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Thursday, 17. November 2005, 15:53:00 (edited)


Ya en 1787, Pernety, en su Diccionario Mito-Hermético, creyó necesario, en su definición de Alquimia, diferenciar a ésta de la ya entonces pujante Química:

«Prácticamente todos los Autores varían sobre la definición de esta ciencia, porque hay dos suertes de la misma, la una verdadera y la otra falsa.

La primera se define, según Denis Zachaire, como una parte de la Filosofía natural, que aprende a hacer los metales sobre la tierra, imitando para ello las operaciones de la Naturaleza bajo tierra, lo más exactamente posible. Paracelso dice que la Alquimia es una ciencia que enseña a transmutar unos metales en otros.

Pero la verdadera definición que se puede sacar de todo esto es lo que los buenos Autores dicen de la verdadera Alquimia, que es esto: la Alquimia es una ciencia y el arte de hacer un polvo fermentativo, que transmuta los metales imperfectos en oro y que sirve de remedio universal a todos los males naturales de los hombres, de los animales y de las plantas.

La falsa Alquimia no puede definirse mejor que como el arte de hacerse miserable tanto del lado de la fortuna que de la salud. La verdadera consiste en perfeccionar los metales, y en conservar la salud. La falsa en destruir metales y salud. La primera emplea los agentes de la Naturaleza, e imita sus operaciones. La segunda trabaja sobre unos principios erróneos, y emplea por agente el tirano y el destructor de la Naturaleza.

La primera, de una materia vil y en pequeña cantidad, hace una cosa muy preciosa. La segunda, de una materia muy preciosa, del oro mismo, hace una materia muy vil, del humo y de la ceniza. El resultado de la verdadera es la pronta curación de todas las enfermedades que afligen a la humanidad. El resultado de la falsa son esos mismos males, que frecuentemente sobrevienen a los sopladores.

La Alquimia ha caido en el desprecio, después del gran número de falsos Artistas que se han aprovechado de las gentes demasiado crédulas e ignorantes con sus supercherías. El oro es objeto de la ambición de los hombres; los peligros a los cuales hay que exponerse por mar y tierra para procurarse el precioso metal, seducen sólo a unos pocos. Un hombre se presenta; él sabe, dice, el medio de hacer crecer en nuestra propia casa la minera de todos los tesoros, sin más riesgos que el de cederle una parte de aquellos que poseéis. Bajo su verborrea, de la que desconocemos lo falso, puesto que ignoramos el proceder de la Naturaleza, nos dejamos engañar; uno siembra su oro, y uno no recoge que humo; uno se arruina; uno, en fin, acaba por detestar al impostor, y dudar de la existencia de la verdadera Alquimia, por cuanto que no hemos alcanzado la meta que ella prometía, al haber tomado un camino opuesto al verdadero.

Muy pocos Artistas son verdaderos Alquimistas; son demasiados los que trabajan según los principios de la Química vulgar. Estos últimos llegan en su arte a sofisticaciones sin nombre; es este arte el que cobija a todos esos impostores, que, después de arruinarse, buscan arruinar a los demás. Es a él al que habría que despreciar por estas razones, si no hubiesen otras más fuertes para estimarlo, como el gran número de sus descubrimientos útiles a la sociedad. Los verdaderos alquimistas no se vanaglorian de su ciencia; no persiguen apropiarse del dinero de otros, porque, como decía Morien al Rey Calid, aquel que posee todo, no tiene necesidad de nada. Ellos ofrecen parte de sus bienes a los necesitados. Jamás ponen precio a su secreto; sólo comunican su conocimiento a algunos amigos, aquellos que consideran dignos de poseerlo y que creen lo usarán sin contravenir los designios de Dios.

Ellos conocen la Naturaleza y sus operaciones, y se sirven de sus conocimientos para acercarse, como dice S. Paul, al conocimiento del Creador. Léanse las obras de Hermes Trismegisto, su jefe, las de Geber, de Morien, de San Raymond Lulle, del Cosmopolita, de d'Espagnet, y de tantos otros Filósofos Alquimistas. Ni uno solo de ellos deja de rogar sin cesar al amor de Dios y del prójimo, ni deja de arremeter contra los falsos Alquimistas, y que no diga bien alto que los procedimientos de la verdadera Química o Alquimia son los mismos que los que la Naturaleza emplea, abreviados por el auxilio del Arte; pero absolutamente diferentes de aquellos usados en la Química vulgar. Que ninguno, pues, se vanaglorie de poder triunfar por su medio; y que sirva ésta de piedra de toque a aquellos que serán expuestos a ser equivocados por los charlatanes y los impostores.

El modelo del arte Alquímico o Hermético no es otro que la Naturaleza misma. El Arte, más poderoso que la Naturaleza, por las vías que ella le marca, desarrolla, en ciertos casos, más perfectamente las virtudes naturales encerradas en los cuerpos; él amplifica sus esferas de actividad y reúne los principios que los vivifican. Las operaciones de la Naturaleza no difieren de las de la Alquimia más que en sus nombres, que son siete; a saber: calcinación, putrefacción, solución, destilación, sublimación, conjunción, coagulación o fijación. Pero estos términos deben entenderse filosóficamente, es decir, conforme al proceder da la Naturaleza, a la cual hay que conocer bien antes de querer imitarla.

El fuego más usado en las operaciones alquímicas no es el fuego vulgar de nuestras cocinas, conocido como fuego elementario. Es un fuego celeste derramado por todas partes, el cual es la causa principal de la piedra, tan exaltado por los Filósofos, del cual dicen que él es el padre. Y este fuego no se activará hasta que no sea excitado por un fuego celeste volátil, que se obtiene por la destilación filosófica de una tierra conocida de los Filósofos, a la que llaman la madre de su piedra.

