pequeñas cosas
Wednesday, March 24, 2010 6:28:56 PM
Vivimos en el planeta Tierra. Yo, particularmente, en Sudamérica. Vivo en la capital de un país que se llama Uruguay, en la ciudad de Montevideo. No es una ciudad muy grande, pero es grande para mí. Es tan grande como para cruzarte con miles de personas cuando salís a la calle, y tanto como para no recordar a ninguna de ellas. Es una ciudad que tiene muchos sonidos y colores, demasiados para prestarle atención a cada uno de ellos.
Vivimos así, en un mundo con miles, pero millones de personas, lugares, sonidos, colores, olores, texturas y sabores. ¿Cuántos de ellos podés recordar? ¿Cuántos de ellos tuviste tiempo de apreciar y disfrutar? Seguro que ni una décima parte de todos esos que encontraste en el camino. ¿Cuánto te perdiste?
Hoy me detengo en las pequeñas cosas. Concentración de la atención, eso es lo que estoy practicando, aunque ni siquiera sé si lo estoy interpretando de la forma correcta. Pero fue la semana pasada que estaba en una clase eterna de matemáticas: íbamos por la quinta hora. Junto con el profesor estábamos leyendo un repartido, estudiando las propiedades de los conjuntos. Entonces, llegamos al final de la página, y todos dimos vuelta la hoja. No sé aún como, pero lo escuché, eso me despertó y entonces, en ese instante, no existió otra cosa que el sonido: todas las setenta y pico de hojas siendo dadas vuelta a la vez en las manos de mi setenta y pico de compañeros, acompañadas por ese murmullo que dura hasta que todos vuelven a tener frente de sí la carilla correcta. Y me reí. Me reí, y no importó en ese momento nada más. Y suena tonto, pero me sentí feliz. Y me siento feliz ahora que lo recuerdo.
Desde ese viernes, viví tantas insignificancias maravillosas, que hoy me siento realmente bien, realmente especial.
Vivimos así, en un mundo con miles, pero millones de personas, lugares, sonidos, colores, olores, texturas y sabores. ¿Cuántos de ellos podés recordar? ¿Cuántos de ellos tuviste tiempo de apreciar y disfrutar? Seguro que ni una décima parte de todos esos que encontraste en el camino. ¿Cuánto te perdiste?
Hoy me detengo en las pequeñas cosas. Concentración de la atención, eso es lo que estoy practicando, aunque ni siquiera sé si lo estoy interpretando de la forma correcta. Pero fue la semana pasada que estaba en una clase eterna de matemáticas: íbamos por la quinta hora. Junto con el profesor estábamos leyendo un repartido, estudiando las propiedades de los conjuntos. Entonces, llegamos al final de la página, y todos dimos vuelta la hoja. No sé aún como, pero lo escuché, eso me despertó y entonces, en ese instante, no existió otra cosa que el sonido: todas las setenta y pico de hojas siendo dadas vuelta a la vez en las manos de mi setenta y pico de compañeros, acompañadas por ese murmullo que dura hasta que todos vuelven a tener frente de sí la carilla correcta. Y me reí. Me reí, y no importó en ese momento nada más. Y suena tonto, pero me sentí feliz. Y me siento feliz ahora que lo recuerdo.
Desde ese viernes, viví tantas insignificancias maravillosas, que hoy me siento realmente bien, realmente especial.











