Nunca dejen de luchar por la persona que realmente aman, no permitan que la distancia deteriore el amor que ambos sienten, disfruten de cada instante aunque no estén cerca, pero siempre que se vean sólo mírense a los ojos y disfruten del poder abrazar y sentir a la persona que aman.
No hagan caso de ese dicho que "amor de lejos es amor de pensarse", si realmente se aman la distancia no será ningún factor que impida esa unión, pero si sólo es una ilusión con el tiempo la unión sé ira deteriorando hasta quitar el encanto que se formó. El amor es uno de los sentimientos más maravillosos que brillan en cada uno de nuestros corazones, y recuerden que hasta la pareja más feliz tiene problemas, pero esos problemas son la base de formación de nuestro amor, y es una unión que con el tiempo se convertirá en algo más fuerte que el acero y mucho mas compleja que la estructura propia de nuestra hermosa galaxia.
Al leer eso me di cuenta que hay que luchar por lo que uno ama.... no importa nada solo que ambos se quieran de corazón.. al pasar el tiempo la distancia pasara a ser una anécdota en su vida se reíran juntos y disfrutaran con lo que ya han formado en su vida.....
Si algún día decides seguir tú camino lejos del mío lo entenderé siempre y cuando seas tan feliz o más como conmigo pudiste haberlo sido.... solo quiero que seas feliz y si yo puedo ayudar en eso olvida tan siquiera que lo pensaré, ahí estare contigo...
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Despierto y mirando a mi alrededor ¿que es esto? No lo se, ¿que diablos hago aquí?.. A veces sueño con el rocé de tu piel, a veces cuando salgo de este profundo letargo. No caigas.. no caigas dicen por ahí y párate de inmediato, como si fuera fácil… lo difícil es poder hallarte.
En las mas recónditas profundidades de mis vagos pensamientos, existe un ángel, un ser extraño a mi sentir, a mi mirar y a mi estar.
¿Será posible?... Tantas ideas que perturban mi mente solo para saber si conoces de mí.
Horas y horas jugando de esta gran consola..acá comparto con ustedes el emulador y un gran juego Contra 3.. ¿quién no lo a jugado alguna vez? de verdad un clásico, Saludos y espero disfruten el aporte. PD: Si quieren algún juego de nintendo 64 gameboy advance gameboy snes sega, lo piden y lo subo
Bueno, como últimamente a salido a la luz las pandillas y jóvenes que buscan demostrar su importancia en este mundo por la violencia y la supremacía física sobre el otro, debido a la lamentable perdida de 2 carabineros quería dar mi punto de vista a cerca de este tema que no es nuevo, solo que al gobierno ahora comenzó a tomar en serio el tema tras la lamentable perdida vidas humanas de la institución de carabineros de Chile.
La gran pregunta que todos se hacen es: ¿porque esta ocurriendo esto?. La respuesta parece sencilla. Por la erradicación de campamentos he inclusión de ellos dentro de sectores con gente de antigüedad en esos lugares, que nada puede hacer en contra de estas tomas. Pero un problema mas de fondo son la situación familiar y la DROGA que cada vez marca mas presencia en busca de olvido de problemas intrafamiliares predominantes en familias del sector bajo de la sociedad (no carentes en otros sectores).
Son sectores donde el mas violento es el mas respetado, el mas agresivo el mas escuchado. Ojalá hubiese mas oportunidades de salir adelante a estos jóvenes, no solo depende de ellos y su sentido de superación, sino también del gobierno y las posibilidades de desarrollo en este sistema.
Es un tema preocupante que se debe tomar en serio y de forma inmediata, cada vez mas se le pierde la importancia a la vida, los valores, los principios una gran falta de moral y para colmo no hay respeto por las máximas autoridades que deberían regular estos problemas.
Carabineros nada puede hacer ante nuevas posibles perdidas poniendo en riesgo a sus familias...
Debe haber una mano dura, volver a encontrar los valores. Hacer un plan para mejorar las condiciones de vida y las posibilidades, mejorar las relaciones familiares que se ven claramente afectadas por el bajo sueldo y los malabares que deben hacer los chilenos para sobrellevar a 5 personas con solo 120 mil pesos mensuales siendo que todo esta subiendo considerablemente gracias al ipc.
Y Lo mas importante crear conciencia en la gente que la vida no es algo sin sentido, ni tampoco algo que uno pueda determinar cuando debe acabar.
Tiempos Aquellos Remotos, Donde Hasta Lo Más Oscuro Era Brillo Ante Mis Ojos...
Aquella tarde con un sol intenso que resplandecía sobre mi rostro, me hallaba yo pensando una y otra vez en lo que había sucedido, ese árbol que vi con una sombra a su alrededor estaba tan prófugo en mi mente que a cada instante me venían vagos recuerdos de él. ¿Qué abra sido esa sombra? ¿Qué demonios pudo ser?. Se movía demasiado rápido ¿habrá tenido algo que ver con la tala de bosques que se estaba produciendo? ¿alguien quería parar con esas actitudes?, me gustaría tener respuestas.
Pasados unos días pensé: se me quitarían estos recuerdos, que cada vez eran mayor, con decir que estando yo leyendo el diario medio dormido soñé que el árbol quería cortarme en trozos ¿Cómo puede pasar esto, acaso estaré yo loco?.
Solo había una solución para calmar toda esta situación, ¿Cuál era esta, se preguntan ustedes? Pues bien , no queda mas remedio que ir al lugar donde la sombra se movía alrededor de ese árbol, sería una larga espera hasta poder ir allá. No queda mas que esperar que pase la noche y volver a aquel lugar, que tanta intriga me provocaba y cada vez más.
Estando yo dormido tuve una extraña sensación flotaba, si como leen, yo flotaba y aquella sombra me seguía ¿enloquezco? Solo mañana lo sabré, bueno pues les contare este sueño que en realidad se mezclan entre realidad y ficción, ya no se que es real.. Aquella sombra si aquella sombra, dios mió me seguía a gran paso.. y lo peor de todo es que yo era un árbol! ¿Cómo puede ser esto real?.
Al verlo ese día otoñal, no vi nada mas que tu reflejo y supe que la naturaleza aporta tanto en el mundo como tu en mí y nunca podría dañar algo que quiero ¿Por qué otros debían hacerlo?...
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Un día, algunos jóvenes que estudiaban en una escuela especial de profetas, escucharon unas buenas nuevas. El profeta Eliseo venia a visitarlos. Ellos sabían que el edificio donde se quedaban era muy pequeño. Hablaron al respecto con Eliseo y él estuvo de acuerdo en que debían construir un edificio más grande. Así que apartaron un día especial en el que irían a la orilla del rió Jordán. Allí cortarían troncos para su nueva escuela. Eliseo estuvo de acuerdo en acompañarlos. Uno de los jóvenes había pedido prestada un hacha. El también quería ayudar a construir el nuevo edificio de la escuela. Alegremente se unió al grupo que trabajaba junto al rió ese día. Algunos derribaban árboles, otros cortaban tablas de los árboles derribados. El profeta Eliseo trabajaba con ellos. Mientras trabajaba, les hablaba del amor y cuidado de Dios. De pronto todo cambió con un hachazo. El joven que tenia el hacha prestada, la levantó con fuerza y ésta salió volando por el aire. Luego cayó en el rió salpicando todo a su alrededor. —¡Oh, maestro! —exclamó el joven estudiante—. Esa hacha era prestada y no tengo dinero para reponerla. —Sus amigos vinieron corriendo. Todos miraban hacia el agua oscura del río. Eliseo vino también, pero él tampoco podía ver el hacha perdida. — ¿En qué parte cayó? —preguntó Eliseo. Todo lo que el joven podía hacer era señalar el sitio donde cayó. Eliseo se volvió y buscó algo entre los árboles. Al encontrar una rama que le servia, le cortó un pedazo. Entonces se apresuró a llegar a la orilla del río. Lanzó la vara dentro del agua allí donde el joven había señalado. La vara también salpico todo al caer en el agua. Luego, muy lentamente, la vara y el hacha subieron a la superficie. Flotaban juntas en el agua, una al lado de la otra. Los estudiantes estaban muy asombrados. Pero el más asombrado era el joven que había perdido el hacha. Unos momentos antes pensaba que su vida se había arruinado. Dios, a través de Eliseo, había cambiado un accidente en un milagro. Había transformado un día común de trabajo en un día que se iba a recordar por siempre. Esa tarde regresó a la escuela ese grupo de jóvenes muy cansados, pero entusiasmados. Iban hablando con Eliseo de lo que había pasado. Estaban más seguros que nunca de que Dios los amaba y se interesaba en sus problemas. Sabían que no había ningún problema que fuera muy grande o muy pequeño para Dios.
