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Four thousand years ago

Mukneferure y Her-Hotep

Hace unos 4,000 años, en el antiguo Egipto existió una bella chica llamada Mukneferure, era hermosa y de curvas perfectas, muchos hombres deseaban desposarla, pero ella solo tenía ojos para Her-Hotep, que era alto, apuesto y gentil y era el dueño de su corazón. Ella se enamoró perdidamente de él y una noche, cuando la barca de Ra navegaba en el inframundo, ella se entregó a él, en un acto de amor supremo, en una comunión no sólo de cuerpos, sino también de Ba, que era el término más parecido a lo que hoy llamamos alma.

Al día siguiente Her-Hotep fue llamado para alistarse en campaña, ya que él era guardia de elite del rey. Ambos jóvenes entristecieron, pues el futuro era incierto en una guerra. Ella se quitó el cinturón de soltería, y se le entregó a él en promesa de fidelidad. Ambos lloraban cuando se acerco el perro de Her-Hotep, quien no entendía que pasaba, pero sabia que era grave, y que el podría servir de algo. Her-Hotep se fue a la guerra, no sin antes haberle dicho a Mukneferure: "Amada mía, yo regresare por ti, para vivir juntos y para unir nuestros Ba en un vuelo eterno, hacia Osiris, no me olvides, pues aunque Hapy (hoy el Nilo), nos haya bendecido cien veces, yo he de regresar, y es este un voto de amor". Her-Hotep, le dijo al perro: "Amigo mío, fiel sirviente, parto a la guerra, pero tú deberás de cuidar a la mujer que amo, aun a costa de tu propia vida".

El perro fue feliz, pues entendía la grandeza de la empresa que su amo le había encargado. El joven partió hacia un futuro incierto, lleno de temores y de esperanzas, pues en el había germinado la semilla del amor inmortal. El perro fiel a la orden de su amo, no se separaba para nada de la bella Mukneferure, más de un osado fue mordido o amedrentado por el perro. El tiempo pasó y la belleza en capullo de aquella quinceañera, se abrió espléndida a la plenitud de la juventud y de la vida. Sus padres orgullosos de su hija, le insistían en que se desposara con algún pretendiente, que eran muchos y algunos de muy buena posición. Mukneferure, no deseaba desposar a nadie, y solo pensaba en su amor. En el antiguo Egipto la mujer era respetada y venerada, y sus padres respetaron su deseo de seguir soltera.

La belleza en flor poco a poco empezó a marchitar. Todos los días Mukneferure iba al sicómoro que había sido mudo testigo de su entrega, y claro el fiel perro siempre iba con ella, pues era éste ya su único confidente; sus amigas ya estaban casadas y con una gran cantidad de hijos. El perro, aunque ya con dificultad, pues un perro no vive lo mismo que un humano, siempre estaba cerca de ella. Un día Mukneferure, se dio cuenta que la bendición de la fertilidad había concluido y se fue a llorar a su sicómoro, abrazando al ya enfermo perro, quien sabía no podía morir, pues sabía que no debía fallar a su amo.

Mukneferure lloraba abrazada del perro, quien sin darse cuenta, dejo su cuerpo sin vida. Pero el perro sabía que no podía irse, y le gustó ese cambio, sentirse tan ligero como cuando joven, se sintió con tanta energía. Mukneferure sufrió mucho más al ofrendar el cuerpo del perro al gran río Hapy. Su único amigo la había dejado, aunque ella no se daba cuenta que el perro seguía a su lado, pues eran amigos y un amigo no puede fallarle al otro. La piel de Mukneferure se empezó a arrugar, el pelo empezó a ser cano, la gente del pueblo pensaban que era bruja o tal vez hechicera, tal vez poseedora de alguna magia, pues los egipcios no eran tan longevos. Un día cuando Mukneferure tenía 80 años, cayó al rio, al gran rió.

