Patritzya

"Un pedacito de ella se queda en mi mente y yo supongo: una gota, hace la diferencia."

Discurso de la hiperestesia

Por Ramón Rocha Monroy

A Michel Onfray

Muy temprano en mi vida leí a Lin Yutang, el filósofo chino de la importancia de vivir. Con él aprendí a relajarme, a desnudarme, a andar descalzo, a llorar sin disimulo en el cine y a prestar atención a las cosas. Ahora sé que las cosas te esperan, necesitan que las mires, que las huelas, que las acaricies. Son esperantes, esperanzas, y cuando las abandonas, desesperadas, desesperanzas, mueren las cosas. Mientras más pequeñas y sencillas, más esperantes, más esperanzas: un ticket del metro, una entrada de teatro, una flor seca, una taza, una libreta, una jarra, una estampa, un pañuelo, un frasco lleno de hojas de otoño, de tierra de la tumba de Alfredo Domínguez, de huayrurus y caracoles.
Las cosas simples ponen en jaque a la razón y le señalan sus límites. Porque la razón se nutre de principios generales, de leyes científicas, de normas y silogismos, nos impide prestar atención a la identidad, a la particularidad de las cosas. Pero es de esa particularidad, y no de los principios generales del juicio, del conocimiento, de donde nace la poesía, la música, la narrativa, la pintura..., la alegría pura y simple. Como el vecindario del Chavo, la razón no nos tiene paciencia. Qué se va a ocupar de una piedrita, de un reflejo de la luz en una melena, de unos labios entreabiertos. Pero tampoco se preocupa de las pequeñas percepciones, ni de los sentidos. Lo peor es que la escuela es territorio de la razón y, en cambio, nadie nos ayuda a desarrollar los sentidos, las percepciones. La razón es producto de la estesia; el arte y la alegría, producto de la hiperestesia.

