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MultiClaves

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9 de Sep, 2005: A modo de Test y Enigma...

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Antes de que un hombre estudie la Ciencia sagrada,
las piedras son las piedras y las aguas son las aguas.

Cuando ha obtenido cierta visión interior del sagrado Arte,
las piedras ya no son las piedras, ni las aguas son las aguas.

Pero cuando al fin conoce la Obra,
vuelven las piedras a ser piedras y, las aguas, aguas.
*


[Y es entonces hora de laborar...]


Ha habido una sutil mutación a lo largo del poema anterior... ¿te has percatado de ella? Si sí, entonces te felicito: pocos la habrán visto efectuarse... Si no, entonces, relee con pausa y meditación: no hay truco ni doblez, es tal cual... o la ves, o no la ves.


* Versión libre que he efectuado de uno de los poemas de Los anales de la transmisión de la luz de la lámpara, escrita por Tao Iuan en el año 1004 (traducidos al inglés por Suzuki).

6 de Sep, 2005: Mini-Diccionario de A.Poisson (1891)

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La obra citada anteriormente, Theories et Symboles des Alchimistes (1891) de A. Poisson, tiene, al final de la misma, una serie de Anexos o complementos a la misma. Uno de ellos es una especie de mini-diccionario que me he tomado la molestia de traducir al castellano: Diccionario de los Símbolos Herméticos.

Su autor reconoce que no es más que un resumen y le doy la razón respecto a que puede ser útil para un neófito total en la Alquimia y sus ramas. Es en este punto donde quiero precisar, entre otras cosas, que sus indicaciones no pertenecen al ámbito Hermético estrictamente hablando, por lo que, en gran medida, son erróneas aplicadas a este. Sin embargo, sí pueden ser útiles, a un nivel básico y a modo indicativo, en tratados que no pertenecen a la Alta Alquimia, es decir, entendida ésta como práctica de la Ciencia Sagrada basada en la Física de la Materia... o, lo que es lo mismo, en tratados claramente químicos, es decir, espagíricos de orientación metálica y en tratados de la rama de la voarchadumia. Es en los límites de esta prevención, que el tal diccionario de Poisson puede ser útil a un nivel extrictamente elemental, apto para quien no sabe nada de Alquimia y es completamente profano en la misma.

5 de Sep, 2005: La ciencia más nebulosa...

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L'Alchimie est la science la plus nébuleuse que nous ait légué le Moyen Age. La Scolastique avec son argumentation, la Théologie avec sa phraséologie ambiguë, l'Astrologie si vaste et si compliquée, ne sont que jeux d'enfants, comparées à l'Alchimie.

Ouvrez un de ces vénérable traités hermétiques du quinzième ou seizième siècle et lisez ! Si vous n'avez pas fait des études spéciales sur le sujet, si vous n'êtes déjà initié à la terminologie alchimique, si enfin vous n'avez une certaine connaissance de la chimie inorganique, vous fermerez bientôt le volume déçu et découragé.

Quelques uns diront que ces allégories sont vide de sens, que ces symboles mystérieux sont des figures faites à plaisir. Il est facile de dédaigner une chose que l'on entend pas, mais ils sont peux nombreux ceux que la résistance irritent et qui aiment la lutte. Ceux-là sont les élus de la science, ils ont la persévérance qui est la première vertu du savant. Qu'un problème se présente à eux, ils travaillerons sans relâche à en trouver la solution : l'illustre chimiste Dumas partant d'un fait, mit dix ans pour découvrir la loi des substitutions !

Les traités hermétiques sont obscurs, il est vrai, mais, sous cette obscurité se cache la lumière. Une fois la théorie alchimique connue, possédant la clef des principaux symboles, vous pouvez hardiment entreprendre la lecture de Raymond Lulle, Paracelse, Bernard le Trévisan, Flamel, Roger Bacon, Philalèthe. Ce qui vous paraissait vide de sens, vous le trouverez logique, vous lirez comme Marielle lisait les hiéroglyphes, vous éprouverez à déchiffrer vous-même, à épeler pour ainsi dire cette langue inconnue, à marcher pas à pas, mais sûrement vers la lumière.

Theories et Symboles des Alchimistes: Le Grand Oeuvre.
(de la Introduction), Albert Poisson, 1891.