Es Cierto.. nada es muy grande ni pequeño.. todo se puede, con fé.... un mensaje para todos aquellos que se achacan sin motivo alguno como yo antes, mucha gente quisiera tener lo que ustedes tienen y la pasan peor y gracias a su fé y amor salen adelante y le toman mucho mas amor y cariño a la vida uta aprovechen a la gente que tienen en este momento, que puede después no este, a la gente que a hecho cosas por ustedes valorenlas... no sean como la mayoría, que olvida tan facilmente lo bueno y recuerda lo malo >.< un te quiero o un abrazo, un llamado telefonico para saber como estas se valora, creanlo y bastante y a la vez no cuesta mucho, pero por los fotolog y estas cosas cada vez se es mas frío >.< saludos "Have a Nice Day"
Nuestro planeta se está calentando. Los últimos 10 años han sido los más calurosos desde que se llevan registros y los científicos anuncian que en el futuro serán aún más calientes. La mayoría de los expertos están de acuerdo que los humanos ejercen un impacto directo sobre este proceso de calentamiento, generalmente conocido como el "efecto invernadero".
El efecto invernadero es una condición natural de la atmósfera de la tierra. Algunos gases, tales como los vapores de agua, el dioxido de carbono (CO2) y el metano son llamados gases invernadero, pues ellos atrapan el calor del sol en las capas inferiores de la atmósfera. Sin ellos, nuestro planeta se congelaría y nada podría vivir en él.
A medida que el planeta se calienta, los cascos polares se derriten. Ademas el calor del sol cuando llega a los polos, es reflejado de nuevo hacia el espacio. Al derretirse los casquetes polares, menor será la cantidad de calor que se refleje, lo que hará que la tierra se caliente aún más. El calentamiento global también ocasionará que se evapore más agua de los océanos. El vapor de agua actua como un gas invernadero. Así pues, habrá un mayor calentamiento. Esto contribuye al llamado "efecto amplificador".
ACTIVIDAD SOLAR NO ES CULPABLE DEL CALENTAMIENTO GLOBAL
Un científico británico y uno suizo estudiaron las emisiones solares y la intensidad de los rayos cósmicos concluyendo que no se puede culpar al Sol del calentamiento global actual.
(13 Julio, 2007, BBC - CA) Estudio científico afirma que durante los últimos 20 años la potencia de las emisiones solares ha declinado y, sin embargo, las temperaturas se han mantenido en ascenso en el planeta.
El artículo fue realizado por los doctores Mike Lockwood, del Laboratorio británico Rutherford-Appleton y Claus Froehlich, del Centro Mundial de Radiación, en Suiza.
Los autores afirman que: "Hay evidencias considerables de la influencia solar en el clima pre-industrial de la Tierra y el Sol bien puede ser un factor en los cambios climáticos post-industriales en la primera mitad del siglo pasado. En este estudio mostramos que en los últimos 20 años, todas las tendencias de los efectos del Sol que pueden haber tenido una influencia en el clima de la Tierra han ido en la dirección opuesta a la que se necesitan para explicar las alzas observadas en las temperaturas medias globales".
Los científicos no sólo abarcan las tendencias en la radiación solar, sino que también destacan la tendencia a la baja en los rayos cósmicos. Estableciendo que las temperaturas de hoy en día no están determinadas, como se creía, por el efecto de los rayos cósmicos (partículas o núcleos atómicos que provienen del espacio y tienen una energía elevada debido a su gran velocidad).
"Esto debe resolver el debate sobre el tema", dijo Lockwood, que inició el estudio en respuesta a un documental emitido por la televisión británica a principios de año en el que se desarrollaba la tesis de los rayos cósmicos como causa del calentamiento global.
EL RIESGO DE NO HACER NADA
Premio Nobel mexicano Mario Molina advierte sobre costos de no hacer nada frente al calentamiento global. Confirmó que el 2005 fue el año más caluroso del último milenio (23 Abril, 2007 EFE / El Universal) El premio Nobel mexicano Mario Molina y descubridor del agujero en la capa de ozono, cifró hoy en un 90 por ciento las posibilidades de que la temperatura aumente entre 4 y 5 grados para fines del siglo XXI si no se frena la contaminación, y afirmó que ése "es un riesgo que no deberíamos tomar".
El químico mexicano, distinguido en 1995 por la Academia sueca por sus investigaciones sobre el Calentamiento Global, pronunció hoy una lección magistral sobre la influencia de la actividad humana en el denominado "efecto invernadero", con motivo de una conferencia internacional sobre el Cambio Climático.
Ante más de 500 colegas científicos, Molina afirmó con ironía que "hemos entrado en el antropoceno", una era geológica, la más reciente, en la que la actividad del hombre preside el orden terrestre y condiciona cambios y extinciones.
La Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, impulsada por el Gobierno regional del País Vasco (norte de España), pretende ayudar al objetivo de los científicos de diseñar estrategias para frenar el deterioro ambiental.
Molina expuso algunos hechos constatados, como que 2005 fue el año más caluroso del último milenio y que se han incrementado las mediciones de CO2 (dióxido de carbono) y los periodos de sequía y las inundaciones, para afirmar que "el cambio es global" .
"No importa dónde se libera un gas contaminante, porque afectará a todo el planeta" , señaló el científico, que imparte clases en la Universidad de San Diego (EEUU) y preside un centro de investigaciones medioambientales en México.
Según sus cálculos, un gas emitido en un punto de Europa tarda aproximadamente un mes y medio en difundirse por todo el hemisferio norte. En poco más de un año, se habrá esparcido por ambos hemisferios y afectará a todos los habitantes de la Tierra.
Entre los numerosos datos que aportó, suyos y de otros científicos, Molina puso el acento en las proporciones actuales de CO2 en la atmósfera, de unas 400 partes por millón en volumen de aire, y calculó que en 2099, si no se hace nada para impedirlo, la proporción será de 650 partes por millón.
"Aunque no existen certidumbres de nada, la comunidad científica sí entiende que hay cambio climático" , dijo el científico, para quien la atmósfera de la Tierra es una frágil y delgada capa, cuyo tamaño y forma describió con el símil de la piel de una manzana.
"No hay certidumbres, pero la probabilidad de que la temperatura aumente 4 ó 5 grados para finales de siglo es del 90 por ciento y la sociedad debe decidir lo que hace, porque, según los casos, puede suponer hasta un aumento de un 10 por ciento en las temperaturas actuales" , manifestó.
El premio Nobel de Química de 1995 es uno de los científicos más prestigiosos del mundo por haber confirmado la teoría de la destrucción de la capa de ozono por culpa de los CFC (abreviatura de los gases clorofluorocarbonados) .
En su intervención desgranó las conclusiones del cuarto informe del Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático de la ONU, hecho público en febrero de este año, que interrelaciona el cambio en la composición de los gases de la atmósfera con el aumento de las temperaturas, apuntando que se trata de cambios de origen humano.
El aumento de las temperaturas lleva parejo un gran número de cambios, algunos de tipo físico, como el deshielo de los glaciares, y otros de tipo más inmediato sobre las personas, como el aumento de las enfermedades, la sequía y pérdida, por tanto, de la superficie cultivable.
