Ignacio Navarro
Saturday, 28. April 2007, 08:20:32
Ignacio Navarro nació en 1953 en Córdoba, Andalucía, España.
En su familia, ya existían antecedentes artísticos como su tía Aurelia Navarro, reconocida pintora española del siglo XIX-XX. Ella obtuvo dos Menciones Honoríficas y dos terceras medallas en la Exposición Nacional de Bellas Artes en Madrid. Años 1904, 1906 y 1908.
La vocación de Ignacio Navarro por el dibujo y la pintura, comienza en su infancia. Realiza sus primeras exposiciones a la edad de 7 años, participando en los Certámenes Juveniles de Arte en Córdoba, obteniendo primeros premios y Diploma de Honor. Años 1961, 1962, 1964 y 1967.
Termina el Bachillerato Superior y empieza a estudiar Derecho en la Facultad de Filosofía y Letras en Córdoba. Al mismo tiempo, recibe clases de dibujo y pintura en le estudio del reconocido pintor cordobés Miguel del Moral. Fundador con otros artistas de la revista cultural "Grupo Cántico".
Estudia en las Escuelas de Bellas Artes de Córdoba, Granada y Santa Isabel de Hungría en Sevilla. Años 1971, 1972 y 1973.
Durante los siguientes años, viaja por Europa, Asia y África, aprendiendo nuevas técnicas y experimentando nuevas perspectivas artísticas y filosóficas.
En este periodo de tiempo, realiza varias colecciones de pintura y dibujo en Inglaterra, Francia, Italia, Portugal, Bulgaria, Turquía, Irán, Afganistán, Marruecos y Argelia. Años 1973 – 1981.
Aprende la técnica del grabado (punta seca y aguafuerte), en la Escuela Taller de Artes y Oficios de Córdoba, bajo la dirección del pintor y grabador Emilio Serrano. Año 1982.
En este mismo año, realiza por encargo del Concesionario de Opel G.M. en Córdoba, un mural de grandes dimensiones para su exposición permanente.
Posteriormente en los años 1997 y 2000, realiza dos murales de cerámica y un mural óleo sobre lienzo para esta misma empresa.
Aprende la técnica de cerámica esmaltada en Sevilla. Años 1986 – 1988.
Trabaja diseñando para fabricantes de loza y porcelana con la sociedad "Cerámicas Almohaza, S.A." en Madrid. Años 1990 – 1991.
Ha trabajado para algunas firmas de decoración e interiorismo como "Casa & Jardín". Madrid.
Actualmente, Ignacio Navarro trabaja en su estudio en Guadiaro, Cádiz, donde vive con su familia.
Su trabajo está enfocado a investigar en su propia pintura y al mismo tiempo realiza exposiciones y encargos específicos de pintura, dibujo y cerámica.
Ignacio Navarro, como todo artista auténtico, construye su sintaxis a partir de su experiencia vital. Experiencia que, en este caso, no es sino la del navegante solitario que sobrevive a una muerte espiritual y cuya necesidad de expresión nace de la inquisición profunda que sobre su alma ejercieron las instituciones: Iglesia, Estado, Banca, jet-set. Una sola alegoría, siempre la misma, autorreproduciéndose sin cesar, como una hidra de mil rostros, escenario único donde muerte y resurrección aparecen juntas en un auto de fe, en una imagen programada del Juicio Final, como en el Apocalipsis del beato de Liébana. Pero detrás del carnaval doliente —como en Ensor— aparece la pura necesidad de expresión, elixir que devuelve el alma torturada del artista, por un momento, a la salud, a la pureza y a su condición original. Tal vez detrás de toda esa iconografía —del uso premeditado e inevitable de esos "símbolos mayores de la tragedia hispana", de esa crítica del sistema, tan despiadada y compasiva a un tiempo— no se esconda sino una profunda necesidad de trascendencia, de una espiritualidad que ha sido negada una vez y otra, una mirada tras otra, un silencio tras otro. Cobra así sentido la expresión de la máscara que trata de esconder a un rostro desacralizado, avergonzado de sus propias miserias, de las arrugas delatoras y de la ineficacia del maquillaje, un rostro reducido a las cenizas de su expresión. Es entonces aún más oportuna la mueca que pregunta al mismo tiempo que nos va desvelando el horror que anida en el corazón de las iglesias, en las almas de los fieles despojados de lo sagrado, de cualquier espiritualidad, de cualquier belleza. Todo desvelamiento, toda descripción, implica un compromiso con aquello que tenemos por verdad, con lo que consideramos real. Por eso, la crítica moral implícita en las figuras que componen la alegoría de Ignacio Navarro nace de la necesidad de construir un espacio donde el alma pueda trascender, libre de la tiranía de esas expresiones que la coaccionan y la agreden sin remisión. El sentido de ese desvelamiento tiene que ver también con una purificación interior. El ser humano puro e incondicionado, que se da cuenta del bien que le supone ser dueño de su propio destino, se rebela ante la coacción que las instituciones, los poderes, tratan de ejercer sobre él por medio de expresiones, palabras e ideas. Y reivindica entonces el derecho a la libre expresión, a la inspiración, al momento real que está ocurriendo. El artista, en este caso, quiere a toda costa vivir en la realidad y para ello necesita conjurar los fantasmas que tratan de impedírselo irrumpiendo en su conciencia y afectando a su sensibilidad. Para ello necesita expulsarlos mediante un acto de creación, conjurarlos entre enérgicas líneas y pinceladas que dicen lo que las palabras no pueden sugerir.
Rafael Cabrera. Pintor, escritor, crítico de Arte.
Web de Ignacio Navarro: http://www.ignacionavarroh.com/
Título de la obra: "Fábula"







