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Un revés al Darwinismo

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LOS CRANEOS FOSILES PROPINAN UN REVES AL DARWINISMO http://www.harunyahya.es

La tesis de Darwin, lanzada a mediados del siglo XIX y que propone que los seres humanos y los monos evolucionaron a partir de un antecesor común, no pudo ser respaldada con pruebas científicas desde entonces hasta ahora. Todos los esfuerzos en tal sentido, realizados en aproximadamente 150 años, resultaron nulos.
La verdad es que el conjunto de fósiles reunidos han probado que los monos siempre fueron monos y que los seres humanos siempre fueron seres humanos. Es decir, lo que se comprueba es que los monos no se transformaron en seres humanos y que unos y otros tampoco compartieron un antecesor común.
Muchos científicos se animaron a decir esto que expresamos, a pesar de la intimidación a la que se vieron sometidos por parte de los círculos académicos y a pesar de la intensa propaganda darwinista en la materia. Uno de esos estudiosos es el paleontólogo de la Universidad de Harvard David Pilbeam, quien dijo que la llamada “evolución humana” es una aseveración desprovista de argumentos científicos:
Si usted hubiese traído un talentoso científico de otra disciplina y le mostraba la escasa evidencia (recogida), seguramente hubiese dicho: “Olvídelo, con esto no vamos a ningún lado”1.
William Fix, autor del libro de paleontología El Mercachifle de Huesos, manifiesta la falta de evidencia científica para la llamada evolución del ser humano:
Como podemos ver, hoy día existen numerosos científicos y divulgadores que se atreven a decirnos que no hay “ninguna duda” en cuanto al origen del ser humano. Si sólo ellos tenían la evidencia….2
Frente al desengaño sufrido con los registros fósiles y la falta de pruebas, lo único que les quedaba a los evolucionistas era reacomodar los cráneos comprobadamente falsificados y especular sobre los mismos. De todas maneras, las investigaciones hechas sobre cráneos de monos, de otros animales y de distintas razas humanas que vivieron en el pasado, revelaron que esas criaturas tuvieron que haber existido con todas sus características intactas, sin modificaciones a la largo de la historia.
Ello significa que los seres vivos no han sufrido ningún proceso evolutivo y que fueron creados por Dios Todopoderoso. Como lo revelan los ejemplos de las páginas siguientes, los cráneos, al igual que otros órganos y miembros de muchas de esas formas de vida –ranas, lagartos, libélulas, moscas y cucarachas–, tampoco cambiaron. Tampoco se modificaron las cabezas de los peces y de los pájaros. Los leones, los lobos, los zorros, los leopardos y las hienas, asimismo, poseen hasta la actualidad esa estructura con la que fueron creados.
Las respectivas anatomías inmodificables refutan la supuesta evolución de los seres vivientes.

Mientras los materialistas hablan de la llamada evolución humana y arreglan el árbol genealógico como más les gusta, presentan la saliente de las cejas, las características del rostro y los volúmenes de los cráneos desenterrados, como evidencias de su tesis. Pero esas diferencias estructurales no son, de ninguna manera, argumentos valederos a favor de la evolución, porque algunos de esos cráneos son de distintas razas humanas en tanto que otros pertenecen a especies de monos extintas. Es totalmente natural que distintos grupos de nuestros congéneres posean algún tipo de diferencias. Lo mismo pasa con la forma de la cabeza de distintos tipos de peces. Por ejemplo, la cabeza del salmón-trucha es muy distinta a la de la anguila, aunque ambos son peces.
Es así, que entre pigmeos y británicos, entre rusos y chinos, entre esquimales y nativos de otras partes del mundo o entre negros y japoneses, encontramos diferencias en la estructura del rostro, la proyección de las cejas, las cavidades oculares y los volúmenes craneales.
Pero esas disparidades no significan que una raza ha evolucionado a partir de otra o que alguna de ellas es “más primitiva” o “más avanzada” que otras.
Cuando un determinado grupo humano no se mezcla o cruza con otros, sus rasgos permanecen los mismos. Independientemente del tiempo que pase, estas personas no evolucionarán ni adquirirán características nuevas, como cráneos con volúmenes mayores o estructuras anatómicas distintas.
Por ejemplo, algunos nativos actuales de Malasia tienen un arco superciliar con una marcada proyección hacia afuera y la frente inclinada hacia atrás. Esos son rasgos propios del cráneo del Homo erectus, al que los evolucionistas llaman “primitivo”. Si esto fuese así, esos malayos serían subdesarrollados que evolucionaron hace poco a partir de los monos. Pero por supuesto, para nada esto es así. Por el contrario, lo que sucede es que el Homo erectus no era una especie humana primitiva y que el “árbol genealógico” de los darwinistas es, simplemente, una mentira.
En resumen, las diferencias anatómicas de los seres humanos que vivieron en el pasado no representan ninguna evidencia de la evolución, pues siempre estuvieron presentes en toda época. Si dentro de miles de años un científico compara los cráneos de un americano de 1,90 metros de altura y de un japonés de 1,60 metros de altura, que se murieron en estos tiempos, observará muchas diferencias, empezando por sus dimensiones.
Y si en base a esas observaciones afirma que los americanos eran “más avanzados evolutivamente” y que los japoneses eran homínidos primitivos, estaría expresando algo totalmente alejado de la verdad.
Además, la medida del cráneo no determina la inteligencia o habilidad del ser humano. Mucha gente tiene un pronunciado desarrollo de distintas partes del cuerpo pero poseen capacidades mentales limitadas o, por el contrario, se encuentra una inteligencia muy aguda en un cuerpo o cráneo pequeño. A esto se debe que el “arreglo del árbol evolucionista” carece de valor científico y no refleja la realidad. Asimismo, los distintos volúmenes craneales tampoco corresponden a diferencias en la inteligencia y otras capacidades.
El cráneo de quien desarrolla una intensa actividad mental no se expande o crece en el curso del tiempo sino que, simplemente, la persona aumenta su capacidad de discernimiento. La inteligencia no se modifica según el volumen del cerebro sino que aumenta o disminuye según la organización de las neuronas y la sinapsis entre las mismas3.

