, interrelaciones y vida (en sus condiciones concretas) de todos estos grupos. De modo tan inesperado como natural (como inesperadas y naturales fueron las transformaciones de la realidad: la desintegración del antiguo “campo socialista”), entre las grietas de la Cuba del denominado “período especial” fueron surgiendo demandas (a veces angustiosas hasta el grito) de atención sectoriales.
. Vivificar la teoría marxista (de la construcción de esa cultura democrática y nacional-popular) mediante el pensamiento-acción con (y desde) esas agrupaciones sectoriales o encajar la nueva realidad, pero como si fuese un cuerpo extraño en el lenguaje de la intelectualidad nacional. Sería grato poder demostrar que ocurrió lo primero, aunque las evidencias presentes apunten hacia lo segundo. La extrañeza a la que me refiero es la de pensar lo particular con todo el aparataje teórico-crítico que la operación acarrea y (esto ha sido lo más negativo) sin atención a los fantasmas que acompañan la novedad. En el caso de lo racial, se pierde de vista la posibilidad de integrarse a una revuelta teórica articulada desde los muy variados modos de pobreza cubana y no dentro de la obediente clasificación que enfrenta a negros vs. blancos. Uno de los gestos discursivos que tal postura necesita es la aceptación de una categoría sumamente inestable en Cuba: los negros (sin tomar en cuenta que tanto lealtad como expectativas fracturan ese conjunto supuestamente homogéneo), en un país donde genéticamente más del 60% de la población tiene antepasados (lejanos o cercanos) de esa procedencia.
. Hay que pensar al revés: ¿qué “cosas” hay que hacer (a la Historia, las instituciones, las publicaciones, la enseñanza, los discursos) para poder hablar de las situaciones particulares de negros, mujeres, homosexuales, creyentes religiosos, sub-culturas? Y todavía al revés del revés: ¿qué “cosas” no fueron hechas para que haya podido tener lugar la emergencia (y creciente peso) de estos nuevos posicionamientos?
. La precisión demanda sutileza e implica leer los textos para localizar en ellos no la imagen de una fractura, la perspectiva de un otro, sino la dificultad de articular la “construcción” que antes mencionamos. Luego de que la investigación demuestra, de manera incontrovertible, que la Revolución no consiguió alcanzar sus metas de igualar a los diferentes (según origen racial) grupos del país, así como tampoco satisfizo las demandas que hoy se le hacen desde la identidad (genérica, sexual, religiosa, subcultural): ¿qué corresponde hacer? Es aquí donde el campo se abre a la estructuración de la protesta, pero también a la reevaluación (y relanzamiento) de esa búsqueda de unidad en la diversidad que es el u-topos de las revoluciones: su meta estratégica.
. Pero por primera y única vez, en la historia del país, tuvo sentido creer en la posibilidad de igualdad plena (económica, social, cultural, ante la ley, de condiciones de vida, expectativas de desarrollo y acceso a la dirección política y administrativa del país). En lo adelante, desaparecida la estructura burguesa de clases sociales, el racismo sólo pudo echar raíz en el terreno más fértil: la cultura (entendida aquí como mundivisión propia y suma de tradiciones a las que se es leal). Si tal es el punto de partida, los logros de la Revolución son –aún hoy- enormes y todavía (o, más que nunca, ahora) el tipo de realización humana a la que un sujeto “negro” puede aspirar hace que lo que carezca de sentido sea lo contrario: suponer igual cantidad de realización dentro del espacio del capitalismo, sobre todo si se le piensa de modo no particular y no racial. Es decir, que no se trata de comparar las condiciones de vida de un ínfimo sector de “negros” integrados en los niveles más altos del aparato de dominación (por ejemplo, millonarios), con la masa nacional de obreros, sino de oponer la poquedad que ese obrero “parte” (divide, comparte) a lo que no se nos dice respecto al objeto de dominación (el pobre, el paria, el desposeído: la basura).
. Cualquier comprensión (o su contrario) del proyecto socialista pasa antes por esta voluntad de universalización dentro del territorio (lo cual implica el rechazo a toda mecánica de beneficios a cambio de “condiciones excepcionales”). Dicho de otro modo, no hay que ser excepcional para disfrutar del universal (en su reverso, “para nosotros todo es más difícil”) . Por tal motivo, para los sujetos “negros” sólo tiene sentido buscar lo no logrado adentrándose aún más en el socialismo: refundarlo una y otra vez.
