[Esteban... grosso mod@] ¿Facebook-manía contra la vida privada?
Wednesday, June 26, 2013 7:26:46 PM
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via presseurop.eu
El reciente escándalo de espionaje en Internet por parte de los servicios
de inteligencia estadounidenses ha puesto de manifiesto la urgencia de una
reforma de la normativa europea en materia de datos personales. Un asunto
por el que se enfrentan las asociaciones de consumidores y los lobbies de
los gigantes de Internet.
Camille Gévaudan
Rara vez hemos visto un torrente tan enorme de pasiones como el desatado
por el proyecto de reforma de la política europea en materia de datos
personales. Por una parte, las ONG y las asociaciones de internautas
pegan "hombres en cueros" en tarjetas postales con el sello “ciudadanos al
desnudo” para defender la protección de la vida privada en línea, haciendo
un llamamiento a bombardear con dichas tarjetas a nuestros eurodiputados y
mantenerles alejados de los lobbies.
Al otro lado se encuentran las más poderosas industrias de la Web, que
lloriquean para reclamar más "flexibilidad" cuando manejan los datos
privados de millones de internautas. En medio, los archivistas y
genealogistas agitan su pequeña bandera, pues temen que el principio del
derecho al olvido ponga en peligro la memoria colectiva.
Pero lo que está en juego es mucho más: la reforma que se estudia deberá
sustituir a la directiva europea sobre datos personales, que se votó, como
indica su pequeña designación “95/46/CE”, en 1995. El paisaje digital ha
cambiado con creces desde entonces y hace que sea especialmente obsoleta la
disposición sobre el “consentimiento indudable” de los individuos que debe
condicionar la recopilación de sus datos. ¿Qué quiere decir realmente el
término “indudable”?
Hacer realidad fantasías imaginables
El Grupo de Trabajo G29, que reúne a representantes de todas las Cnil
(Comisión Nacional de Informática y Libertades) europeas, trabajó sobre la
cuestión en 2011. La conclusión fue que este término impreciso “a menudo se
malinterpreta o sencillamente se hace caso omiso del mismo”, con lo que las
empresas pueden hacer realidad prácticamente todas sus fantasías
imaginables: puede ser “una firma escrita, pero también una declaración
oral, o un comportamiento del que se puede deducir razonablemente que
implica un consentimiento”.
El G29 da el ejemplo de un servicio telefónico que ofrece la previsión
meteorológica de la ciudad desde donde llamen los usuarios: si éstos
conocen el principio de funcionamiento del servicio antes de descolgar el
teléfono, y si aún así deciden llamar, se puede concluir que aceptan que la
empresa recopile datos sobre su ubicación. Es la misma lógica de Amazon,
donde a los internautas les sugieren compras de “productos similares” a los
que ya han consultado en el sitio web: al ver estas sugerencias, se supone
que comprenden que su historial de navegación se ha registrado, y si
permanecen en el sitio web de Amazon.com, entonces es que no tienen ninguna
objeción. El “consentimiento” de los internautas se ha transformado poco a
poco en “ausencia de negativa”.
Por consiguiente, la reforma completa de la directiva se ha pensado para
otorgar a los ciudadanos un control eficaz de sus datos. En primer lugar,
consagrando por fin el principio del “derecho al olvido” tan reclamado en
los últimos años. Después, y sobre todo, organizando el regreso triunfal
del término “explícito” junto al término “consentimiento”. Una palabra
pequeña, pero que tiene muchos enemigos. Primero planteada y luego
suprimida en 1995, vuelve a la escena para reflejar el modo en el que una
“persona determinada acepta, mediante una declaración o mediante un acto
positivo unívoco, que los datos de carácter personal sobre dicha persona
van a ser objeto de tratamiento”.
Una inundación de mensajes emergentes”
En la práctica, se podría tratar de un pequeño cuadro de diálogo como el
que ya aparecen en los navegadores Firefox y Chrome, cuando visitamos un
sitio que necesita determinar nuestra ubicación geográfica. Entonces
podemos optar por autorizar al sitio web a recopilar esta información sólo
para la visita en curso, para todas las visitas futuras o… jamás en la
vida. Podemos imaginarnos cómo YouTube muestra un mensaje emergente para
pedirnos permiso e indagar en nuestro historial de navegación antes de
proponeros vídeos de gatitos graciosos.
Nos imaginamos que Facebook nos advierte de que ese teléfono móvil que
acabamos de facilitar para “reforzar la seguridad de [nuestra] cuenta”, se
podrá transmitir a los desarrolladores de Farmville. Soñamos con banners de
publicidad bloqueados en “pausa”, a la espera de nuestra autorización de
que nos clasifiquen por tramo de edad, por sexo, ciudad de residencia y
marcas favoritas de trajes de baño.