Que los Monos Imiten Algunos Comportamientos no Significa que Puedan Evolucionar y Convertirse en Seres Humanos
Los darwinistas afirman que la capacidad de imitación de los monos aporta a la idea de que algunos evolucionaron y se transformaron en seres humanos. Pero su aptitud de imitación de gestos y comportamientos o para diferenciar formas y colores enseñados, no es más que la reacción a un estímulo y no significa talento para evolucionar y convertirse en humanos con el paso del tiempo. Si fuese así, sería de esperar que especies animales consideradas inteligentes –perros, gatos, caballos– evolucionen y gradualmente se conviertan en iguales a nosotros.
Por ejemplo, los loros entrenados discriminan las formas redondas y cuadradas, el rojo y el azul y pueden reemplazar objetos de una manera correcta. También poseen la capacidad de imitar la voz humana, cosa que los monos no pueden hacer. Entonces, según los supuestos irrazonables de los darwinistas, los loros tendrían una posibilidad muy grande de evolucionar y convertirse en humanos inteligentes.
Otro animal conocido por su inteligencia es el zorro. Según la “lógica darwinista”, los cráneos de los zorros debieron haber crecido gradualmente en proporción a su calidad de discernimiento y en algún momento tuvieron que haber emprendido el camino de la evolución y pasar a ser una especie tan conciente e inteligente como los humanos. Sin embargo, eso no sucedió nunca y los zorros siempre fueron zorros.
Llama la atención ver a académicos que intentan explicar seriamente los absurdos supuestos mencionados, valiéndose para ello de términos científicos y denominaciones en latín. Independientemente del desarrollo que alcancen los monos en sus capacidades, habilidades o imitación de lo que ven, eso nunca los transformará algún día en seres humanos. Los monos siempre fueron monos y siempre permanecerán así. Por más que los evolucionistas se esfuercen por defender sus argumentos, la verdad es evidente: el ser humano no pasó a existir a través de un proceso evolutivo sino que ha sido creado por Dios con la inteligencia y conciencia que El le dio. Siempre tuvimos y tendremos las cualidades que manifestamos, cosa que nos lo evidencia la ciencia y el sentido común.
La Fábula de la Evolución Humana Está Llena de Engaños
A lo largo de la historia geológica, en el planeta han vivido más de 6000 especies de monos, la mayoría extintos. Hoy día sólo quedan 120 especies. Pero las que desaparecieron constituyen un buen recurso para los evolucionistas. Es decir, con los cráneos de las especies de monos extintas y con otros de humanos, formaron una secuencia desde pequeños a grandes y los rodearon de comentarios interesados. Mediante éste y otros métodos, durante años buscaron adherentes al evolucionismo y engañar a la gente. Pero hoy día, seguramente, están comprobando que artilugios de este tipo ya no les sirven más.
A continuación enunciamos algunas de las “evidencias” que fabricaron y usaron los materialistas para convencer al desprevenido que el escenario de la evolución humana es algo cierto.
1. El Hombre de Piltdown, descubierto por Charles Dawson en 1912 y que supuestamente tenía 500.000 años, fue presentado como una prueba contundente de la llamada evolución humana. Sin embargo, unos 40 años después del “descubrimiento del fósil”, los científicos lo reexaminaron y pusieron de manifiesto un fraude sorprendente. El cráneo pertenecía a una persona que había vivido hacía 500 años y el hueso de la mandíbula a un mono que había muerto hacía poco. Los dientes fueron implantados en el maxilar con un cierto orden. Los puntos de unión se habían rellenado dándole la apariencia de una boca humana. Y todas las piezas fueron teñidas con dicromato de potasio para darle la apariencia de algo muy antiguo.
2. Henry Fairfield Osborn, director del Museo de Historia Natural de Norteamérica, declaró en 1922 que había encontrado un molar fosilizado del Plioceno en el oeste de Nebraska, cerca de Snake Brook. Supuso que esa pieza dental tenía características comunes al ser humano y al mono y que provenía de una especie hasta el momento desconocida, a la que denominó “Hombre de Nebraska”. Distintas personas, basadas en ese solo diente, realizaron bosquejos de la cabeza y el cuerpo de su presumible dueño. ¡Pero después fue retratado incluso con su familia!
De todos modos, en 1927 se encontraron otras partes de los restos del cuerpo al que pertenecía ese diente. Entonces se supo que éste no pertenecía a un ser humano ni a un mono sino a una especie extinta de cerdo salvaje llamado Prosthennops.
3. En la India se encontró en 1932 un fósil que se supuso era testimonio del momento en que divergieron los monos de los seres humanos, cosa que habría ocurrido hace 14 millones de años. Se lo llamó Ramapitecus y se lo conoce como la falacia más grande y duradera de la teoría de la evolución. Los darwinistas lo usaron como sólida evidencia de sus puntos de vista durante 50 años. Sin embargo, un análisis pormenorizado reveló que las características dentarias del Ramapitecus eran totalmente similares a las de algunos chimpancés de la actualidad, como, por ejemplo, el Theropitecus galada, mandril que vive en Etiopía y posee incisivos y caninos pequeños en comparación con los de otros monos actuales y un rostro pequeño. Science publicó en abril de 1982 un artículo titulado “Los Humanos Pierden un Antecesor Primitivo”, en el que anuncia que el Ramapitecus se trata solamente de un orangután extinto.
4. En julio de 1984 se descubrió en Lake Turkana (Kenya) un esqueleto casi completo que obviamente era de ser humano. Se lo denominó Muchacho de Turkana, se calculó que al morir tendría 12 años y que en la adultez habría medido 1,83 metros de altura. Su estructura erecta no se diferenciaba en nada de la de los humanos de hoy día. Resultaba igual en todas sus características a los esqueletos de las personas que viven en las regiones tropicales. Richard Leakey dijo que este muchacho pasaría inadvertido en medio de una multitud de personas en la actualidad4. Debido a que fue encontrado en un estrato con una antigüedad de 1,6 millones de años, fue clasificado como otro representante de Homo Erectus. Se trata de un ejemplo típico de la interpretación tendenciosa y prejuiciosa de los fósiles por parte de los evolucionistas.
5. El antropólogo Donald Johanson descubrió en 1974 un fósil al que denominó “Lucy”. Muchos evolucionistas afirmaron que se trataba de una forma intermedia entre los humanos y los denominados antecesores homínidos. Sin embargo, otros análisis de esos restos revelaron que Lucy era solamente miembro de un grupo extinto de monos, conocido como Australopiteco. La medida del cerebro de éste es similar a la del chimpancé. Muchas otras particularidades –detalles en el cráneo, la proximidad de las cejas, los molares agudos, la estructura de la mandíbula, los brazos largos, las piernas cortas– evidencian que estas criaturas no se diferenciaban en nada de los chimpancés de hoy día. Incluso las pelvis son semejantes5.
6. Richard Leakey presentó el cráneo al que dio una antigüedad de 2,8 millones de años y que denominó KNM-ER 1470, como el mayor descubrimiento en la historia de la antropología.
Según dicho investigador, ese cráneo tenía un volumen similar al de los Australopitecos, a la vez que su rostro sería parecido al de los humanos actuales. En consecuencia, consideró que era el eslabón perdido entre los Australopitecos y los seres humanos. No obstante, poco después se comprobó que KNM-ER 1470, con su rostro humano y que apareció con frecuencia en las tapas de las revistas y periódicos científicos y de divulgación de esos temas, era el resultado de un ensamblaje incorrecto de fragmentos craneales. No se descarta que ese “error” haya sido deliberado.
Como podemos ver, no hay ningún descubrimiento que respalde, y mucho menos que confirme, la teoría de la evolución. Sólo la sostienen algunos investigadores que, aunque carecen de fundamentos científicos, creen en ella ciegamente. Es gente así la que recurre a construcciones engañosas e interpretaciones prejuiciosas y que también quiere que otros las acepten. Todas las noticias e ilustraciones acerca de los llamados “antecesores de los humanos” son simples inventos. Las evidencias sólidas han demolido la fábula de la evolución humana.
En las páginas que siguen daremos ejemplos de cráneos fosilizados que invalidan la teoría de la evolución. Se trata de las pruebas de que las criaturas vivientes nunca han cambiado a lo largo de la historia, que ninguna existencia se transformó en otra distinta y que cada especie siempre fue la misma, con las mismas características desde que aparecieron en el planeta.
También pondremos de manifiesto el atolladero en el que se encuentra el pensamiento evolucionista y lo ilógico del mismo. Por ejemplo, los darwinistas afirman que las especies mejoraron a través de cambios continuos. Pero, ¿cómo explican la regularidad permanente que se ve en las criaturas vivientes? La teoría de la evolución, que afirma que los humanos descienden de los monos, debería explicar porqué otras especies no pasaron por un proceso de transformación similar al que, ellos imaginan, experimentaron los monos.
Los darwinistas no pueden decirnos porqué los osos no decidieron convertirse en bípedos o porqué un zorro no se convirtió en un profesor experimentado por medio del desarrollo de su inteligencia o porqué un panda no se convirtió en un pintor creador de grandiosas obras de arte. La idea de la evolución ha sido expresada con una “lógica” y ejemplos que lo único que hacen es exponer la inconcebible irracionalidad del darwinismo, que hasta los niños pueden rechazar con facilidad. El evolucionismo se presenta como una teoría científica pero en realidad es una ideología disparatada e increíble.
Como verán, el darwinismo es el mayor escándalo en la historia de las ideas, pues se fundamenta totalmente en mentiras, en fraudes y en afirmaciones ilógicas y absurdas.