. Claro que esto pasa, primero, por el reconocimiento del racismo a la cubana (nuestra variedad) y la derivación implícita en cuanto a que algo en el trabajo ideológico se ha dañado (como por otra parte, no podía sino suceder luego del espectacular sacudimiento que significó la entrada y travesía por el “período especial”). Además de ello, súmense aquí la homofobia criolla, el sexismo y la cuestión religiosa, cuando menos; teniendo en cuenta que, si tales tensiones existen, la vida del individuo que participe de varias de ellas puede ser intensamente lastimada (¿tiene, el socialismo, sus propios modos de alienación?). Si de agrupaciones identitarias se trata, junto con sus particularidades propias, también corresponde destacar cuestiones de validez general.
. ¿Permitieron los intelectuales cubanos (lo cual incluye, como antes vimos, a políticos profesionales, además de educadores y otras agrupaciones de pensamiento) que un tema de tal magnitud (el de la democracia socialista) les fuera, así sin más, arrancado? ¿Cómo sostener una afirmación de tal dureza cuando es posible citar tanta documentación que sustenta lo contrario? La misma persistencia y ampliación del enfoque (donde predomina la demanda) desde lo racial (hacia la Revolución y la cultura cubana post-1959), alcanza para demostrar que algún tipo de cambio ha sucedido. ¿No sería más justo entonces afirmar que estos intelectuales ni siquiera sintieron que les era debilitada la voz, que estaban siendo rebasados?
. ¡Pero nada menos que el aspecto práctico de la doctrina, el motor! La “democracia socialista”, de la cual ya no se habla hoy, en atención a que su contenido fue desplazado al tema de la “sociedad civil” (término que, para colmo, proviene del marxismo). ¿Implica ello que el tema de la “democracia socialista” como modo de nueva vida fue agotado? A decir verdad, no hay respuestas (¿en cuál documento o texto teórico la encontraríamos?), pues tampoco fueron antes hechas las preguntas (todas las imaginables) a la democracia socialista como tal.
. En el nivel de la construcción teórica, se suponía que el nuevo poder proponía -al tiempo que operaba dentro de ella- una reformulación de la democracia, según la fórmula clásica del socialismo ortodoxo en la cual el poder es de los obreros y campesinos, junto con la intelectualidad que se les alía. Ellos crearían no sólo el espacio político de una nueva democracia, sino el de nuevas relaciones de vida entre los sujetos. En este punto, el devenir de la “potencia humana” (tal y como la entendía Marx al final del Tomo III de El capital) le puso una zancadilla al pensamiento socialista; de modo paulatino, y muy marcadamente luego de la II Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría, los enconamientos de la lucha de clases se descubrieron atravesados (y fracturados) por el culturalismo y la voluntad de identidad grupal.
. Las luchas desde identidades grupales, ¿son orgánicas a la recomposición de la dominación del capital? En el sentido de que “demoran” la velocidad del enfrentamiento de clases, sí. En el sentido de que, junto con los logros (muy elogiables) que obtienen para que los sujetos de identidad vivan con humanidad sus vidas, también revelan los límites de la supuesta libertad obtenida (impuestos por las mismas viejas estructuras de dominación), entonces no. ¿Se puede ser “sí” y “no” a la misma vez? ¿Orgánico y destructor? ....
. Sólo la permanente sospecha (Ricoeur) parece abrir un camino semejante. O una teoría de la existencia como experiencia guerrillera (¿no hay cierto tufo a Trotsky?): estoy donde no estoy, me desplazo, reconfiguro continuamente mi proyecto, dudo de mi posición subjetiva y también del beneficio que recibo, incluyo cada vez más. Pero, sobre todo, mientras más aceptado soy más hago del otro inaceptado mi punto de partida: en particular, mientras el otro es más sujeto de desposesión. Aquí, también, nos abraza Foucault (cuando, en sus últimos escritos, llama a convertir las vidas en obras de arte), pero agregando a Levinas: me constituyo en tanto avanzo hacia el otro.
