Estudiar… ¿para qué?
Thursday, 20. March 2008, 19:17:02
En estos momentos que se discute sobre varios temas relacionados con los sistemas de educación en mi país pues he decidido hacer mi aporte escribiendo un artículo basado en mi experiencia de vida, pues he estado ligado a una de las principales universidades del País desde que nací.Dejo estos comentarios para ustedes y espero sus opiniones.
Uno de los temas preferidos de los “conservadores”, es decir, la gente que cree que todo antes era mejor, es la educación de sus hijos. Nos tienen habituados a comentarios más o menos estúpidos, pero estúpidos al fin y al cabo, sobre que en su época la educación era mejor, por ejemplo la práctica de pegarles a los niños con una regla en la mano para castigarlos por cualquier razón, es algo que “se perdió, por eso ahora hay tanto malandro”, en base a esto uno se pregunta ¿si las cosas estaban bien antes cómo es que pudieron degenerar en lo que hoy tenemos? Un asunto de simple causalidad.
Claro este nivel de discusión se puede mantener en el bus o metro de su ciudad, en la panadería o donde quiera que Usted se encuentre, y pues depende de su humor y cinismo molestarse o no. El asunto se torna grave cuando ese nivel de discusión es el que encontramos cuando se discuten cosas como el nuevo pensum de estudios para la educación básica o el sistema de ingresos a las Universidades Nacionales. Sobre este último asunto queremos centrarnos aquí. La gravedad radica en la ligereza y pobre estructuración de los argumentos y razonamientos cuando se construyen instrumentos de organización social que tendrán un impacto en nuestra sociedad en un amplio margen de tiempo, digamos que al menos por una generación.
Si Rousseau decía que a los niños hay que educarlos como los hombres que pueden ser, pues a los adolescentes que entran a las universidades hay que educarlos como los hombres que son. El problema está en quien y bajo qué condiciones entra a ese proceso de formación. También está el asunto de la intencionalidad de esa educación ¿para qué estudiar?
Si algo produce una extrema polarización de la sociedad mediáticamente visible es una demagogia enloquecida, no importa la coherencia sino responder al escenario táctico, es decir, “quedar bien con todos”, no perseguir fines de un programa haciendo frente a las contradicciones. En el caso del ingreso a las universidades nacionales el asunto se ha centrado en si la clase media-alta ha secuestrado las universidades, con sus enormes recursos, para sus fines y ha excluido a las clases más bajas condenándolas a la ignorancia. Por eso la solución, según mera lógica formal, es que los pobres entren a la universidad, al menos, en igual proporción que los ricos.
Este no es sino un razonamiento bastardo y propio de la lógica capitalista, lo único que mueve la idea de que la gente pobre o humilde o Pueblo, según lo demagogo que uno quiera sentirse, entre a las universidades es que persiste en el subconsciente colectivo la idea de que las universidades son instrumentos para alcanzar la movilidad en la escala social, pues los que hoy oprimen a los pobres y favorecen la continuidad de un modelo excluyente son los pobres de hace treinta años que entraron a las universidades por medio de la “democratización de las universidades” y se aliaron con los integrantes de la clase alta que fueron quienes fundaron las universidades nacionales en la práctica. La verdadera cuestión es ¿cuál es el objetivo de esa “educación superior” en el marco del desarrollo de nuestro país?
Ingresar a la Universidad no es un asunto de renta mensual, la dinámica de la lucha de clases en las universidades está en quién controla la información y quien no, ese es el valor de cambio en el mundo universitario, es obvio que el manejo de los cuantiosos recursos económicos se convierte en centro de la lucha interna, pero no es sino la consecuencia de ese proceso que se inicia en quién ocupa ese espacio, quien se da el derecho de hacerse llamar “universitario” y, finalmente, no es sino un asunto de quien controla la información, eso es algo harto conocido en este mundo mal llamado posmoderno o de la era de la información ¿cierto?
Desde este punto de vista entonces ¿dónde reside el poder en la universidad? Pues en el control de los planes de estudio, que al fin y al cabo son los que definen los perfiles de ingreso y egreso de las universidades, también son los que definen la forma en que se “imparte el conocimiento” y, por lo tanto, la estructura académica necesaria que debe ser soportada, a la final, por una estructura administrativa. Tener el control sobre el ingreso a las universidades redunda en mantener el control sobre los recursos económicos de las universidades y su distribución dentro de su estructura.
Siguiendo este camino llegamos al siguiente asunto ¿cómo se logra un cambio en las universidades nacionales?
En lo que podríamos denominar la historia reciente de nuestro país, es decir, de la caída de Pérez Jiménez hasta nuestros días se han producido algunos conatos de cambio, el más destacado fue el proceso de la Reforma del 69 en el marco del Mayo Francés y el último, en el caso de la Universidad de Los Andes, de donde provengo, fue la famosa Comisión para el Cambio, que en cien días debería trazar el camino para la transformación de la ULA, curiosamente en semejante comisión sólo dos estudiantes son mencionados en su relatoría, un buen ejemplo de que “si no quieres que se haga algo, nombra una comisión”
En todos los casos estas reformas no han logrado mayor cosa, pues las “reformas” se han centrado en aspectos formales o, al menos, es lo que ha logrado trascender, pues de los aspectos estructurales poco o nada se habla, pues son lo que al final de cuentas tocan los intereses de todo el mundo.
