My Opera is closing 1st of March

C A M I L A

estilo libre

on stage

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Sentir orgullo de uno mismo no es fácil. Incluso una vez que se siente, es difícil admitirlo. Es un sentimiento bastante complejo, si me lo preguntan. Supongo que es más fácil sentirse orgulloso de un grupo al que uno pertenece, y así en alguna forma, también existiría un cierto orgullo por uno mismo como parte de ese grupo.

El 9 de este mes, fue mi primera vez sobre el escenario. Al menos la primera vez desde hace mucho tiempo, la primera vez consciente de lo que hacía, y de lo que eso representaba. Hasta días antes solo sentía pena por mí por aquel papel tan pequeño que me había tocado, y me aterraba defraudar a mis padres y parientes que iban a verme esperando ver algo genial de mí. No era solo las cortas apariciones de mi personaje, sino sus líneas cotidianas. Yo quería aunque no un papel largo, al menos una frase célebre. Un instante para hacer reír o llorar a la gente, para emocionarla. Un segundo para brillar.
Y no solo mi papel no me emocionaba, sino que la obra no salía bien. Ya desde el primer ensayo en el teatro cuando el muchacho de las luces había pedido a nuestra profesora y directora el guión para saber los pies, y ella se lo había negado, argumentando que nosotros no seguiríamos el guión... pero aún sin los pies correctos esperábamos que todo saliera, y que todo se dijera, aunque no fuera en el orden correcto. Pero el día anterior a la muestra, durante el ensayo general, algunos volvieron a olvidar sus líneas (y digo algunos, situándome fuera de ellos, ya que si hubiese olvidado alguna de mis ocho líneas habría que haberme matado) y la situación se tornó insalvable. Llegamos al punto en que salimos de nuestros personajes y algunos reímos (ahora sí me incluyo).
Con todo eso en contra, no había esperanza. Sentía que no podía brillar como individualidad, ni como parte de un grupo. Estaba desolada.
Sin embargo todo salió bien.