Si China sigue creciendo en la proporción actual y no se modifican los parámetros actuales de alimentación, en 2099 su población consumirá el equivalente al 80 por ciento de todo el grano que se ha producido en el mundo en el año 2004.
Con esta tendencia, señaló Molina como ejemplo de desequilibrios, los chinos consumirán más del doble de todo el papel que se produce en la actualidad y gastarán 99 millones de barriles de petróleo, muy por encima de los 84 millones de barriles que se producen hoy.
Para Molina, que se declaró "optimista" sobre el futuro por la concienciación que se percibe en los jóvenes, la cuestión clave es cuánto dinero se va a gastar para afrontar el problema.
El costo de hacer algo puede ser de alrededor del 1 por ciento de la producción mundial, pero el de no hacer nada puede ser 20 ó 30 veces superior, aseguró.
Bueno Al respecto creo que tanta tecnología que sigue acaparando todo y tanto consumismo a llevado a la tierra a estar como esta, solo me da lastimas por las próximas generaciones que viviran en condiciones deplorables (si esque se puede vivir ,si se crea conciencia general) sin ni una culpa...
Los juegos de rol multijugador masivo online o MMORPGs (Massive(ly) Multiplayer Online Role-Playing Games) son videojuegos que permiten a miles de jugadores introducirse en un mundo virtual de forma simultánea a través de Internet, e interactuar entre ellos.
Puede tratarse de administrar una ciudad, un ejército para ganar en montones de batallas, o más comúnmente crear un personaje, del cual puedes elegir su raza, profesión, armas, etc., e ir aumentando niveles y experiencia en peleas contra otros personajes o PJs o realizando diversas aventuras (o misiones) llamadas quests.
Este género de RPGs difiere de un RPG online multijugador no masivo en que éstos últimos tienen un número limitado de jugadores, es decir, los MMORPGs están preparados y elaborados de tal manera que admiten cualquier número de jugadores simultáneos (aunque en la práctica viene limitado por la conexión del servidor).
Bueno gpotato hay juegos de este estilo gratis, sin lag y buenísimos servidores hay uno de aviones excelente uno nuevo de autos, nada mal, uno al estilo line age 2 que juego yo por ahora (rappelz) flyff, juego parecido a ro.. muy recomendado para empezar en uno, de sube rapido.. igual que rappelz.
Les dejare unas SS (Screenshot) a ver si se interesan, salu2.
Es media noche. Antes del alba darán conmigo y me encerrarán en una celda negra, donde languideceré interminablemente, mientras insaciables deseos roen mis entrañas y consumen mi corazón, hasta ser al fin uno con los muertos que amo. Mi asiento es la fétida fosa de una vetusta tumba; mi pupitre, el envés de una lápida caída y desgastada por los siglos implacables; mi única luz es la de las estrellas y la de una angosta media luna, aunque puedo ver tan claramente como si fuera mediodía. A mi alrededor, como sepulcrales centinelas guardando descuidadas tumbas, las inclinadas y decrépitas lápidas yacen medio ocultas por masas de nauseabunda maleza en descomposición. Y sobre todo, perfilándose contra el enfurecido cielo, un solemne monumento alza su austero capitel ahusado, semejando el espectral caudillo de una horda fantasmal. El aire está enrarecido por el nocivo olor de los hongos y el hedor de la húmeda tierra mohosa, pero para mí es el aroma del Elíseo. Todo es quietud -terrorífica quietud-, con un silencio cuya intensidad promete lo solemne y lo espantoso.
De haber podido elegir mi morada, lo hubiera hecho en alguna ciudad de carne en descomposición y huesos que se deshacen, pues su proximidad brinda a mi alma escalofríos de éxtasis, acelerando la estancada sangre en mis venas y forzando a latir mi lánguido corazón con júbilo delirante... ¡Porque la presencia de la muerte es vida para mí!
Mi temprana infancia fue de una larga, prosaica y monótona apatía. Sumamente ascético, descolorido, pálido, enclenque y sujeto a prolongados raptos de mórbido ensimismamiento, fui relegado por los muchachos saludables y normales de mi propia edad. Me tildaban de aguafiestas y "vieja" porque no me interesaban los rudos juegos infantiles que ellos practicaban, o porque no poseía el suficiente vigor para participar en ellos, de haberlo deseado.
Como todas las poblaciones rurales, Fenham tenía su cupo de chismosos de lengua venenosa. Sus imaginaciones maldicientes achacaban mi temperamento letárgico a alguna anormalidad aborrecible; me comparaban con mis padres agitando la cabeza con ominosa duda en vista de la gran diferencia. Algunos de los más supersticiosos me señalaban abiertamente como un niño cambiado por otro, mientras que otros, que sabían algo sobre mis antepasados, llamaban la atención sobre rumores difusos y misteriosos acerca de un tíotatarabuelo que había sido quemado en la hoguera por nigromante.
De haber vivido en una ciudad más grande, con mayores oportunidades para encontrar amistades, quizás hubiera superado esta temprana tendencia al aislamiento.
Cuando llegué a la adolescencia, me torné aún más sombrío, morboso y apático. Mi vida carecía de alicientes. Me parecía ser preso de algo que ofuscaba mis sentidos, trababa mi desarrollo, entorpecía mis actividades y me sumía en una inexplicable insatisfacción. Tenía dieciséis años cuando acudí a mi primer funeral. Un sepelio en Fenham era un suceso de primer orden social, ya que nuestra ciudad era señalada por la longevidad de sus habitantes. Cuando, además, el funeral era el de un personaje tan conocido como mi abuelo, podía asegurarse que el pueblo entero acudiría en masa para rendir el debido homenaje a su memoria. Pero yo no contemplaba la próxima ceremonia con interés ni siquiera latente. Cualquier asunto que tendiera a arrancarme de mi inercia habitual sólo representaba para mí una promesa de inquietudes físicas y mentales. Cediendo ante las presiones de mis padres, y tratando de hurtarme a sus cáusticas condenas sobre mi actitud poco filial, convine en acompañarles. No hubo nada fuera de lo normal en el funeral de mi abuelo salvo la voluminosa colección de ofrendas florales; pero esto, recuerdo, fue mi iniciación en los solemnes ritos de tales ocasiones.
Algo en la estancia oscurecida, el ovalado ataúd con sus sombrías colgaduras, los apiñados montones de fragantes ramilletes, las demostraciones de dolor por parte de los ciudadanos congregados, me arrancó de mi normal apatía y captó mi atención. Saliendo de mi momentáneo ensueño merced a un codazo de mi madre, la seguí por la estancia hasta el féretro donde yacía el cuerpo de mi abuelo.
Por primera vez, estaba cara a cara con la Muerte. Observé el rostro sosegado y surcado por infinidad de arrugas, y no vi nada que causara demasiado pesar. Al contrario, me pareció que el abuelo estaba inmensamente contento, plácidamente satisfecho. Me sentí sacudido por algún extraño y discordante sentido de regocijo. Tan suave, tan furtivamente me envolvió que apenas puedo determinar su llegada. Mientras rememoro lentamente ese instante portentoso, me parece que debe haberse originado con mi primer vistazo a la escena del funeral, estrechando silenciosamente su cerco con sutil insidia. Una funesta y maligna influencia que parecía provenir del cadáver mismo me aferraba con magnética fascinación. Mi mismo ser parecía cargado de electricidad estática y sentí mi cuerpo tensarse involuntariamente. Mis ojos intentaban traspasar los párpados cerrados del difunto y leer el secreto mensaje que ocultaban. Mi corazón dio un repentino salto de júbilo impío batiendo contra mis costillas con fuerza demoníaca, como tratando de librarse de las acotadas paredes de mi caja torácica.
Una salvaje y desenfrenada sensualidad complaciente me envolvió. Una vez más, el vigoroso codazo maternal me devolvió a la actividad. Había llegado con pies de plomo hasta el ataúd tapizado de negro, me alejé de él con vitalidad recién descubierta.
