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Poesía. Autoestima.

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Si tu olor aún en mis dedos,
en las yemas, en las uñas.
Perfume de los recuerdos,
de aquellas noches de lluvia.
Si tu esencia me recorre,
déjame... quiero tocar.
No sabes como me cuesta,
embellecer lo vulgar.


-¿Sabes tú lo que yo quiero?

-No se lo se, yo quiero un cielo.

-¿Cómo un cielo? Más me engañas.

-Diosa, un cielo para ti.

-¿Para mí? ¿Porqué lo cambias?

-Por un trozo del secreto,
que ocultas bajo esa falda,
color rojo carmesí.



-Dia luce y me ilumina
Más, ¿tú sabes una cosa?

-Dime tú.

-Pues alucina, hoy te la pienso contar.
Solo cuatro flores tengo,
y autoestima tu te llamas.
Pues me animas cuando suelo,
comenzar a delirar.




Aupikmin*

Temp2 > K.I.S.S. Capítulo 2. Tranquilidad Intranquila.

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Existe una edad donde las personas son completamente reales. Una edad donde un enfado, vale lo mismo que una sonrisa y esta última es la más buscada. Una edad donde la vida puede dar increíbles giros, y a diferencia de la adulta, estos pueden ser asimilados sin prejuicios. Existe una época en la que buscas una salida, donde te cansas de escuchar la falsa empatía, donde nadie se pone realmente en tu lugar. Donde dicen comprenderte, pero no te ayudan.

Se busca destacar, ser distinto. Así se vive por el placer continuo, sin apenas preocupaciones.
Unos años en los que queremos a los demás de verdad. Donde en cada situación, te dejas llevar, entregándote. Una edad criticada por adultos, “el amor de las dos semanas”. Es curioso, pues en esas dos semanas, suele residir el verdadero cariño. El amor con su intensidad original.


-Dime lo que piensas – le susurró al oído-

Nuria yacía sentada, dejando reposar su espalda sobre uno de los húmedos troncos del bosque. La niebla comenzaba a desaparecer conforme entraba la tarde. Tumbada sobre la tierra, apoyando su cabeza regazo de Nuria, se encontraba Alba, tapada con una vieja manta. Tenía los ojos entornados, el pelo suelto y extendido sobre las piernas de Nuria.

-Pienso en mamá –Respondió medio dormida-

-Vaya… yo también lo suelo hacer. Hace más de cinco años que no se nada de ella, ni ella de mi, por fortuna. –Dijo Nuria- Lo último que recuerdo, fue su mirada de rechazo e incomprensión cuando le dije que me marchaba con aquel chico tan especial.

-Te marchaste con Kiss, ¿Verdad? – Dijo Alba mirando al cielo-

-Sí (…) –Respondió- Pero para ella no era Kiss. Para ella siempre fue aquel bicho extraño, aquel hombre liberal que no me convenía.

Los ojos de Alba comenzaron a llenarse de lágrimas, tenía la mirada completamente perdida. -¡¿Volveré a ver a mi madre?! –Gritó ahogadamente- ¡Por favor, llevadme con ella! –Suplicó- ¡¿Qué le pasó?!

Nuria no supo responder, en estas ocasiones le era muy difícil, pero sintió como aquellas palabras se le clavaban en su interior. Los últimos rayos de sol, atravesaban los árboles y se reflejaban en el pelo de Nuria, color carmín. Creando así un paisaje lleno de color, casi perfecto. Aquel silencio incómodo, hizo que, sin otro remedio, Alba se tragase todas sus lágrimas. En ella existía una lucha interna por adaptarse. Sin embargo, el recuerdo de su familia la azotaba en cualquier instante.

Tómalo... como un cuento –le susurró Nuria- ¿Sabes una cosa?

Alba volvió levantar la cabeza, que aún yacía apoyada sobre las piernas de Nuria -¿Qué me quieres decir? –Preguntó con inocencia-

-Me encantas, eres perfecta en todo tu conjunto –confesó con una sonrisa - Tus curvas… son sublimes, tu piel blanca, tus pechos. Tu lengua, tu boca. ¡Todo lo que gira en torno a tu ombligo! –dijo mientras comenzaba ha hacerle cosquillas en el vientre-

-¡Vale! ¡Para! – Alba se retorcía como un gusano -¡Jajaja! ¡Me vas a matar! –Dijo entre carcajadas-

Ambas pararon al mismo tiempo y sus ojos volvieron a coincidir. Alba se incorporó lentamente hasta ponerse frente al rostro de Nuria, una vez allí y con una sonrisa, le dio un suave beso en los labios.

