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13 de Sep, 2005: La Alquimia de Fulcanelli

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Fulcanelli, con independencia de quién o quienes estaban detrás del seudónimo, consiguió, con sus dos obras (El Misterio de las Catedrales y Las Moradas Filosofales), atraer la atención de propios y extraños (entre los que me incluyo, como relato aquí) sobre la existencia de una ciencia desclasificada como tal desde el siglo XVIII y archivada entre los disparates de los antiguos: la Alquimia.

Pero mi intención en este mensaje no es comentar aspectos dudosos tanto del personaje como de su obra escrita, sino que mi intención es la del asunto: analizar única y exclusivamente su idea definitoria de Alquimia.

Siguiendo a Pernety, Fulcanelli distingue, básicamente, dos alquimias: una verdadera y otra falsa. La «originalidad» de Fulcanelli con respecto a Pernety estriba en que Fulcanelli llama verdadera a la esotérica y falsa a la exotérica; la primera es del dominio de los iniciados en el lenguaje alquímico y en el objeto verdadero de su estudio, en tanto que la segunda es de dominio público y está fundamentada sobre operaciones químicas o de carácter prequímico. La primera es de los Filósofos y la segunda de los sopladores. Ambas usan el mismo lenguaje. De esta manera, resulta que el aspecto externo de un Tratado es puramente químico, por regla general, si bien expresado al modo simbólico y alegórico de los antiguos, y es la tela de araña que atrapa a los profanos e ignorantes, que no pueden dejar de ver un tratado químico y, más concretamente, una receta o fórmula química que promete fabricar oro y salud a raudales y a mansalva... el iniciado, por el contrario, conocedor del objeto verdadero de la Alquimia, entenderá dicho Tratado de forma harto distinta, mediando entre ambas visiones un auténtico abismo, tal es la diferencia entre lo aparente y lo real oculto tras la susodicha apariencia.

Lo más importante de esta visión generalizada de su pensamiento que acabo de resumir es que, en tanto que la verdadera es sólo una, a la que llama Alquimia pura Tradicional, la falsa es múltiple. Todas las falsas tienen una característica común: son lo que entendemos química, en tanto que la verdadera no es, en absoluto, química: «Repetiremos, por última vez, que de todas las operaciones benévolamente descritas en estas páginas, ninguna se relaciona, de lejos o de cerca, con la alquimia tradicional, y ninguna puede ser comparada a las suyas. Muralla espesa que separa las dos ciencias, obstáculo infranqueable para aquellos que están familiarizados con los métodos y las fórmulas químicas. No queremos desesperar a nadie, pero la verdad nos obliga a decir que ésos no saldrán jamás de los caminos de la química oficial, aunque se entreguen a las investigaciones espagíricas. Muchos modernos creen, de buena fe, apartarse resueltamente de la ciencia química porque explican sus fenómenos de una manera especial, sin emplear, no obstante, otra técnica que la de los sabios varones a los que hacen objeto de su crítica. Hubo siempre, por desdicha, errabundos y engañados de ese tipo, y para ellos, sin duda, Jacques Tesson escribió estas palabras llenas de verdad: "Los que quieren hacer nuestra Obra mediante digestiones, destilaciones vulgares y sublimaciones semejantes, y otros por trituraciones, todos ellos están fuera del camino, sumidos en gran error y dificultad, y privados para siempre de conseguir su objetivo, porque todos esos nombres y palabras y maneras de operar son nombres, palabras y maneras metafóricos."» Es fácil, pues, inducir al lector a hacerle pensar que la Alquimia verdadera es exclusivamente una realización espiritual, una práctica mística... y si bien es cierto este aspecto ineludible de la Alquimia verdadera, no menos cierto es que dicho logro místico es inducido por una especial manipulación, por el perfeccionamiento intrínseco de una virtud universal inherente en todo lo creado: desde la más triste piedra al más sabio de los hombres... Fulcanelli, en otros puntos de su obra, da a entender en qué consiste la práctica verdadera, pero nunca la dirá, sólo la dejará entrever... pero al igual que advierte de que en absoluto tiene que ver con la Química, igual advierte, insistentemente en toda la obra, que es una Ciencia positiva, es decir, experimental y, por lo mismo, sujeta a leyes empíricas y sujeta, por tanto, a la evolución y desarrollo propio a toda ciencia, como lo es la Química.

¿Y cuáles son esas alquimias falsas, aparte su carácter químico? Fulcanelli diferencia, esencialmente, dos: la Espagiria y la Voarchadumia a la que también llama Arquimia. Me remito a sus definiciones.