Acompañé al cortejo hasta el cementerio con mi ser físico inundado de místicas influencias vivificantes. Era como si hubiera bebido grandes sorbos de algún exótico elixir... alguna abominable poción preparada con las blasfemas fórmulas de los archivos de Belial. La población estaba tan volcada en la ceremonia que el radical cambio de mi conducta pasó desapercibido para todos, excepto para mi padre y mi madre; pero en la quincena siguiente, los chismosos locales encontraron nuevo material para sus corrosivas lenguas en mi alterado comportamiento. Al final de la quincena, no obstante, la potencia del estímulo comenzó a perder efectividad. En uno o dos días había vuelto por completo a mi languidez anterior, aunque no era la total y devoradora insipidez del pasado. Antes, había una total ausencia del deseo de superar la inactividad; ahora, vagos e indefinidos desasosiegos me turbaban. De puertas afuera, había vuelto a ser el de siempre, y los maldicientes buscaron algún otro sujeto más propicio. Ellos, de haber siquiera soñado la verdadera causa de mi reanimación, me hubieran rehuido como a un ser leproso y obsceno.
Yo, de haber adivinado el execrable poder oculto tras mi corto periodo de alegría, me habría aislado para siempre del resto del mundo, pasando mis restantes años en penitente soledad.
Las tragedias vienen a menudo de tres en tres, de ahí que, a pesar de la proverbial longevidad de mis conciudadanos, los siguientes cinco años me trajeron la muerte de mis padres. Mi madre fue la primera, en un accidente de la naturaleza más inesperada, y tan genuino fue mi pesar que me sentí sinceramente sorprendido de verlo burlado y contrarrestado por ese casi perdido sentimiento de supremo y diabólico éxtasis. De nuevo mi corazón brincó salvajemente, otra vez latió con velocidad galopante enviando la sangre caliente a recorrer mis venas con meteórico fervor. Sacudí de mis hombros el fatigoso manto de inacción, sólo para reemplazarlo por la carga, infinitamente más horrible, del deseo repugnante y profano. Busqué la cámara mortuoria donde yacía el cuerpo de mi madre, con el alma sedienta de ese diabólico néctar que parecía saturar el aire de la estancia oscurecida.
Cada inspiración me vivificaba, lanzándome a increíbles cotas de seráfica satisfacción. Ahora sabía que era como el delirio provocado por las drogas y que pronto pasaría, dejándome igualmente ávido de su poder maligno; pero no podía controlar mis anhelos más de lo que podía deshacer los nudos gordianos que ya enmarañaban la madeja de mi destino.
Demasiado bien sabía que, a través de alguna extraña maldición satánica, la muerte era la fuerza motora de mi vida, que había una singularidad en mi constitución que sólo respondía a la espantosa presencia de algún cuerpo sin vida. Pocos días más tarde, frenético por la bestial intoxicación de la que la totalidad de mi existencia dependía, me entrevisté con el único enterrador de Fenham y le pedí que me admitiera como aprendiz.
El golpe causado por la muerte de mi madre había afectado visiblemente a mi padre. Creo que de haber sacado a relucir una idea tan trasnochada como la de mi empleo en otra ocasión, la hubiera rechazado enérgicamente. En cambio, agitó la cabeza aprobadoramente, tras un momento de sobria reflexión. ¡Qué lejos estaba de imaginar que sería el objeto de mi primera lección práctica!.
También él murió bruscamente, por culpa de alguna afección cardiaca insospechada hasta el momento. Mi octogenario patrón trató por todos los medios de disuadirme de realizar la inconcebible tarea de embalsamar su cuerpo, sin detectar el fulgor entusiasta de mis ojos cuando finalmente logré que aceptara mi condenable punto de vista. No creo ser capaz de expresar los reprensibles, los desquiciados pensamientos que barrieron en tumultuosas olas de pasión mi desbocado corazón mientras trabajaba sobre aquel cuerpo sin vida.
Amor sin par era la nota clave de esos conceptos, un amor más grande -con mucho- que el que más hubiera sentido hacia él cuando estaba vivo.
Mi padre no era un hombre rico, pero había poseído bastantes bienes mundanos como para ser lo suficientemente independiente. Como su único heredero, me encontré en una especie de paradójica situación. Mi temprana juventud había sido un fracaso total en cuanto a prepararme para el contacto con el mundo moderno; pero la sencilla vida de Fenham, con su cómodo aislamiento, había perdido sabor para mí. Por otra parte, la longevidad de sus habitantes anulaba el único motivo que me había hecho buscar empleo.
La venta de los bienes me proveyó de un medio fácil de asegurarme la salida y me trasladé a Bayboro, una ciudad a unos 50 kilómetros. Aquí, mi año de aprendizaje me resultó sumamente útil. No tuve problemas para lograr una buena colocación como asistente de la Corporación Gresham, una empresa que mantenía las mayores pompas fúnebres de la ciudad. Incluso logré que me permitieran dormir en los establecimientos... porque ya la proximidad de la muerte estaba convirtiéndose en una obsesión.
Me apliqué a mi tarea con celo inusitado. Nada era demasiado horripilante para mi impía sensibilidad, y pronto me convertí en un maestro en mi oficio electo.
Cada cadáver nuevo traído al establecimiento significaba una promesa cumplida de impío regocijo, de irreverentes gratificaciones, una vuelta al arrebatador tumulto de las arterias que transformaba mi hosco trabajo en devota dedicación... aunque cada satisfacción carnal tiene su precio. Llegué a odiar los días que no traían muertos en los que refocilarme, y rogaba a todos los dioses obscenos de los abismos inferiores para que dieran rápida y segura muerte a los residentes de la ciudad.
Llegaron entonces las noches en que una sigilosa figura se deslizaba subrepticiamente por las tenebrosas calles de los suburbios; noches negras como boca de lobo, cuando la luna de la medianoche se oculta tras pesadas nubes bajas. Era una furtiva figura que se camuflaba con los árboles y lanzaba esquivas miradas sobre su espalda; una silueta empeñada en alguna misión maligna. Tras una de esas noches de merodeo, los periódicos matutinos pudieron vocear a su clientela ávida de sensación los detalles de un crimen de pesadilla; columna tras columna de ansioso morbo sobre abominables atrocidades; párrafo tras párrafo de soluciones imposibles, y sospechas contrapuestas y extravagantes.
Con todo, yo sentía una suprema sensación de seguridad, pues ¿quién, por un momento, recelaría que un empleado de pompas fúnebres -donde la Muerte presumiblemente ocupa los asuntos cotidianos- abandonaría sus indescriptibles deberes para arrancar a sangre fría la vida de sus semejantes? Planeaba cada crimen con astucia demoníaca, variando el método de mis asesinatos para que nadie los supusiera obra de un solo par de manos ensangrentadas. El resultado de cada incursión nocturna era una extática hora de placer, pura y perniciosa; un placer siempre aumentado por la posibilidad de que su deliciosa fuente fuera más tarde asignada a mis deleitados cuidados en el curso de mi actividad habitual. De cuando en cuando, ese doble y postrer placer tenía lugar...¡Oh, recuerdo escaso y delicioso!
Durante las largas noches en que buscaba el refugio de mi santuario, era incitado por aquel silencio de mausoleo a idear nuevas e indecibles formas de prodigar mis afectos a los muertos que amaba...¡los muertos que me daban vida!
Una mañana, el señor Gresham acudió mucho más temprano de lo habitual... llegó para encontrarme tendido sobre una fría losa, hundido en un sueño monstruoso, ¡con los brazos alrededor del cuerpo rígido, tieso y desnudo de un fétido cadáver! Con los ojos llenos de una mezcla de repugnancia y compasión, me arrancó de mis salaces sueños.