¡Qué horror! Tantos mensajes emergentes “inundarían” la pantalla y
acabarían liando a los internautas, exclaman Facebook, Amazon, Microsoft,
Google y eBay, que temen que este consentimiento explícito sistemático,
“excesivamente normativo y rígido”, frene su capacidad de “innovar” (¿acaso
no pueden innovar con el permiso de sus clientes?). La alegre pandilla ha
pedido con tanta insistencia a los diputados que renuncien al
consentimiento explícito, que el texto votado por la comisión de
“libertades civiles” del Parlamento Europeo, el 29 de mayo, incluía un gran
número de enmiendas a veces copiadas palabra a palabra de las propuestas de
los lobbies…
La presión de la industria, tan intensa que 18 ONG estadounidenses acabaron
pidiendo solemnemente que Estados Unidos dejara de intervenir en la
legislación europea, sin duda tiene motivaciones económicas. “Los gigantes
de Internet temen que si se otorga un mayor control a los usuarios, se
reducirán las cantidades de datos que tratan”, analiza la asociación
francesa Quadrature du Net. Y han escuchado sus argumentos. Al estimar que
el proyecto es demasiado perjudicial para las pequeñas y medianas empresas
(y además demasiado impreciso y demasiado sensible), los eurodiputados
acaban de modificar el texto, con lo que el debate proseguirá en 2014. De
aquí a entonces, los gigantes de la Web habrán tenido tiempo de recopilar
una buena reserva de datos personales.
Un obstáculo imprevisto
La nueva regulación en materia de protección de datos personales puede
poner en riesgo las investigaciones genealógicas, advierte Helsingin
Sanomat. Según el diario de Helsinki de hecho:
exige que quien realice las investigaciones indique que tiene el
consentimiento de la persona sobre la que lleva a cabo las pesquisas para
el uso de sus datos personales. Eso en la práctica se traduce en que los
genealogistas tienen que pedir el consentimiento a todas las personas vivas
cuyo nombre aparezca en los registros del estado civil. Eso puede ser
millares de personas.
De golpe, apunta el diario, “el futuro de las investigaciones podría verse
limitado al de los ancestros muertos”.
--
Publicado por Blogger para Esteban... grosso mod@ el 6/26/2013 12:26:00 pm
via presseurop.eu
El reciente escándalo de espionaje en Internet por parte de los servicios
de inteligencia estadounidenses ha puesto de manifiesto la urgencia de una
reforma de la normativa europea en materia de datos personales. Un asunto
por el que se enfrentan las asociaciones de consumidores y los lobbies de
los gigantes de Internet.
Camille Gévaudan
Rara vez hemos visto un torrente tan enorme de pasiones como el desatado
por el proyecto de reforma de la política europea en materia de datos
personales. Por una parte, las ONG y las asociaciones de internautas
pegan "hombres en cueros" en tarjetas postales con el sello “ciudadanos al
desnudo” para defender la protección de la vida privada en línea, haciendo
un llamamiento a bombardear con dichas tarjetas a nuestros eurodiputados y
mantenerles alejados de los lobbies.
Al otro lado se encuentran las más poderosas industrias de la Web, que
lloriquean para reclamar más "flexibilidad" cuando manejan los datos
privados de millones de internautas. En medio, los archivistas y
genealogistas agitan su pequeña bandera, pues temen que el principio del
derecho al olvido ponga en peligro la memoria colectiva.
Pero lo que está en juego es mucho más: la reforma que se estudia deberá
sustituir a la directiva europea sobre datos personales, que se votó, como
indica su pequeña designación “95/46/CE”, en 1995. El paisaje digital ha
cambiado con creces desde entonces y hace que sea especialmente obsoleta la
disposición sobre el “consentimiento indudable” de los individuos que debe
condicionar la recopilación de sus datos. ¿Qué quiere decir realmente el
término “indudable”?
Hacer realidad fantasías imaginables
El Grupo de Trabajo G29, que reúne a representantes de todas las Cnil
(Comisión Nacional de Informática y Libertades) europeas, trabajó sobre la
cuestión en 2011. La conclusión fue que este término impreciso “a menudo se
malinterpreta o sencillamente se hace caso omiso del mismo”, con lo que las
empresas pueden hacer realidad prácticamente todas sus fantasías
imaginables: puede ser “una firma escrita, pero también una declaración
oral, o un comportamiento del que se puede deducir razonablemente que
implica un consentimiento”.