1. Richard E. Leakey, La Formación de la Humanidad , Londres: Joseph Limited, 1981, p. 43.
2. William R. Fix, El Mercachifle de Huesos, New York: Mcmillan Pub. Com., 1984, pp 150-153.
3. Marvin Lubenow, Bones of Contention, Grands Rapids, Ml:Baker, 1922, p. 136.
4. Idem, p. 83.
5. Richard Allan y Tracey Greenwood, “Los Primates y la Evolución Humana” en el libro de texto de biología de primer año de la universidad, 1999, Cuaderno de investigaciones y de actividades estudiantiles. (“Biozone Internacional”, impreso en Nueva Zelanda), p. 260.

(POR CORTESÍA DE HTTP//WWW.HARUNYAHYA.ES)

La prueba de la Existencia y Unidad de El Dios

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La Prueba de la Existencia
Y
Unidad de Al-lah

Por

Muhammad Mutwally El Sharawi

(Extracto traducido del inglés por: Musa Bao)


“Vuestro conocimiento de la existencia de Al-lah
¡Glorificado y Ensalzado Sea! es, ante todo, algo
Inexistente e intuitivo. En segundo lugar,
Algo intelectual logrado por la razón.
Y en tercer lugar, algo empírico cuyo origen
Descansa sobre la sensación y la percepción”.