Educada pero firmemente, me indicó que debía irme, que mis nervios estaban alterados, que necesitaba un largo descanso de las repelentes tareas que mi oficio exige, que mi impresionable juventud estaba demasiado profundamente afectada por la funesta atmósfera del lugar. ¡Cuán poco sabía de los demoníacos deseos que espoleaban mi detestable anormalidad! Fui suficientemente juicioso como para ver que el responder sólo lo reafirmaría en su creencia de mi potencial locura... resultaba mucho mejor marcharse que invitarlo a descubrir los motivos ocultos tras mis actos.
Tras eso, no me atreví a permanecer mucho tiempo en un lugar por miedo a que algún acto abierto descubriera mi secreto a un mundo hostil. Vagué de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo. Trabajé en depósitos de cadáveres, rondé cementerios, hasta un crematorio... cualquier sitio que me brindara la oportunidad de estar cerca de la muerte que tanto anhelaba.
Entonces llegó la Guerra Mundial. Fui uno de los primeros en alistarme y uno de los últimos en volver, cuatro años de infernal osario ensangrentado... nauseabundo légamo de trincheras anegadas de lluvia... mortales explosiones de histéricas granadas... el monótono silbido de balas sardónicas... humeantes frenesíes de las fuentes del Flegeton1... letales humaredas de gases venenosos... grotescos restos de cuerpos aplastados y destrozados... cuatro años de trascendente satisfacción.
En cada vagabundo hay una latente necesidad de volver a los lugares de su infancia. Unos pocos meses más tarde, me encontré recorriendo los familiares y apartados caminos de Fenham. Deshabitadas y ruinosas granjas se alineaban junto a las cunetas, mientras que los años habían deparado un retroceso igual en la propia ciudad. Apenas había un puñado de casas ocupadas, aunque entre ellas estaba la que una vez yo considerara mi hogar. El sendero descuidado e invadido por malas hierbas, las persianas rotas, los incultos terrenos de detrás, todo era una muda confirmación de las historias que había obtenido con ciertas indagaciones: que ahora cobijaba a un borracho disoluto que arrastraba una mísera existencia con las faenas que le encomendaban algunos vecinos, por simpatía hacia la maltratada esposa y el mal nutrido hijo que compartían su suerte. Con todo esto, el encanto que envolvía los ambientes de mi juventud había desaparecido totalmente; así, acuciado por algún temerario impulso errante, volví mis pasos a Bayboro.
Aquí, también los años habían traído cambios, aunque en sentido inverso. La pequeña ciudad de mis recuerdos casi había duplicado su tamaño a pesar de su despoblamiento en tiempo de guerra. Instintivamente busqué mi primitivo lugar de trabajo, descubriendo que aún existía, pero con nombre desconocido y un "Sucesor de" sobre la puerta, puesto que la epidemia de gripe había hecho presa del señor Gresham, mientras que los muchachos estaban en ultramar.
Alguna fatídica disposición me hizo pedir trabajo. Comenté mi aprendizaje bajo el señor Gresham con cierto recelo, pero se había llevado a la tumba el secreto de mi poco ética conducta. Una oportuna vacante me aseguró la inmediata recolocación.
Entonces volvieron erráticos recuerdos sobre noches escarlatas de impíos peregrinajes y un incontrolable deseo de reanudar aquellos ilícitos placeres. Hice a un lado la precaución, lanzándome a otra serie de condenables desmanes. Una vez más, la prensa amarilla dio la bienvenida a los diabólicos detalles de mis crímenes, comparándolos con las rojas semanas de horror que habían pasmado a la ciudad años atrás. Una vez más la policía lanzó sus redes, sacando entre sus enmarañados pliegues... ¡nada!
Mi sed del nocivo néctar de la muerte creció hasta ser un fuego devastador, y comencé a acortar los períodos entre mis odiosas explosiones. Comprendí que pisaba suelo resbaladizo, pero el demoníaco deseo me aferraba con torturantes tentáculos y me obligaba a proseguir.
Durante todo este tiempo, mi mente estaba volviéndose progresivamente insensible a cualquier otra influencia que no fuera la satisfacción de mis enloquecidos anhelos. Dejé deslizar, en alguna de esas maléficas escapadas, pequeños detalles de vital importancia para identificarme. De cierta forma, en algún lugar, dejé una pequeña pista, un rastro fugitivo, detrás... no lo bastante como para ordenar mi arresto, pero sí lo suficiente como para volver la marea de sospechas en mi dirección. Sentía el espionaje, pero aun así era incapaz de contener la imperiosa demanda de más muerte para acelerar mi enervado espíritu.
Enseguida llegó la noche en que el estridente silbato de la policía me arrancó de mi demoníaco solaz sobre el cuerpo de mi postrer víctima, con una ensangrentada navaja todavía firmemente asida. Con un ágil movimiento, cerré la hoja y la guardé en el bolsillo de mi chaqueta. Las porras de la policía abrieron grandes brechas en la puerta. Rompí la ventana con una silla, agradeciendo al destino haber elegido uno de los distritos más pobres como morada. Me descolgué hasta un callejón mientras las figuras vestidas de azul irrumpían por la destrozada puerta. Huí saltando inseguras vallas, a través de mugrientos patios traseros, cruzando míseras casas destartaladas, por estrechas calles mal iluminadas. Inmediatamente, pensé en los boscosos pantanos que se alzaban más allá de la ciudad, extendiéndose unos 60 kilómetros hasta alcanzar loa arrabales de Fenham. Si podía llegar a esa meta, estaría temporalmente a salvo. Antes del alba me había lanzado de cabeza por el ansiado despoblado, tropezando con los podridos troncos de árboles moribundos cuyas ramas desnudas se extendían como brazos grotescos tratando de estorbarme con su burlón abrazo.
Los diablos de las funestas deidades a quienes había ofrecido mis idólatras plegarias debían haber guiado mis pasos hacia aquella amenazadora ciénaga.
Una semana más tarde, macilento, empapado y demacrado, rondaba por los bosques a kilómetro y medio de Fenham. Había eludido por fin a mis perseguidores, pero no osaba mostrarme, a sabiendas de que la alarma debía haber sido radiada. Tenía remota la esperanza de haberlos hecho perder el rastro. Tras la primera y frenética noche, no había oído sonido de voces extrañas ni los crujidos de pesados cuerpos entre la maleza. Quizás habían decidido que mi cuerpo yacía oculto en alguna charca o se había desvanecido para siempre entre los tenaces cenagales.
El hambre roía mis tripas con agudas punzadas, y la sed había dejado mi garganta agotada y reseca. Pero, con mucho, lo peor era el insoportable hambre de mi famélico espíritu, hambre del estímulo que sólo encontraba en la proximidad de los muertos. Las ventanas de mi nariz temblaban con dulces recuerdos. No podía engañarme demasiado con el pensamiento de que tal deseo era un simple capricho de la imaginación. Sabía que era parte integral de la vida misma, que sin ella me apagaría como una lámpara vacía. Reuní todas mis restantes energías para aplicarme en la tarea de satisfacer mi inicuo apetito. A pesar del peligro que implicaban mis movimientos, me adelanté a explorar contorneando las protectoras sombras como un fantasma obsceno. Una vez más sentí la extraña sensación de ser guiado por algún invisible acólito de Satanás.
Y aun mi alma endurecida por el pecado se agitó durante un instante al encontrarme ante mi domicilio natal, el lugar de mi retiro de juventud.
Luego, esos inquietantes recuerdos pasaron. En su lugar llegó el ávido y abrumador deseo. Tras las podridas cercas de esa vieja casa aguardaba mi presa. Un momento más tarde había alzado una de las destrozadas ventanas y me había deslizado por el alféizar. Escuché durante un instante, con los sentidos alerta y los músculos listos para la acción. El silencio me recibió. Con pasos felinos recorrí las familiares estancias, hasta que unos ronquidos estentóreos me indicaron el lugar donde encontraría remedio a mis sufrimientos. Me permití un vistazo de éxtasis anticipado mientras franqueaba la puerta de la alcoba. Como una pantera, me acerqué a la tendida forma sumida en el estupor de la embriaguez. La mujer y el niño -¿dónde estarían?-, bueno, podían esperar. Mis engarfiados dedos se deslizaron hacia su garganta...
