[Esteban... grosso modo] Francisco conturba a tradicionalistas
Saturday, March 30, 2013 7:58:44 AM
AP Photo El papa Francisco se ha ganado muchos corazones con su estilo
sencillo y sus exhortos a ayudar a los más pobres del mundo. Sin embargo,
ha conturbado a los católicos tradicionalistas que adoraban a su antecesor
Benedicto XVI, quien restituyó parte de la pompa tradicional en la figura
del pontífice.
La decisión de Francisco, de desatender una regla de la Iglesia y lavar los
pies a dos jovencitas, una musulmana serbia y una católica italiana,
durante el ritual del Jueves Santo, ha sido para esos tradicionalistas la
gota que derramó el vaso: una evidencia de que el nuevo papa tiene poco o
nulo interés en una de las prioridades de Benedicto: revivir las
tradiciones anteriores al Concilio Vaticano II en la Iglesia.
Uno de los "blogs" tradicionalistas con más lectores, "Rorate Caeli",
reaccionó a la ceremonia del lavatorio declarando que había muerto el
proyecto de ocho años de Benedicto para enderezar lo que el entonces
pontífice consideró interpretaciones erróneas de las reformas
modernizadoras del Concilio.
"Por ejemplo, ha llegado oficialmente el final de la reforma a la reforma",
deploró "Rorate Caeli" en su reporte sobre el ritual del Jueves Santo.
Un comentarista afín a esas ideas tradicionalistas en Argentina, el país
natal de Francisco, es Marcelo González, quien reaccionó a la elección de
Francisco con un artículo titulado "¡El Horror!"
González afirmó que Jorge Mario Bergoglio, el actual papa, no realizó
prácticamente esfuerzo alguno como arzobispo de Buenos Aires por revivir la
antigua misa en latín, una causa abrazada por Benedicto XVI y por los
tradicionalistas.
"Enemigo jurado de la misa tradicional, no ha permitido sino parodias en
manos de enemigos declarados de la liturgia antigua", escribió González en
la publicación Panorama Católico Internacional.
Prácticamente todo lo que ha hecho Francisco desde que fue elegido papa
-cada gesto y decisión- ha disgustado a los tradicionalistas de un modo u
otro.
La noche del 13 de marzo, cuando se le eligió en el cónclave, Francisco
salió al balcón central de la Basílica de San Pedro sin la "mozzetta", la
capa de terciopelo rojo y piel de armiño, usada por los anteriores papas
durante actos oficiales. En vez de ello, vistió una sencilla túnica blanca.
Ese gesto se convirtió en un símbolo del rechazo de Francisco a los atavíos
del papado. Para algunos, representó además un desdén al pontificado de
Benedicto XVI, dado que el papa alemán buscó revivir muchas vestimentas
litúrgicas de sus antecesores.
Inmediatamente después, cuando los cardenales le juraron obediencia,
Francisco no los escuchó desde una silla o pedestal, como hicieron otros
pontífices. Permaneció de pie, al mismo nivel que los cardenales.
Ello seguramente lastimó a los tradicionalistas, quienes recuerdan con
nostalgia los días en que los papas usaban la silla gestatoria, una suerte
de trono portátil, sobre el que eran llevados en andas. Posteriormente,
Francisco ha exhortado a "intensificar" el diálogo con el islam, un gesto
que irrita a los tradicionalistas, los cuales consideran que un afán por
estrechar las relaciones interreligiosas no es sino una señal de
relativismo teológico.
Francisco seguramente echó sal sobre las heridas el Viernes Santo. Durante
el vía crucis en el Coliseo, elogió la "amistad con nuestras hermanas y
hermanos musulmanes", en una ceremonia en la que recordó también las
penurias de los cristianos en Medio Oriente.
El nuevo pontífice causó también azoro al rechazar la cruz pectoral que le
ofreció, justo después de su elección, monseñor Guido Marini, el gurú
vaticano en materia litúrgica. Durante el pontificado de Benedicto, Marini
se convirtió en el símbolo de los esfuerzos de ese papa por restablecer los
cantos gregorianos y la vestimenta con brocado de seda, típica de la época
anterior al Concilio, durante las misas que oficiaba el sucesor de San
Pedro.