. La inexistente teoría de la democracia socialista cubana no supo (aún no sabe) dar esa respuesta de la cual depende su posibilidad de evitar cualquier trampa represiva (cosa que ocurre cuando se trata al propio como ajeno político y, más que ello, enemigo) y ser (el Estado y la vida) no sólo socialista, sino serlo de manera radical, absoluta y mística. Si extendemos el argumento hacia todas sus derivaciones, de las soluciones ante la anterior dialéctica (¿qué es lo propio, qué es enemistad, cómo tratarlo?) dependen los límites del socialismo, su posibilidad de atractivo universal para explotados y desposeídos, y su salvación como forma de vida. Por semejante agujero del pensar, hueco negro de las ideas, es que el marxismo cubano ni siquiera se atreve a empezar a pensar (como problema filosófico) el más terrible de los temas: la posibilidad (y existencia) de la alienación en el socialismo.
. Y entiéndase que no hablamos de locura (lo cual es clínico), sino de vidas dañadas cuando al peso de la historia acumulada se agrega ahora el inmenso aparato del Estado y el Partido para impedir ésta o aquella práctica o conducta cultural, sexual, religiosa. En oposición a ello, hay salvar al socialismo del socialismo peor, preguntar a los textos (clásicos o a sus subsiguientes desarrollos). Hay que sacudir el esqueleto del pasado y ser cruel para que los textos respondan; dicho de otro modo, la elección del socialismo como horizonte de vida sólo tiene sentido si también se eligen la pregunta y la voluntad de obligar al socialismo a desgarrarse a sí mismo para emerger y serlo. Por cierto, ¿dónde están los textos exploratorios, con más intuiciones que certezas, en los teóricos cubanos del marxismo? (pero… ¿es que existen?) Tal vez andemos un poco huérfanos. Además de la sagrada trilogía (Marx, Engels, Lenin) y unos pocos seguidores aventajados (Luxemburgo, Gramsci), ¿qué otros marxistas son leídos en Cuba hoy? Sobre todo (sobre todo, sobre todo), ¿cuáles marxistas del presente?
. Tiene que haber (supongo) un modo socialista de desplegar la identidad hacia su libertad (en los espacios públicos) y de no tener que vivirla, como un secreto vergonzante, en los ámbitos privados. Hay que poder ser homosexual, o mujer, o sujeto negro, o sujeto religioso ya que, si estos son dañados por la máquina de dominación capitalista, entonces el socialismo ha de venir como el momento en el cual podrán (¡al fin!) desplegar su identidad-libertad. Además de lo ahora dicho, hay que poder disentir y, sobre todo, gozar.
. Socialismo es gozar.
. ¿Cómo acceder a ese modo socialista del goce sin antes saber qué diablos es, como tal, el goce mismo y el particular de los grupos de identidad? Porque no existe una teoría socialista de la diversión, de la alegría, el entretenimiento, el disfrute, el placer, el goce. Para que los individuos trabajen alcanza con la coerción (presión lo mismo que chantaje o látigo), pero ¿se puede obligar a alguien a gozar, a que se sienta infinitamente feliz desde su identidad-libertad?
. Socialismo es producción de felicidad o nada. Pero reestructura los parámetros de la felicidad (¿cuáles son?). La imagen de multitudes agobiadas de trabajo y sufrimiento no cabe aquí, sino que se construye en el reverso: la alegría permanente.
. Dentro del socialismo cubano, las obligaciones de una lucha sin cuartel (para la defensa del proyecto) han puesto en primer plano (¿qué conductas, prácticas o consumos culturales permitir o impulsar?), a la ideología entendida como propaganda (donde predominan la inmediatez, la pedagogía social y el control); sin embargo, en las condiciones del mundo de hoy (globalización, post-comunismo, luchas identitarias, cultura de la red) casi todo control es veloz o paulatinamente burlado y casi cualquier demanda satisfecha. Dicho de otro modo, quien intente (en las presentes condiciones) controlar ideología, la perderá si no produce ideología.
. La tarea principal, la única que realmente vale la pena para el socialismo, es convertirlo en una opción atractiva, un horizonte de vida deseable; para sus ciudadanos y, más allá (esto es lo principal) para los desposeídos del mundo. Más, para ello, no valen los decretos ni las ordenanzas (es decir, los estilos cómodos), sino que hay que salir al veleidoso (y virtualmente infinito) campo de batalla de la ideología y producirla.
. La “producción” no es discurso puro (aunque lo incluye), sino su refracción en la multiplicidad de espacios de la vida y sus signos son primordialmente estéticos y conductuales: abarca todo lo que puedo crear, consumir y ser. No es un conjunto rígido de reglas, sino una reconfiguración permanente de límites (muy particularmente los de lo posible en el espacio público) y su voluntad es incluir. No es la ley externa que encarna en la justicia, sino la continua apertura de lo social, el cambio de las relaciones interpersonales, el diálogo con el mundo, la recepción de la tecnología, el ejercicio de la voz.