Horas más tarde volvía a ser el fugitivo, pero una renovada fortaleza robada era mía. Tres silenciosos cuerpos dormían para no despertar. No fue hasta que la brillante luz del día invadió mi escondrijo que visualicé las inevitables consecuencias de la temeraria obtención de alivio. En ese tiempo los cuerpos debían haber sido descubiertos. Aun el más obtuso de los policías rurales seguramente relacionaría la tragedia con mi huida de la ciudad vecina. Además, por primera vez había sido lo bastante descuidado como para dejar alguna prueba tangible de identidad... las huellas dactilares en las gargantas de mis recientes víctimas. Durante todo el día temblé preso de aprensión nerviosa. El simple chasquido de una ramita seca bajo mis pies conjuraba inquietantes imágenes mentales. Esa noche, al amparo de la oscuridad protectora, bordeé Fenham y me interné en los bosques de más allá. Antes del alba tuve el primer indicio definido de la renovada persecución... el distante ladrido de los sabuesos.
Me apresuré a través de la larga noche, pero durante la mañana pude sentir cómo mi artificial fortaleza menguaba. El mediodía trajo, una vez más, la persistente llamada de la perturbadora maldición y supe que me derrumbaría de no volver a experimentar la exótica intoxicación que sólo llegaba en la proximidad de mis adorados muertos. Había viajado en un amplio semicírculo. Si me esforzaba en línea recta, la medianoche me encontraría en el cementerio donde había enterrado a mis padres años atrás. Mi única esperanza, lo sabía, residía en alcanzar esta meta antes de ser capturado. Con un silencioso ruego a los demonios que dominaban mi destino, me volví encaminando mis pasos en la dirección de mi último baluarte.
¡Dios! ¿Pueden haber pasado escasas doce horas desde que partí hacia mi espectral santuario? He vivido una eternidad en cada pesada hora. Pero he alcanzado una espléndida recompensa ¡El nocivo aroma de este descuidado paraje es como incienso para mi doliente alma!
Los primeros reflejos del alba clarean en el horizonte. ¡Vienen! ¡Mis agudos oídos captan el todavía lejano aullido de los perros! Es cuestión de minutos para que me encuentren y me aparten para siempre del resto del mundo, ¡para perder mis días en anhelos desesperados, hasta que al final sea uno con los muertos que amo!
¡No me cogerán! ¡Hay una puerta de escape abierta! Una elección de cobarde, quizás, pero mejor -mucho mejor- que los interminables meses de indescriptible miseria. Dejaré esta relación tras de mí para que algún alma pueda quizás entender por qué hice lo que hice.
¡La navaja de afeitar! Aguardaba olvidada en mi bolsillo desde mi huida de Bayboro. Su hoja ensangrentada reluce extrañamente en la menguante luz de la angosta luna. Un rápido tajo en mi muñeca izquierda y la liberación está asegurada... cálida, la sangre fresca traza grotescos dibujos sobre las carcomidas y decrépitas lápidas... hordas fantasmales se apiñan sobre las tumbas en descomposición... dedos espectrales me llaman por señas... etéreos fragmentos de melodías no escritas en celestial crescendo... distantes estrellas danzan embriagadoramente en demoníaco acompañamiento... un millar de diminutos martillos baten espantosas disonancias sobre yunques en el interior de mi caótico cerebro... fantasmas grises de asesinados espíritus desfilan ante mí en silenciosa burla... abrasadoras lenguas de invisible llama estampan la marca del Infierno en mi alma enferma... no puedo... escribir... más...
Un hombre grave que parecía inteligente, con ropa discreta y barba gris, me hizo pasar a la habitación del ático, y me habló en estos términos: -Sí, aquí vivió él..., pero le aconsejo que no toque nada. Su curiosidad lo vuelve irresponsable. Nosotros jamás subimos aquí de noche; y si lo conservamos todo tal cual está, es sólo por su testamento. Ya sabe lo que hizo. Esa abominable sociedad se hizo cargo de todo al final, y no sabemos dónde está enterrado. Ni la ley ni nada lograron llegar hasta esa sociedad.
-Espero que no se quede aquí hasta el anochecer. Le ruego que no toque lo que hay en la mesa, eso que parece una caja de fósforos. No sabemos qué es, pero sospechamos que tiene que ver con lo que hizo. Incluso evitamos mirarlo demasiado fijamente.
Poco después, el hombre me dejó solo en la habitación del ático. Estaba muy sucia, polvorienta y primitivamente amueblada, pero tenía una elegancia que indicaba que no era el tugurio de un plebeyo. Había estantes repletos de libros clásicos y de teología, y otra librería con tratados de magia: de Paracelso, Alberto Magno, Tritemius, Hermes Trismegisto, Borellus y demás, en extraños caracteres cuyos títulos no fui capaz de descifrar. Los muebles eran muy sencillos. Había una puerta, pero daba acceso tan sólo a un armario empotrado. La única salida era la abertura del suelo, hasta la que llegaba la escalera tosca y empinada. Las ventanas eran de ojo de buey, y las vigas de negro roble revelaban una increíble antigüedad. Evidentemente, esta casa pertenecía a la vieja Europa. Me parecía saber dónde me encontraba, aunque no puedo recordar lo que entonces sabía. Desde luego, la ciudad no era Londres. Mi impresión es que se trataba de un pequeño puerto de mar.
El objeto de la mesa me fascinó totalmente. Creo que sabía manejarlo, porque saqué una linterna eléctrica -o algo que parecía una linterna- del bolsillo, y comprobé nervioso sus destellos. La luz no era blanca, sino violeta, y el haz que proyectaba era menos un rayo de luz que una especie de bombardeo radiactivo. Recuerdo que yo no la consideraba una linterna corriente: en efecto, llevaba una normal en el otro bolsillo.
Estaba oscureciendo, y los antiguos tejados y chimeneas, afuera, parecían muy extraños tras los cristales de las ventanas de ojo de buey. Finalmente, haciendo acopio de valor, apoyé en mi libro el pequeño objeto de la mesa y enfoqué hacia él los rayos de la peculiar luz violeta. La luz pareció asemejarse aún más a una lluvia o granizo de minúsculas partículas violeta que a un haz continuo de luz. Al chocar dichas partículas con la vítrea superficie del extraño objeto parecieron producir una crepitación, como el chisporroteo de un tubo vacío al ser atravesado por una lluvia de chispas. La oscura superficie adquirió una incandescencia rojiza, y una forma vaga y blancuzca pareció tomar forma en su centro. Entonces me di cuenta de que no estaba solo en la habitación... y me guardé el proyector de rayos en el bolsillo.
Pero el recién llegado no habló, ni oí ningún ruido durante los momentos que siguieron. Todo era una vaga pantomima como vista desde inmensa distancia, a través de una neblina... Aunque, por otra parte, el recién llegado y todos los que fueron viniendo a continuación aparecían grandes y próximos, como si estuviesen a la vez lejos y cerca, obedeciendo a alguna geometría anormal.