Esta no es una promoción del alcoholismo o del consumo de estimulantes. La atención puesta en los deseos, en los sentidos, hacen que el hombre sea la escultura de sí mismo. Pero la acumulación de satisfacciones embota los sentidos y esclaviza el espíritu. No es lo mismo un sujeto que desea que un objeto que padece: esa es la distancia que hay entre el gourmet, el sibarita, y el gourmand o glotón o borracho a secas. El alcohol es, en principio, un conjunto de vapores que aligera el espíritu, pero no derrumba el cuerpo. En el consumo de alcohol para provocar la hiperestesia hay una fascinación por el abismo, pero también un sentido de los límites, porque más allá de ellos, todo es black out, fuck off, vete a la chingada. Los vapores te hacen ligero y encienden la chispa de la hiperestesia. En cambio el alcoholismo denota debilidad de temperamento, ausencia de temple, desidia de la voluntad. En épocas anteriores al capitalismo jamás se había escuchado hablar del alcoholismo. Esa manera incontrolada de adormecerse, de darse pesadez en lugar de aligerarse, es un producto del malestar que genera nuestra civilización, un escape a las condiciones de vida infrahumanas. En cambio, la chispa de la hiperestesia es la suspensión momentánea de la razón. Por eso a las bebidas mágicas se las llama espirituosas.
El sistema quiere que renunciemos a las pasiones, las pulsiones, los instintos. Quiere en nosotros una vida ordenada, sometida a la razón, para exprimirnos mejor en el trabajo. Los índices de salud oficiales sobre el alcoholismo están dominados por esa ideología dominante. Si fuera por los expertos, no consumiríamos otra cosa que agua y agua, pero ya se sabe que el vino fue inventado por el hombre en protesta contra el exceso de agua, por pura y simple hidrofobia. Esa es la saga del patriarca Noé, repetida en todas las cosmogonías, harto del agua del diluvio, que plantó las primeras cepas, añejó los primeros caldos e inventó la embriaguez. Dios lo tenga en lo más cachondo de su santo reino.
Con la hiperestesia, las pequeñas percepciones de que habla el filósofo Leibniz, se hacen visibles. Antes se hallaban demasiado confundidas en el territorio del alma, débilmente registradas por nuestros sentidos; pero de pronto se hacen claras, diáfanas, inteligibles. De las entrañas del alma nos viene una agitación constante de pequeños reclamos, de pequeñas percepciones que acabarían por aturdirnos si mamá Razón no nos ayudara a ponerlas en su lugar. "Chapoteos, neblinas, rumores, danzas de polvo", dice Deleuze. Esas pequeñas percepciones ejecutan una danza dionisíaca que quiere arrebatarnos, y mamá Razón, "muy en sus trece", nos ayuda a sentarnos en nuestro sitio. De ese magma genésico, de ese lodo primigenio, de esa oscuridad radiante nace la luz que irradia los estados de conciencia claros y fulgurantes. Sólo Dios está exento, por aburrido, de asistir a este ballet dionisíaco, pero el hombre, cómo lo disfruta. Apolo pide mesura, calma, serenidad; llega Dionisios y nos arrebata, nos embriaga, nos pone eufóricos, nos permite ver la epifanía de las pequeñas percepciones, de las pequeñas cosas que comienzan a emparentarse entre sí, postulando las relaciones más extremas. Las vocales son de colores, las cebras tienen el arco iris en la piel, los elefantes son rosas, las jirafas estornudan pelotitas de golf, hay perros azules, peces que vuelan y gatos que bucean en fondos caracolinos. La hiperestesia produce ese "dichoso pánico" que nos lleva a conocer el corazón de las cosas, sus pulsiones íntimas, sus amores y rechazos, sus sentimientos. La hiperestesia engendra la adivinación, la inspiración, la creación, el sentido genésico, el apetito de perpetuar la vida. Por eso es que las partes ocultas, el pudendo, la piel más profunda, la libido, despiertan con la hiperestesia, son convocados a la danza dionisiaca. Y allí se vuelven luz. Salen del sueño pesado donde fermentan, despiertan como el champán, con un taponazo, y engendran luz. Dionisios se vuelve Apolo. La divinidad nace de las oscuridades de los sentidos, de la fermentación de la materia. Pero como esa danza ritual es efímera, sus pasos transcurren al borde del abismo, de la tragedia. El despertar es triste, el cuerpo y el espíritu no hallan consuelo. Esperan a mamá Razón para volver a reprimirse, a ser formalitos, a hacer sus tareas y cumplir las penitencias impuestas por los mayores. Es que la hiperestesia, como la alegría, la inspiración o el sentido genésico que engendran, no puede ser sino efímera. Si fuera constante, la razón nos diría un adiós definitivo y nos sumergiríamos en una deliciosa locura. Pero no podríamos disfrutarla mucho tiempo, porque el sistema nos lo cobraría muy caro.

Fuentes: http://membres.lycos.fr/juguete/sazonpura.htm ; http://www.elortiba.org/onfray.html

Perpetuum Jazzile - Africa (live, HQ) La llave

Comments

María isabel mariakace Saturday, October 17, 2009 8:10:41 AM

interesante articulo..solo se que en tiempos remotos cuando bebia unas copas de vino mi espiritu al dejar sentada a mi RAZON tenia la vaga impresion que era FELIZ en este loco mundo. Buen fin de semana !

Patritzya Saturday, October 17, 2009 1:11:54 PM

El vino, o cualquier bebida "espirituosa", tomada con moderación, produce ese deslizamiento, una especie de relax, aún sin llegar al estado de ebriedad total.

Lo interesante es, sin ningún tipo de brebaje o polvillo, o cigarro, llegar al estado de hiperestesía. Es decir, en consciente mediante la voluntad, permitirnos "la suspensión momentánea de la razón" para utilizarla percibiendo más allá de lo que nuestros sentidos normales son capaces, "ver".
Algunos tal vez,lo llamarían entrar en trance, otros simplemente "brujería", cambiar nuestro punto de encaje, o de perspectiva, y poder volver a la realidad sensorial y raciocinio, sin entristecernos, sino sabiendo que los portales están abiertos siempre que querramos...

Que tengas un bellísimo fin de semana también, María. Abrazos! smile

FIFINELEB Saturday, October 17, 2009 1:50:15 PM

Lo mejor siempre es lo peor."Un poco, sólo un poco" es mi filosofía de vivir. Saludos,Pat.