Modos Internos y Externos de Percepción


El ser humano posee ciertas formas del sentido de la percepción -el oído, la vista, el olfato, el gusto y el tacto-que le caracterizan concediéndole acceso al mundo exterior. También es poseedor de ciertas facultades latentes a través de las cuales es capaz de entenderse así mismo y a su conciencia. Por lo tanto, tiene acceso a ambos mundos; uno al mundo exterior y otro al mundo de uno mismo; el interno.
Estos accesos que le introducen al mundo exterior son conocidos como los sentidos y aquellos que lo introducen al interno, son llamados intuitivos.
Tales intuiciones son inherentes en el ser humano sin que este tenga el conocimiento de como funcionan y de como ha llegado a ser receptor o poseedor de ellas.
Para poder demostrar este punto permitámonos dirigir nuestra atención a observar los objetos de percepción.
El hombre ve formas y colores, escucha voces, toca las cosas, saborea y discrimina entre lo amargo y lo dulce, olfatea olores que tanto pueden agradarle como disgustarle. Todo esto le hace establecer contacto con el mundo exterior. Pero existen otras percepciones que no obtenemos por ese mismo sistema. Pongamos un ejemplo; una persona puede sentir que tiene hambre, pero ¿a través de cual de sus sentidos experimenta esa sensación?; ¿a través de sus ojos?, ¿de su nariz?, ¿del tacto?, ¿su poder de audición?...sencillamente no; a pesar de todo, se da cuenta de que tiene hambre.
Debe de haber por lo tanto en nuestro interior, formas de percepción ajenas a las que nos permiten percibir el mundo exterior. Alguien puede amar a alguien y también llegar a odiarle. ¿De que manera entonces podemos percibir este amor o este odio? El hecho de que estas sensaciones existan demanda alguna forma de percepción, lo que sucede es que dicha forma no está estructurada dentro del margen de los sentidos burdos o externos. Esto es debido, a que cuando los estudiosos decidieron expresarse, lo hicieron basándose a través de la referencia obtenida con los sentidos externos y de una manera muy escrupulosa. Hablan de cinco sentidos (externos).
Este cuidado demanda la existencia de otros sentidos (no externos) que unen al hombre con su mundo interno. Sería una incoherencia en contra de la razón, que el ser humano tuviese formas de percepción que le unen con el mundo exterior, mientras que el mundo dentro de él se abandona a un estado de imperceptibilidad.
Para poder captar lo que existe en su interior, el hombre debe por el contrario percibirlo directamente desde su presencia externa.


La Intuición Testifica la Existencia de Al-lah


El tener tales formas interiores de percepción implica la validez de nuestra conciencia intuitiva sobre la existencia de Al-lah. Esta conciencia intuitiva pudiera ser imprecisa; aun así, testifica la existencia de alguna clase de poder detrás de este universo de percepción sensorial. El nombre de Al-lah se encuentra mucho más allá de la percepción intuitiva. Pero... ¿se puede percibir Al-lah a través del oído? Alguien tuvo entonces que decirnos que el poder así percibido es llamado Al-lah, ya que un nombre no se manifiesta a través de la percepción intuitiva. ¿Cual sería entonces nuestra evidencia para demostrar este poder? Personalmente, nada sé respecto a este punto, ya que se encuentra fuera de los dominios del intelecto.

Cuando los filósofos de otros tiempos (especialmente los griegos) se encontraban totalmente inmersos e inmensamente preocupados con este tema, fue en ese momento cuando dio comienzo el estudio de las metafísicas. Tal como la palabra “metafísicas” sugiere, ellos intentaban mirar más allá de la naturaleza física. ¿Quien les dijo que había algo que tenía que ser buscado y estudiado? ¿Como llegaron a la conclusión de la existencia de algo que tenía que ser encontrado detrás de la materia? Tanto si lo han conseguido o han fallado en el intento, esto aquí es algo que no nos concierne; lo que nos interesa es el hecho de que aquellos hombres sintieron la necesidad de dirigir sus miradas mas allá de la naturaleza. Lo curioso y sobretodo sorprendente, es que tuvieron la iniciativa de hacerlo. Dicha iniciativa tuvo que haberse desarrollado por causa de alguna clase de conciencia intuitiva, cierta clase de conciencia todavía en proceso de evolución, que testificó y asimiló el hecho de que algo tenía existencia detrás del universo material. El universo, decían, no pudo haberse generado así mismo, sino que tenía que existir tras él algún tipo de poder. Fue debido a este razonamiento cuando comenzaron a buscar la causa de ese poder canalizando todas sus energías y pensamientos hacia ello. De no existir dicha conciencia no hubiesen estado tan preocupados y tan determinados a investigarlo.
Una vez más, debemos de considerar la plataforma de madurez intelectual alcanzada por aquellos pensadores quienes dejaron al descubierto pruebas de la existencia de Al-lah. Seguramente que estos hombres tuvieron que haber alcanzado una cierta edad en el momento que decidieron tomar la iniciativa que les llevaría a descubrir esas pruebas. Nadie se dedica a la práctica de la lógica antes de los veinte años de edad.
Pensadores, quienes ofrecen pruebas de la existencia de Al-lah, deben estar entre los 20 y los 30 años.¿Entonces, en que terreno estos hombres adoraban a Al-lah -Alabado Sea- antes de haber podido encontrar la prueba de Su existencia?
Su búsqueda por obtener tal prueba es una evidencia implícita de su creencia en un existente Al-lah. Ellos Le buscaron por deducción de su creencia anterior. Por consiguiente, lo que conduce a la mente para encontrar la prueba de la existencia de Al-lah es el Ser Inasible, su creencia intuitiva localizada en el alma y que es un poder cierto detrás del mundo material, un poder que debe ser buscado hasta encontrarlo.