Entre los árboles más alejados, apareció la silueta de un hombre que se acercaba a paso ligero. Sin duda, se trataba de Kiss. Una vez satisfecho, siempre regresaba con una sonrisa, un cigarro, y su hacha guardada en el costado. Había terminado, los últimos rayos de sol señalaban la hora de marchar. Pensó en buscar un lugar tranquilo y apacible donde todos pudiesen cenar.

-¡¿Cómo están mis chicas!? -Dijo a lo lejos- ¡¿Tenemos hambre o sueño?! –Preguntó- ¡Alba, princesa, sube a la furgoneta!

Alba, obediente, se alzó del regazo de Nuria. Con su boca mojada del beso y una sonrisa dibujada, subió a los asientos traseros del viejo vehículo.
Nuria se levantó rápidamente y caminó hacia Kiss, con cierta preocupación. Una vez a su lado, estiró las manos hasta llegar a sus hombros, que acarició con suavidad.

-Cariño, ¿dónde lo has dejado? Recuerda que esto… ya no lo podemos borrar –indicó preocupada-
-Mírame y recuerda. –Dijo mientras la abrazaba- ¿Cuándo te he fallado? –Los cabellos de ambos se mezclaron, combinados como el sol y la noche-
- De verdad, gracias. – Le susurró Nuria al oído – A todo esto, creo que ya voy teniendo…
-¿Hambre?-la interrumpió- ¡Vamos a dar una vuelta por el pueblo, seguro que encontramos algún sitio donde echar un bocado! – Aseguró Kiss-

Tras unos minutos en la carretera, Kiss vislumbró un pequeño restaurante mientras conducía. Alba descansaba tumbada en los asientos traseros, con el cuerpo totalmente estirado. Su cabeza, apoyada hacia arriba, veía a través de la ventanilla las luces del pueblo de Inverness, faros en la oscuridad.
La noche había caído y en el ambiente, residía cierta humedad. Kiss consultó a Nuria antes de estacionar, y en cuestión de segundos, aparcaron en esa misma avenida, solo a unos pasos del local. Los tres sintieron el gélido febrero al salir del vehículo. Las temperaturas, al anochecer, eran muy bajas.

La calle, completamente desierta, contrastaba con el ambiente del restaurante. Desde fuera, se podían ver varias mesas ocupadas a través del cristal. Al parecer, debía ser una noche cargada de clientes. Kiss rebuscó en el bolsillo de su pantalón tejano y sacó una goma de color oscuro para anudar su largo cabello, Nuria y Alba, cogidas de la mano como hermanas, esperaban tras el.


En el instante en el que la puerta se abrió, Kiss fue el primero en recibir una extraña impresión: Viejos y jóvenes, mujeres y hombres. Todos tenían la mirada puesta en una esquina aquel restaurante. Una pequeña televisión, colgada del techo de mala manera, emitía en colores grises las noticias de un canal local. Todos habían dejado sus cubiertos sobre las mesas para dedicarles su atención.

- “Como informábamos esta mañana, los bomberos de varios condados de Escocia se han desplazado hasta el bosque Galloway. Al parecer, el gran incendio que aún perdura, tuvo lugar la pasada madrugada en alguna zona del basto territorio” –informaba la presentadora-
“La policía local del cercano pueblo de Drumfies, se niega todavía a señalar una causa. Y es que al parecer, desde el fallecimiento de su dirigente no han vuelto a ejercer ningún control. Según informan ciertas fuentes de nuestro condado, el incendio pudo ser ocasionado de forma natural, en la tormenta de la noche anterior. En las próximas horas, os mantendremos informados”-Concluyó-

Nuria, de forma sutil, se giró lentamente hasta ver la expresión de Kiss, que esbozaba una pícara sonrisa.
Las gentes del bar, volvieron a hacer sonar sus cubiertos de nuevo, con normalidad. Varias personas comentaban lo sucedido, armando un barullo típico y natural.

