Consumirodes de Imágenes de Yaraví Arapé
Monday, 20. August 2007, 20:40:20
Espero que realmente sigan llegando artículos como este para poder ir enriqueciendo este blog.
Luego haré un comentario más amplio al artículo, pues ahora por trabajo no tengo el tiempo disponible para hacerlo de forma dedicada y amplia.
Espero lo disfruten.
Vivimos en ciudades colapsadas, donde los árboles le seden espacio a las avenidas, los parques a los clubes privados, las plazas a los centros comerciales. Por un lado los cinturones de pobreza crean barreras inaccesibles y por otro los pequeños burgueses (y los grandes también) crean guetos amurallados para ricos igual de impenetrables, presenciamos la fractura del espacio urbano en dos clases sociales, en las que ninguna de ellas deja lugar para la vida. No es nuestra culpa, cuando nacimos la situación ya estaba así y hemos sabido seguir el ejemplo de no hacer nada al respecto.Regidos por esta conducta adquirida, no es raro que en las facultades de arquitectura el tema del día sea el uso de programas de realidad virtual como herramienta que garantice la entrada al estudiante a una empresa de diseño; aun siendo esto una cuestión relevante, no es a mi juicio, el problema medular a tratar dentro de una universidad.
Comprendo que los estudiantes, como el resto de la gente se sienten embelesados hacia los productos y subproductos de le era tecnológica, donde todo se vente por medio de imágenes sugerentes bajo la premisa de la superación, sin que se pueda evaluar el trasfondo mercantilista que está detrás de ellas. Esta degeneración del potencial de discernimiento tiene su ejemplo hito en las mujeres anoréxicas que se colocan suero intravenoso antes de salir a la pasarela ataviadas de todo un sistema mediático en el que no se puede dudar de su encanto, perfección y salud. De esta misma forma un proyecto que atenta contra el ser humano se muestra como un fetiche que cumple con todos nuestros deseos de pertenecer al star sistem.
Para evitar malentendidos aclaro que soy una arquitecta perteneciente a esa afortunada élite que tuvo la oportunidad de estudiar una carrera universitaria gratuita cuando más de la mitad de la población de su país vivía en pobreza. Manejo programas de realidad virtual y trabajo. Es por eso que me siento en la necesidad de hablar sobre el ejercicio profesional y el uso de estos programas.
Lo que veo a diario es el uso de renders muy bien hechos, de una belleza inconmensurable, pero que no hacen más que contribuir a la explotación del mercado inmobiliario quienes; apoyados por estas imágenes de un asombroso poder de convencimiento; tienen ganancias exorbitantes.
Por este medio se pueden vender bienes que no existen, manipular la realidad u ocultar partes faltantes de un proyecto; como los planos por ejemplo.
¿Cómo se logra esto? muy fácil, los que manejan estos programas lo saben de sobra, se puede modificar la cámara, hacer los espacios más grandes que en la realidad, incluso colocar renders de otros proyectos, porque durante el bombardeo de imágenes la gente que desconoce del tema, es decir, la mayoría, no se darán cuenta de la realidad “real” y comprarán contentos una casa de 65 m2 creyendo que es una mansión, dentro de un conjunto residencial cerrado , sin aceras, ni parques, y que no cumple con las leyes más básicas de urbanismo; como la planta de tratamiento de aguas servidas por ejemplo.
Esto sin hablar de la renta tecnológica que traen consigo la utilización de estos programas, es decir, el pago infinito de la licencia y la ganancia extraordinaria que esta genera a las empresas de sofware. Es posible que muchos de los estudiantes de arquitectura no se hayan percatado de esto porque seguro le compraron el programa al pana buhonero de la esquina o al que esta metido en lo que era un estacionamiento y ahora es “club de video libre”, en el CD o CDS aparecían una serie de números y letras que introdujeron en su computadora para que el programa “corriera”, pero, como no hablan inglés no ahondaron en el tema.
En la vida “real” si usted quiere trabajar con realidad virtual por medios lícitos, tiene que comprar la licencia, sino, lo demandan, ese permiso se tiene que pagar anualmente, nunca llega a ser propiedad del que lo compra. Por este medio las empresas de sofware se han hecho multimillonarias con la plusvalía de los demás; que pagan una y mil veces lo que costo producir el fulano programa.
Teniendo esto presente, quiero saber , me interesa saber, responda alguien, ¿Cuáles sofwares van ha comprar las universidades para tener derecho a enseñarlos, para que cuando el estudiante salga a trabajar en la calle tenga que comprarlos otra vez y garantizarles así a las empresas de software sus ganancias per sécula seculórum?.
En fin, esta es la realidad que nos tocó, y nadie elige donde nace, pero si bien es cierto, que en este tiempo es necesario manejar programas de realidad virtual para entrar al mercado laboral, lo más importante que debe aprender el estudiante es desarrollar su pensamiento crítico y formarse una ética tan sólida que le permita decir “¡no!” cuando un proyecto vaya en contra de la ciudad y sus habitantes, incluso habiendo dinero de por medio.
Subrayo por vivencia propia, que el manejo de sofwares no es sinónimo de inteligencia, ni de desarrollo intelectual en una persona, un ejemplo de esto es que la Internet aun siendo un medio libre de información, donde se pudieran atacar masivamente los grandes problemas mundiales sin restricción alguna, no se ha convertido en un catalizador que aborde de fondo los sistemas de explotación social que causa el capitalismo, entonces me pregunto ¿Cómo puede por si sola la tecnología despertar la conciencia de las personas cuando los que la manejan están alineados con el pensamiento único global?, respuesta fácil, no puede, no lo ha hecho, ni lo hará. Pueden estar esas bibliotecas virtuales abiertas por siempre pero las personas no acudirán a ellas estarán ocupadas respondiendo el Messenger, de la misma manera que se pueden aprender todos los programas de realidad virtual y no dar ni una solución arquitectónica coherente.
Además, no todos los estudiantes tienen los medios económicos para comprarse una computadora y mucho menos de pagar Internet en su casa lo que es necesario para lograr aprender un programa y desarrollar un proyecto en el mismo, claro está, la solución es reforzar los laboratorios de computación, pero siendo objetivos esto es insuficiente para que un estudiantes de bajos recursos este en igualdad con otro alumno que si cuenta con esos medios, de esta forma se estarían haciendo más élitescas las carreras de diseño, cuando en este escenario el tema médular es la comprensión del ser humano y su sociedad.
Sin embargo, esta no es una carta abierta para que se abandonen los estudios de computación, pero si una advertencia, para que no se dejen deslumbrar por el fascinante mundo de la imagen e inviertan más tiempo en cultivarse intelectualmente. Un arquitecto que solo se concentra en el manejo de sofwares se no es más que un técnico que perdiendo la condición holística que amerita su carrera se ubica en una situación vulnerable, al colocar todo su potencial de trabajo en medios mercantilistas.
Muchas son las veces que se nos dijo en la facultad que no podíamos resolver con diseño los problemas sociales, es lo mismo decir, que debíamos desarrollar una suerte de trastorno bipolar donde el ciudadano y el profesional se separan y no trabajan juntos, Pero es falso, los arquitectos que hacen falta, son los que pelen a lomo partido al lado de las comunidades por más espacio verde, por los 10 o 20 m2 de más que se necesitan en las viviendas, que propongan soluciones, que no duerman ante la realidad y entiendan que los programas de computación son una herramienta controlada por medio de su cabeza, que si allí adentro no hay nada, nada saldrá, por más que torturen el programa o la forma.
Yaraví Arapé