La Alquimia es la ciencia más nebulosa que nos ha legado la Edad Media. La Escolástica con su argumentación, la Teología con su fraseología ambigua, la Astrología tan vasta y tan complicada, no son sino juegos de niños, comparadas con la Alquimia.

Abra uno de esos venerables tratados herméticos de los siglos quince o dieciséis ¡ y lea ! Si usted no ha hecho unos estudios especiales al respecto, si usted no ha sido ya iniciado en la terminología alquímica, si, enfin, usted no tiene un cierto conocimiento de la química inorgánica, usted cerrará bien pronto el volumen decepcionado y desilusionado.

Algunos dirán que esas alegorías están vacías de sentido, que esos símbolos misteriosos son figuras hechas a placer. Es fácil desdeñar algo que no se entiende, así que son poco numerosos aquellos que se enfrentan a lo difícil y que aman la lucha. Esos son los elegidos de la ciencia, tendrán la perseverancia que es la primera virtud del sabio. Que un problema se les presenta, trabajarán sin descanso hasta encontrar la solución: el ilustre químico Dumas, partiendo de un hecho, ¡invirtió diez años para descubrir la ley de las sustituciones !

Los tratados herméticos son oscuros, es verdad, pero, bajo esta oscuridad se oculta la luz. Una vez conocida la teoría alquímica, poseyendo la clave de los principales símbolos, usted puede resueltamente emprender la lectura de Raimundo Llulio, Paracelso, Bernardo el Trevisano, Flamel, Roger Bacon, Filaleteo. Lo que le parecía vacío de sentido, lo encontrará lógico, leerá como Marielle leía los jeroglíficos, probará a descifrar usted mismo, a deletrear, por así decir, este lenguaje desconocido, a caminar paso a paso, pero con seguridad, hacia la luz.

4 de Sep, 2005: ... no hay más que una verdad...

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«... pero sus vestiduras son diferentes: Si uno de nosotros la presenta pomposamente adornada de finas pedrerías y del Oro más puro, otro tan verídico la cubre con barro y estiércol podrido; otro exclamará: ¡Oh felices Sabios, cuya Ciencia divina encuentra en lo invisible un punto indivisible, el único que puede componer el milagro del arte! Bien comprendidos, estos tres te rasgan el velo y descubren la amable verdad a tu vista. Sólo a ti te concierne el seguir [y comprender sus] preceptos y [así] desarrollarás fácilmente los jeroglíficos y todas las ficciones...»

«... comprendiendo [la doctrina, es como] podrás conciliar fácilmente a los Filósofos que, en efecto, han poseído la misma Sabiduría...»

«... Te encontrarás, querido hijo, con miles de escritos de Filósofos, de todas las épocas, de todas las edades, de países diferentes, pero detente sólo en los [verdaderos, que son pocos]...»

«... [Esfuérzate por alcanzar] las más vivas luces de [...]un Arte misterioso que [el Creador] ha revelado a sus verdaderos adoradores, llamados Magos, o sea, Filósofos perfectos en todos los aspectos. Pero guárdate de las opiniones erróneas de aquellos falsos Rabinos y vanos Filósofos según la ciencia; y los elementos o principios mundanos y vulgares que de una ciencia divina han hecho una ciencia diabólica, condenados en todas partes en nuestros Libros sagrados y por el gran Dios humanizado, muerto y resucitado, a quien has de estar ligado hasta el último momento de tu respiración...»

«... Pues en modo alguno soy del parecer de estos presuntos iluminados que quieren que todas las sentencias de los Sabios se refieran a sus materias quiméricas y que no conciben que las parábolas pueden recibir infinitas explicaciones, aunque no tengan más que un sentido verdadero que encierra en secreto un secreto inagotable...»

«... Pero dejando a estos hábiles razonadores errar en su sentimiento, conténtate, hijo mío, con ejercer tu admiración sobre lo que la práctica te demostrará. Es preciso que seas constante, suave y paciente siguiendo la Naturaleza...» «... [pues] los antiguos han dado la ocasión de ejercitarse a la sutilidad de los espíritus curiosos que no pueden comprender el sentido de sus enigmáticas alusiones. Lo que los hace errar es la falta de conocimiento de la rica Naturaleza...» «... [así], finalmente, tendrás en tus manos las llaves de la Naturaleza, sus más ricos y virtuosos tesoros: por medio de ellos lo podrás desligar y abrir todo, ligarlo y cerrarlo todo...» «... Podrás participar en la felicidad de los Dioses y beber grandes tragos de su néctar o de su ambrosía en su copa...»