El recién llegado era un hombre flaco y moreno, de estatura media, vestido con un traje clerical de la iglesia anglicana. Aparentaba unos treinta años y tenía la tez cetrina, olivácea, y un rostro agradable, pero su frente era anormalmente alta. Su cabello negro estaba bien cortado y pulcramente peinado y su barba afeitada, si bien le azuleaba el mentón debido al pelo crecido. Usaba gafas sin montura, con aros de acero. Su figura y las facciones de la mitad inferior de la cara eran como la de los clérigos que yo había visto, pero su frente era asombrosamente alta, y tenía una expresión más hosca e inteligente, a la vez que más sutil y secretamente perversa. En ese momento -acababa de encender una lámpara de aceite- parecía nervioso; y antes de que yo me diese cuenta había empezado a arrojar los libros de magia a una chimenea que había junto a una ventana de la habitación (donde la pared se inclinaba pronunciadamente), en la que no había reparado yo hasta entonces. Las llamas consumían los volúmenes con avidez, saltando en extraños colores y despidiendo un olor increíblemente nauseabundo mientras las páginas de misteriosos jeroglíficos y las carcomidas encuadernaciones eran devoradas por el elemento devastador. De repente, observé que había otras personas en la estancia: hombres con aspecto grave, vestidos de clérigo, entre los que había uno que llevaba corbatín y calzones de obispo. Aunque no conseguía oír nada, me di cuenta de que estaban comunicando una decisión de enorme trascendencia al primero de los llegados. Parecía que lo odiaban y le temían al mismo tiempo, y que tales sentimientos eran recíprocos. Su rostro mantenía una expresión severa; pero observé que, al tratar de agarrar el respaldo de una silla, le temblaba la mano derecha. El obispo le señaló la estantería vacía y la chimenea (donde las llamas se habían apagado en medio de un montón de residuos carbonizados e informes), preso al parecer de especial disgusto. El primero de los recién llegados esbozó entonces una sonrisa forzada, y extendió la mano izquierda hacia el pequeño objeto de la mesa. Todos parecieron sobresaltarse. El cortejo de clérigos comenzó a desfilar por la empinada escalera, a través de la trampa del suelo, al tiempo que se volvían y hacían gestos amenazadores al desaparecer. El obispo fue el último en abandonar la habitación.
El que había llegado primero fue a un armario del fondo y sacó un rollo de cuerda. Subió a una silla, ató un extremo a un gancho que colgaba de la gran viga central de negro roble y empezó a hacer un nudo corredizo en el otro extremo. Comprendiendo que se iba a ahorcar, corrí con la idea de disuadirlo o salvarlo. Entonces me vio, suspendió los preparativos y miró con una especie de triunfo que me desconcertó y me llenó de inquietud. Descendió lentamente de la silla y empezó a avanzar hacia mí con una sonrisa claramente lobuna en su rostro oscuro de delgados labios.
Sentí que me encontraba en un peligro mortal y saqué el extraño proyector de rayos como arma de defensa. No sé por qué, pensaba que me sería de ayuda. Se lo enfoqué de lleno a la cara y vi inflamarse sus facciones cetrinas, con una luz violeta primero y luego rosada. Su expresión de exultación lobuna empezó a dejar paso a otra de profundo temor, aunque no llegó a borrársele enteramente. Se detuvo en seco; y agitando los brazos violentamente en el aire, empezó a retroceder tambaleante. Vi que se acercaba a la abertura del suelo y grité para prevenirlo; pero no me oyó. Un instante después, trastabilló hacia atrás, cayó por la abertura y desapareció de mi vista.
Me costó avanzar hasta la trampilla de la escalera, pero al llegar descubrí que no había ningún cuerpo aplastado en el piso de abajo. En vez de eso me llegó el rumor de gentes que subían con linternas; se había roto el momento de silencio fantasmal y otra vez oía ruidos y veía figuras normalmente tridimensionales. Era evidente que algo había atraído a la multitud a este lugar. ¿Se había producido algún ruido que yo no había oído? A continuación, los dos hombres (simples vecinos del pueblo, al parecer) que iban a la cabeza me vieron de lejos, y se quedaron paralizados. Uno de ellos gritó de forma atronadora:
-¡Ahhh! ¿Conque eres tú? ¿Otra vez?
Entonces dieron media vuelta y huyeron frenéticamente. Todos menos uno. Cuando la multitud hubo desaparecido, vi al hombre grave de barba gris que me había traído a este lugar, de pie, solo, con una linterna. Me miraba boquiabierto, fascinado, pero no con temor. Luego empezó a subir la escalera, y se reunió conmigo en el ático. Dijo:
-¡Así que no ha dejado eso en paz! Lo siento. Sé lo que ha pasado. Ya ocurrió en otra ocasión, pero el hombre se asustó y se pegó un tiro. No debía haberle hecho volver. Usted sabe qué es lo que él quiere. Pero no debe asustarse como se asustó el otro. Le ha sucedido algo muy extraño y terrible, aunque no hasta el extremo de dañarle la mente y la personalidad. Si conserva la sangre fría, y acepta la necesidad de efectuar ciertos reajustes radicales en su vida, podrá seguir gozando de la existencia y de los frutos de su saber. Pero no puede vivir aquí, y no creo que desee regresar a Londres. Mi consejo es que se vaya a Estados Unidos.
-No debe volver a tocar ese... objeto. Ahora, ya nada puede ser como antes. El hacer -o invocar- cualquier cosa no serviría sino para empeorar la situación. No ha salido usted tan mal parado como habría podido ocurrir..., pero tiene que marcharse de aquí inmediatamente y establecerse en otra parte. Puede dar gracias al cielo de que no haya sido más grave.
-Se lo explicaré con la mayor franqueza posible. Se ha operado cierto cambio en... su aspecto personal. Es algo que él siempre provoca. Pero en un país nuevo, usted puede acostumbrarse a ese cambio. Allí, en el otro extremo de la habitación, hay un espejo; se lo traeré. Va a sufrir una fuerte impresión..., aunque no será nada repulsivo.
Me eché a temblar, dominado por un miedo mortal; el hombre barbado casi tuvo que sostenerme mientras me acompañaba hasta el espejo, con una débil lámpara (es decir, la que antes estaba sobre la mesa, no el farol, más débil aún, que él había traído) en la mano. Y lo que vi en el espejo fue esto:
Un hombre flaco y moreno, de estatura media, y vestido con un traje clerical de la iglesia anglicana, de unos treinta años, y con unos lentes sin montura y aros de acero, cuyos cristales brillaban bajo su frente cetrina, olivácea, anormalmente alta.
Era el individuo silencioso que había llegado primero y había quemado los libros.
Durante el resto de mi vida, físicamente, yo iba a ser ese hombre.
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Solo sueño con tocarte y tenerte entre mis pensamientos, que añoran conocerte profundamente. Nada es igual sin ese sentimiento, quizás me atormente, pero allí estas una y otra vez. Oscuros pensamientos que me hacen dudar de ti, nada lograría cambiar esto. Dualidad es lo que siento en tí, a veces estas otras no, si solo supieras lo verdadero de mí, este espejo que muestra el reflejo de mis pensamientos romperá. Escondo mis lagrimas a los demás yo estoy bien, profundamente bien sin saber lo mal que estoy, yo estoy bien. Solo quisiera saber si algún día este espejo reflejara tu imagen junto a la mía, sin que rompa en esta lenta agonía.
Nada De Amor, Solo Algo Que Escribo Sin Pensar, Que Expresa vagos sentimientos que estan en mí mente.
Cierras tus ojos y aparezco en tus sueños cada noche, invado tu mente y me transformo en verdugo de tus negras pesadillas. Realidad y ficción se fusionan y no puedes escapar de mis tormentos, un incipiente hilo te separa entre cordura y delirio. Mi presencia abstracta envuelve tu cuerpo y eres un canal de mis deseos. Despiertas en la noche ahogada en pánico, mi voz grave y áspera aun te acompaña, ensordece tus oídos y escapas hacia la puerta, subes las escaleras, cruzas el frío patio y caminas por la delgada cornisa. Te encuentras frente al vacío y allí estoy aguardándote. Tu mirada fijas en mi, se derrite en llanto y lagrimas de sangre recorren tus mejillas. Te observo con compasión y extiendo mis brazos hacia ti, das un paso hacia adelante y te fundes junto a mi en un abrazo hacia la eternidad. Ya nada será igual, no habrá mas dolor ni sufrimiento, te encuentras en mi reino de las sombras, caminaremos juntos en la oscuridad, en donde nada será igual.
(Esto, Me gusto bastante... no es 100% mio, esta genial)..