. El marxismo necesita héroes y figuras alegres, pero no los habrá en tanto las interioridades de su forma de democracia (y sus límites) no sean discutidos abiertamente y motivo de discusión permanente. El marxismo necesita fiesta (más bien reflexionar sobre ella) para que el socialismo (la plasmación como hechos de la doctrina, su encarnación en el Estado) aparezca como goce. Ah, y en esta palabra cabe la totalidad de las prácticas y consumos culturales, así como conductas y estilos de vida no lesivos para la comunidad (que previamente asumió al Estado socialista como su destino). ¡Pero hay que conocer la respuesta de la comunidad! La respuesta de todos (incluso la que no fue pronunciada).
. Y que no pueden ser escuchadas sino en el intercambio público de ideas. ¿Conduce esto a la renuncia, por parte de los estamentos políticos, a influir? ¡Jamás! Aunque esta vez “influencia” significa sutileza y “producción”. Como mismo en el concepto que los griegos antiguos tenían para la poesía (según Lezama): creatio ex nihilo (creación partiendo de la nada), pues si el diálogo existe la situación contextual es diferente cada día: evoluciona, muta. Según esto, política y marxismo no pueden sino ser poesía: adelantamiento y respuesta. (La poesía es la anotación de una respuesta: Lezama).
. A la comprensión y aplicación de este arte de guerrilla (estoy donde no lo imaginan y voy siempre más adelante) y equilibrio entre partes, creo que se le llama dialéctica.
. Con toda seguridad se puede apostar (a no ser que se le maniate) a que los mensajes circulantes en la red nacional (los cuales, de inmediato, pasan a la red global) serán cada día más expresión de esos vacíos de razón (lo no pensado) por el marxismo cubano. En meses recientes se han multiplicado nuevas ideas sobre raza, fricciones alrededor de la censura cultural, sobre la música ligera en conexión con el kistch, sobre la prohibición de mencionar (no digamos ver) a peloteros cubanos que abandonaron el país y hoy juegan en las llamadas Grandes Ligas de baseball. Todos, absolutamente todos esos mensajes son portadores de deseo.
. No es una queja ni una crítica, sino un simple diagnóstico: prácticamente ninguno de esos temas ha encontrado reflejo en el mundo editorial de las ciencias sociales cubanas ni tampoco en los medios masivos del país; al menos, no con la profundidad e intensidad que lo han hecho en la red nacional. Todos y cada uno de esos deseos desvalorizan (aún cuando no se les manifieste con tal virulencia) la democracia socialista cubana. ¿Cómo puede haber democracia donde no puede haber deseo o sólo puede ser satisfecho afuera (es decir, en secreto, como acto de vergüenza o doblez)?
. El deseo sólo es satisfecho en el goce, pero su opuesto es la destrucción, la deriva hacia el extravío de toda norma de convivencia: la libertad paradójica. En una sociedad sin límites todo se puede (lo cual es queja común respecto a nuestro presente hoy), más vale la pena recordar que ha sido el socialismo mismo quien eliminó –por falsas- las constricciones de la antigua respetabilidad. En la sociedad burguesa la ley es simple: quien destruye (erosiona, corroe) propiedad es destruido, pero el socialismo es profundamente popular. Aquí hay un paréntesis que no es sólo de la Ley, sino de la cultura y el debate.
. Lo siento, no voy a eliminar de las ecuaciones el incómodo obstáculo de la clase social y entonces, regresando a la pregunta anterior, ¿puede otro sistema social siquiera intentarlo? (Ya sé, ya sé que no hay pregunta alguna, pero es algo que se resuelve de manera sencilla: ¡haciéndola!).
. Suponiendo que las discusiones se dieran, ¿es la democracia socialista un antídoto? (como aquella “aspirina del tamaño del Sol” de la que hablaba Roque Dalton). Todo lo contrario, se trata de una bomba a sostener con las manos y la mecha está encendida cuando nos la dan.
