Friday, 18. April 2008, 14:42:16
La ideología busca crear realidades, a veces la realidad irrumpe con fuerza afirmativa y hace poner los pelos de punto a los ideologos. La ideología solo sirve a efectos de dominar a los pueblos. Por eso la ofensiva discursiva o teorica que siembra valores basura así como versiones de los hechos que hagan intolerable cualquier validez de los mismos fuera del discurso de dominación. La ideología busca que los hechos se pongan a su servicio. La realidad son los hechos que a veces nos desbordan y son los que despiertan a los pueblos cuando las ratas en el poder ya se creen omnipotentes y los sometidos se empiezan a pudrir de la inconsistencia del discurso. El campo, Cromagnon, Blumberg, el Irizar, Malvinas, el cacerolazo, la hiperinflación y otros fenomenos latentes acecharán a los que pretenden a través del dominio del discurso imponer la corrupción que les da vida.
La actitud de nuestra presidente ante el caso Betancourt, resulta completamente aberrante, sobre todo cuando en Paris marchó por su liberación. En paralelo podemos ver la actitud que toma frente a un caso absolutamente comparable, ocurrido en pleno gobierno democrático.
Igualdad ante la leyEl nombre de Argentino Larrabure tiene valor singular en un amplio sector y su caso demanda igualdad ante la ley.
Publicamos tres notas que analizan en profundidad historia y martirio del militar asesinado por el terrorismo.
Por Martín Carrasco Quintana (columnista diario Pregón de La Plata)
La mención pública de un militar secuestrado, torturado y asesinado por militantes del ERP durante un gobierno democrático, significó un serio traspié para la familia de una mujer esposa y madre de militares; mientras tanto, el caso judicial sobre ese delito de lesa humanidad podría desarticular la teoría dominante sobre el tema.
La igualdad ante la ley es, en esencia, un derecho indispensable para la convivencia humana: su ausencia es desencadenante de reacciones de alto riesgo. Por eso está amparada por la Constitución y ese rango ha demandado siglos de luchas civiles.
No siempre fuimos iguales ante la misma ley y parece que hay un retroceso en el sendero ganado en pos de una pacífica existencia social: hoy por hoy, no sólo se observa una maniática vocación por la perpetuidad del pasado, sino y a la par, una visión bivalente de ese tiempo de choque fratricidas de los años duros del `70.
La idea es perseguir hasta la tumba a los responsables del terrorismo de Estado y satisfacer las demandas de los otrora terroristas a secas.
El concepto que tira por la borda esa igualdad que tanto costó conseguir, afirma que sólo es punible hasta la ordalía y para siempre el que abusó de los derechos esenciales de otro o de otros desde algún lugar de la estructura estatal.
Los que actuaron de la misma manera, no. Pare éstos, el tiempo ha borrado toda responsabilidad y sus pretéritas conductas hasta sirven como valor escalafonario en la premiación con cargos públicos.
Dividido así el país, como en décadas que se creían superadas, entre réprobos y elegidos, a los primeros no se les permite ni siquiera una iconografía.
Una digresión: ¿Queda alguien que recuerde el tiempo del decreto-ley 4161 que no permitía "ser" peronista y tampoco tener símbolos de esa tendencia?
Nombre prohibido
Pues, aunque se crea en el desarrollo social, podemos pensar que el mundo argentino es una rueda sin fin. Digamos, ahora no se permite recordar a Argentino del Valle Larrabure, una de las infinitas víctimas del terrorismo, podría decirse, particular.
¿Cómo así? Pues la oportunidad (que tiene antecedentes) se mostró el 20 de diciembre de 2007 en el Colegio Militar de la Nación.
La Presidenta de la República estuvo en el acto de graduación y promoción de cadetes y habló del pasado trágico de los argentinos, siempre con el mismo discurso estrábico, en el que los malos son los uniformados y los adversarios, inocentes jóvenes del momento.
Pues, la ingeniera Ing. Mónica C. Liberatori, esposa de un marino en actividad y con uno de sus hijos que egresaba y otro que era escolta de la Bandera Nacional, estaba también allí.
En el momento en que -según su carta publicada en un diario nacional- la señora Liberatori no soportó más lo sesgado del discurso presidencial, no tuvo otro escape en su derecho de opinión que gritar el nombre de Larrabure en pleno acto.
