[Los Antecedentes] Un diabético ante la mesa
Tuesday, May 7, 2013 8:22:13 PM
La dieta para un diabético, lejos de ser una losa, puede ser un puente que
contribuya a controlar de manera eficaz y segura su enfermedad. Al tratarse
de una patología crónica, la dieta se debe entender como un elemento
terapéutico más junto al tratamiento farmacológico si fuera necesario y
ejercicio físico regular.
Los alimentos básicos
La dieta en la diabetes ha de atender a las particularidades de cada
individuo, su estilo de vida (tipo, ritmo y duración de la actividad
física), su condición (niño, embarazada, lactante, anciano...) y su
tratamiento específico (insulina, antidiabéticos orales...). No obstante,
en general, se trata de un concepto de alimentación saludable. De hecho, la
Fundación Española para la Diabetes recuerda que la alimentación de las
personas con diabetes no es sustancialmente diferente a la alimentación de
la población en general. La mayoría de consejos son válidos para toda la
familia. Estos son algunos consejos generales:
Comer poco ya menudo: alimentación fraccionada en 5-6 tomas al día; con un
menor volumen de alimento por toma, así se controla mejor la glucemia.
Rica en fibra: verduras y hortalizas, legumbres, frutos secos, cereales
integrales y fruta en las cantidades adecuadas a cada caso.
Reducida en grasas saturadas y colesterol (moderar el consumo de lácteos
-leche entera, yogures, quesos semicurados y curados, natas,
mantequilla...), carnes en general y rojas y grasas en particular, huevos,
productos de charcutería (embutidos, patés, fiambres, vísceras,
hamburguesas, salchichas...) como prevención de enfermedades
cardiovasculares.
Primar el consumo de pescados, y en especial los azules, ricos en omega-3,
de protección cardiovascular.
Limitada en azúcares simples (azúcar, miel, mermelada, refrescos y bebidas
azucaradas, golosinas, chocolate y derivados, zumos...) porque elevan de
forma brusca los niveles de glucosa en la sangre.
Con preferencia por los alimentos integrales ricos en carbohidratos
complejos (cereales integrales y legumbres).
En caso de utilizar endulzante, se recomienda el extracto natural de
estevia en sustitución del azúcar, la miel y cualquier edulcorante
artificial (sacarina, ciclamato, aspartame...). Hay estudios que informan
de resultados positivos tras el uso de estevia con respecto a la tolerancia
a la glucosa y la respuesta a la glucemia.
Alimentos integrales, ricos en fibra por naturaleza
Una revisión bibliográfica publicada en la revista científica Public Health
Nutrition y realizada por autores españoles confirmó lo que ya se conoce
hace años: el consumo regular de cereales integrales (pan, pasta, arroz,
cereales del desayuno) -no refinados- contribuye a la reducción de los
factores de riesgo relacionados con enfermedades crónicas, en especial de
diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y ciertos tipos de cáncer. Pero
la fibra no es la única responsable de tales beneficios. Los alimentos
integrales, comparados con sus homólogos refinados, concentran además de
más fibra, más vitaminas, minerales y compuestos fitoquímicos y bioactivos
con reconocidos efectos antioxidantes. Son alimentos integrales todos
aquellos que se comen con el mínimo procesado, por lo que naturalmente son
también ricos en fibra: ensaladas, verduras y hortalizas, legumbres, frutas
frescas con piel, frutos secos, frutas desecadas y cereales integrales.
En relación a la diabetes, la fibra juega un papel interesante. Este
nutriente tiene la cualidad de disminuir la velocidad de absorción de los
azúcares de los alimentos ingeridos, lo que evita el aumento brusco de la
glucemia postprandial, después de comer. La recomendación nutricional
actual es un consumo diario de fibra de entre 25 a 30 gramos. La Asociación
de Diabetes Americana es más exigente y aconseja la ingesta de 30 a 50
gramos de fibra dietética por día para las personas con diabetes mellitus
tipo 2.