En el caso de la experiencia que menciono en la ULA se puso en evidencia que los contenidos curriculares, las estructuras “académicas” y otros “detallitos” elementales de nuestras universidades datan, al menos, de los modelos del siglo XIX, la famosa universidad napoleónica. Si alguien quiere objetar lo invito a pensar en el Consejo Universitario y su estructura; el sistema bajo el cual se clasifican y organizan los profesores, aquello de los escalafones (Titular, Asistente, etc.) y la forma en que se divide el conocimiento (ciencias sociales, ciencias puras, etc.) Nuestras universidades pueden producir enormes cantidades de papeles, tesis y trabajos de investigación sobre currículo y nuevos modos de “construir el conocimiento”, esas bellas ideas sobre la participación colectiva en el desarrollo del saber y otras cosas, pero aún así siguen estructuradas y organizadas bajo esquemas no solo capitalistas, sino básicamente monarquistas, entonces ¿cómo se pretende que la simple inclusión de “los pobres” en las Universidades suponga avanzar en la construcción de una sociedad socialista?
Sobre ese último punto basta con reflexionar sobre el hecho de que poco o nada se consigue si alguien, por muy “progre” que sea, es insertado en una estructura retrógrada sin mayores posibilidades de cambiarla. El sujeto o termina aislado o asimilado por el sistema, en ambos casos es anulado. La solución para este tipo de situaciones es un esfuerzo colectivo que permita crear una nueva estructura, no reformarla o transformarla. En este caso es obvio que se trata de una transformación que corresponde realizarla ejerciendo el poder que el Pueblo supuestamente tiene sobre el Estado, eso de que “…ahora gobierna el Pueblo”
Es así que no tiene mayor sentido creer que por el simple hecho de permitir la entrada en masa de “los pobres” a las universidades va a lograr su transformación, lo único que se logrará es alienar en masa a gente con un potencial revolucionario derivado de su condición de explotado, con la consecuente pérdida de otra oportunidad de lograr la transformación de un sector importante del país y el evidente desvío del camino hacia la construcción del socialismo. Si alguien no cree en esto pues basta con que se revise el efecto que tuvo la política de “democratización de las universidades”, una de esas luchas de los sifrinos revolucionarios de los 60’s, los mismos que fueron a tocar la campana de Wall Street hace ya una década como muestra del éxito de su política de entendimiento, por ejemplo.
Meter gente en una estructura que funciona bajo unos esquemas alienantes no tiene ningún sentido, casi es un acto de traición; menos oportuno es decirle a la gente que entrar a la universidad es una forma de mejorar su condición social, en particular cuando eso es una gran mentira.
Esto nos lleva a plantear un par de cosas. La primera es que las universidades nacionales han de ser refundadas bajo un esquema nuevo, y con esto nos referimos a que las universidades deben ser cerradas y vueltas a abrir, aprovechando los recursos materiales y humanos con que cuentan, pero bajo una nueva estructura dirigida hacia la construcción de nuevos modelos educativos afianzados en las ideas y, sobretodo, métodos revolucionarios, pues lo importante no es la permanencia sino el cambio. Ciertamente esto me vale la hoguera en los ámbitos universitarios, más siendo ex-profesor universitario, pero es la verdad. Darle la oportunidad para que “las reformas vengan desde adentro” no es sino dilatar una cuestión fundamental para lograr avanzar un paso gigante hacia la construcción de una sociedad socialista, se trata de una de esas contradicciones fundamentales que se deberían resolver como la estatización de las empresas fundamentales. Aunque declaro manifiesto mi escepticismo ante la idea de que el gobierno se atreva a asumir esa situación por completo.
Lo siguiente es un asunto de fondo, es reflexionar sobre lo que se supone es el conocimiento y la educación en el contexto de un proceso revolucionario. El conocimiento alimenta el alma, eso es cierto, tanto como lo es que el poder se conserva y ejerce más fácilmente si se mantiene en la ignorancia a la mayoría de la gente, aquello del “opio de los pueblos”. Por lo tanto, el asunto de la educación para el Pueblo no supone que el fin último sea llegar a la universidad, pues posibilidades hay muchas. Lo que sucede es que persiste esa noción sifrina de que el trabajo manual o técnico es menos que el trabajo de un profesional, cuando no son sino trabajos de distinta naturaleza, como de distinta naturaleza son los conocimientos necesarios para llevar a cabo tales trabajos. La formación integral del ser no tiene nada que ver con el nivel superior de educación al que se llegue, sino con la instrucción básica que se obtiene en la infancia, es ahí donde de verdad debe haber inclusión, lo que no significa nada más que tener un pupitre disponible y una camisa para ir al colegio, sino poder recibir una educación completa y constructiva.
Las universidades deben dejar de ser los monstruos que gradúan al año miles de profesionales sin sentido, deben cumplir su papel de formar personas en distintos niveles, inclusive dejar a un lado la odiosa y sin sentido separación física entre las formaciones técnicas y profesionales. Las universidades que debemos construir es necesario que las inventemos primero, nada ganamos con atiborrar salones de clase con gente y la idea de que un título les dará trabajo. Debemos hacer el trabajo más difícil: el de enamorar a la gente de su propia educación, el de hacer que la gente se alimente con conocimiento e ideas y el de superar las contradicciones que nos impone el proceso y entender que nada ganamos reformando estructuras, ganamos construyéndolas, el socialismo es una construcción nueva, no una reforma del capitalismo.