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Los antecedentes

La información es la circunstancia que precede a una decisión

El legado que ha dejado el Papa Francisco a los brasileños

Leonardo Boff <http://leonardoboff.com/>

[image:
http://www.eluniversal.com.mx/img/2013/07/Est/maestra_brasil-movil.jpg]
No es fácil resumir en pocas palabras los puntos relevantes de las
intervenciones del Papa Francisco en Brasil. Destaco algunos con el riesgo
de omitir otros importantes.
El legado mayor fue la figura misma del Papa Francisco: un humilde servidor
de la fe, despojado de todo aparato, tocando y dejándose tocar, hablando el
lenguaje de los jóvenes y diciendo las verdades con sinceridad.
Representó al más noble de los líderes, el líder servidor que no hace
referencia a sí mismo sino a los demás, con cariño y cuidado, evocando
esperanza y confianza en el futuro.
En el campo político encontró un país perturbado por las multitudinarias
manifestaciones de los jóvenes. Defendió su utopía y el derecho a ser
escuchados.
Presentó una visión humanística en la política, en la economía y en la
erradicación de la pobreza. Criticó duramente un sistema financiero que
descarta los dos polos: a las personas mayores, porque ya no producen, y a
los jóvenes, no creándoles puestos de trabajo. Las personas mayores no
pueden trasmitir su experiencia y a los jóvenes se les priva de construir
su futuro. Una sociedad así puede colapsar.
El tema de la ética, fundada en la dignidad transcendente de la persona, ha
sido recurrente. Con referencia a la democracia ha acuñado la expresión
“humildad social”, que es hablar cara a cara, entre iguales y no desde
arriba hacia abajo.
Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta ha apuntado una opción
siempre posible: el diálogo constructivo. Tres categorías volvían una y
otra vez: el diálogo como mediación para los conflictos, la proximidad a
las personas más allá de todas las burocracias y la cultura del encuentro.
Todo el mundo tiene algo que dar y algo que recibir.
“Hoy, o se apuesta por la cultura del encuentro, o perdemos todos”.
En el campo religioso ha sido más fecundo y directo. Reconoció que ha
habido “jóvenes que perdieron la fe en la Iglesia e incluso en Dios por la
incoherencia de muchos cristianos y ministros del evangelio”.
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http://www.ellitoral.com/diarios/2013/07/30/opinion/OPIN-04-web-images/1785681_fmt.jpeg]
El discurso más severo lo reservó para los obispos y cardenales
latinoamericanos (CELAM). Reconoció que la Iglesia –y él se incluía–, está
atrasada en lo que se refiere a la reforma de sus estructuras . Y les instó
no sólo abrir las puertas a todos, sino a salir al mundo y a las
“periferias existenciales”. Criticó la “psicología principesca” de algunos
miembros da jerarquía.
Tienen que ser pobres interior y exteriormente. Dos ejes deben estructurar
la pastoral: la cercanía al pueblo, más allá de las preocupaciones
organizativas, y el encuentro, marcado de cariño y ternura. Habla incluso
de la necesaria “revolución de la ternura”, cosa que él demostró vivir
personalmente. Entiende la Iglesia como madre que abraza, acaricia y besa.
Los pastores deben cultivar esta actitud materna para con sus fieles. La
Iglesia no puede ser controladora y administradora, sino servidora y
facilitadora.
Enfáticamente afirma que la posición del pastor no es la del centro sino la
de la periferia. Esta afirmación es de destacar: el puesto de los obispos
debe ser o “al frente para indicar el camino, o en el medio para mantenerlo
unido y neutralizar las desbandadas, o atrás para evitar que alguien se
extravíe”, y debe darse cuenta de que “el rebaño tiene su propio olfato
para encontrar nuevos caminos”. Además, da centralidad a los laicos para
decidir junto con los pastores los caminos de la comunidad.
El diálogo con el mundo moderno y la diversidad religiosa: el Papa
Francisco no mostró ningún miedo ante el mundo moderno; desea intercambiar
y ser parte de un profundo movimiento de solidaridad con los privados de
alimento y de educación.
Todas las confesiones deben trabajar juntas en favor de las víctimas. Poco
importa que la atención la preste un cristiano, un judío, un musulmán u
otro.
Lo decisivo es que el pobre tenga acceso al alimento y a la educación.
Ninguna confesión puede dormir tranquila mientras los desheredados de este
mundo estén gritando.
Aquí se impone un ecumenismo de misión, todos juntos al servicio de los
demás.
A los jóvenes les dedicó palabras de entusiasmo y de esperanza. Contra una
cultura de consumismo y de deshumanización les pidió ser “revolucionarios”
y “rebeldes”.
Por la ventana de los jóvenes entra el futuro. Criticó el restauracionismo
de algunos grupos y el utopismo de otros. Puso el acento en la actualidad:
“en el hoy se juega la vida eterna”.
Los invitó siempre al entusiasmo, a la creatividad, a ir por el mundo
difundiendo el mensaje generoso y humanitario de Jesús, el Dios que se hizo
cercano y se encontró con los seres humanos.
En la celebración final había más de tres millones de personas, alegres,
festivas, en el más absoluto orden.
Un aura de benevolencia, de paz y de felicidad descendió sobre Río de
Janeiro y sobre Brasil que sólo podía ser la irradiación del tierno y
fraterno Papa Francisco y del Sentimiento Divino que supo transmitir.

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