Las frutas idóneas
Una persona diabética puede tomar cualquier tipo de fruta, si la come en su
justa medida, sin temor a que se altere la glucemia, siempre que la
enfermedad esté bien controlada. No obstante, cabe ser más prudentes y
ajustar la cantidad por ración o comer con menos frecuencia aquellas frutas
que en comparación con el resto ya igualdad de peso contienen más azúcares.
Es el caso de plátanos, uvas, cerezas, higos, chirimoyao caqui y granada,
que contienen entre 2 y 3 veces más azúcares (15-17 g/100 g) respecto al
resto de frutas (7-10 g/100 g). La ración media saludable de fruta oscila
entre 150 y 180 gramos y un poco menos para las más calóricas, de 100 a 120
gramos. En esta cantidad, las frutas más dulces proporcionan unos 10 gramos
de azúcares por 100 gramos, una cantidad similar a la de multitud de frutas
como nectarina, mandarina, naranja, manzana o pera.
Aceite de oliva virgen y un puñado de nueces
Los resultados de un estudio integrado en el PREDIMED (Prevención con Dieta
Mediterránea) evidencian un efecto protector de la Dieta Mediterránea
(MedDiet) contra el desarrollo de diabetes tipo II en personas con alto
riesgo cardiovascular. Los individuos más beneficiados fueron los que
ingirieron una Dieta Mediterránea ad limitum (no restringida en energía)
caracterizada por un alto contenido en grasas insaturadas, bien por consumo
diario de aceite de oliva virgen (rico en grasas monoinsaturadas) o un
puñado (30 gramos) de nueces (ricas en grasas monoinsaturadas y ácidos
grasos poliinsaturados). La incidencia de diabetes fue hasta tres veces
menor en los grupos que siguieron el patrón de Dieta Mediterránea. Según
los autores, es posible que el efecto beneficioso de la Dieta Mediterránea
en el riesgo de diabetes puede ser reproducida en otras poblaciones, como
se ha demostrado para la mortalidad por todas las causas, la incidencia de
enfermedad cardiovascular y la mortalidad por cáncer en poblaciones de
EE.UU.
Más proteína vegetal
Las legumbres deberían contemplarse en el menú entre dos y cuatro veces por
semana. Los días en los que protagonizan la mesa, el menú debe acompañarse
también de cereales (arroz, cuscús, fideos, fideuá, macarrones...) bien en
el mismo plato (lentejas con arroz) o en otro acompañante (sopa de fideos +
estofado de lentejas con verduras). Por medio de esta combinación
alimentaria se obtiene un menú completo en su aporte nutricional y adecuado
a la diabetes: rico en carbohidratos complejos, fuente de proteína de alta
calidad y de grasas insaturadas. La Agencia Española de Seguridad
Alimentaria y Nutrición (AESAN) afirma que los cereales y las legumbres
permiten realizar sabrosos y tradicionales platos únicos, con un aporte
adecuado de proteínas vegetales de calidad.
No a los alimentos con fructosa
La fructosa es el azúcar natural más dulce. Se localiza de forma natural en
las frutas y en el sirope de maíz, que en un 55% es fructosa y que se
emplea sobre todo como ingrediente edulcorante en alimentos procesados
(bebidas azucaradas, bollería, cereales del desayuno o galletas, entre
otros). La fructosa tiene una respuesta glucémica post-pandrial menor, es
decir, en comparación con otros azúcares como la sacarosa o la glucosa,
provoca un aumento de azúcar en sangre más moderado tras su consumo. Este
hecho, que podría verse como una ventaja para las personas que padecen
diabetes mellitus, no lo es en absoluto. Tanto la Asociación Americana de
Diabetes como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) alertan
de que ingestas elevadas de fructosa pueden conducir a complicaciones
metabólicas como dislipemia, resistencia a la insulina y un aumento de las
reservas de grasa en los órganos, entre ellos el hígado. Por ello, conviene
que las personas con diabetes no abusen de productos etiquetados
como "aptos para diabéticos" o "sin azúcar", ya que suelen contener
fructosa en sustitución del azúcar común.
via revista.consumer.es
--
Publicado por Blogger para Los Antecedentes el 5/07/2013 01:22:00 pm
contribuya a controlar de manera eficaz y segura su enfermedad. Al tratarse
de una patología crónica, la dieta se debe entender como un elemento
terapéutico más junto al tratamiento farmacológico si fuera necesario y
ejercicio físico regular.