Filosofía Mezcla Frecuentemente
Razón e Imaginación


Los filósofos no estaban satisfechos con permanecer dentro de la capacidad de sus mentes, sino que se consumieron a si mismos al intentar incluir en su investigación algo inadecuado en ello. ¿Que fue lo que intentaron incluir?
A pesar que las facultades naturales de la mente persisten en argumentar la existencia de Al-lah -Alabado Sea- aun así el hombre se obceca en su búsqueda a través de los confines de la tierra por alguna evidencia con la cual pudiera deducir dicha existencia. De encontrarla, su mente quedaría satisfecha. Después de todo, recibiría conocimiento de ese poder, a través del mismo poder en cuestión. Detengámonos aquí para tratar de clarificar este punto.
Lo que entorpece a pensadores y filósofos en sus intentos para poder llegar a conocer este trascendental poder, es su confusión entre la razón y la imaginación. Incluyen a la imaginación en una labor de la razón y acto seguido lo mezclan. ¿A que se debe este comportamiento? Sencillamente, a que descansa dentro de la capacidad de la mente; la razón puede concluir en la existencia de algún poder detrás de este mundo material. La mente (a pesar de todo), no puede hacerlo por si misma y decirnos el nombre de dicho poder, su trascendencia, sus atributos, sus demandas sobre nosotros o lo que pueda proporcionarnos si nos sometemos a él.
La mente no nos informa de tales cosas. Permítaseme ofrecer una analogía para mostrar lo que intento explicar: Si cerrásemos la puerta de esta habitación y poco después sonase el timbre, todos estaríamos de común acuerdo de que hay alguien al otro lado de la puerta. Pero, si por el contrario, comenzamos a preguntarnos a nosotros mismos: ¿quien será el que está llamando al otro lado de la puerta? ¿Será hombre, mujer, joven, viejo, blanco o negro; será portador de buenas o malas noticias? En ese mismo instante de intuición nuestras opiniones comenzarían a ser diferentes. ¿Y esto, a que se debe? Sencillamente, porque no es una función para ser realizada por la razón, sino por la imaginación.
Por lo tanto, lo que aquí consume a los filósofos es que intentan imaginar a Al-lah, cuando opuestamente dicha imaginación va mas allá de algo que está innata e intuitivamente impregnado en la mente. Digo esto, porque cada uno fabrica en su propia imaginación cosas inexistentes que guardan relación con tangibles objetos que nos son familiares. Esto es parecido al caso en donde la gente carece de experiencia respecto a algo y deseamos ofrecerle alguna noción acerca de ello. Le decimos, es así de esta o... de esta otra manera. En otras palabras, transformamos lo que la gente desconoce en algo que conoce.
Evidentemente, si los filósofos estuviesen satisfechos con permanecer dentro de los límites de la razón, no habría ningún problema; abandonarían vanas imaginaciones y aceptarían lo que está en los mensajes.

Por el poder, El Poder se revela así mismo y le dice al hombre: Mi Nombre es Al-lah, tengo este atributo y este otro. De aquellos que estén dispuestos a servirme les pido esto y esto otro. Para aquel que Me obedezca Yo haré esto y aquello, y para aquel que me desobedezca Yo haré esto y lo otro.
Lo que habría que responder a quienes alegan la existencia de cualquier dios distinto de Al-lah -Alabado Sea-. Preguntemos a los que adoran al Sol (por ejemplo), que es lo que el Sol les pide que hagan y que clase de enseñanzas deban seguir. Naturalmente que no podremos encontrar tales enseñanzas. ¿Que podría hacer el Sol por aquel que se somete a él o que dejara de hacerlo? No existe absolutamente nada que pueda recompensar o castigar. Lo que envicia dicha adoración es un total fracaso del objeto adorado al no poder proporcionar a sus seguidores cualquier dirección o curso a seguir. ¿Como puede entonces una persona adorarlo o someterse a él? Razonemos y entendámonos: Tiene que existir una doctrina o algún cuerpo de enseñanzas antes de que podamos identificar y creer en algún poder tan razonablemente real como es Al-lah; el Creador y el Mantenedor. Y si el Sol no puede ofrecer a sus fieles adeptos ninguna clase de enseñanza, tenemos y debemos de admitir que es un dios falso, y que jamás ha existido hombre alguno proclamando ser ¡un enviado del Sol!

El Glorioso Corán no Ofrece Evidencia
De la Existencia de Al-lah

La razón, por lo tanto, es algo surgido del sentimiento y la conciencia. Ambas en si mismas son nonatas y anteriores al pensamiento.
La intuición induce a la mente a buscar fuera de sí por cualquier evidencia, y es debido a esta necesidad lo que le lleva a embarcarse en una causa que está mas allá de su poder; una causa que transciende los límites de la razón.
Alguna que otra vez los filósofos han dicho (siendo conscientes de esta limitación) que sería suficiente con creer en algún poder trascendental y al mismo tiempo someterse a él. En este punto habría que responder, que el hombre no podrá estar satisfecho con semejante razonamiento, ya que desconoce cuales serían los deseos de dicho poder. O sea, lo que le complace o le desagrada.
Este desconocimiento ha causado a las metafísicas -rama de la filosofía que trata con todo aquello que se encuentra mas allá del mundo físico- perderse por laberintos y en donde ninguna escuela puede alcanzar fines comunes; incluso filósofos de una misma escuela discrepan entre sí yendo y viniendo por diferentes caminos. Las investigaciones en el campo de las metafísicas, no pueden alcanzar conclusiones que puedan ser aceptadas por todas las mentes.
Por esta razón, cuando el Glorioso Corán fue enviado para enseñar la Verdad, no aportó ninguna evidencia de la existencia de Dios, sino que se demostró en contra de la absurdidad de asociar segundos con Al-lah. Es como si la existencia de algún poder trascendental fuese a priori un axioma indiscutible. Lo que tiene que ser aquí debatido no es este axioma, si no, la existencia de un Dios en contra de los múltiples existentes. De esta manera, el hombre podría aceptar la sugerencia de que existe, un dios del cielo, un dios de la tierra, un dios de la mente o un dios de las estrellas.