Marini ha permanecido al lado de Francisco mientras el nuevo papa le
imprime su propio sello a las misas, con vestimenta más sencilla y homilías
improvisadas. Pero muchos esperan que el nuevo obispo de Roma nombre pronto
a un nuevo maestro de ceremonias litúrgicas, más afín a sus prioridades de
llevar a la gente común el mensaje de amor y servicio de la Iglesia, sin
los ornamentos de su antecesor.
Ciertamente, ninguno de esos lujos de la alta jerarquía eclesiástica estuvo
presente en el acto del Jueves Santo, dentro de la prisión de jóvenes de
Casal del Marmo en Roma, donde el papa de 76 años se arrodilló para lavar y
besar los pies de 12 reclusos, incluidas dos mujeres. El ritual revive el
lavatorio de pies que Jesucristo les hizo a sus 12 apóstoles durante la
Última Cena, antes de la Crucifixión, en una muestra de amor y servicio a
ellos.
Las reglas litúrgicas indican que sólo pueden participar hombres en el
ritual, dado que todos los discípulos de Jesús eran varones. No era raro
que algunos curas y obispos pidieran excepciones para incluir a las
mujeres, pero las reglas son claras.
Francisco, empero, es la cabeza de la Iglesia, de modo que, en teoría,
puede hacer lo que le plazca.
"El papa no necesita permiso de nadie para hacer excepciones sobre la forma
en que las reglas eclesiásticas se relacionan con él", destacó el
columnista conservador Jimmy Akin en el National Catholic Register. Pero
Akin hizo eco a las preocupaciones planteadas por el abogado canónico
Edward Peters, asesor del alto tribunal vaticano, quien dijo que Francisco
ponía un "ejemplo cuestionable" simplemente al hacer caso omiso de las
reglas de la propia iglesia.
"Es natural que la gente imite a su líder. Ese es el punto crucial del
pasaje en que Jesús lava los pies de sus apóstoles. De forma explícita e
intencional puso un ejemplo para ellos", dijo. "El papa Francisco sabe que
está sentando un ejemplo".
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Publicado por Blogger para Esteban... grosso modo el 3/30/2013 12:58:00 am
sencillo y sus exhortos a ayudar a los más pobres del mundo. Sin embargo,
ha conturbado a los católicos tradicionalistas que adoraban a su antecesor
Benedicto XVI, quien restituyó parte de la pompa tradicional en la figura
del pontífice.
La decisión de Francisco, de desatender una regla de la Iglesia y lavar los
pies a dos jovencitas, una musulmana serbia y una católica italiana,
durante el ritual del Jueves Santo, ha sido para esos tradicionalistas la
gota que derramó el vaso: una evidencia de que el nuevo papa tiene poco o
nulo interés en una de las prioridades de Benedicto: revivir las
tradiciones anteriores al Concilio Vaticano II en la Iglesia.
Uno de los "blogs" tradicionalistas con más lectores, "Rorate Caeli",
reaccionó a la ceremonia del lavatorio declarando que había muerto el
proyecto de ocho años de Benedicto para enderezar lo que el entonces
pontífice consideró interpretaciones erróneas de las reformas
modernizadoras del Concilio.
"Por ejemplo, ha llegado oficialmente el final de la reforma a la reforma",
deploró "Rorate Caeli" en su reporte sobre el ritual del Jueves Santo.
Un comentarista afín a esas ideas tradicionalistas en Argentina, el país
natal de Francisco, es Marcelo González, quien reaccionó a la elección de
Francisco con un artículo titulado "¡El Horror!"
González afirmó que Jorge Mario Bergoglio, el actual papa, no realizó
prácticamente esfuerzo alguno como arzobispo de Buenos Aires por revivir la
antigua misa en latín, una causa abrazada por Benedicto XVI y por los
tradicionalistas.
"Enemigo jurado de la misa tradicional, no ha permitido sino parodias en
manos de enemigos declarados de la liturgia antigua", escribió González en
la publicación Panorama Católico Internacional.
Prácticamente todo lo que ha hecho Francisco desde que fue elegido papa
-cada gesto y decisión- ha disgustado a los tradicionalistas de un modo u
otro.
