Así llevo a México en la piel...
Tuesday, September 7, 2010 5:17:30 PM

Sé que muchos dirán que no soy el mejor de los mexicanos (¿y porqué habría de serlo?) y que pensarán que no tengo nada qué hacer escribiendo algo como esto... Tal vez tengan razón, pero aún así, créanlo o no, SÍ estoy orgulloso de México y de ser mexicano. Entonces, ¿porqué mi fama de 'malinchista'? Es esta misma pregunta lo que me hizo redactar este pedazo de mi opinión. Ser mexicano, ser México, estar orgulloso de mi México lindo y querido resulta, para mi, no ser lo que hoy en día pasa por 'ser mexicano'.
México es un lugar hermoso, con una cultura tan mística como la Egipcia y tan rica en conocimiento como la Romana. Con paisajes y rincones naturales tan exóticos y exhuberantes como en ningún otro lugar de la Tierra. Con una diversidad de especies tan inesperada y con una distribución igualmente sorpresiva que hace babear a cualquier biólogo. De ESE MÉXICO estoy orgulloso. Del México que azota estos nichos de riqueza natural con una codicia inmobiliaria, del México que deja en el olvido sus paisajes por desviar recursos a intereses políticos y personales, del México que tiene una descultura de dejar basura por doquier sin importar si es carretera, bosque, selva, playa o baldío con la excusa de que 'es obligación del gobierno limpiar', del México que no tiene un respeto por su entorno y tala, quema, rapiña y consume áreas protegidas por avaricia, del México que impide disfrutar de estos placeres de la naturaleza bajo el pretexto de ser zonas protegidas pero que con 'permisos especiales' (y pagos aún más exhorbitantes que van al bolsillo de unos cuantos y no a la reserva) sí se puedan desacrar... De ese México no estoy orgulloso.
La cultura mexicana es una de las más intensas de nuestro planeta, combinando elementos folklóricos de un montón de razas y culturas de todos los continentes. Muestra de ello es su pericia para transformar los más básicos de los materiales en algo divertido como un juguete de madera, en algo funcional como las vasijas de barro o los cazos de bronce y hasta en utensilios que cualquier ingeniero quisiera haber patentado como los jarritos de Tonalá, cuya termodinámica ha sido estudiada y laudeada por un buen número de universidades en el mundo. Su artesanía, mezclando tintes prehispánicos con técnicas modernas como la talavera poblana, las creaciones textiles de Oaxaca, de San Luis Potosí, de Michoacán o los muebles rústicos de las rancherías. Y qué decir de su cultura del vestido, tan diversa como su gente, yendo desde el típico Sombrero Mexicano hasta los zarapes, desde el Traje de Charro hasta la China Poblana. De ESE MÉXICO estoy orgulloso. Del México que explota a los indígenas para fabricar artesanías que después se venden muy por encima de su valor real y terminan en residencias lujosas como algo 'limitado', del México que olvida sus raíces y desestima a la gente por su vestimenta 'rural', del México que prefiere comprar artesanías extranjeras que, muchas veces, son incluso hechas en nuestro propio país... De ese México no estoy orgulloso.
Y no es casualidad que el primer y único bien inmaterial nombrado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad sea el Arte Culinario Mexicano. En México sabemos combinar sabores, ingredientes y sazones de todos los rincones del mundo sin olvidar darles ese toque tan especial, tan mexicano (y no es sólo el uso del chile en casi todos lo que comemos). Sabemos mezclar los ingredientes mexicanos en platillos tan tradicionales y ya universales como la tortilla, los tamales,las salsas, guacamoles y hasta cortes de carne como la Arrachera o la carne seca. Tenemos platillos que sólo en México podrían hacerse y saber como deben, como el mole, el menudo, el pozole, sopes, guaraches, tlayudas, quesadillas (hasta somos capaces de crear quesadillas sin queso), enchiladas, carnitas, chicharrones, chiles rellenos o en nogada, caldos mexicanos, arroz con plátano y sin olvidar, claro, los frijoles en todas sus presentaciones (porque hasta eso, somos especialistas en hacer de un solo ingrediente muy polifacético). Y quizá lo que hace más especial a la comida mexicana es cómo sus sabores, sus aromas y su imagen siempre nos transportan a recordar a la abuela, a mamá, a la niñez, a los barrios donde jugábamos sin pensar en el estatus, a los pueblos... Esa cocina mexicana que se pasa de generación en generación, agregando un secreto de familia en cada iteración y por lo que cada familia hace ese platillo especial. De ESE MÉXICO estoy orgulloso. Del México que desestima los platillos regionales 'por la dieta', del México que laurea restaurantes internacionales y paga fortunas por platillos genéricos 'gourmet' y siente que un restaurant mexicano no pertenece al círculo de la élite culinaria, del México que piensa que las tortillas y frijoles son signo de pobreza y populacho... De ese México no estoy orgulloso.
