Euskara y Fachada
Tuesday, 15. April 2008, 21:18:01
Euskara y fachada, ya sabemos que esta última palabra se puede utilizar para explicar dos cosas, la fachada propiamente dicha y la fachada como expresión de una ideología concreta y la unión de gentes en torno a ella.
Que un idioma no te ensucie una buena fachada, a su entender claro, cuando una fachada nos viene con la exclusión idiomática y el exterminio en el ámbito público de un idioma, una lengua que es usada por una parte de la ciudadanía navarra, pese a todas las trabas habidas para poder vivir en euskara.
Una fachada en la que se refleja la otra, la fachada intolerante y retrograda, con complejo de aldeanismo, donde se niegan a apoyar un idioma materno, y en un reflejo de sus complejos, llevan a estudiar a sus camadas, otros más lejanos, lo importante para ellos es que las niñas hablen el Alemán, ( para sus veraneos en Badén-Badén) correctamente o el niño se exprese en Mandarin ( para cuando se tengan que desplazar en viaje de negocios al gigante amarillo, que una cosa es boicotear las olimpiada por la cuestión del Tibet y otra, las relaciones comerciales y los planes de expansión de las empresas de papa)de las tierras del sur, que me parece muy bien que se estudien y se hable, no crean que se está contra ellos, la cultura siempre nos enriquece intelectualmente.
Y la fachada dice que la fachada quedaría fea con los rótulos en Euskara y no pasa nada, la ciudadanía tan feliz, si el arquitecto lo dice…….
Supongo que si la fachada en Euskara le rompe los esquemas mentales del Baluarte, la fachada siempre habla un solo idioma, y todos sabemos que aquí el Euskara se usa para los cuatros gritos de los de siempre, pero también sirve para los enamorados, para expresar sentimientos, para vivir.
Y ya puestos a pensar en la fachada, que si queda mal con el Euskara, igual piensa la fachada, que las personas de color ensucian el interior, pienso, pero claro eso serian palabras mayores, uno piensa, que la fachada es así.
Imagen:Diario de Noticias
En leer más encontraran un artículo de Aingeru Epaltza, sobre la fachada del régimen...
El arquitecto del régimen
na exposición inagurada hace pocos días en Berlín recuerda los planes arquitectónicos que Hitler encargó a Albert Speer, su arquitecto predilecto, que incluían una nueva y colosal ciudad, Germania, levantada sobre las cenizas de capital alemana. Ya sabemos cómo acabó el tema. Hitler murió, Speer fue condenado a 20 años de cárcel y hoy de toda su obra sólo quedan en pie las farolas de algunos barrios de Berlín este. Nuestro pequeño Speer se llamaba Víctor Eusa, miembro de la Junta de Guerra Carlista en 1936 y con más suerte personal y profesional que su colega alemán. El centro de Pamplona está hoy lleno de emblemáticos edificios firmados por él. La mayoría -no sólo los Caídos- cabalga entre lo mediocre y lo siniestro, pasando por todas las gamas de lo horrendo. A pesar de ello, son cuidados como si fueran los frisos del Partenón por esas instituciones nuestras de tan ágil piqueta cuando se trata de restos arqueológicos o frontones ocupados. La democracia navarrista ha encontrado en Francisco Mangado la encarnación de las esencias forales hechas piedra y cemento. Desde que arrasó la vieja plaza de los Fueros de Estella, su ciudad natal, instituciones y medios de comunicación de la provincia le ríen las gracias en un estado de adulación permanente, digno de mejor causa. Tal vez sea uno de los arquitectos navarros con más proyección fuera de nuestras mugas, pero, visto lo visto, dudo de que eso signifique gran cosa. La obra pública que le conocemos aquí es, en general, pura grandilocuencia ausente de matices, con un desprecio olímpico por las necesidades del usuario. El Baluarte, nombre con ecos de cruzada, es como la ideología dominante en esta comunidad: un homenaje al ángulo recto con una plaza anexa concebida como un páramo. Que en ese contexto Mangado se oponga a la presencia del euskara es coherente con su obra y con quien le mima y paga. En la obra de Mangado, la estética es ideología y la ideología, estética.
Aingeru Epaltza