Por este motivo la existencia de Al-lah no está demostrada en el Corán; ni tampoco lo necesita hacer, porque a priori es un hecho axiomático indiscutible y hasta tal extremo, que los infieles que se opusieron al Mensaje cuando fueron expuestos a las cruciales preguntas de quien es el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra y de ellos mismos, estos respondieron Al-lah. Incluso quien diga que Dios no existe, asume en su misma negación la existencia de lo que él quisiera negar.
Pregunta: ¿Nació en tu mente la idea del Dios que tú niegas? Esa idea la cual tú rehúses, ¿como surgió en tu pensamiento? Afirmaciones puramente existenciales no acontecen en nuestras mentes solo para que podamos negarlas. Si uno se esfuerza en querer negar a Dios, tiene que encontrarse en una posición de que en algún momento de su vida creyese en Su existencia. ¿Que es lo que ha sucedido? Que al encontrarlo oculto comenzó a decir que Dios no existe.
En todas las lenguas siempre se encuentra un nombre para Dios; en árabe, el nombre usado es Al-lah. En cada lengua el nombre encierra el mismo significado. La existencia de dichas palabras conduce a observar que estas están unidas a un cierto idioma cuando su significado tiene existencia en las mentes de aquellos que las utilizan. Una palabra no puede crearse donde el pensamiento no tiene existencia en la mente. El pensamiento es anterior a las palabras; surge un pensamiento y una palabra es creada. El que podamos encontrar una palabra en el diccionario de una lengua y el uso que se le dé por quienes la hablan se debe, por fuerza, a que tiene que existir la evidencia de cierta referencia. Ahora bien, que la existencia de la causa anteriormente discutida venga a ser negada, esto es otro tema.


La Revelación de Al-lah a Adán

Se dice que la afirmación es superior a la negación porque el que niega está omitiendo la existencia de algo; por lo tanto, la existencia es anterior a su negación. Aún más, la presencia de una palabra en el léxico de una lengua, demuestra la existencia del hecho en común a lo que hace referencia. Por consiguiente podemos atrevernos a decir, que una idea nacida dentro de la intuición puede volverse lo suficientemente clara como para crear una certeza mental y de este modo encaminarnos sobre dicha certeza hacia el poder que hace referencia, obteniendo así directo conocimiento de ello. Es por esto, que la relación de la mente hacia el ya mencionado trascendental poder, se convierte al fin en un asunto de los sentidos, con lo cual, le otorga la mas consolidada clase de evidencia.

El Glorioso Corán nos informa que Al-lah creó a Adán. Un ser humano carente de niñez, un ser humano que jamás pudo ser niño...que no necesitó crecer. Se encontró a si mismo totalmente desarrollado y los ángeles postrados ante él. Fue creado de la nada y exento de pasado. Esta escena ha sido para él, una auténtica y absoluta revelación. Fue por expreso deseo de Al-lah, que Adán existiese y de esta manera poder transmitir a su descendencia esta escena de revelación, y como resultado de ello se le concedió a su descendencia el derecho de transmitirla a través de todos los tiempos y generaciones.
La palabra que nombra a Al-lah en todas las lenguas, adquiere su propia alternativa de poder manifestarse, solamente porque su significado tuvo existencia en la mente del que la pronunció por primera vez. Cuando el Glorioso Corán hace mención a cosas que carecen de existencia en nuestras mentes, este nos proporciona una mera aproximación con el propósito de poder obtener así algún significado de ellas.
Hace mención del Paraíso y de los disfrutes y delicias que existen en él. Naturalmente, todos estos disfrutes divergen extraordinariamente de aquellos que existen en este mundo.
Pero cuando el Señor nos informa del Paraíso, de donde podrían surgir estas palabras sino del lenguaje de aquellos hacia quienes Él se dirige. Palabras que son concebidas en su referencia hacia conceptos mentales. Al-lah nos informa que en el Paraíso existen cosas jamás imaginadas por las mentes o corazones de los hombres. ¿Como y de que manera entonces se pueden revelar palabras que identifiquen tales cosas?
Esto sucede porque a pesar de que Al-lah nos esté proporcionando una cierta imagen del Paraíso, aun así, no está presentándonos la verdadera realidad del mismo, ya que dicha realidad es de tal magnitud que jamás ha podido ser contemplada por el ojo humano, o el oído; y mucho menos, poder imaginarlo con la mente. El lenguaje se basa sobre la plataforma de los objetos de los sentidos de lo visible. Las personas solamente tienen palabras las cuales mantienen una relación con lo que acontece en sus propias mentes. Partiendo del punto de que la verdadera naturaleza del Paraíso es desconocida descriptivamente, no puede ser explicada debido a la ausencia de palabras. Consecuentemente la Verdad habla de... “la alegoría del Paraíso la cual está prometida para los justos”. No, “El Paraíso”. Y esto se debe, a que en nuestro léxico no existen palabras con las cuales nuestro Señor pueda dirigirse a nosotros y hablarnos explicándonos que esta cosa o la otra se encuentran en un lugar llamado “Paraíso”, “Jardín” o “Edén”. Por lo tanto, Él nos informa de que algo tiene existencia en ese lugar.
Siendo así, la palabra que pueda describir e identificar y como resultado nombrar, debe de ser poseedora de un sentido muy particular para el hombre, y por ello de antemano ha tenido que ser conocida y pensada por alguna mente humana.
Algo que jamás ha tenido su propia existencia jamás podrá pensarse acerca de ello. Por consiguiente, la conciencia que tenemos de Al-lah deberá ser remitida a la mismísima creación de Adán en el momento de encontrarse así mismo como testigo ante La Causa de su experiencia. Cierto es, que él ha sido creado con el propósito de que pudiera transmitir tan claro conocimiento a sus descendientes. Pero a medida que esta transmisión iba en aumento, también lo hacía en alejamiento de la fuente, y como consecuencia de este hecho el hombre creció despreocupado. Uno olvida una cosa, otro la ignora, y así sucesivamente hasta que el significado real se enturbia. De este modo, el hombre comenzó a familiarizarse exclusivamente con el mundo de las formas hasta que en algún momento de su vida algo sucede y le obliga a inferir una vez más sobre la existencia de algo que está mas allá de todo lo que le rodea.
De nuevo sus mentes son llamadas a pensar y otro proceso da comienzo.


