El Clientelismo: la mala conducta
Monday, December 12, 2011 5:53:26 PM
Ver el video del programa Zurda Konducta me ha hecho reflexionar sobre un tema, el clientelismo. Y es que se trata de un elemento tan presente en nuestra cultura que vale la pena dedicarle un par de minutos para tener en cuenta el profundo alcance que tiene.
El citado video muestra a los conductores de este programa haciendo, lo que es en su opinión, un análisis de otro video donde se aprecia a dos de los miembros de una banda de Ska venezolana llamada “Desorden Público” manifestar su opinión respecto a “la realidad venezolana”, en particular su opinión respecto al gobierno venezolano. Es de notar que el vocalista de la banda, Horacio Blanco, manifiesta una posición supuestamente neutra en lo político, incluso dice que “no se trata de un discurso político”, mientras que su colega en el bajo, José Luís Chacín “Caplís”, se lanza una descarga algo despechada donde señala los “guisos” del gobierno, califica de “cagada” a la llamada Oposición del país, matizándolo con la afirmación de que el gobierno es aún peor. Todo esto ocurre entre pitidos, abucheos y aplausos, por lo que es difícil estimar la receptividad o no del público presente, pues no se sabe si se abuchea a la banda, a sus opiniones o al gobierno venezolano.
De vuelta en el estudio los conductores del programa descargan sus opiniones sobre la banda, muchas de ellas sustentadas en su experiencia personal y su conocimiento directo de Chacín, así como el conocimiento sobre lo que ha sido el recorrido de la banda, de la que cabe notar fue censurado su primer disco en 1988 por dos canciones en las cuales se manifestaba en contra de la corrupción y la Iglesia. La Banda es señalada, por los conductores del programa, por callarse sus opiniones contrarias al gobierno para poder acceder a espacios, dígase conciertos, convenios y campañas, financiadas por el gobierno, inclusive se señala con cierto menosprecio la calidad de las “giras internacionales” que realiza Desorden Público, al calificar de “simples bares por allá, por Berlín” los lugares donde la banda se presenta y se señala que el Ministerio de Cultura les ha dado dinero “para la vaca”.
Luego de lo que no puedo sino calificar de linchamiento mediático se hace el ofrecimiento a la banda, en particular a Chacín, a que acudan al programa a debatir sus ideas con los presentadores, lo que de darse será interesante presenciar, sin duda alguna, pues la forma en que ambas partes presentaron sus argumentos, insultos incluidos, hace pensar en ello como algo muy parecido a la una “olla” en un concierto de Ska. Rescatando una de la frases que suelta la conductora: seguiremos despellejando a la gente?
Todo esto hace que me haga una pregunta ¿tiene que ver la posición política de una persona o grupo con el acceso a los servicios del Estado? parece una pregunta estúpida, pero no lo es.
Si hay un refrán venezolano que resuma el clientelismo es aquel de: las roscas no son malas, lo que es malo es estar fuera. Dicho en lenguaje parsimonioso, mediar el acceso a los beneficios del poder es el meollo del asunto.
Algo que se ha planteado en medio del proceso político venezolano es que hay que arrebatar espacios de poder a “La Oligarquía” y democratizar esos espacios, sin embargo, las contradicciones internas han llevado a continuas confrontaciones entre grupos o corrientes, cada cual revindicando para sí la razón y el saber de cómo hacer “verdaderamente revolucionarios” esos espacios. Formalmente se coincide con la idea de que no se puede permitir el acceso a los puestos de dirección a los escuálidos o contrarrevolucionarios, posición que normalmente es definida por medio de un sistema infalible: la opinión del jefe, ya que el jefe es quien más cerca está de la cúspide, es decir, del Presidente Chávez, de quien se presume una cualidad infalible para determinar si alguien es un verdadero revolucionario o no, pese a que algunos de sus más allegados han sido quienes han dado los saltos de talanquera más espectaculares, tales son los casos de su última esposa, su compadre o el actual vicecanciller, quien lo enfrentó en campaña presidencial e, incluso, le comparó con una gallina de verdad en televisión.
Si bien hay quien le eche la culpa de todo esto al Presidente Chávez, puesto que su infalibilidad tiene otra cara que es la de su total culpabilidad, yo prefiero ver otros matices más arraigados en nuestra cultura, pues incluso el Presidente Chávez no es sino una expresión de nuestra cultura como cualquier otro sujeto, en este caso se trata de la cultura clientelar, que no es un invento de los últimos 12 años, ni tampoco un mal de la IV República, sino quizá de la colonia.
El argumento de fondo expresado por los moderadores del programa es: no tienes derecho a recibir financiamiento de parte del Estado si no refuerzas sus ideas o mensajes, lo que en palabras del Presidente Chávez a los empleados de SIDOR fue: quien no está conmigo está en contra de mí. Argumento que a mi parecer es confundir la gimnasia con la magnesia, pues el papel del Estado no es favorecer una postura o posición en detrimento de otras, sobre todo cuando se hace en base a criterios personales, el papel del Estado es mediar y equilibrar la vida entre los ciudadanos, proporcionando los medios adecuados para la organización de la vida, es decir, la economía. Esto se corresponde a un Estado ideal, es cierto, pero tampoco puede ser dejado de lado argumentando que nos encontramos en una etapa de lucha y que hay que fortalecer posiciones y cualquier divergencia o “falta a la disciplina” se trata de una potencial traición, pues se le termina haciendo el trabajo al enemigo, sobretodo en el contexto de un gobierno que abortó la vía de la insurrección popular y optó por el reformismo.