Patritzya Saturday, October 17, 2009 2:19:36 PM

Fif, todo tiene un poco de todo. A veces lo mejor, tiene sus desventajas, y lo que nos parece lo peor, sus ventajas, ya que ambos sirven para formarnos, para aprender... de esta vida, de esta experiencia de ser humanos.

Saludos! ¿Cómo estás? Te noto como triste... no sé.

María isabel mariakace Saturday, October 17, 2009 4:48:47 PM

el dolor de la dualidad del mundo material.besos FIFINLEB

Patritzya Saturday, October 17, 2009 6:59:55 PM

por què causa dolor la dualidad material?...

FIFINELEB Saturday, October 17, 2009 7:14:25 PM

Hola María, incansable guerrera de la dualidad. Creo que has ganado un punto: por qué dualidad y no trialidad como los mosqueteros? Buen domingo a ambas.

Patritzya Sunday, October 18, 2009 2:52:19 PM

"Los seguidores del Tao enfatizan ciertos números: Uno es la unidad del Tao. Dos es la dualidad. Tres es la disparidad que generará el movimiento. Cuatro son las estaciones. Cinco elementos generan el mundo. Seis partes del cuerpo son los brazos, piernas, cabeza y tronco. Siete es el número de días de la luna creciente por el calendario lunar. Ocho es el número de la adivinación. Nueve es el número de la vida. Diez son los ciclos del cielo" (...).

A pesar de la dualidad, trivialidad, el yo, el ser es infinito... completo en sí mismo. Si pudiesemos comprender esto, los números y la manera de representar en metáfora lo material llegarían a tener el significado de lo eterno...

Abrazoa a ambos, Fif, María, que tengan un precioso domingo pleno de luz!

FIFINELEB Sunday, October 18, 2009 5:33:20 PM

Gracias,Pat. Igualmente para tí con un canelazo además.

María isabel mariakace Sunday, October 18, 2009 11:46:35 PM

hola amigos ante todo les deseo una excelente semana! y pienso q la dualidad genera dolor por q al oscilar para la triteza la alegria queda un ppoco olvidada . Al partir un ser amado olvidamos su encuentro...todo rsto impacta mas en nuestro cuerpo emocional

G470 Monday, October 19, 2009 4:20:50 PM

Originally posted by Patritzya:

en consciente mediante la voluntad, permitirnos "la suspensión momentánea de la razón" para utilizarla percibiendo más allá de lo que nuestros sentidos normales son capaces, "ver".


A veces he alcanzado esa suspensión en momentos de tristeza o depresión, ciertamente no por voluntad propia worried, también lo he logrado en momentos de paz total después de lograr algún éxito, sin embargo me ha resultado MUY difícil lograrlo a voluntad. El punto es no dejarnos llevar de ello para justificar el alcoholismo.

Saludos! cheers p

Patritzya Monday, October 19, 2009 8:42:27 PM

Obviamente, G470, el autor del artìculo no está haciendo una apología al adicto al alcohol, o festejando la ebriedad.. etc. Sino más bien, explica de qué manera uno puede embriagarse de sensaciones sin necesidad de beber una gota de alcohol, y tener otra perspectiva de los asuntos.

hahaha.. gracias Fif, por el canelazo. Sabés?, he tomado con mi pareja un par de veces en Bogotá esta bebida tan rica, se bebe caliente, tibia... es deliciosa!. Se prepara con panela, aguardiente y canela, y se rocía el borde del vaso con azúcar blanca. Ojalá algún día puedas probarla.

No se si llamarlo dolor, María, sino mas bien, cierto tipo de angustia o ansiedad cuando estamos demasiado tristes. Bien sabemos que llegamos a esta vida sin nada, e igual nos vamos. Deberíamos esperar algo?
La alegría genera cierta seguridad y sentido de protección o felicidad. A ambas debemos vivirlas por igual, de ellas hacemos nuestra experiencia de vida, y nuestro ser interior. Armonizar ambas nos da plenitud.
Estamos tristes a veces: Sí. Estamos felices a veces: Sí.
No todo el tiempo podemos estar en el extremo de una u otra. El vacio entre ambas es lo que dá plenitud, si podemos armonizar... si llegamos a poder lograr el equilibrio.

Abrazos a los tres, es tan agradable leer sus comentarios y saludos! Que tengan un bello día! bigsmile

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