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Patritzya

Eres la niebla que me arropa cuando despierto... la luna que me susurra al oído lo maravilloso que tiene el sol.

July 2009

( Monthly archive )

Dos mas dos son...



- ¿Recuerdas haber escrito en tu Diario: "la libertad es poder decir que dos más dos son cuatro"?

- Sí - dijo Winston.

O'Brien levantó la mano izquierda, con el reverso hacia Winston, y escondiendo el dedo pulgar extendió los otros cuatro.

- ¿Y si el Partido dice que no son cuatro sino cinco? Entonces, ¿cuántos hay?

- Cuatro.

La palabra terminó con un espasmo de dolor. La aguja de la esfera había subido a cincuenta y cinco. A Winston le sudaba todo el cuerpo. Aunque apretaba los dientes, no podía evitar los roncos gemidos. O'Brien lo contemplaba, con los cuatro dedos todavía extendidos. Soltó la palanca y el dolor, aunque no desapareció del todo, se alivió bastante.

- ¿Cuántos dedos, Winston?

- Cuatro.

La aguja subió a sesenta.

- ¿Cuántos dedos, Winston?

- ¡¡Cuatro!! ¡¡Cuatro!! ¿Qué voy a decirte? ¡Cuatro!

La aguja debía marcar más, pero Winston no la miró. El rostro severo y pesado y los cuatro dedos ocupaban por completo su visión. Los dedos, ante sus ojos, parecían columnas, enormes, borrosos y vibrantes, pero seguían siendo cuatro, sin duda alguna.

- ¿Cuántos dedos, Winston?

- ¡¡Cuatro!! ¡Para eso, para eso! ¡No sigas, es inútil!

- ¿Cuántos dedos, Winston?

- ¡Cinco! ¡Cinco! ¡Cinco!

- No, Winston; así no vale. Estás mintiendo. Sigues creyendo que son cuatro. Por favor, ¿cuántos dedos?

- ¡¡Cuatro!! ¡¡Cinco!! ¡¡Cuatro!! Lo que quieras, pero termina de una vez. Para este dolor.


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George Orwell, de la película "1984", pp.189-190.

Invierno detrás del cristal

Entra una luz plomiza por la ventana de mi cuarto... tan rica y tan sutil, apenas penumbras... ya tengo que encender la lámpara, apenas son las cinco de la tarde.

Es el invierno detrás del cristal.

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La gripe A y el sentido del humor

"Con esto de la Gripe A, hay que informarse bien, porque la gente se está paranoiqueando. En casa no hemos llegado a ese extremo, y hemos tomado medidas preventivas: echamos desinfectantes en picaportes, mesas, sillas, inodoros y en el teclado de la PC (ya rompimos tres). Nos lavamos con alcohol en gel cada vez que entramos a casa, por las dudas nos lavamos con alcohol por dentro (hace quince días que estamos borrachos, si el bicho llega a vencer las barreras externas, adentro lo hacemos bolsa). No nos juntamos con nadie (ni entre nosotros) y no le damos la mano ni besamos a nadie. Ventilamos la casa todo el tiempo (tenemos mucho frío, pero con lo que tomamos ni nos damos cuenta). Despedimos a la mucama (desde lejos y sin tocarla). No atendemos a vendedores ambulantes ni vamos al súper, ni al cine, ni a trabajar, ni a nada. Con eso de ventilar, la casa se nos llenó de mosquitos, y como hay que prevenir el dengue nos ponemos repelente, prendemos espirales, rociamos todo insecticidas, compramos trajes de apicultores (para que los mosquitos no puedan llegarnos a la piel).
A esta altura no sé si eso previene el dengue, pero como estamos todos borrachos es divertido. Por otra parte, con estas medidas logramos evitar los robos: si alguien entra a casa se muere envenenado o del susto al vernos con esos trajes blancos con capuchas.
Menos mal que no hemos caído en la locura general, sino la estaríamos pasando muy mal. Saludos,... desde el sótano".

Alfredo Moles.

Fuente: Diario Clarín, 15 de julio de 2009; Cartas de los lectores
http://www.clarin.com/suplementos/cartas/2009/07/15/CartasAlPais.htm