[Los Antecedentes] Existe vida tras la muerte celular
Wednesday, March 20, 2013 12:09:48 AM
El investigador José Antonio Sánchez Alcázar, arriba a la derecha, junto a
su equipo de investigación
El investigador José Antonio Sánchez Alcázar, arriba a la derecha, junto a
su equipo de investigación
Fuente: Universidad Pablo de Olavide
Existe vida tras la muerte celular, o al menos una zona libre de muerte
durante la apoptosis. Así lo ha demostrado un estudio pionero liderado por
José Antonio Sánchez Alcazar, investigador de la Universidad Pablo de
Olavide, de Sevilla, que supone un cambio conceptual en el proceso natural
de muerte celular. Los resultados del trabajo, publicados por la revista
Cell Death and Disease, demuestran por primera vez cómo el córtex celular
mantiene su integridad, mientras el resto de la célula está siendo
“degradado” por las caspasas.
El hallazgo aporta nuevos conocimientos sobre esta materia, con posibles
aplicaciones médicas en áreas como el tratamiento del cáncer.
En torno a 3.000.000 de células mueren cada segundo en el organismo humano
de manera natural.
En su mayoría lo hacen por apoptosis, es decir, degradándose sin liberar su
contenido al exterior celular a la espera de ser comidas por células
vecinas o por células especializadas como los macrófagos.
Por el contrario, ante una quemadura o un golpe, se produce el proceso
antitético: la necrosis, en la que el contenido celular se disemina.
“Si la célula fuese una uva, estaríamos comparando una pasa, que se va
consumiendo por dentro, con otra uva que explota producto de un
martillazo”, señala Sánchez Alcázar.
Una diferencia importante ya que, como apunta este investigador, la
necrosis trae consecuencias para el organismo, como efectos tóxicos a las
células vecinas y una reacción inflamatoria en su entorno.
“La muerte por apoptosis es similar a una implosión. La célula es como una
carpa de circo, está llena de vigas que componen el citoesqueleto, con
microtúbulos, filamentos intermedios, filamentos de actina…
Cuando éstos últimos se contraen al comienzo de la apoptosis, el resto de
elementos se despolimerizan y la célula se queda sin sostén, la carpa se
viene abajo”, afirma el responsable del trabajo.
Las caspasas, proteínas encargadas de degradar el interior celular, juegan
además un papel importante en este proceso.
Sin embargo, su acción pone en peligro la integridad de la membrana
plasmática.
Si llegaran a degradarla, interrumpiendo la actividad de las proteínas
ligadas a ella, se produciría una necrosis y la liberación de los
componentes tóxicos intracelulares.
Célula con su "ataúd" resaltado en rojo.
Célula con su “ataúd” resaltado en rojo.
Ataúd celular
Es por ello que la célula, según un trabajo previo de estos investigadores,
desarrolla lo que se ha bautizado como el “ataúd celular”.
Una pared de microtúbulos, que se crea en el córtex celular, sosteniendo y
protegiendo a la membrana de las células de la acción de las caspasas.
“Mientras dura el ataúd, las células apoptóticas mantienen su contenido que
está siendo degradado dentro de las células, el tiempo suficiente para que
otra célula vecina o un macrófago se la coma”, apunta Sánchez Alcázar.
Pero para que esto sea posible, como demuestran en este nuevo estudio, lo
que hay entre la nueva pared de microtúbulos y la membrana debe permanecer
viva y funcionando con normalidad.
“Es vida después de la muerte”, subraya este investigador.
En concreto, los científicos dela Universidad Pablode Olavide han
constatado en cultivos celulares que, gracias a este ataúd, el córtex
celular se mantiene vivo.
Un trabajo en el que se ha comprobado la integridad de todas las proteínas
que lo integran (las de sostén y adhesión celular, las reguladoras del
calcio y el sodio…).
Una situación que permite, entre otras cosas, describir la hipótesis de la
“fresh meat”, o carne fresca.
