[Esteban... grosso mod@] Violencia en el noviazgo
Thursday, August 1, 2013 3:11:23 PM
A nivel estructural, la desigualdad por género se manifiesta a través de la
manera como se conforman las diferentes instituciones sociales, que
privilegian los patrones de control en favor de los hombres, señaló
Eréndira Pocoroba Villegas, del Posgrado de Psicología
Una problemática social observada desde hace más de tres décadas en países
desarrollados y más recientemente en el nuestro, es la violencia que
padecen las mujeres en sus relaciones de noviazgo.
La violencia es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como
el uso intencional de la fuerza o poder físico, de hecho o como amenaza,
contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cause o tenga
probabilidades de provocar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos
del desarrollo o privaciones.
Interesada en este fenómeno, Eréndira Pocoroba Villegas, del Posgrado de
Psicología de la UNAM, presentó su trabajo “Violencia contra las mujeres en
sus relaciones de noviazgo: su impacto en la reproducción del orden de
género”.
Este último es un sistema de dominación que regula las distintas
dimensiones de lo social a partir de la transformación de las diferencias
de sexo en desigualdades sociales, que se sustentan en una lógica
jerárquica y binaria y suponen la subordinación de las mujeres, explicó la
universitaria.
A nivel estructural, la desigualdad se manifiesta a través de la forma en
que se constituyen las diferentes instituciones sociales, que privilegian
los patrones de control en favor de los hombres y en demérito de las
mujeres.
Culturalmente se (re)produce en los valores, las actitudes y las creencias
que se tienen respecto de lo que es ser hombre y ser mujer. En la vida
cotidiana se hace patente mediante el modo en que cada uno concibe dichos
mandatos durante el intercambio interpersonal y forja subjetivamente su
propia identidad a lo largo de sus vidas, como un proceso dinámico que
implica la relación con los demás.
“Así se forma esa identidad: con la apropiación de las diferentes pautas
comportamentales y relaciones, y con la incorporación de los mencionados
desarreglos en desigualdad, lo que tiene mucho que ver con la violencia en
el noviazgo, es decir, se vuelve un mecanismo para restaurar el orden de
género y mantenerlo en ese estado, como si fuera natural e inevitable”,
apuntó.
La OMS estableció una clasificación de los distintos tipos, y se habla de
la ocurrida en el noviazgo (heterosexual) como un fenómeno que se da en una
pareja de jóvenes, que no han vivido juntos y sin hijos entre ellos, y que
parte de un patrón de violencia de género (ésta es el paraguas más amplio,
que abarca diferentes formas contra las mujeres).
Lo que Pocoroba Villegas ha encontrado en su investigación, es que hay tres
ejes en los que se reproduce el orden de género a través de la violencia
contra las mujeres en esa etapa.
En el primero, se repite la concepción sujeto-objeto, es decir, aquella que
considera a la mujer un objeto y, por lo tanto, le resta la capacidad
reflexiva y racional, que es parte de los componentes otorgados a los
sujetos para participar en espacios públicos y políticos, entre otros.
“De este modo, los hombres suponen que la mujer con la que han establecido
un noviazgo es de su propiedad y controlan el uso de su cuerpo y su
ejercicio sexual, mediante la regulación constante de su vestimenta: su
escote, el largo de la falda o de su cabello”, ejemplificó.
De acuerdo con la universitaria, la violencia contra ellas es producto del
proceso de socialización imperante, que lleva a los varones a pensar que
pueden actuar así. De ahí que, en algunas ocasiones, los jóvenes de ambos
sexos no la identifiquen como tal y le otorguen otras significaciones
dotadas de sentido amoroso o lúdico, también asociadas a fallas en la
regulación conductual o afectiva.
El segundo tiene que ver con la reiteración del orden de género en cuanto a
diferenciar dicotómicamente lo masculino de lo femenino. “Los hombres
tienden a limitar cierta gama de expresiones afectivas ya exaltar el
interés sexual como un elemento natural de ellos, mientras que de las
mujeres se espera que restrinjan su sexualidad y sean más recatadas; por lo
demás, ellas son percibidas con mayores facultades para el trabajo
emocional”.
En cuanto al tercer eje, Pocoroba Villegas dijo que reproduce el
ordenamiento social mediante la división, socialmente construida, de los
espacios público y privado.
“Una manera de ejercer violencia emocional es devaluarlas, humillarlas y
degradarlas si, por ejemplo, deciden acceder a espacios que social y
tradicionalmente se vinculan a lo masculino. Este tipo de creencias y
normas conforma la base para justificar, minimizar, trivializar, incluso
naturalizar la violencia contra ellas en este tipo de relaciones”, concluyó.