Al-lah Envió Mensajeros Para Contrarrestar
La Inconsciencia del Hombre

Es la tarea de los Mensajeros de Dios, eliminar el óxido del alma producido por la causa de este abandono. Como la conciencia del hombre tiende por si misma a debilitarse, El Único -por siempre glorificado- envía profetas y mensajeros para ayudar al hombre a que restablezca contacto con su Creador.
Reflexionemos con el mensaje en la siguiente Azora del Glorioso Corán:

“Y cuando tu Señor sacó de las espaldas de los hijos de Adán a su propia descendencia y les hizo que dieran testimonio: ¿Acaso no Soy Yo vuestro Señor?. Contestaron: Sí, lo atestiguamos. Para que en el Día del Juicio no pudierais decir, nadie nos había advertido de esto”. (Corán: 7-172)

Este hecho es conocido como, “El Convenio de la Posteridad” y está englobado en la tradición profética en el Hadiz, explicando que cuando Al-lah creó a Adán, Él, golpeando sus espaldas y presentándole a toda su posteridad les dijo: “¿No Soy Yo vuestro Señor?. Y ellos respondieron: “¡Sí!, y nosotros lo testificamos”. De esta manera el tema en cuestión, es de directa e inmediata experiencia. Adán conoció a Al-lah y no a través de un proceso de meditación mental; sino, por tenerlo frente a frente. Es de suponer que este conocimiento tuvo que haber sido transmitido a sus descendientes; pero como ya se ha comentado, por causa de una negligencia, abandono y falta de responsabilidad, dicha realidad se ha ido desvaneciendo a través del tiempo.

Retrocedamos unas líneas y detengámonos en el pasaje que trata sobre este punto:

“Y cuando tu Señor sacó de las espaldas de los hijos de Adán a su propia descendencia y les hizo que dieran testimonio: ¿Acaso no Soy Yo vuestro Señor?. Contestaron: ¡Sí!, lo atestiguamos. Para que en el Día del juicio no pudierais decir, nadie nos había advertido de esto”. (Corán: 7-172).


Y el Dios continua utilizando la frase, “para que no pudierais decir...” lo cual establece que hubo un convenio. El versículo dice: “Para que en el Día del Juicio no pudierais decir, nadie nos había advertido de esto”. Hasta aquí todo está claro. Y continua diciendo: “o que podáis decir: Ya nuestros padres antes que nosotros eran adoradores de falsos dioses, y nosotros somos su descendencia. ¿Es que vas a destruirnos por culpa de las acciones de unos hombres que fueron lascivos consigo mismos?”. Esto es otra cosa; por lo tanto, exige una reflexión ya que nos encontramos ante dos pretendidas excusas. La primera de ellas manifiesta una inconsciencia transmisora; y la segunda expone como consecuencia, el resultado de un mal ejemplo. Por esta razón este texto del Corán establece: ...Para que no digáis: “Jamás se nos ha advertido de ello”. “Antes que nosotros, nuestros padres ya adoraban falsos dioses”. El segundo intento agotador, es el que nos conduce hacia el legado o herencia de transmisión. Si hacemos un seguimiento de esta herencia en un proceso descendente hasta la misma línea transmisora, concluiremos afirmando que la primera línea hereditaria fue Adán y que al mismo tiempo fue testigo visual.
La causa de la primera fisura fue la despreocupación. Con el tiempo, esta negligencia o abandono se extendería hacia una generación ignorante de las enseñanzas y mandatos de Al-lah la cual contribuyó al surgimiento de otra generación culpable de ambas faltas; ignorantes e imitadores de sus padres. En resumen: Primero surge una generación ignorante y poco después como consecuencia, acontece otra de atontados que dicen: “Nuestros padres antes de nosotros ya adoraban falsos dioses, nosotros solo somos su descendencia”.
Cuando el Glorioso Corán expone este tema, asume la existencia de Al-lah como un hecho que va más allá de cualquier pregunta, ya que no puede ser razonablemente cuestionado. Si alguien estuviese dispuesto a rebatirlo, ofreciendo alguna evidencia, confesaría a través de esa misma evidencia que está ofreciendo, la dudosa calidad de su rebatimiento. Pongamos el ejemplo de alguien que va a visitar a su médico. Si el especialista le prescribe alguna medicación, el paciente asume que algo en su organismo va mal y por lo tanto tendrá que admitir que padece alguna clase de malestar o enfermedad. Pero si el médico no le diagnostica ningún mal no habrá necesidad de ponerlo bajo tratamiento, ya que se supone que todo está en orden. O sea, que goza de una excelente salud. Por esta causa, dicha propuesta deberá ser presentada y dirigida hacia cualquier otra finalidad y no poner la evidencia de Al-lah ante cualquier demanda, excepto para que Sea Ensalzado y Glorificado.
No queda ninguna duda de la existencia de Al-lah, pero parece ser que Al-lah no puede ser Uno sino muchos, ya que el mundo tiene necesidad de diversidad de extensivos poderes dando la impresión de que estos, por ser demasiado grandes, no pueden ser ejecutados por un solo Dios. Dicha duda puede surgir, pero no la de que exista algún Dios; esto es absolutamente imposible. Surgiría entonces la duda ante la posibilidad de que puedan existir varios dioses y no necesariamente Un Dios Único y Exclusivo. Como consecuencia de esto, siempre se recurrirá a la consabida pregunta: ¿Podría existir algún otro dios que no sea Al-lah?
Como conclusión, aquí la duda siempre descansará sobre la posibilidad de que puedan existir segundos con Al-lah y no el simple hecho de la existencia de Al-lah
Cuando la ignorancia y el abandono se apoderaron del hombre, muchos de ellos se volvieron intelectualmente arrogantes rechazando seguir a quienes aclamaban ser Mensajeros y trataron de explotar los límites de la razón y la intuición. Asumieron la posibilidad de que tal vez pudiera existir cierto poder trascendental, pero se quedaron cortos cuando se enfrentaron a la pregunta respecto a lo que dicho poder demandaba del hombre y de sus requerimientos, los cuales ellos carecían de conocimiento.