Es decir, “gracias a este proceso, las otras células reconocen que las
células apoptóticas han muerto recientemente y se encuentran en buen
estado, la ven como un bocado apetitoso y se la comen, pudiendo ser
reemplazada por otra en su lugar”, apunta Sánchez Alcázar.
Para esto, es necesario que la fosfatidilserina, grupo de fosfolípidos que
normalmente mira hacia la cara interna de la célula, mire hacia el
exterior. Una señal que hace posible que las células apoptóticas sean
devoradas de manera limpia y sin consecuencias para el conjunto del
organismo.
Para José Antonio Sánchez Alcázar este hallazgo abre nuevas líneas de
trabajo, estableciendo campos de desarrollo para posibles aplicaciones
médicas en áreas como el tratamiento del cáncer.
“Cuando se diseñan drogas, muchas veces la medicina intenta matar células y
para ello hay que hacerlo del modo correcto si se quieren evitar efectos
secundarios adversos.
Es el caso de la quimioterapia, donde frecuentemente se busca que las
células cancerosas mueran por apoptosis para evitar los efectos tóxicos e
inflamatorios de la necrosis”, apunta este científico.
En este sentido, considera que “con estos descubrimientos podemos diseñar
quimioterápicos que actúen de forma más eficiente y con menos efectos
tóxicos secundarios”.
Otra línea de estudio sería, a partir de ahora, ver la posibilidad de
conseguir que las células no tumorales evitaran la necrosis durante el
tratamiento quimioterápico, disminuyendo de esta forma los efectos adversos
sobre las células normales del organismo.
M Oropesa-Ávila, A Fernández-Vega, M de la Mata, J G Maraver, M D Cordero,
D Cotán, M de Miguel, C P Calero, M V Paz, A D Pavón, M A Sánchez, A P
Zaderenko, P Ybot-González and J A Sánchez-Alcázar. Apoptotic microtubules
delimit an active caspase free area in the cellular cortex during the
execution phase of apoptosis. Cell Death Di., 2013, 4: e527.
CienciaDirecta
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Publicado por Blogger para Los Antecedentes el 3/19/2013 05:09:00 pm
su equipo de investigación
El investigador José Antonio Sánchez Alcázar, arriba a la derecha, junto a
su equipo de investigación
Fuente: Universidad Pablo de Olavide
Existe vida tras la muerte celular, o al menos una zona libre de muerte
durante la apoptosis. Así lo ha demostrado un estudio pionero liderado por
José Antonio Sánchez Alcazar, investigador de la Universidad Pablo de
Olavide, de Sevilla, que supone un cambio conceptual en el proceso natural
de muerte celular. Los resultados del trabajo, publicados por la revista
Cell Death and Disease, demuestran por primera vez cómo el córtex celular
mantiene su integridad, mientras el resto de la célula está siendo
“degradado” por las caspasas.
El hallazgo aporta nuevos conocimientos sobre esta materia, con posibles
aplicaciones médicas en áreas como el tratamiento del cáncer.
En torno a 3.000.000 de células mueren cada segundo en el organismo humano
de manera natural.
En su mayoría lo hacen por apoptosis, es decir, degradándose sin liberar su
contenido al exterior celular a la espera de ser comidas por células
vecinas o por células especializadas como los macrófagos.
Por el contrario, ante una quemadura o un golpe, se produce el proceso
antitético: la necrosis, en la que el contenido celular se disemina.
“Si la célula fuese una uva, estaríamos comparando una pasa, que se va
consumiendo por dentro, con otra uva que explota producto de un
martillazo”, señala Sánchez Alcázar.
Una diferencia importante ya que, como apunta este investigador, la
necrosis trae consecuencias para el organismo, como efectos tóxicos a las
células vecinas y una reacción inflamatoria en su entorno.
“La muerte por apoptosis es similar a una implosión. La célula es como una
carpa de circo, está llena de vigas que componen el citoesqueleto, con
microtúbulos, filamentos intermedios, filamentos de actina…
Cuando éstos últimos se contraen al comienzo de la apoptosis, el resto de
elementos se despolimerizan y la célula se queda sin sostén, la carpa se
viene abajo”, afirma el responsable del trabajo.
