El futbol es parte de mi vida, practico la posicion de aficionado la cual me sale bastante bien, B

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“El Milán de Sacchi cambió para siempre el fútbol con una nueva forma de defender”
La frase es de Emilio Butragueño, que sufrió en sus carnes una forma colectiva perfecta de defender.
El Milán de Arrigo Sacchi fue el mejor equipo del mundo desde 1989 hasta 1995, ya bajo la dirección de Fabio Capello.
El Milán de finales de los 80 fue un equipo que comenzó a construirse en 1986. Berlusconi, Presidente del club, compró un equipo que había estado pasando malos momentos (serie B incluida). Lo primero que hizo fue contratar a Ruud Gullit, un año más tarde llegó Marco Van Basten (lesionado la mayor parte de 1987), y un año más tarde lo hizo Frank Rijkaard. Los tres ya eran internacionales con Holanda y había destacado en la liga holandesa.
Ese mismo año 87, el Milán es eliminado de Copa de Italia por el Parma, entonces en la serie B y Berlusconi se encaprichó del que era su entrenador, el estudioso y desconocido Arrigo Sacchi.
Además del trío de holandeses, llegaron el portero G. Galli de la Fiorentina, Donadoni de la Cremonese, Colombo del Avellino, Ancelotti de la Roma, Virdis de la Juve y Evani de la Sampdoria. Todos ellos se unieron a Tassotti y Baresi que ya estaban en la plantilla. De la cantera subieron dos jóvenes promesas, Maldini (nombre histórico en la casa) y Costacurta, dos defensas con un futuro muy prometedor.
Sacchi comenzó a ensayar una defensa que ahogaba al rival por todo el campo, achicando espacios y juntando hasta cuatro hombres en la presión al jugador del equipo contrario que tuviera el balón. La defensa, comandada por Baresi, jugaba adelantadísima, casi a la altura de medio campo, e hizo de la trampa del fuera de juego un arte. Mientras Costacurta marcaba al delantero más peligroso del equipo contrario, Baresi dirigía todos los movimientos de la línea de cuatro. Al contrario de lo que se piensa, Baresi no era un líbero, al estilo de Beckenbauer o Scirea, si no que era un hombre que barría toda la zona, tapando todos los huecos dejados por sus compañeros.
La tripleta de medio - centros del Milán (Ancelotti, Rijkaard y Colombo) ahogaban y apretaban al equipo contrario como antes jamás se había visto. Las subidas de Rijkaard, la habilidad de Donadoni en la banda, el completísimo juego de Gullit y el genio de Van Basten, completaban un equipo que se convirtió en el terror de Europa.
En 1989 machacó al gran Real Madrid de la Quinta del Buitre, por 5-0, en el partido de vuelta de las semifinales de la Copa de Europa, y luego arrasó al Steaua de Bucarest, en la final, por 4 a 0 con dos goles de Gullit y dos de Van Basten.
Al año siguiente, 1990, Rijkaard, les daba la 4ª Copa de Europa de su historia, anotando el único gol de la final contra el Benfica, en el Prater de Viena. Un golazo de desmarque, fuerza y precisión en la definición.
En 1991, con la salida de Sacchi, tras fuertes desavenencias con los pesos pesados de aquel equipo hubo cambio en el banquillo.
Llegó Fabio Capello y con él van apareciendo durante los años siguientes nuevos jugadores. Savicevic, Boban, Papin, Lentini, Desailly, Eranio, Simone, o el porterro Rossi van llegando al equipo, que se hace más defensivo aún pero que mantiene su excelente nivel competitivo. A su vez van causando baja los G. Galli, Colombo, Gullit, Van Basten (su tobillo dijo basta en 1993), Rijkaard …
El club siguió ganando, logró 3 Scudettos consecutivos (92-93-94), perdió la final de la Champions en Munich en 1993 ante el Marsella y un año después arrasó al Dream Team de Cruyff, por 4-0, en la final de Atenas del 94.
El final de aquel equipazo fue la final de Champions del 95, contra el Ajax, donde Rijkaard, ya en la filas “ajacied”, en una gran jugada, participa en el gol de Kluivert, que da el título a los holandeses sobre la hierba del Prater vienés.
El Milán de Sacchi, continuado por Capello, es un equipo que ha marcado la historia del fútbol por su forma de defender. Al fútbol europeo le demostró que era un “fútbol total” desde la defensa, algo nunca visto antes y mal imitado después.
¿Que tal? Muy bueno no