Mas allá del dolor y la ambición se encuentra tu propio destino… sea justo o injusto todos llegan a el. Vivir para ser amado, morir para ser olvidado. Veo una luz, una luz que solo yo puedo ver, es incandescente y predecible solo a mi mirar.. Donde me lleve esta luz es lo que todo quisiéramos saber. Cuestión de fe, solo cuestión fe….algunos dicen no tenerla, pierden la conciencia al olvidarla.. Pero misteriosamente la recobran al ver aquella luz en su andar que los guia hasta el final. Creo en mí, solo en mí ¿Quién soy yo?, ni siquiera me conozco a mi mismo, ¿como alguien podría seguirme?. Sólo se que al ver esa luz mi vida se paralizara.. Volveré a andar, sin rumbo hasta saber que estas bien, junto a mí en mi corazón.
También crecieron niveles de humedad y temperatura, lo que revela que ventilación no está siendo efectiva.
Una medición hecha por expertos del DuocUC ayer, a la hora punta de las 19:00, entre las estaciones Tobalaba y Los Orientales de la Línea 4 del Metro, mostró un índice de 5 partes por millón (ppm) de monóxido de carbono (CO).
"En un taco, uno puede detectar 7 ppm, así que es un nivel alto. Debería ser cero", dice Mauricio Meyer, experto del DuocUC que realizó la medición a solicitud de "El Mercurio".
El experto añade que es difícil saber el motivo de esta situación, cuyo efecto es una disminución en la capacidad aeróbica de los usuarios del tren subterráneo.
Las mismas mediciones arrojaron que la humedad relativa del aire fue de 49%, cuando en el exterior era de 37%, mientras que la temperatura llegó a 30,6°C, y a esa misma hora en la superficie había 25°C.
Esto, debido a la alta densidad de pasajeros por metro cuadrado, que pasó de cuatro personas, el año pasado, a siete hoy.
Para Meyer, esta situación muestra que la ventilación de los carros no está siendo efectiva. Además, la mayor humedad, sumada al hacinamiento, puede facilitar la transmisión de enfermedades respiratorias.
"El efecto es una sensación de menor confort que puede agravar enfermedades preexistentes y generar calambres, agotamiento y mayor presión arterial", puntualizó Meyer.
En lo que lleva del mes, y durante las horas peak, dos personas han muerto, y otras han sufrido desmayos, crisis de pánico y ahogos.
Ante esta situación, las autoridades del Metro han recomendado a mujeres embarazadas, adultos mayores y a personas con enfermedades respiratorias crónicas o con antecedentes de riesgo cardiovascular preferir otro medio de transporte en las horas de mayor congestión.
Salas de urgencia
Antes del Transantiago, Metro contaba con equipos para brindar primeros auxilios a pasajeros que presentaran problemas de salud. Un botiquín y una camilla de lona era lo que se utilizaba para atender a personas que sufrieran algún accidente en vagones, andenes y pasillos. Al pasajero afectado se le trataba en la oficina del jefe de estación.
La nueva realidad del tren metropolitano dejó en evidencia que esas medidas no son suficientes. Por eso, como parte del "Plan de Habilitación de Salas de Emergencia", Metro instalará salas de urgencia en cada una de las 10 estaciones más frecuentadas de la red subterránea.
Tobalaba, Baquedano, Vicente Valdés, Estación Central, Los Héroes, Cal y Canto, La Cisterna, U. de Chile, Vicuña Mackenna y Plaza de Armas contarán con instalaciones para atender a los pasajeros y con personal paramédico especializado. (El Mercurio)
Los postulantes a la Universidad Católica de Chile deberán pasar por un examen complementario a la Prueba de Selección Universitaria (PSU) para ingresar a esa corporación, anunció ayer el rector Pedro Pablo Rosso al abrir el año académico.
La medida, explicó Rosso, busca captar a los alumnos que aunque no tengan el mayor rendimiento académico posean cualidades como liderazgo, espíritu solidario, creatividad y vocación de servicio, entre otras. Se espera que el proceso -una poderosa señal de cambio al actual sistema de admisión- esté implementado en 2008 para empezar a aplicarlo desde 2009. (ElMercurio 2007/03/24).
Wena idea, para que los pastelasos pajeros en media no alegen por el nem
El cubano Noel Hernández logró medalla de oro en Karate en los Panamericanos de Mar del Plata 1995. Desde un par de años vive en Chile y contó a Canal 13. Deportes cómo está estructurado el deporte en Cuba y por qué los chilenos no tienen mayor éxito en competencias internacionales.
En los Panamericanos de Santo Domingo, Cuba fue otra vez protagonista al obtener el segundo puesto en la clasificación general sólo por debajo de Estados Unidos con 151 medallas, y donde resaltan las 71 de oro.
Un ex atleta de las tantas delegaciones cubanas que participan en Panamericanos, Juegos Olímpicos y torneos internacionales, vive desde el año 2000 en Chile, para dejar atrás primero la selección de vóleibol y luego en 1998 el karate, donde destacó la medalla de oro en los Panamericanos de Mar del Plata 1995.
En los pocos años que está en Chile ha podido entender el funcionamiento del deporte chileno, pero con mayor profundidad en el karate y vóleibol. Su principal crítica es a los dirigentes que están a cargo de esta disciplina, que según su opinión sólo han perjudicado a la actividad y a los deportistas. Es más no dudó en calificar a los directivos de chantas y que su aporte era prácticamente nulo en esta especialidad.
También se refirió a los deportistas chilenos en general. Dice que hay mucho talento en casi todos los deportes, pero que sin ninguna política económica y un trabajo mancomunado es prácticamente imposible lograr resultados en torneos internacionales. (Canal 13, Deportes)...
(Yo jugue Tenis Y Donde Jugaba No Costeaban Ni Traslado de Jugadores Para Los Torneos que Jugue.. es una realidad.. de la cual nadie habla)
Bueno quería poner mi idea sobre esta música que rulea por montones... muchos dicen que es satánica..que es puro ruido.. a opiniones wnas oídos sordos jojo ... emmm si es ruido, porque cuesta tanto tocarla ?? em fín, se tienen que dar el tiempo.. de escuchar black sabbath... led.. lef... y grupos antiguos he ir viendo la evolución de este estilo en el tiempo.. a mi no me gusta el black metal.. en realidad me gusto un puro grupo, el cual lo vi en vivo (cradle of filth) no soy del lado oscuro.. del lado malulo xD jajaja... prefieor mas el thrash metal y desahogarme con la música cabeciar y reflexionar y cachar que pasa a mi lado.. emmmmm quizás seamos mas callados.. los que escuchamos el estilo, aunque por mi no creó, más retraídos jeje pero un mejor pensamiento abstracto y no pensando en pura ilusión basura.. ni aguantando todo lo que se impone.... Metal Anti Flaites es una wena idiologia .. . solo critican, molestan a las mujeres, 0 respeto por la humanidad... y uno contra uno ni te miran a la cara.. Weno Esa es mi opinión ahora opinen pos ctm jeje
Porque es tan cruel… porque es incomprendida y debes comprender o sufrir solo debes ser como todos o nunca veras el camino que te prometen veras ….. Nunca tendrás identidad.. es solo un concepto que invento la sociedad… aunque creas salir a flote a flote nunca saldrás… creo que muchas personas y situaciones te decepcionan y no pararan de hacerlo.. Hasta los que mas quieres… hay que saber perdonar y mucho… o sino estas jodido a menos que seas un niño .. Vive y deja vivir un lema mal adaptado… ahora solo dejan vivir y nunca te ayudan a vivir.. Solo te piden que ayudes a vivir ojala algún día bajes de esa burbuja que no te deja pisar tierra, espero que no caigas muy fuerte dejándote sin aliento para continuar con el camino… yo como un estupido te ayudare a pararte… una y otra vez y hasta te guiare… ojala algún día comprendas este sentimiento que nunca fue comprendido por nadie… Ni nada que allá conocido.... ójala que llegue ese ser ese ser que he estado esperando no pido algo imposible no pido algo inexistente.. solo pido que bajes a la tierra y veas con los ojos del alma esos mismos ojos con que yo te he estado buscando por tiempos eternos…