Las caspasas, proteínas encargadas de degradar el interior celular, juegan
además un papel importante en este proceso.
Sin embargo, su acción pone en peligro la integridad de la membrana
plasmática.
Si llegaran a degradarla, interrumpiendo la actividad de las proteínas
ligadas a ella, se produciría una necrosis y la liberación de los
componentes tóxicos intracelulares.
Célula con su "ataúd" resaltado en rojo.
Célula con su “ataúd” resaltado en rojo.
Ataúd celular
Es por ello que la célula, según un trabajo previo de estos investigadores,
desarrolla lo que se ha bautizado como el “ataúd celular”.
Una pared de microtúbulos, que se crea en el córtex celular, sosteniendo y
protegiendo a la membrana de las células de la acción de las caspasas.
“Mientras dura el ataúd, las células apoptóticas mantienen su contenido que
está siendo degradado dentro de las células, el tiempo suficiente para que
otra célula vecina o un macrófago se la coma”, apunta Sánchez Alcázar.
Pero para que esto sea posible, como demuestran en este nuevo estudio, lo
que hay entre la nueva pared de microtúbulos y la membrana debe permanecer
viva y funcionando con normalidad.
“Es vida después de la muerte”, subraya este investigador.
En concreto, los científicos dela Universidad Pablode Olavide han
constatado en cultivos celulares que, gracias a este ataúd, el córtex
celular se mantiene vivo.
Un trabajo en el que se ha comprobado la integridad de todas las proteínas
que lo integran (las de sostén y adhesión celular, las reguladoras del
calcio y el sodio…).
Una situación que permite, entre otras cosas, describir la hipótesis de la
“fresh meat”, o carne fresca.
Es decir, “gracias a este proceso, las otras células reconocen que las
células apoptóticas han muerto recientemente y se encuentran en buen
estado, la ven como un bocado apetitoso y se la comen, pudiendo ser
reemplazada por otra en su lugar”, apunta Sánchez Alcázar.
Para esto, es necesario que la fosfatidilserina, grupo de fosfolípidos que
normalmente mira hacia la cara interna de la célula, mire hacia el
exterior. Una señal que hace posible que las células apoptóticas sean
devoradas de manera limpia y sin consecuencias para el conjunto del
organismo.
Para José Antonio Sánchez Alcázar este hallazgo abre nuevas líneas de
trabajo, estableciendo campos de desarrollo para posibles aplicaciones
médicas en áreas como el tratamiento del cáncer.
“Cuando se diseñan drogas, muchas veces la medicina intenta matar células y
para ello hay que hacerlo del modo correcto si se quieren evitar efectos
secundarios adversos.
Es el caso de la quimioterapia, donde frecuentemente se busca que las
células cancerosas mueran por apoptosis para evitar los efectos tóxicos e
inflamatorios de la necrosis”, apunta este científico.
En este sentido, considera que “con estos descubrimientos podemos diseñar
quimioterápicos que actúen de forma más eficiente y con menos efectos
tóxicos secundarios”.
Otra línea de estudio sería, a partir de ahora, ver la posibilidad de
conseguir que las células no tumorales evitaran la necrosis durante el
tratamiento quimioterápico, disminuyendo de esta forma los efectos adversos
sobre las células normales del organismo.
M Oropesa-Ávila, A Fernández-Vega, M de la Mata, J G Maraver, M D Cordero,
D Cotán, M de Miguel, C P Calero, M V Paz, A D Pavón, M A Sánchez, A P
Zaderenko, P Ybot-González and J A Sánchez-Alcázar. Apoptotic microtubules
delimit an active caspase free area in the cellular cortex during the
execution phase of apoptosis. Cell Death Di., 2013, 4: e527.
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Publicado por Blogger para Los Antecedentes el 3/19/2013 05:09:00 pm