Para Fulcanelli, la Espagiria es la antepasada verdadera de la Química oficial y constituye, además, la alquimia exotérica propiamente dicha. Esto no es de extrañar, dado que, como bien indica Pernety, la Filosofía natural Espagírica es, hablando con propiedad, la misma que la Filosofía natural Hermética... bajo esta identidad de principios de la filosofía natural antigua, pues, resulta fácil ocultar procesos de alquimia verdadera bajo procesos, no necesariamente falsos ni mucho menos, de naturaleza espagírica, es decir, de química o sopladores... de ahí, afirma nuestro autor, que por una falta de penetración y conocimiento, tantos estudiosos de la historia alquímica no hayan podido o sabido diferenciar esta característica de los textos herméticos (cerrados), y hayan afirmado, erróneamente, que la Alquimia es la antepasada de la actual Química, cuando, en realidad, una y otra no se parecen en nada, ni en sus principios ni, sobre todo, en su práctica o modus operandi.

La diferencia que Fulcanelli establece entre Espagiria y Voarchadumia estriba, básicamente, en que la primera trabaja con todo tipo de materiales, de los tres reinos; en tanto que la Voarchadumia o Arquimia trabaja única y exclusivamente con materiales del reino mineral. Otra diferencia básica es que la segunda sólo persigue la transmutación metálica, siendo ésta su único horizonte y fin.

Esto último implica una sorpresa: según Fulcanelli, lo que la gente entiende comúnmente por Alquimia es, en realidad, Voarchadumia, pues así define esta última: «... la arquimia o voarchadumia, parte de la ciencia que enseña la trasmutación de los metales unos en otros...» ¡Pues esto es lo que Paracelso entendía por Alquimia!: «La Alquimia es una ciencia que enseña a cambiar los metales de una especie en metales de otra especie.» (en El Cielo de los Filósofos). Así, pues, siguiendo el pensamiento de Fulcanelli, Paracelso no era un alquimista, sino un voarchadumista... no es casual, evidentemente, esta coincidencia en las definiciones: Fulcanelli no quiso arremeter contra Paracelso abiertamente, pero es evidente que no lo consideraba no ya un Adepto, ni siquiera un alquimista verdadero... (algo en lo que coincidimos más de uno)

Entonces, volvemos al asunto de este mensaje, ¿cómo define, en pocas palabras, Fulcanelli a la Alquimia?... Pues he aquí su definición: «la permutación de la forma por la luz, fuego o espíritu». Una interesante definición que, dicho sea de paso, está perfectamente acorde con el objeto de estudio de la verdadera alquimia y que, cosas del autor, jamás dirá abiertamente a qué campo científico pertenece: si bien deja muy claro que todo lo que sea químico es una vía muerta (falsa) y da a entender constantemente que todo lo que sea exclusivamente espiritual, es tan errado como lo químico... o casi. Alcanzado este punto de mi mensaje, y a fin de ir terminándolo, observemos los siguientes detalles:

1 - Fulcanelli no usa el término Transmutación, sino el de Permutación.
2 - No habla de Materia (plomo, mercurio, metal, etc), sino de Forma.
3 - La Luz es el agente de tal permutación.
4 - Que esta Luz es elementaria, natural (luz-fuego, permutación de la forma material) y sobrenatural (luz-espíritu, permutación de la forma espiritual, del operante mismo). (Aquí hay más opciones de interpretación, me he limitado a ofrecer una de las posibles)

Y hasta aquí. Quizás vuelva sobre esto último más adelante, pues da para mucho lo que implica. Si olvido retomarlo, pues que alguien me lo recuerde. ;-)

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12 de Sep, 2005: Alquimia: en torno a su definición.

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Definir el concepto de Alquimia es tarea harto ardua y difícil... consecuencia de que si fuera definida con precisión, entonces quedaría desvelado su objetivo real, su sujeto de trabajo, su entorno práctico...

Hay, pues, a consecuencia de lo anterior, conceptos para todos los gustos, si bien los podemos dividir básicamente en dos corrientes actuales: los que la ven como una química antigua (para unos prequímica y para otros «hiperquímica») y los que la ven como una práctica mental. Estas corrientes, opuestas por naturaleza, son amalgamadas en una tercera visión «químico-mental», en la que supuestos poderes psíquicos del operante, a modo de «influencias», intervienen en las reacciones químicas (¿?), de manera que así es posible, dicen, crear una fusión o una fisión nuclear (pues, físicamente, la transmutación vulgar es eso: fisión si el metal de partida es de peso atómico superior al del oro, fusión si, por el contrario, es inferior).