«... La verdad siempre venció a la mentira. Recuerda que es una y que está desnuda y que sólo puede aparecerse a las miradas de los Sabios, pues el vulgo está ciego...»

«... Sí, esta puerta abierta te presenta un paso feliz para llegar al santuario de la Naturaleza, cerrado con tres llaves diferentes; la primera es de hierro, la segunda de plata Purísima, y la tercera de oro deslumbrante; pero, sobre todo, acuérdate de poner cada llave en su cerradura, para poder encontrar la clave universal de las maravillas del mundo. Si el Espíritu divino te procura la entrada, arrodillándote, adora al Eterno, Inmortal y Todopoderoso. Recibe de manos de la Sabiduría esta Ampolla sagrada, que llama a los muertos del fondo de sus tumbas y cuyo purpúreo aceite vence al Demonio hasta el fondo de los Infiernos y confunde en un momento la ignorancia ciega que mata a los humanos...»

De «Preceptos e Instrucciones del Padre Abraham a su Hijo»
Anónimo




«De entre todas estas llaves [de la Naturaleza], la que abre el lugar cerrado ocupa sin dificultad el más alto rango; es la fuente misma de todas las cosas y no cabe duda de que Dios le ha dado una propiedad del todo divina. [... y] si poseo la llave alejaré tanto como sea posible mi deceso y, además, estaré seguro de haber adquirido un gran secreto que espanta toda suerte de padecimientos.»

«En [este lugar] ha encerrado la naturaleza todos sus tesoros, y los ha comprimido como en un depósito propio y particular. No obstante, tener la llave de oro es saber liberar esta cámara estanca...»

De la «Carta de Aristeo a su Hijo
sobre el Magisterio Hermético»*



Hay, en la Naturaleza que nos rodea y en la que estamos inmersos, un lugar** cerrado al que no tenemos ningún tipo de acceso; es, por tanto, un lugar oculto, secreto, inefable, inasequible, invisible, etcétera; la evangélica «estrecha y angosta Puerta del Reino de los Cielos». Por medios naturales, sólo es posible abrir dicho lugar prohibido por medio de una particular llave (Piedra Filosofal se la llamaría en la Edad Media). En latín, la llave tiene, simultáneamente, el significado de cerrojo, siendo así que Clavis significa bien llave, bien cerrojo o cerradura. Así, el lugar cerrado es la fuente misma de todas las cosas: lo cual es también la llave. Y si la propiedad del lugar y de la llave es del todo divina, eso significa que tanto llave y lugar son «como de fuera de este mundo», o, dicho de una manera más acorde a nuestra mentalidad, de una dimensión sobrenatural, metafísica, espiritual... que, de alguna manera, sin embargo, está presente es nuestra realidad espacio-temporal. Si asumimos que el lugar cerrado es atemporal, entonces comprenderemos que en él la vida escapa al flujo mortal del tiempo... Si esto es posible o no, eso ya es cuestión de cada cual.


Notas:

* Originalmente escrito en lengua escita, y cuya antigüedad se remonta a los primeros siglos de nuestra era, mucho antes del renacimiento alquímico en manos de los árabes (siglos VI-VII d.C.) La transcripción que he usado es de una copia del siglo XVIII (manuscrito de la Biblioteca de Grenoble, nº 819), y que se haya reproducido en la obra de Georges Ranque: La Pierre Philosophale. Hay una versión en internet traducida por José Luis Rodríguez Guerrero, y que se puede hallar en The Alchemy Web Site (enlace en la sección lateral del blog).

** Lugar: Espacio ocupado o que puede ser ocupado por un cuerpo cualquiera...

4 de Sep, 2005: Alquimistas Vulgares vs Filósofos Verdaderos.

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«Mi querido hijo, después de haberme preguntado con frecuencia [...] si había de dejarte por escrito los grandes misterios de la Cábala de los Sabios [...] he decidido [...] que no podía darte testimonio más claro que el manifestarte, con candidez, sin ninguna parábola y sin oscuros juegos de palabras [sin enredar tu espíritu con todo tipo de consideraciones falsas y superfluas o con similitudes y nombres inventados para designar nuestra materia simple, aunque los Filósofos hagan uso de estas cosas ya para instruir a los Hijos de la Sabiduría, ya para desviar del camino de la verdad a ignorantes y a falsos discípulos], toda la práctica de la verdadera preparación de la Piedra de los Sabios, donde se encuentra la mejor y más alta Ciencia de toda la naturaleza entera [...] pero, antes de entrar en la antedicha materia, necesito mostrarte qué es en realidad la Alquimia, y que diferencia ha de haber entre los alquimistas vulgares y los verdaderos Filósofos.