El primer paso hacia el conocimiento de Al-lah es una inasible e intuitiva conciencia que hace referencia a cierta clase de poder trascendente. El siguiente paso tal como ya se ha visto, nos conduce al razonamiento en donde dichos sentimientos intuitivos obligan al pensamiento a la presentación de pruebas. Dicho de otra manera, habría que demostrar la existencia de Al-lah a través de la deducción. Para conseguir esas pruebas y suministrar sus detalles y elucidación, descubriríamos que se transformaron en una evidencia empírica alcanzada a través de los sentidos.


Los Seres Humanos dan Nombre
A lo que Pueden dar Nombre

Detengámonos para considerar la teoría de los nombre. La gente da nombre a lo que puede nombrar. Es una característica del hombre el poder hacerlo. A todo le corresponde un nombre para poder ser identificado: niños, inventos...todo. Por lo tanto, el ser humano está acostumbrado a conceder nombres. Es una actividad universal.

“La Verdad: Todas las Glorias y alabanzas sean para Él”.

Este versículo del Corán demuestra la indiscutible realidad y desafía a quienes tratan de relacionar cualquier cosa a través de Su Nombre de la misma manera que ellos mismos acostumbran a realizar, entreteniéndose con la tan humana y familiar práctica de otorgar nombres.
Dice Al-lah El Altísimo: “Señor de los cielos y de la Tierra y de todo lo existente entre ellos: Adoradle y sed pacientes en Su adoración. ¿Conocéis alguno digno de llevar Su Nombre aparte de Él?”. Este versículo deja en el aire la pregunta: ¿hay alguien que conozca alguna cosa llamada Al-lah? ¿Existe en realidad alguna cosa que se le haya concedido el nombre de Al-lah? La innegable respuesta tiene que ser: ¡Jamás!

"ARDI", OTRO ENGAÑOSO DIBUJO MÄS:

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''ARDI'', OTRO DIBUJO ENGAÑOSO MAS




False Ardi Drawing.


"Ardi" se trata de un fósil que tiene 1,42 m. (unos 4 pies) de altura y 50 kgs. (unas 110 libras) de peso. Fue encontrado en Etiopía (Africa) en 1994. Se dijo que adquirió la postura erecta con el objetivo de observar lo que había entre las hierbas. ¡Pero esto es algo increíble! Son muchos los animales (cuadrúpedos) que permanecen erectos un rato, como los osos, pero ninguno lo hace permanentemente en sus desplazamientos. Sólo adoptan esa postura para escudriñar el entorno y luego se mueven sobre sus cuatro patas. Para decirlo en otras palabras, intentaron fabricar con "Ardi", de una manera muy burda, una "evidencia" del "antecesor de los humanos". En realidad, no se trata sino del simio actual denominado Bonobo, lo cual produce mucha risa. Sus dientes son similares a los de los humanos o exactamente iguales. Así lo creó Dios y nunca sufrió cambio alguno. Dios mediante, el animal mencionado ha seguido siendo el mismo durante cientos, miles, millones de años. La estructura de su esqueleto ha permanecido inalterable desde su creación y el fósil "Ardi" es idéntico al bonobo. Además, es un animal muy parecido al orangután, incluso en su estructura dental, lo que significa que existen especies de monos y orangutanes parecidas. Pero los "descubridores" de "Ardi" presentaron este fósil desenterrado en 1994 como si lo hubiesen descubierto ahora. Es algo vergonzoso e infantil. ¡Es irracional! Sacaron de los estantes una pieza hallada en 1994 y la pusieron (como algo novedoso) frente a nosotros. Pero el animal sigue siendo el mismo, no ha manifestado ningún cambio, posee el mismo esqueleto y todos sus aspectos se mantienen idénticos. Por ejemplo, las longitudes de sus manos y de sus dedos, son las mismas; su estructura dental es la misma desde que apareció en la Tierra por primera vez; la estructura de sus pies es la misma. "Ardi" es un ejemplar de simio bonobo. Por lo tanto, resulta sin sentido la "excitación" de sus "descubridores" después de permanecer en silencio durante un cierto tiempo. Cada vez que haga falta, expondré la verdad sobre este tipo de "hallazgos". Los "desenterradores de evidencias evolutivas" sólo dan manotazos de ahogado. La discusión sensata es posible, únicamente, a la luz de las evidencias científicas. "Ardi" es un animal de cabo a rabo. Fue creado adecuadamente y en ninguno de sus órganos se encuentra una sola forma de transición. Es por eso que sus presentadores no tienen nada para festejar, para hacer tanta alharaca. Por supuesto, este tipo de cosas no me enfurece ni entristece. Simplemente, le daré una respuesta a cada una de las manifestaciones arbitrarias en la materia para, una y otra vez, pulverizar los argumentos del caso.

Oct 19, 2009

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MAESTRO...¿QUIEN SOY?

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Durante la clase de filosofía un alumno le pregunta a su maestro: "Maestro...¡necesito saber quien soy!". Ante su pregunta, el maestro quedó sumido en un profundo silencio. De pronto y lanzando una penetrante mirada a su alumno, le pide que fuese a la frutería y le comprara una manzana. Sin dudarlo abandona la clase dispuesto a cumplir la orden de su querido maestro.
Comprada la manzana se la entrega y regresa a su sitio para continuar con la clase. Alzando un poco la voz, el maestro le pide que se acerque y le dice: "¿Me puedes repetir tu pregunta?". Perplejo el alummno responde:"Sí maestro: ¿Quien soy?". "Coje la manzana y pártela a la mitad" le dice el maestro. "Ya está" responde el discípulo completamente confundido. "Y...dime; ¿que vés?". "Varias semillas" le responde el alumno. "Coje una de ellas y divídela en dos". "Ya está, amado maestro". " Y Dime, amado discípulo: ¿que ves?. "Nada maestro, absolutamente nada". "Exactamente eso es lo que eres".
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