La tensión fue desapareciendo progresivamente con las siguientes noticias. Aproximándose a la barra del restaurante, localizaron al camarero. Era un hombre de mediana edad, con la cabeza rapada y una bata de cocinero. Estaba fregando una cafetera con entusiasmo cuando vio a sus nuevos clientes. No tardó en darse media vuelta para atenderlos. Al parecer, la clientela no le daba un momento de descanso.

-¿Qué será? ¿Desean ver los menús que tenemos para la cena? –Dijo el camarero acercándoles la una carta plastificada-

-Por supuesto –Respondió Kiss leyendo la carta del menú- A mi póngame este plato de ternera. –Señaló con el dedo – Para beber, quiero el mejor vino que tenga, ¿entiende?

-¡Ahora mismo lo tiene! –Dijo el camarero, animado- ¿Y vosotras, señoritas, qué queréis para la cena?

Alba, se mostró privada por aquella pregunta, para ella no era lo habitual. Unida a la mano de Nuria, levantó la cabeza lentamente. -¿Puedo…puedo pedir lo que yo quiera?
-¡Pues claro, tonta! –Le aseguró Nuria- Alba, bastante más animada tras la respuesta, se hizo con la carta del menú y junto a Nuria, eligieron la cena a placer.

Kiss, vestido de tejano, con el pelo recogido y un aspecto tan rudo como atractivo, esperaba sentado en una de las mesas más alejadas. No es que no hubiese visto el cartel de la entrada, que rezaba “Prohibido Fumar”. Es que simplemente, no le importaba en absoluto la normativa. Nunca estuvo sujeto a nada, y menos a minucias de este calibre. Sacó un cigarro del bolsillo de su chaqueta y sujetándolo con los labios, lo encendió al instante.

Alba y Nuria llegaron a la mesa y se sentaron junto a él. Ambas tenían ya bastante hambre después de tantas horas de carretera.
Kiss, soltaba el humo hacia el tejado de local, mientras recordaba la noche anterior. Nunca había gastado tanto dinero en gasolina. Nunca un cigarro le había sido tan útil. ¿O quizá sí? –Se dijo pensando en la mujer de Murdock- Sabía que sus hábitos podrían reiniciarse en otro lugar. Ahora no existían más preocupaciones que las de cenar y buscar un hotel donde pasar la noche, con sus dos princesas –Pensó-. Sin embargo, la tranquilidad nunca fue su compañera.

- ¡Rápido! ¡Isaías! ¡Isaías! ¡Oh, dios! ¡Ven rápido! – Una mujer entro corriendo al restaurante con los ojos inyectados en sangre, estuvo apunto de tropezar un par de veces. Varias personas se giraron de inmediato para prestarle atención. Vestía un chándal gastado y un abrigo oscuro, la frente llena de sudor. Colgada de su espalda, se sujetaba una larga caña de pescar manchada de barro. Balanceaba en la mano izquierda, una bolsa de plástico teñida de rojo, que goteaba a cada paso de la mujer. -¡Cógela! ¡Dios mío, cógela! ¡Mira lo que se enganchó en el anzuelo! – Le dijo a gritos-

Kiss y las chicas, vieron desde su mesa como el camarero dejó todo lo que hacía y acudió corriendo a ayudar a la mujer. -¡Cariño! –Dijo- ¡¿Pero qué sucede?! ¿Qué es esto?

La mujer, completamente alterada, casi en estado de shock, entornó sus párpados y se desmayó antes de que su marido pudiese socorrerla. Su cuerpo se derrumbó sobre el parquet causando un tremendo estruendo, el colectivo comenzó a gritar alterado. La bolsa de plástico, cayó de golpe al suelo de madera como si de plomo se tratase.
Lentamente, una cabeza humana salió de ella dando giros en dirección a la mesa de Kiss, impregnando su recorrido con sangre. En sus labios, muelas y lengua, había múltiples clavos oxidados.

Akila.A

Para Descarga Directa:
http://www.fileserve.com/file/Ur4yZYw/Capítulo 2.doc

Primera Temporada.

Con el objetivo de empezar desde el principio. Un enlace con la primera temporada, publicada en múltiples foros antes de la creación de este blog.
(2010-2011)


http://www.3djuegos.com/foros/tema/7638753/0/kiss-capitulos-16-la-novela-necrofilica/


Un abrazo.
Pikmin.