. En uno de sus momentos más mediocres como pensador escribió Lyotard: “la crítica del socialismo está hecha”. Se refería a las imágenes de los ciudadanos de la desaparecida RDA que, llenos de deseos insatisfechos, invadían las tiendas de la antigua RFA cuando cayó el Muro de Berlin y pudieron pasar al otro lado. Tomar indicadores semejantes como la confirmación de la muerte de una idea no es un buen camino, pues, ¿no nos lleva también a afirmar que la crítica del capitalismo está igualmente hecha, y desde hace mucho, en cualquier imagen de los efectos de la dominación del capital? Huelgas, hambre, guerra, sangre.
. Lo fascinante en la posición de Lyotard es su incapacidad de “ver” que igualmente implica la más terrible crítica del capitalismo y, en consecuencia, devela su supuesto revolucionarismo de filósofo como un cómodo acto de aceptación (todo está bien, con tal de que yo lo esté). En oposición a ello, hay que devolver a la vida sus redes e interconexiones, pero hasta lo insoportable; es decir, todo está mal exactamente porque yo estoy bien, pues lo que importa es el otro: el excluido, la medida real.
. Lo que significa que ideas y sistemas tienen que atravesar pruebas, dar pruebas de sí en sus límites. Para lo que venimos apuntando aquí, al socialismo corresponde darlas en la actualización permanente de su modo de democracia. Es importante entender que este proceso no se detiene nunca, pues no hay un estado que permita pronunciar la frase tranquilizadora: “¡hemos llegado!”. Cada minuto es la prueba, cada acto en cada lugar (pues también el socialismo tiene que recuperar para sí, para entender su funcionamiento interno, la idea de interconexión y el daño de una parte enferma el total). La alienación en el socialismo: hay que pensarla.
. El juicio último es triple: por lo que un sistema político estimula, genera o impone; por lo que censura, combate, niega o relega; por lo que torna inconcebible. La magnitud del salto que alcanzan a dar las revoluciones es definida por los resultados de ese tercer juicio (por demás, no pocas veces minimizado); es decir, no por lo evidente, sino por la cantidad de pasado que prometen suprimir para siempre, por la correspondencia entre la promesa y el mundo nuevo. Por tal razón, pese a descalabros y penurias económicas, una escena normalizada en cualquier capital tercermundista (gente limpiando parabrisas de automóviles para recibir centavos y con peligro para sus vidas) además de ser uno de los rostros de las diferencias económicas (entre los excluídos que no acceden a la divisa extranjera), continúa apareciendo como una imagen chocante y desajustada en el paisaje de la ciudad capital cubana. Ya no elegir, sino tener que ganarse la vida de esta forma (hacer esto porque no hay ninguna otra posibilidad) integra, para los cubanos, el contenido de lo que ni siquiera pueden concebir.
. El contenido esencial de la promesa (su cumplimiento o no) se decide en lo inconcebible y en relación dialéctica con el pasado (lo que no va a regresar jamás: lo irrepetible).
. El político es un guerrillero, pero el guerrillero es un administrador de mensajes en la red, el que organiza el cambio de los conmutadores en una estación de trenes gigantesca o el ingeniero que mueve la energía en la central eléctrica total. Son intelectuales de lo posible (con tal de que la posibilidad no se convierta en una máscara cuyo objetivo es esconder limitaciones personales o temores; con tal de que la máscara apenas oculte una voluntad orientada a la represión de cualquier idea diferente). ¿Qué ocurriría si todos se transforman en políticos? Los ciudadanos, digo (si la vida es el ágora).
. El socialismo desaparece por extensión.
. Mis palabras portan un contenido romántico e inalcanzable; si uno revisa la historia de los diversos socialismos (y si los seres humanos van a seguir siendo humanos) ni se han cumplido ni se cumplirán. Sin embargo, es imperativo que sean cumplidas y de eso es que trata la ética: de la opción es el horizonte de la vida y se busca volver de revés la existencia. Nada de delicadezas o pañuelos en la nariz, sino garras y desesperación (como explicaba Marx al recordar que el hambre del hambriento no es la misma que la de quien come con manteles y cubiertos).
. El capitalismo, en sus variantes gratas, tiene más glamour, pero el socialismo resulta más interesante (porque es más imposible).
. Se trata de todo.
. La felicidad (ya sea por ausencia, presencia, sobreabundancia, ansia, desespero o búsqueda) es política. No ya las condiciones para desarrollarla, sino el mero hecho de si existe o no, de si disminuye o crece. También el tiempo. Esas son las verdaderas variables.
. Plantearlo desentona, suena como locura y todavía más intentarlo.
. Claro.