[...]

Has de saber, hijo mío, que la palabra Alquimia, en lengua árabe, significa Fuego. La Alquimia es una parte muy oculta de la Filosofía natural y la parte más necesaria de la Física, que es la investigación de la Naturaleza; con ella se hace un Arte que no puede compararse a ningún otro, porque enseña a perfeccionar todas las piedras preciosas imperfectas, a conducir los cuerpos humanos afectados por la enfermedad hacia una salud perfecta y a transmutar los metales corporales imperfectos en oro y plata verdaderos. Todo esto se hace con un cierto cuerpo medicinal universal del que todas las medicinas particulares han recibido alguna cosa y este cuerpo medicinal se prepara con el trabajo de las manos, mediante un oculto ingenio y un Arte que únicamente conocen los Hijos de la Verdad.

Aprende, hijo mío, que esta Ciencia es llamada Flor de la Sapiencia, porque aclara el entendimiento humano, lo aguza y, en fin, lo convence por la experiencia de la verdad. Todavía en nuestros días quedan muchos testimonios por declarar. Esta Ciencia admirable de la Alquimia natural muestra al intelecto humano una vía con la que se puede comprender, de manera viva y por efecto de una profunda investigación, de qué manera penetran todas las cosas en las potencias y virtudes divinas, y cómo subsisten en ellas.

Aunque en mi discurso te hable mucho de Alquimia, no me refiero a aquella que se practica vulgarmente en nuestros días. Pongo en claro una gran diferencia entre la que se practica comúnmente y aquella otra que es propia de los Filósofos, distingo entre aquellas operaciones de los alquimistas contemporáneos y aquellas de los Hijos de la Ciencia. Por eso, y a fin de que no te equivoques en un asunto tan grave, te prohíbo toda frecuentación con los falsos discípulos del Arte, que dan recetas variadas.

Voy a hablar de los alquimistas vulgares: en efecto, éstos no cesarán de desviarte de la verdadera vía, que yo te muestro, con objeto de seducir y dar ocasión para que te adhieras a sus opiniones falsas y a sus locas imaginaciones. Sabe pues que la diferencia entre los verdaderos Filósofos y los alquimistas vulgares es tan grande como la que hay entre el día y la noche, y esa diferencia se ve bien en esto: que no se ha de tomar más que una sola y única cosa para preparar la Piedra de los Filósofos. Los alquimistas vulgares, por el contrario, pretenden tomar muchas materias distintas con la esperanza de alcanzar así el objeto de sus deseos. Los verdaderos Filósofos realizan su Obra con tiempo, sin gastos y operan en silencio con un solo vaso, un solo horno, y una sola materia, o dos (que sin embargo son de la misma naturaleza).

Los alquimistas vulgares trabajan con muchos esfuerzos, con grandes gastos, con todo tipo de hornos y de fuegos y con una multitud de materias diferentes; en suma, que si Dios Todopoderoso lo creó todo de la nada, los alquimistas vulgares, del todo hacen nada. Los Alquimistas verdaderos, por el contrario, imitando a la Naturaleza, y con una pequeña cantidad de su materia, realizan grandes cosas.

Aún podría decirte muchas más cosas acerca de los alquimistas vulgares, pero esto bastará para demostrarte que habrías de estar completamente privado de sentido si después de estar en posesión de la más alta Ciencia, que te muestro en este tratado, quisieras seguir el método de aquellos que respecto a esta sublime Ciencia, están ciegos e ignorantes, o si hablaras de estas cosas con ellos. Por otra parte, solamente he escrito este capítulo con la intención de enseñarte en qué consiste la excelencia de la verdadera Alquimia natural.

Con esta comparación descrita entre el verdadero Filósofo y el alquimista vulgar sólo pretendo hacerte saber que siempre encontrarás la verdadera Ciencia próxima a los verdaderos Filósofos, pero cerca de los alquimistas vulgares sólo encontrarás ignorancia y tristeza


De «Instrucción de un Padre a su Hijo acerca del Árbol Solar»
Anónimo.