La Configuración Del Territorio: Expresión Del Poder
Saturday, 24. November 2007, 15:57:09
Para nadie resulta extraño pensar que la forma en que ocupamos el espacio representa de alguna manera nuestro poder o importancia y nuestra visión del mundo, por ejemplo la idea extendida por el ideal yanqui del “sillón del papá” o la famosa disputa por el control de la televisión o los puestos en la mesa a la hora de la comida. Pero sorprendentemente la gente se extraña ante la idea de cambiar el esquema de control del territorio para avanzar hacia un modelo socialista, incluso se llega a decir que se trata de un cambio innecesario.
Así como las relaciones de producción configuran los escenarios de explotación o no, la configuración del territorio determina los modos en que los sujetos se relacionan entre sí, simplemente pensemos en el acceso a los sitios de votación, en el caso venezolano esto se encuentra directamente referido al acceso a las escuelas o el sistema educativo, con eso ya podemos pensar en muchas otras cosas.
Como vemos no se trata de ejercer el derecho, sino donde lo ejercemos. Si buscamos en el origen de nuestras ciudades coloniales vemos que la Plaza Mayor tenía asignadas una serie de funciones públicas, religiosas, militares y políticas. La escala de cada una de estas plazas se encontraba claramente definida por el contrato social vigente en la época, y nada más superado cierto nivel se conformaba una nueva parroquia, donde la iglesia junto a la plaza y algún que otro edificio público configuraban el escenario para la sociedad. El acceso a estos espacios de alguna manera expresaba el grado de marginación de una persona, mientras más lejos más excluido.
La permanencia de este esquema en nuestro país no puede ser puesta en duda, el acceso a los poderes públicos expresa el grado de inclusión, ya no sólo por el acceso físico sino por el social. Pero el segundo es una consecuencia del primero.
Ya Platón e Ipodamo de Mileto planteaban ciudades ideales en la antigua Grecia donde el tamaño estaba determinado por la cantidad de habitantes de la misma, por la simple razón de que necesitaban conocerse entre sí para poder participar de un sistema de gobierno basado en los “concejos de notables”, la famosa democracia griega, dejamos para otra ocasión la discusión sobre los aspectos sociales de este sistema. Aún en aquella época era evidente que para funcionar un sistema que depende de la participación directa y de la toma de decisiones a escala local era necesario poder consolidar un sistema basado en la escala del núcleo social mínimo, en aquel caso el patriarca, en el caso de una sociedad heredera de los valores burgueses sería la familia.
Encontramos así que el sistema basado en los concejos comunales estable una proporción cuando hablan de 400 familias, fijan una escala, pero hasta ahora sólo ha sido interpretado como una escala jurídica o procedimental, ignorando que eso tiene una expresión clara en el territorio. Resulta obvio, y en la práctica es así, que la gente tiende a agruparse por afinidad desarrollada por el espacio que comparten, el asunto es que nuestras ciudades carecen de un sistema de espacios que permitan que tal forma de organización funcione, tal y como las parroquias funcionaron para la sociedad de la colonia o como los centros comerciales le sirven al esquema capitalista.
Aquí también se introduce un concepto interesante, que es el de la organización por agregación. En primer lugar hay que entender el sistema sobre el que nos asentamos. Los Estados modernos y sus sistema de organización son producto de la racionalización de dinámicas propias del continente europeo, que en nuestro caso fueron aplicadas como una verdadera receta sobre una realidad incierta, y ni siquiera en el caso europeo el trazado de sus fronteras obedece a un criterio más “real”, basta estudiar la historia de sus fronteras desde la guerra franco-prusiana hasta nuestros días. Sin embargo en nuestro caso estas fronteras no han cumplido otra función sino la organización del territorio para su explotación por parte de los capitales extranjeros, véanse los caso del Imperio Otomano, Palestina o de la América Hispana.
En el caso de nuestra América podemos ver como surgieron ciertos fenómenos interesantes, por ejemplo la diferenciación de Venezuela de Colombia. Inicialmente lo que hoy es Venezuela dependía del Virreinato de Nueva Granada, actual Colombia, pero las dificultades de aquella época para manejar los negocios obligaron a la creación de la Capitanía General de Venezuela, pero a pesar de ello aún existe una zona difusa en lo que fue la vía de comunicación más activa y aún lo es, que es los Andes, normalmente se dice que los andinos venezolanos tienen más de colombianos que de venezolanos, claro está desde la perspectiva del venezolano del centro. Sin tener que desarrollar ideas muy complejas podemos explicar este fenómeno dado que las fronteras son espacios difusos y de alta movilidad, donde se dan fenómenos de hibridación cultural constantemente, además de que son artificiales y no se corresponden necesariamente a las dinámicas sociales puntuales. Así es más común ver a los pobladores de la frontera venezolana relacionados con sus pares de Colombia que con la gente del centro del país. Eso a nadie le extraña, entonces ¿por qué les extraña que los habitantes de Petare, por ejemplo, puedan determinar más exactamente sus necesidades y soluciones?
En situaciones tan complejas como las ciudades actuales resulta más adecuado confiar en las dinámicas internas de una comunidad que en las ideas externas de algún intelectual o técnico, si no ¿de qué otra forma ha sido hasta ahora? Las sociedades se forman continuamente, el problema es cuando algunos se creen dueños y señores de los destinos de otros. Por ello entregar el poder político y económico a las comunidades es la forma más acertada de avanzar hacia un estado socialista, claro está hay que definir los métodos de organización para poder operar en una realidad internacional que no se puede ignorar.
Es así que la idea de pensar en el Estado como una agregación de comunidades no es “otra locura más”, sino un experimento interesante y más cercano a la realidad que los modelos de planificación central que se implementaron en el siglo XX. Por supuesto que deben existir entes reguladores a diversas escalas que permitan coordinar las visiones de las distintas comunidades y evitar que avancemos hacia la total anarquía, pero estos espacios tienen más que ver con el diálogo que con la imposición de políticas.
De esta forma la Ciudad irá cambiando poco a poco, por ejemplo se irá perfilando un órgano que sea una mezcla funcional de lo rural y lo urbano, mezclando aspectos productivos y terciarios, también será necesario incluir nuevos espacios en la ciudad, tal vez nuevas versiones “Siglo XXI” de las plazas, espacios públicos diseñados sin ignorar las nuevas tecnologías y que estén basados en los sistemas de participación política.
Por esto es que si la idea es que la única forma de avanzar hacia el socialismo es darle poder al Pueblo, entonces, la única forma de construir ciudades socialistas es dotarlas de espacios para el Pueblo o mejor, que sea el Pueblo quien la dote de esos espacios.
Falta mucho, claro está, pero sólo caminando se avanza. El camino es la educación, lograr que la gente adquiera conciencia de su carácter de clase además del sentido de comunidad y, por supuesto, poner el conocimiento al servicio de las comunidades y no al revés.
Sobre lo que sí hay que estar claro es que hablar de la transformación de la organización del territorio es algo que implica mucho más que un simple cambio de nombres, se trata de un ataque al corazón mismo de un sistema, de una intención de cambio en las relaciones de producción, en fin, de un cambio de todas las cosas. Como nos organizamos en el territorio define lo que somos o queremos ser, si no le parece así entonces pregúntese ¿qué importancia tiene en el fútbol la organización del equipo en el campo de juego?