Los alimentos básicos
La dieta en la diabetes ha de atender a las particularidades de cada
individuo, su estilo de vida (tipo, ritmo y duración de la actividad
física), su condición (niño, embarazada, lactante, anciano...) y su
tratamiento específico (insulina, antidiabéticos orales...). No obstante,
en general, se trata de un concepto de alimentación saludable. De hecho, la
Fundación Española para la Diabetes recuerda que la alimentación de las
personas con diabetes no es sustancialmente diferente a la alimentación de
la población en general. La mayoría de consejos son válidos para toda la
familia. Estos son algunos consejos generales:
Comer poco ya menudo: alimentación fraccionada en 5-6 tomas al día; con un
menor volumen de alimento por toma, así se controla mejor la glucemia.
Rica en fibra: verduras y hortalizas, legumbres, frutos secos, cereales
integrales y fruta en las cantidades adecuadas a cada caso.
Reducida en grasas saturadas y colesterol (moderar el consumo de lácteos
-leche entera, yogures, quesos semicurados y curados, natas,
mantequilla...), carnes en general y rojas y grasas en particular, huevos,
productos de charcutería (embutidos, patés, fiambres, vísceras,
hamburguesas, salchichas...) como prevención de enfermedades
cardiovasculares.
Primar el consumo de pescados, y en especial los azules, ricos en omega-3,
de protección cardiovascular.
Limitada en azúcares simples (azúcar, miel, mermelada, refrescos y bebidas
azucaradas, golosinas, chocolate y derivados, zumos...) porque elevan de
forma brusca los niveles de glucosa en la sangre.
Con preferencia por los alimentos integrales ricos en carbohidratos
complejos (cereales integrales y legumbres).
En caso de utilizar endulzante, se recomienda el extracto natural de
estevia en sustitución del azúcar, la miel y cualquier edulcorante
artificial (sacarina, ciclamato, aspartame...). Hay estudios que informan
de resultados positivos tras el uso de estevia con respecto a la tolerancia
a la glucosa y la respuesta a la glucemia.
Alimentos integrales, ricos en fibra por naturaleza
Una revisión bibliográfica publicada en la revista científica Public Health
Nutrition y realizada por autores españoles confirmó lo que ya se conoce
hace años: el consumo regular de cereales integrales (pan, pasta, arroz,
cereales del desayuno) -no refinados- contribuye a la reducción de los
factores de riesgo relacionados con enfermedades crónicas, en especial de
diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y ciertos tipos de cáncer. Pero
la fibra no es la única responsable de tales beneficios. Los alimentos
integrales, comparados con sus homólogos refinados, concentran además de
más fibra, más vitaminas, minerales y compuestos fitoquímicos y bioactivos
con reconocidos efectos antioxidantes. Son alimentos integrales todos
aquellos que se comen con el mínimo procesado, por lo que naturalmente son
también ricos en fibra: ensaladas, verduras y hortalizas, legumbres, frutas
frescas con piel, frutos secos, frutas desecadas y cereales integrales.
En relación a la diabetes, la fibra juega un papel interesante. Este
nutriente tiene la cualidad de disminuir la velocidad de absorción de los
azúcares de los alimentos ingeridos, lo que evita el aumento brusco de la
glucemia postprandial, después de comer. La recomendación nutricional
actual es un consumo diario de fibra de entre 25 a 30 gramos. La Asociación
de Diabetes Americana es más exigente y aconseja la ingesta de 30 a 50
gramos de fibra dietética por día para las personas con diabetes mellitus
tipo 2.
Las frutas idóneas
Una persona diabética puede tomar cualquier tipo de fruta, si la come en su
justa medida, sin temor a que se altere la glucemia, siempre que la
enfermedad esté bien controlada. No obstante, cabe ser más prudentes y
ajustar la cantidad por ración o comer con menos frecuencia aquellas frutas
que en comparación con el resto ya igualdad de peso contienen más azúcares.