La noche del 13 de marzo, cuando se le eligió en el cónclave, Francisco
salió al balcón central de la Basílica de San Pedro sin la "mozzetta", la
capa de terciopelo rojo y piel de armiño, usada por los anteriores papas
durante actos oficiales. En vez de ello, vistió una sencilla túnica blanca.
Ese gesto se convirtió en un símbolo del rechazo de Francisco a los atavíos
del papado. Para algunos, representó además un desdén al pontificado de
Benedicto XVI, dado que el papa alemán buscó revivir muchas vestimentas
litúrgicas de sus antecesores.
Inmediatamente después, cuando los cardenales le juraron obediencia,
Francisco no los escuchó desde una silla o pedestal, como hicieron otros
pontífices. Permaneció de pie, al mismo nivel que los cardenales.
Ello seguramente lastimó a los tradicionalistas, quienes recuerdan con
nostalgia los días en que los papas usaban la silla gestatoria, una suerte
de trono portátil, sobre el que eran llevados en andas. Posteriormente,
Francisco ha exhortado a "intensificar" el diálogo con el islam, un gesto
que irrita a los tradicionalistas, los cuales consideran que un afán por
estrechar las relaciones interreligiosas no es sino una señal de
relativismo teológico.
Francisco seguramente echó sal sobre las heridas el Viernes Santo. Durante
el vía crucis en el Coliseo, elogió la "amistad con nuestras hermanas y
hermanos musulmanes", en una ceremonia en la que recordó también las
penurias de los cristianos en Medio Oriente.
El nuevo pontífice causó también azoro al rechazar la cruz pectoral que le
ofreció, justo después de su elección, monseñor Guido Marini, el gurú
vaticano en materia litúrgica. Durante el pontificado de Benedicto, Marini
se convirtió en el símbolo de los esfuerzos de ese papa por restablecer los
cantos gregorianos y la vestimenta con brocado de seda, típica de la época
anterior al Concilio, durante las misas que oficiaba el sucesor de San
Pedro.
Marini ha permanecido al lado de Francisco mientras el nuevo papa le
imprime su propio sello a las misas, con vestimenta más sencilla y homilías
improvisadas. Pero muchos esperan que el nuevo obispo de Roma nombre pronto
a un nuevo maestro de ceremonias litúrgicas, más afín a sus prioridades de
llevar a la gente común el mensaje de amor y servicio de la Iglesia, sin
los ornamentos de su antecesor.
Ciertamente, ninguno de esos lujos de la alta jerarquía eclesiástica estuvo
presente en el acto del Jueves Santo, dentro de la prisión de jóvenes de
Casal del Marmo en Roma, donde el papa de 76 años se arrodilló para lavar y
besar los pies de 12 reclusos, incluidas dos mujeres. El ritual revive el
lavatorio de pies que Jesucristo les hizo a sus 12 apóstoles durante la
Última Cena, antes de la Crucifixión, en una muestra de amor y servicio a
ellos.
Las reglas litúrgicas indican que sólo pueden participar hombres en el
ritual, dado que todos los discípulos de Jesús eran varones. No era raro
que algunos curas y obispos pidieran excepciones para incluir a las
mujeres, pero las reglas son claras.
Francisco, empero, es la cabeza de la Iglesia, de modo que, en teoría,
puede hacer lo que le plazca.
"El papa no necesita permiso de nadie para hacer excepciones sobre la forma
en que las reglas eclesiásticas se relacionan con él", destacó el
columnista conservador Jimmy Akin en el National Catholic Register. Pero
Akin hizo eco a las preocupaciones planteadas por el abogado canónico
Edward Peters, asesor del alto tribunal vaticano, quien dijo que Francisco
ponía un "ejemplo cuestionable" simplemente al hacer caso omiso de las
reglas de la propia iglesia.
"Es natural que la gente imite a su líder. Ese es el punto crucial del
pasaje en que Jesús lava los pies de sus apóstoles. De forma explícita e
intencional puso un ejemplo para ellos", dijo. "El papa Francisco sabe que
está sentando un ejemplo".
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Publicado por Blogger para Esteban... grosso modo el 3/30/2013 12:58:00 am