El jueves 9 llegamos temprano al teatro. Nos pusimos el vestuario enseguida. Finalmente las puertas se abrieron cuarenta y cinco minutos después de lo esperado, porque hasta el último minuto estuvimos ensayando el saludo que no salía bien, como el resto de las cosas. No recuerdo las emociones que me rodeaban, todo era algo así como mágico, y la desolación desapareció sin motivos. Estaban los nervios, nervios terribles, pero de a poco se transformaban en algo más. Una especie de confianza creciente latía dentro de mí cuando nuestra profesora nos ordenó tomar nuestros lugares y vi a mis compañeros desaparecer detrás de sus correspondientes patas. Desde detrás de las telas escuchamos abrirse las puertas, oímos los pasos de los espectadores crujiendo en el suelo de madera y luego sobre las gradas. Prestábamos atención (al menos yo) como si pudiéramos distinguir mediante el sonido cuales de ellos eran nuestros padres, abuelos o amigos.
El ambiente ya tenía luz tenue, la entrada de ellos estaba acompañada por la música. La voz de la compañera junto con la cual me escondía sería la primera en escucharse y mis pies los primeros en pisar el escenario. Aún mientras la gente se acomodaba, tomamos nuestras manos y respiramos hondo.
"No diré nada si eso es lo que temes" dije apresuradamente, sin sentimiento y emoción. Ella respondió enseguida.
"¿Temer yo? ¡Boba! Con la fuerza de mi dedo meñique puedo aplastar a un elefante. ¿Qué puedo temer de una boba como tu?”
“Nada, creo. ¿Por qué me sigues?”
“Nada digas de brujería. Tan solo la mínima sospecha que se pueda tener de lo sucedido en el bosque e iremos todas a parar a la hoguera, incluida tu”
“Fuiste tu quien bailó desnuda. Yo solo danzaba, quería divertirme”
Nuestros ojos se volvieron hacia las telas negras, del otro lado el escenario. Y de pronto el apagón. Contamos mentalmente: uno, dos, tres. Y ella comenzó a gritar, llamándome. Tras escuchar mi nombre tres veces, salí corriendo hacia el escenario, entré en él, lo recorrí todo hasta el pie de la escalera, donde me detuve y me di vuelta a la vez que ella gritaba mi nombre por última vez. Y dije mi línea. E hicimos la escena.
De allí en adelante, todo continuó. Hicimos el místico saludo inicial con la música de Lisa Gerrard, “The Human Game”. En el apagón, fuimos hacia nuestros lugares. Mi corazón saltaba como nunca, bombeando demasiado fuerte. Creí que todos lo escucharían, incluso el último de los espectadores sentado en la grada más lejana.
El acto uno transcurrió mágicamente, con mi presencia durante unos treinta segundos, y el acto dos, menos impecable que siempre y con algún tastabilleo fue sacado adelante. Llegó el peor de nuestros temores: el tercer acto. El único que no había salido entero jamás, el único que debíamos, y sabíamos que debíamos temer. Ese con mis cuatro líneas tras las que luego quedaba de pie en el fondo, contemplando todo lo que sucedía. Cualquier desequilibrio en la letra, cualquier notorio desliz por parte de cualquiera podría haberme arrancado de mi personaje en un segundo para dejarme desnuda frente a todos siendo simplemente yo. Pero ellos no me defraudaron, y lo hicieron bien. Por primera vez, el acto tres, no como tenía que salir, ni exactamente de acuerdo al guión, pero salió. Volví a detrás de las patas, y allí cantamos victoria. Salte y articulé palabras felices que nadie escucharía, y abracé a los que pude en el camino. Solo un acto y estaría listo.
El cuarto acto salió. Apagón total. Todos entramos a escena. Luces. Miramos, saludamos dos veces, y sonreímos. La gente aplaudió… Y ahí es cuando viene el orgullo. Nunca jamás sentí tan merecido un aplauso (y no es que me hayan aplaudido mucho en la vida). No es que fuéramos geniales, ni que estuviéramos listos, ni que fuéramos actores solo por esa primer presentación. Pero lo sentimos más cerca que nunca. Y si no pude enorgullecerme de mí como individualidad antes, o si no creí que podría, en ese momento lo hice. Primero como parte de un grupo del cual estaba orgullosa, y luego de mí como persona individual. Porque estuve bien. Porque me llevó mucho tiempo (desde que recibí mi papel hasta ese aplauso) entender que yo era tan importante para que todo aquello saliera bien como cualquiera de los otros, porque desde que escuché mis propios pasos sobre el escenario en aquella primer escena me sentí protagonista, y no había nada de malo con eso.

tal vez la vida vale la pena...Cami & Emma

Comments

Veronica Giselblondpony Tuesday, December 21, 2010 2:17:03 AM

Felicitaciones! Por la actuación y por tu orgullo, está bien sentirse bien con uno mismo cuando logra algo smile
up

Unregistered user Tuesday, December 21, 2010 4:54:06 PM

Thomas Danforth writes: Muy bien escrito Susana mis congratulaciones, solo tenia buenos informes acerca de su caracter pero no imaginaba su capcidad de expresion.

Unregistered user Wednesday, January 26, 2011 1:18:23 AM

Paola writes: Siempre acordate que cuanto peor salga el ensayo general mejor será el estreno! Pocas cosas me han sido más gratificante que subirme a un escenario, por un rato dejar de ser yo misma (alguien insignificante) para ser ese personaje, que por corto o largo que sea, no deja de ser importante: no sé quien lo dijo pero alguien dijo "no hay papeles pequeños, sino actores pequeños" o algo así! Si podés pasame la info pertinente sobre la escuela a la que vas: los directores son muy amigos de mi cuñado, tengo muchas ganas de volver al escenario!!!!

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