Un aspecto más de la cultura culinaria de nuestro país es, claro está, su repostería. Sabores dulces, salados, picantes y exóticos se funden en una pletora de postres, pasteles y panecillos que cualquiera podría morir de un ataque diabético con sólo dar una mirada al menú. ¿Quién no ha babeado o roto su dieta por probar los deliciosos chongos zamoranos, flanes, rompopes, natillas, pan de muerto, rosca de reyes, pan de elote, dulces de leche, volcanes, conchas, teleras, virotes, arroz con leche o capirotada? Y claro, no podemos dejar pasar el hecho de que el chocolate, tan famoso en todo el mundo, es un ingrediente importante en nuestra cultura, desde la preparación del mole hasta poder disfrutar hormigas o grillos cubiertos en este delicioso manjar. Sólo en México podrías encontrar sabores tan inesperados como nieves de aguacate o elote, tan exquisitos como la cajeta o los dulces regionales, tan intrigantes como los insectos cubiertos de dulce, tamarindo o chile, tan retadores como las botanas enchiladas o tan embriagantes como los dulces con tequila. De ESE MÉXICO estoy orgulloso. Del México que piensa que la repostería mexicana se debe relegar a los pueblitos y sólo compra 'alta repostería' sin saber que muchos de esas creaciones son inspiradas por platillos mexicanos, del México que cree que un postre mexicano no debe ser tan caro como uno francés sólo por ser nacional, del México que olvida de dónde vienen sus recetas y piensa que el chocolate lo hizo Nestlé... De ese México no estoy orgulloso.
La música mexicana puede no ser mi favorita, pero no le quito el mérito de lo que llegó a ser. La música ranchera y de mariachi con letras tan llegadoras que hoy en día siguen siendo motivo de muchas borracheras y desamores. La música grupera y norteña que, aunque en definitiva NO son de mi agrado, tienen muy arraigadas sus raíces en el Norte del país. Las baladas de antaño donde el artista realmente debía cantar e interpretar la pieza con talento y no con arreglos y producción. Los boleros tan queridos que siguen con sentimientos tan vigentes hoy como entonces. De ESE MÉXICO estoy orgulloso. Del México que sólo produce música 'refrita' y con vulgaridades para vender, del México que ya no tiene talento sino rostros y producciones plásticas como 'intérpretes' de la música actual, de compositores y cantantes que apelan al sexo para atraer audiencia a sus canciones, de los que sienten que la música vernácula pertenece sólo a los palenques... De ese México no estoy orgulloso.
En las artes no somos el país más sobresaliente, pero tenemos expositores que han sabido demostrar que en México sí hay cultura artística. Artistas en el completo sentido de la palabra como Frida Khalo, como Diego Rivera, Octavio Paz y Amado Nervo. De su cine de oro donde hasta el cine de ficheras se tenía que hacer con dignidad. De sus actores que realmente actúan o actuaban y requerían talento genuino para convencer en una pantalla de cine o de televisión. De ESE MÉXICO estoy orgulloso. Del México que tiene que enseñar desnudos inecesarios e injustificados para vender sus películas, del México que si no dicen groserías cada cinco minutos en sus diálogos cinematográficos no está contento, del México que recurre a la vulgaridad en la comedia para hacer reír, del México que no busca talentos actorales sino caras producibles, del México que escribe relleno literario con sexo mezclado entre líneas... De ese México no estoy orgulloso.
Ser mexicano, para mi, no es estar ogulloso de nuestro gobierno o sus acciones, de la situación actual de cada Estado y el país en general o de la incultura en la que nos hemos visto envueltos gracias a un sistema educativo defectuoso. No. Ser mexicano, para mi, es ser sarcástico, tener humor hasta en las peores situaciones, burlarnos de nosotros mismos y de la muerte con tal gozo que hasta efeméride hacemos de ello. Ser mexicano es ser hospitalario y cálido con la familia, los amigos y con un extraño que busca ayuda. Ser mexicano es saber salir adelante a contracorriente y contra nosotros mismos. Ser mexicano es ser trabajador, buscar oportunidades, saber aguantar y sacar a flote las necesidades. Ser mexicano es mezclar la devoción y la fe con todo aspecto de nuestra vida. De ESE MÉXICO estoy orgulloso. Del México que mete la pata a quien sale adelante antes que nosotros, del México que sólo critica las acciones pero no hace nada para corregirlas, del México que ve a los que están en necesidad con ojos de lástima y repudio, olvidando que podríamos ser nosotros quienes estuviéramos en esa situación, del México que aprovecha la fe para lucrar o politizar, del México que es vulgar y burlón sólo por lastimar, del México que sólo es mexicano dentro de su territorio, del México corrupto en todo aspecto y que propicia vivir fuera de la ley, del México que busca el camino fácil a toda costa y pone su empeño y creatividad en la flojera más que en la labor (cosa que, desgraciadamente, nos ha hecho famosos o infames)... De ese México no estoy orgulloso.
¿Dónde quedaron esos héroes patrios que realmente buscaban el bien del pueblo? ¿Dónde están los que, si a sentir del pueblo las cosas andaban mal, entonces actuaban por rectificarlas? ¿Dónde quedaron los emprendedores con conciencia social legítima y no sólo por deducir impuestos? No, ahora sólo nos quedan políticos que sólo dan la cara para darse publicidad, verse bonitos ante las cámaras y hacer producciones de ficción para sus informes.
Septiembre ya está aquí. Mes de la Patria. ¿La Patria? No, esa ya fue deformada hace mucho tiempo. Es un mes para recordar lo que debemos recordar siempre: somos mexicanos. Debemos ser mexicanos. Pero no la parte del México que todos critican, no la parte del mexicano que todos temen y repudian, sino la parte del México que es rica en tradición, la parte del mexicano que es luchadora y alegre. Ese México es el que quiero ver y del que estoy orgulloso. Ese ser mexicano es el que me gusta ser y del que me siento orgulloso. De la cara que, desgraciadamente, estamos mostrando más al mundo hoy en día es de lo que no estoy ni jamás estaré orgulloso, y si no ser partidario de esa parte de mi México me hace ser 'malinchista', entonces a toda honra lo seré.
¡Viva México, cabrones!