Creo que esas visiones se aproximan a la verdad, todas, desde el momento en que la virtud del Andrógino es universal (eso implica en todos los reinos creados)... mas, por contra, están todas muy, pero que muy alejadas de la verdadera y simple práctica alquímica original.

¿Cabe, acaso, otra visión de la Alquimia que no sea alguna de las anteriores? Pues sí, hay otra foma de entenderla y, por tanto, de interpretar sus escritos y de practicarla. Su definición jamás ha sido dada abiertamente y yo no sé hasta qué punto debería de ofrecerla o no. Los «quimistas» tienen, de siempre, ideas equivocadas en torno a la razón del secreto antiguo y, además, el dogma del secreto les viene muy bien para ocultar su imposible adeptado por esta exotérica vía; los «mentalistas», por el contrario, creen que dicho secreto es innecesario ya que consideran que, para penetrarlo, se ha de estar en un especial «estado de conciencia»... y yo, por mi parte, cada vez soy más consciente de la dimensión sobrenatural que «se abre» con la práctica material de la verdadera Alquimia, por lo que, si bien no alcanzo a ver todavía su peligro para el mundo, considero que las advertencias de los antiguos sabios sobre esto han de ser sopesadas y seguidas...

Para descubrir la práctica verdadera, se necesita, esencialmente, conocer una sola cosa: el qué es el Hermafrodita o Andrógino mineral (o natural). Muchos creen que los Filósofos nunca lo han dicho, pero no es verdad: está dicho en textos antiguos, anteriores a Cristo. Y, posteriormente a los siglos I-III d.C., es decir, después de la escuela alejandrina, también está dicho en casi todos los tratados verdaderos... por su propio nombre, además... sólo que está dicho con una coletilla sumamente astuta e inteligente que hace pensar en cualquier otra cosa, menos en que es «eso, y nada más», como sentenció un Adepto del siglo XVII... es el carácter universal de la virtud Hermafrodita lo que hace que la manipulación de la materia conlleve una «manipulación» del alma del operario: ambos (materia del laboratorio y cuerpo del alquimista) poseen la misma virtud (en grados superlativos en la materia mineral con relación al organismo humano, lógicamente), virtud que es una de las fuerzas universales de la ciencia moderna, de manera tal que, por ejemplo, el «casco» aplicado al Hermafrodita multiplica, experimentalmente, su «virtud» por cinco... e, igualmente, el mismo «casco» aplicado sobre el alquimista (con las adaptaciones necesarias, evidentemente), multiplica su «virtud» por cinco (en realidad, es una constante empírica aplicable a todo, como se puede deducir de lo dicho. El gorro frigio de rigor sobre la cabeza del alquimista en los grabados antiguos es un símbolo de lo comentado)... no es, pues, de extrañar, que dicho casco del guerrero lleve alas tan a menudo... (y que en los obispos se llame mitra)...

Pero bueno, yo escribía este mensaje para hacer saber que he iniciado en el área del grupo, complementaria para este blog, una serie de definiciones como complemento a este blog, y que las estreno, «oficialmente», ahora, con la tan controvertida palabra Alquimia.

Ahí iré añadiendo lo que otros han dicho y opinado en torno a la misma. Yo iré dando mi opinión sobre ella aquí, como hasta ahora: a pedacitos y de vez en cuando, tal como es lógico y comprensible, dado que estamos en un blog.
Un saludo.
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6 de Sep, 2005: Mini-Diccionario de A.Poisson (1891)

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La obra citada anteriormente, Theories et Symboles des Alchimistes (1891) de A. Poisson, tiene, al final de la misma, una serie de Anexos o complementos a la misma. Uno de ellos es una especie de mini-diccionario que me he tomado la molestia de traducir al castellano: Diccionario de los Símbolos Herméticos.

Su autor reconoce que no es más que un resumen y le doy la razón respecto a que puede ser útil para un neófito total en la Alquimia y sus ramas. Es en este punto donde quiero precisar, entre otras cosas, que sus indicaciones no pertenecen al ámbito Hermético estrictamente hablando, por lo que, en gran medida, son erróneas aplicadas a este. Sin embargo, sí pueden ser útiles, a un nivel básico y a modo indicativo, en tratados que no pertenecen a la Alta Alquimia, es decir, entendida ésta como práctica de la Ciencia Sagrada basada en la Física de la Materia... o, lo que es lo mismo, en tratados claramente químicos, es decir, espagíricos de orientación metálica y en tratados de la rama de la voarchadumia. Es en los límites de esta prevención, que el tal diccionario de Poisson puede ser útil a un nivel extrictamente elemental, apto para quien no sabe nada de Alquimia y es completamente profano en la misma.