En unos minutos de gran desesperación un joven campesino se lanzó para salvarla. Mukneferure agradeció y le preguntó cómo se había dado cuenta, si el campo estaba alejado. El joven le dijo: "noble anciana, tu perro ladraba con tanta desesperación, que pensé que algo le pasaba a su dueño", Mukneferure dijo. "cuál perro, yo no tengo perro, tuve uno que ya murió hace más de 20 años".

El tiempo pasó, y para Mukneferure cada día era más difícil caminar, tanto año, tanto esperar, tanto amar y tanta soledad, ya pesaban es su cansada espalda. Sus dientes habían caído y quien la viera nunca pensaría que había sido hermosa y deseada. Pasaron más años, y los Profetas de Amón del gran Templo tomaron su caso, pues era demasiada vieja, demasiado antigua, tal vez Amón le había reservado una misión, por ello el templo se encargó de su manutención. Mukneferure empequeñeció tanto, que parecía una especie de pasa gigante, los niños del pueblo la molestaban a veces, pero decían que sentían como mordidas, había quien juraba que siempre iba una especie de perro transparente junto a ella, y era cierto el fiel perro nunca se dio cuenta que ya habia muerto, y seguía feliz a su amiga a donde quiera.

Una tormenta era cosa muy rara en esas tierras, por lo cual el pueblo se alarmó, tal vez algún dios estaba furioso por algo. Mukneferure a sus 115 años, aún guardaba la ilusión del regreso de su amado, pues el amor inmortal no tiene tiempo ni edad. El viento era fuerte y aullaba con gran fuerza, la lluvia era intensa, la gente tenía mucho miedo. Mukneferure estaba sola como hacía más de 50 años, solía estar. Escucho fuertes ladridos frente a su casa, ¿era su fiel amigo?, ¿había vuelto?, sí, era su amigo el perro, y sus dolencias en ese momento desaparecieron y se siento de nuevo joven y hermosa. Salió a la fuerte lluvia abrazando a su amigo, quien ladraba desesperado y con una gran alegría. Mukneferure, supo entonces que Her-Hotep había regresado, le había cumplido su voto de amor, 100 años después regresaba por ella, corrió hacia el sicomoro, y si, ahí estaba Her-Hotep, tal cual ella lo recordaba, alto, fuerte y apuesto, se dieron un abrazo, frotaron sus narices, en señal de amor, pues los egipcios de esa época no besaban en la boca. El perro era feliz, por fin, todos juntos.

Del cielo cayó una enorme luz con gran estruendo, y todos pensaron que era un Dios que se manifestaba. Después del rayo, todo volvió a la calma, pero nadie se atrevió a salir, ni las cantoras de las horas, que velan el viaje nocturno de Ra, salieron del templo.

Al día siguiente la gente del pueblo quedo petrificada. El sicomoro hasta las raíces, estaba totalmente quemado por el rayo, a sus pies una pequeña figura humana, amorfa y carbonizada, abrazaba a otra pequeña masa amorfa, que al parecer habia sido un perro, y junto a ellos quedaban restos de un cinturón de soltería, bastante antiguo. Desde aquel día Mukneferure no fue vista nunca más.

Una joven enamorada del amor, que a veces visitaba a Mukneferure, sufrió por su ausencia. La familia de su futuro marido no la aceptaba por ser pobre y ni siquiera le permitían por cortesía que dejara mostrar que podía llevar una casa. Tocaron a su puerta y se encontró con una joven pareja, apuestos ambos acompañados por un perro que movía feliz su cola, le ofrecieron unos brazaletes de oro, para que tuviese una especie de dote. Cuando la joven los llevó con el herrero este le dijo que llevaban el nombre de su dueño: Her-Hotep, era el nombre.

Desde entonces esa pareja de amor, acompañada por su fiel perro, ayudó a las parejas para que su amor se realice, y nunca más nadie que ame tenga que esperar, tanto como ellos esperaron. Si tú amas de verdad, tal vez algún día toquen a tu puerta, considera entonces que el amor y la amistad a tu vida habrán llegado para quedarse y tu espera habrá terminado.

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