En el terreno de lo estrictamente concreto se evidencia la consolidación de prácticas abusivas y que buscan someter la disidencia, cualquier disidencia y eso es lo peor. Se ha consolidado una práctica llena de jefecillos con puestecillos que se abrogan el derecho a discriminar y aislar a quienes consideran disidentes, por las razones que sean. Muestras de ello abundan en ministerios e instituciones públicas, donde a cada cambio de jefe hay una purga interna que, paradójicamente, sólo consolida a los funcionarios de carrera que, curiosamente, suelen provenir de las administraciones tan detestadas de la IV República. Es esta práctica la que ha ido desmontando casi cualquier funcionalidad del Estado al atomizar el saber, lo que los capitalistas llaman Know-How, es un práctica que hasta ha proscrito palabras como es el caso de gerencia o verbos como negociar, pues no se impone la razón, la ética sino la estética, la apariencia.
Es así que no se discute en profundidad sobre los temas sino que se estudia y evalúa todo en base al prejuicio, tal es el caso del armamento ruso que hemos comprado, nadie habla del problema concreto que plantea que estemos comprando equipos estacionados en los arsenales de reserva del Estado ruso, como el caso de los Sukhoi, no porque sean un “guiso” o no, sino porque probablemente sean obsoletos. Tampoco se habla de que algunos de los convenios firmados con hermanas Repúblicas encierran, en verdad, poco de solidaridad y buena voluntad integradora, sino todo lo contrario, albergan una visión entreguista y mediocre de quienes negociaron en representación del Estado venezolano y una visión rapaz y calculadoramente capitalista de las partes contratadas, como en el caso de los convenios con la Fundación Caixa de Brasil, donde se compra ayuda que no es tal, se compra asesoría en algo que bien puede ser llevado a cabo por técnicos y personal venezolano si se tuviera el mínimo de sosiego y disciplina como para conducir los esfuerzos.
Quien ocupa una silla hoy día, frente a una cámara o en una oficina, se cree con el derecho de obrar como un barón o príncipe medieval o renacentista, con derecho de vida o muerte sobre sus subalternos, siendo esta vida o muerte el acceso a beneficios y servicios. Un ejemplo claro lo constituyen los sueldos y salarios, sólo aquellos que cuentan con la venia obtienen beneficios escandalosamente superiores a los oficialmente admitidos. Es como si la fidelidad absoluta al grupo fuera una suerte de despertar dentro del Matrix, que se traduce en el acceso a lugares insospechados dentro del sistema. Y ojo, esto no sólo ocurre en el sector público de cualquier afinidad política, también en el sector privado, pero eso sería menester de analizarlo en bajo otro argumento, pues el clientelismo es parte fundamental de la lógica capitalista.
En lo referente al Estado, se ha profundizado la práctica clientelar maximizada al confundir clientelismo político con militancia y argumento con consigna.
Es cierto que el pasado se suele idealizar, por lo que me niego a decir que “antes se vivía mejor”, aun cuando la infancia suele ser un período más feliz que la adultez, lo que sí puedo señalar es que el futuro no luce prometedor de continuar esta dinámica, haciendo que éste presente sea un pasado mucho mejor para ese futuro. Prácticas como la del linchamiento mediático se han extendido de tal forma que consideramos programas de opinión a programas donde un panel de personas se dedican a presentar una posición única, llamamos programas de análisis a espacios dedicados a ofrecer las impresiones de una persona que suponemos intelectualmente preparada sobre diversos temas sin mayor sustento que la credibilidad del sujeto. Cualquier contraste, cualquier objeción es señalada rápidamente y castigada con el silencio, mediático si es necesario, aunque más perverso es el caso de la privación al acceso al trabajo o el ofrecimiento de condiciones realmente bajas.
Es por todo esto que el tema se reduce a la calidad ética de los sujetos que objetivamente detentan espacios de poder. Crear espacio público, es decir, espacio para la opinión y el debate es una cuestión ineludible y que no depende de la formulación de consignas y otras patrañas, sino de asumir realmente una actitud abierta y participativa, en caso contrario lo que se fomenta es la creación de condiciones para una respuesta violenta de la otra u otras partes, pues quien no consigue espacio para hacer escuchar su voz por los medios ordinarios lo busca por otros medios. Es un concepto perverso de Libertad de Expresión el de hacerse los oídos sordos ante los otros y pretender que la descalificación es argumento, sobretodo en el plano político, donde el debate se supone el centro.
Creo que habría sido muy distinto el programa de Zurda Konducta si hubiesen empezado por invitar a Desorden Público y debatir con ellos el contenido de su video, sin emboscadas, habría sido, entonces, un verdadero ejemplo de tolerancia y amplitud que, quizá, le abriera la puerta a otros gestos similares.