Es el caso de plátanos, uvas, cerezas, higos, chirimoyao caqui y granada,
que contienen entre 2 y 3 veces más azúcares (15-17 g/100 g) respecto al
resto de frutas (7-10 g/100 g). La ración media saludable de fruta oscila
entre 150 y 180 gramos y un poco menos para las más calóricas, de 100 a 120
gramos. En esta cantidad, las frutas más dulces proporcionan unos 10 gramos
de azúcares por 100 gramos, una cantidad similar a la de multitud de frutas
como nectarina, mandarina, naranja, manzana o pera.
Aceite de oliva virgen y un puñado de nueces
Los resultados de un estudio integrado en el PREDIMED (Prevención con Dieta
Mediterránea) evidencian un efecto protector de la Dieta Mediterránea
(MedDiet) contra el desarrollo de diabetes tipo II en personas con alto
riesgo cardiovascular. Los individuos más beneficiados fueron los que
ingirieron una Dieta Mediterránea ad limitum (no restringida en energía)
caracterizada por un alto contenido en grasas insaturadas, bien por consumo
diario de aceite de oliva virgen (rico en grasas monoinsaturadas) o un
puñado (30 gramos) de nueces (ricas en grasas monoinsaturadas y ácidos
grasos poliinsaturados). La incidencia de diabetes fue hasta tres veces
menor en los grupos que siguieron el patrón de Dieta Mediterránea. Según
los autores, es posible que el efecto beneficioso de la Dieta Mediterránea
en el riesgo de diabetes puede ser reproducida en otras poblaciones, como
se ha demostrado para la mortalidad por todas las causas, la incidencia de
enfermedad cardiovascular y la mortalidad por cáncer en poblaciones de
EE.UU.
Más proteína vegetal
Las legumbres deberían contemplarse en el menú entre dos y cuatro veces por
semana. Los días en los que protagonizan la mesa, el menú debe acompañarse
también de cereales (arroz, cuscús, fideos, fideuá, macarrones...) bien en
el mismo plato (lentejas con arroz) o en otro acompañante (sopa de fideos +
estofado de lentejas con verduras). Por medio de esta combinación
alimentaria se obtiene un menú completo en su aporte nutricional y adecuado
a la diabetes: rico en carbohidratos complejos, fuente de proteína de alta
calidad y de grasas insaturadas. La Agencia Española de Seguridad
Alimentaria y Nutrición (AESAN) afirma que los cereales y las legumbres
permiten realizar sabrosos y tradicionales platos únicos, con un aporte
adecuado de proteínas vegetales de calidad.
No a los alimentos con fructosa
La fructosa es el azúcar natural más dulce. Se localiza de forma natural en
las frutas y en el sirope de maíz, que en un 55% es fructosa y que se
emplea sobre todo como ingrediente edulcorante en alimentos procesados
(bebidas azucaradas, bollería, cereales del desayuno o galletas, entre
otros). La fructosa tiene una respuesta glucémica post-pandrial menor, es
decir, en comparación con otros azúcares como la sacarosa o la glucosa,
provoca un aumento de azúcar en sangre más moderado tras su consumo. Este
hecho, que podría verse como una ventaja para las personas que padecen
diabetes mellitus, no lo es en absoluto. Tanto la Asociación Americana de
Diabetes como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) alertan
de que ingestas elevadas de fructosa pueden conducir a complicaciones
metabólicas como dislipemia, resistencia a la insulina y un aumento de las
reservas de grasa en los órganos, entre ellos el hígado. Por ello, conviene
que las personas con diabetes no abusen de productos etiquetados
como "aptos para diabéticos" o "sin azúcar", ya que suelen contener
fructosa en sustitución del azúcar común.
via revista.consumer.es
--
Publicado por Blogger para Los Antecedentes el 5/07/2013 01:22:00 pm