Becher ha hecho defensa de la Alquimia y ha demostrado su realidad en el Suplemento de su Physique.»

Thursday, 17. November 2005, 15:28:16 (edited)


«La Alquimia es una parte muy oculta de la Filosofía natural y la parte más necesaria de la Física.»


(De Instrucción de un Padre a su Hijo acerca del Árbol Solar. Anónimo.)

Thursday, 17. November 2005, 21:46:58 (edited)


Fulcanelli, controvertido y enigmático personaje, denigrado por unos y considerado por otros como el último alquimista del siglo XX, en su obra Las Moradas Filosofales, capítulo III (La Alquimia Medieval), ofrece esta definición, previo aporte del concepto de otros autores:

«Muchas controversias se han desarrollado a propósito de las diversas etimologías atribuidas a la palabra alquimia. Pierre-Jean Fabre, en su L'abrégé des Secrets chymiques, pretende que se relacione el nombre de Cam, hijo de Noé, que habría sido el primer artesano, y escribe alchamie. El autor anónimo de un curioso manuscrito piensa que 'la palabra alquimia deriva de als, que significa sal, y de quimia, que quiere decir fusión. Y así está bien dicho, porque la sal, que es tan admirable, está usurpada'. Pero si la sal se dice alj en lengua griega, ceimeia, en lugar de cumeia, alquimia, no tiene otro sentido que el de jugo o humor. Otros descubren el origen en la primera denominación de la tierra de Egipto, patria del Arte sagrado, Kymia o Chemi. Napoleón Landais no halla ninguna diferencia entre las dos palabras química y alquimia, y se limita a añadir que el prefijo al no puede ser confundido con el artículo árabe y significa tan sólo una virtud maravillosa. Quienes sostienen la tesis inversa sirviéndose del artículo al y del sustantivo quimia (química), entienden designar la química por excelencia o hiperquímica de los ocultistas modernos. Si debemos aportar a este debate nuestra opinión personal, diremos que la cábala fonética reconoce un estrecho parentesco entre las palabras griegas ceimeia, cumeia y ceuma, el cual indica lo que fluye, discurre, mana, y se refiere de modo particular al metal fundido, a la misma fusión y a toda obra hecha de un metal fundido. Sería ésta una breve y sucinta definición de la alquimia en tanto que técnica metalúrgica (Esta definición convendría mejor a la arquimia o voarchadumia, parte de la ciencia que enseña la trasmutación de los metales unos en otros, antes que a la alquimia propiamente dicha). Pero sabemos, por otra parte, que el nombre y la cosa se basan en la permutación de la forma por la luz, fuego o espíritu. Tal es, al menos, el sentido verdadero que indica el lenguaje de los pájaros.»

Para una visión más amplia, consultar el mensaje La Alquimia de Fulcanelli.

Thursday, 17. November 2005, 17:59:57 (edited)


Paracelso, en El Cielo de los Filósofos:

«La Alquimia es una ciencia que enseña a cambiar los metales de una especie en metales de otra especie.»

Thursday, 17. November 2005, 13:46:16


En Opúsculo de la Filosofía natural de los metales, Denys Zachaire dice:

«[La alquimia] es una parte de la filosofía natural, la cual demuestra la Forma de hacer los metales con tierra, imitando a la Naturaleza en sus operaciones, todo lo más exactamente que le sea posible.»

Thursday, 17. November 2005, 13:47:12


Roger Bacon, en su Espejo de Alquimia, intenta ser preciso y exacto en su definición:

«La Alquimia es la ciencia que enseña a preparar una cierta medicina o elixir, la cual, siendo proyectada sobre los metales imperfectos, les comunica la perfección, en el momento mismo de la proyección.»

Thursday, 17. November 2005, 15:03:42 (edited)


Lucien Gerardin:

«La alquimia tiene dos caras: la teórica y la práctica. La alquimia teórica se presenta como un sistema general del mundo; la alquimia práctica extrae consecuencias concretas: por ejemplo, la transmutación en oro. La alquimia nació en el siglo III antes de nuestra era, como síntesis genial de las experiencias de los primeros tecnólogos y de la filosofía griega, heredera de la cosmología babilónica y persa.»

Thursday, 17. November 2005, 15:09:17 (edited)


Reinhard Federmann:

«¿Qué es la alquimia? ¿Es acaso una ciencia? Efectivamente, es la ciencia del pretendido arte de fabricar oro. Esta es, en cierto modo, una respuesta muy primitiva, pero tiene la ventaja de no contener ninguna inexactitud.»

Thursday, 17. November 2005, 14:54:10 (edited)


Titus Burckhardt:

«La palabra alquimia deriva de la voz árabe al-kimiya, que, a su vez, proviene, al parecer, del egipcio keme y designa la «tierra negra», que puede ser tanto la denominación del propio país de Egipto, como el símbolo de la materia prima de los alquimistas. También podría ser que la expresión derivara del griego chyma, que significa «fundir» o «derretir». Sea como fuere, los apuntes alquímicos más antiguos que se conservan se hicieron sobre papiros egipcios. No demuestra nada el hecho de que no poseamos documentos alquímicos de la primera civilización egipcia, ya que una de las características esenciales de todo arte sagrado es la transmisión oral; en la mayor parte de los casos, su registro por escrito constituye un primer indicio de decadencia, o bien revela el temor a que pudiera perderse la transmisión oral. Por tanto, es del todo natural que el llamado Corpus Hermeticum, que abarca todos los textos atribuidos a Hermes-Thot, haya llegado hasta nosotros en lengua griega y redactado en un estilo más o menos platónico. Sin embargo, tales textos recogen esencialmente el auténtico legado de una civilización distinta, y no son en modo alguno invenciones griegas arcaizadas, como demuestra su fecundidad espiritual.»

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