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Publicado por Este bandido para Esteban... grosso mod@ el 8/01/2013
08:11:00 am
manera como se conforman las diferentes instituciones sociales, que
privilegian los patrones de control en favor de los hombres, señaló
Eréndira Pocoroba Villegas, del Posgrado de Psicología
Una problemática social observada desde hace más de tres décadas en países
desarrollados y más recientemente en el nuestro, es la violencia que
padecen las mujeres en sus relaciones de noviazgo.
La violencia es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como
el uso intencional de la fuerza o poder físico, de hecho o como amenaza,
contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cause o tenga
probabilidades de provocar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos
del desarrollo o privaciones.
Interesada en este fenómeno, Eréndira Pocoroba Villegas, del Posgrado de
Psicología de la UNAM, presentó su trabajo “Violencia contra las mujeres en
sus relaciones de noviazgo: su impacto en la reproducción del orden de
género”.
Este último es un sistema de dominación que regula las distintas
dimensiones de lo social a partir de la transformación de las diferencias
de sexo en desigualdades sociales, que se sustentan en una lógica
jerárquica y binaria y suponen la subordinación de las mujeres, explicó la
universitaria.
A nivel estructural, la desigualdad se manifiesta a través de la forma en
que se constituyen las diferentes instituciones sociales, que privilegian
los patrones de control en favor de los hombres y en demérito de las
mujeres.
Culturalmente se (re)produce en los valores, las actitudes y las creencias
que se tienen respecto de lo que es ser hombre y ser mujer. En la vida
cotidiana se hace patente mediante el modo en que cada uno concibe dichos
mandatos durante el intercambio interpersonal y forja subjetivamente su
propia identidad a lo largo de sus vidas, como un proceso dinámico que
implica la relación con los demás.
“Así se forma esa identidad: con la apropiación de las diferentes pautas
comportamentales y relaciones, y con la incorporación de los mencionados
desarreglos en desigualdad, lo que tiene mucho que ver con la violencia en
el noviazgo, es decir, se vuelve un mecanismo para restaurar el orden de
género y mantenerlo en ese estado, como si fuera natural e inevitable”,
apuntó.
La OMS estableció una clasificación de los distintos tipos, y se habla de
la ocurrida en el noviazgo (heterosexual) como un fenómeno que se da en una
pareja de jóvenes, que no han vivido juntos y sin hijos entre ellos, y que
parte de un patrón de violencia de género (ésta es el paraguas más amplio,
que abarca diferentes formas contra las mujeres).
Lo que Pocoroba Villegas ha encontrado en su investigación, es que hay tres
ejes en los que se reproduce el orden de género a través de la violencia
contra las mujeres en esa etapa.
En el primero, se repite la concepción sujeto-objeto, es decir, aquella que
considera a la mujer un objeto y, por lo tanto, le resta la capacidad
reflexiva y racional, que es parte de los componentes otorgados a los
sujetos para participar en espacios públicos y políticos, entre otros.
“De este modo, los hombres suponen que la mujer con la que han establecido
un noviazgo es de su propiedad y controlan el uso de su cuerpo y su
ejercicio sexual, mediante la regulación constante de su vestimenta: su
escote, el largo de la falda o de su cabello”, ejemplificó.
De acuerdo con la universitaria, la violencia contra ellas es producto del
proceso de socialización imperante, que lleva a los varones a pensar que
pueden actuar así. De ahí que, en algunas ocasiones, los jóvenes de ambos
sexos no la identifiquen como tal y le otorguen otras significaciones
dotadas de sentido amoroso o lúdico, también asociadas a fallas en la
regulación conductual o afectiva.
El segundo tiene que ver con la reiteración del orden de género en cuanto a
diferenciar dicotómicamente lo masculino de lo femenino. “Los hombres
tienden a limitar cierta gama de expresiones afectivas ya exaltar el
interés sexual como un elemento natural de ellos, mientras que de las
mujeres se espera que restrinjan su sexualidad y sean más recatadas; por lo
demás, ellas son percibidas con mayores facultades para el trabajo
emocional”.
En cuanto al tercer eje, Pocoroba Villegas dijo que reproduce el
ordenamiento social mediante la división, socialmente construida, de los
espacios público y privado.
“Una manera de ejercer violencia emocional es devaluarlas, humillarlas y
degradarlas si, por ejemplo, deciden acceder a espacios que social y
tradicionalmente se vinculan a lo masculino. Este tipo de creencias y
normas conforma la base para justificar, minimizar, trivializar, incluso
naturalizar la violencia contra ellas en este tipo de relaciones”, concluyó.
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Publicado por Este bandido para Esteban... grosso mod@ el 8/01/2013
08:11:00 am