El G29 da el ejemplo de un servicio telefónico que ofrece la previsión
meteorológica de la ciudad desde donde llamen los usuarios: si éstos
conocen el principio de funcionamiento del servicio antes de descolgar el
teléfono, y si aún así deciden llamar, se puede concluir que aceptan que la
empresa recopile datos sobre su ubicación. Es la misma lógica de Amazon,
donde a los internautas les sugieren compras de “productos similares” a los
que ya han consultado en el sitio web: al ver estas sugerencias, se supone
que comprenden que su historial de navegación se ha registrado, y si
permanecen en el sitio web de Amazon.com, entonces es que no tienen ninguna
objeción. El “consentimiento” de los internautas se ha transformado poco a
poco en “ausencia de negativa”.
Por consiguiente, la reforma completa de la directiva se ha pensado para
otorgar a los ciudadanos un control eficaz de sus datos. En primer lugar,
consagrando por fin el principio del “derecho al olvido” tan reclamado en
los últimos años. Después, y sobre todo, organizando el regreso triunfal
del término “explícito” junto al término “consentimiento”. Una palabra
pequeña, pero que tiene muchos enemigos. Primero planteada y luego
suprimida en 1995, vuelve a la escena para reflejar el modo en el que una
“persona determinada acepta, mediante una declaración o mediante un acto
positivo unívoco, que los datos de carácter personal sobre dicha persona
van a ser objeto de tratamiento”.
Una inundación de mensajes emergentes”
En la práctica, se podría tratar de un pequeño cuadro de diálogo como el
que ya aparecen en los navegadores Firefox y Chrome, cuando visitamos un
sitio que necesita determinar nuestra ubicación geográfica. Entonces
podemos optar por autorizar al sitio web a recopilar esta información sólo
para la visita en curso, para todas las visitas futuras o… jamás en la
vida. Podemos imaginarnos cómo YouTube muestra un mensaje emergente para
pedirnos permiso e indagar en nuestro historial de navegación antes de
proponeros vídeos de gatitos graciosos.
Nos imaginamos que Facebook nos advierte de que ese teléfono móvil que
acabamos de facilitar para “reforzar la seguridad de [nuestra] cuenta”, se
podrá transmitir a los desarrolladores de Farmville. Soñamos con banners de
publicidad bloqueados en “pausa”, a la espera de nuestra autorización de
que nos clasifiquen por tramo de edad, por sexo, ciudad de residencia y
marcas favoritas de trajes de baño.
¡Qué horror! Tantos mensajes emergentes “inundarían” la pantalla y
acabarían liando a los internautas, exclaman Facebook, Amazon, Microsoft,
Google y eBay, que temen que este consentimiento explícito sistemático,
“excesivamente normativo y rígido”, frene su capacidad de “innovar” (¿acaso
no pueden innovar con el permiso de sus clientes?). La alegre pandilla ha
pedido con tanta insistencia a los diputados que renuncien al
consentimiento explícito, que el texto votado por la comisión de
“libertades civiles” del Parlamento Europeo, el 29 de mayo, incluía un gran
número de enmiendas a veces copiadas palabra a palabra de las propuestas de
los lobbies…
La presión de la industria, tan intensa que 18 ONG estadounidenses acabaron
pidiendo solemnemente que Estados Unidos dejara de intervenir en la
legislación europea, sin duda tiene motivaciones económicas. “Los gigantes
de Internet temen que si se otorga un mayor control a los usuarios, se
reducirán las cantidades de datos que tratan”, analiza la asociación
francesa Quadrature du Net. Y han escuchado sus argumentos. Al estimar que
el proyecto es demasiado perjudicial para las pequeñas y medianas empresas
(y además demasiado impreciso y demasiado sensible), los eurodiputados
acaban de modificar el texto, con lo que el debate proseguirá en 2014. De
aquí a entonces, los gigantes de la Web habrán tenido tiempo de recopilar
una buena reserva de datos personales.
Un obstáculo imprevisto
La nueva regulación en materia de protección de datos personales puede
poner en riesgo las investigaciones genealógicas, advierte Helsingin
Sanomat. Según el diario de Helsinki de hecho:
exige que quien realice las investigaciones indique que tiene el
consentimiento de la persona sobre la que lleva a cabo las pesquisas para
el uso de sus datos personales. Eso en la práctica se traduce en que los
genealogistas tienen que pedir el consentimiento a todas las personas vivas
cuyo nombre aparezca en los registros del estado civil. Eso puede ser
millares de personas.
De golpe, apunta el diario, “el futuro de las investigaciones podría verse
limitado al de los ancestros muertos”.
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Publicado por Blogger para Esteban... grosso mod@ el 6/26/2013 12:26:00 pm