No le fue bien: los fotógrafos obtuvieron mil imágenes y la gente de los servicios de inteligencia se le pegó como lapa; después, al llegar a su casa, la misma señora no sólo recibió pedidos de explicaciones telefónicos: también fue informada de que su marido había sido sancionado "por no saber controlar a su esposa en una situación protocolar".
Fue, realmente, un acto de discriminació n: llevar una bandera con
la imagen de Santucho es lícito; recordar a Larrabure, no. Así de simple, así de duro.
Más aún, desde hace muchos años no se permitía castigar a alguien por la conducta de las personas a su cargo. Si lo hecho por la señora Mónica Liberatori fuera un delito, ¿por qué no se la castiga a ella, mayor de edad y responsable por sus actos?
Pues no, los castigados serán los familiares. No va a ser fácil la vida profesional de los integrantes de la familia se puede presumir sin miedo a equivocarse.
Hombre recordado
Queda el rabo por desollar, por lo menos para el observador desprevenido: ¿Quién fue Larrabure para que su nombre sea un emblema y para que su recuerdo enoje a los funcionarios políticos?
Fue una de las víctimas del terrorismo guerrillero que más sufrió el tormento del secuestro y que nunca permitió que las condiciones en que vivió en prisión y hasta la muerte en una "cárcel del pueblo", lo obligaran a olvidarse de su condición humana.
Además, hoy por hoy, Larrabure puede ser la punta de una lanza jurídica que lleva su nombre: alguna corte de justicia nacional o internacional si el delito que se cometió en su persona es también imprescriptible para sus autores.
Vamos a mostrar, brevemente, algo de su historia, para que la realidad se pueda comprender mejor. Comencemos por lo más impactante: el coronel Argentino del Valle Larrabure fue secuestrado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) el 11 de agosto de 1974, durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón; fue ahorcado por sus captores luego de un infrahumano cautiverio de 372 días, durante el cual fue reiteradamente torturado mediante pasajes de corriente eléctrica y haciéndole perder 47 kilos.
Hay muchos juristas que no dudan: esto fue un delito de lesa humanidad y, por ende, imprescriptible.
Nunca fue alguien del montón: "De procedimientos íntegros, tenaz, y preocupado. Demuestra un gran entusiasmo profesional.
Es enérgico y centrado en el mando; ha obtenido excelentes resultados como instructor. Leal. Sobresaliente camarada. Sobresaliente deportista. Concepto: Sobresaliente" .
Resta calificación es del 1º de diciembre de 1952. Argentino del Valle Larrabure recién había ascendido a subteniente y el destino que se le asignaba era el Regimiento 19 de Infantería.
¿Lo secuestraron, torturaron y asesinaron por algún motivo clasista? No parece verosímil: nacido en San Miguel de Tucumán el 6 de junio de 1932, era hijo de Cirilo Larrabure y de Carmen Conde. El menor de los siete hijos de una familia modesta y trabajadora, apegada a su suelo tucumano, con sentido de Patria y de tradición nacional.
Hay en la existencia de éste mártir una permanente vocación por la austeridad. Veamos: poco trabajo le dio a su familia cuando decidió viajar a Buenos Aires para ingresar en el Colegio Militar de la Nación, en 1949. Y ya en el transcurso de su primer año como alumno, mereció una certificación de elogio: "ha conseguido adaptarse al conjunto rápidamente… De muy buenas condiciones morales y muy buen estudiante", según sus maestros.
Destacado en ciencias exactas y versado en "materiales de guerra", Argentino del Valle Larrabure se acomodaba en esos primeros años como el número 84 entre 260 compañeros de estudios.
Enfoque jurídico y social
Pasó un instante, pasó una vida: en pleno desarrollo como militar, como jefe de una familia, Larrabure fue secuestrado y asesinado en condiciones de tal miserabilidad que la sola mención de sus detalles no encuentra cabida en la comprensión sobre algunas conductas.
Más adelante en el tiempo, se volverá a ver cómo fue la carrera de ésta víctima, cómo su secuestro y cómo su enfoque de la vida ante la adversidad.
Hoy se puede dar una mirada al enclave jurídico de lo que puede llamarse "el caso Larrabure", uno de los crímenes aberrantes ocurridos en los `70, extremo que parece no ser suficiente para que se puedan asimilar las terribles lecciones de un pasado violento.
El gobierno nacional reabrió causas judiciales por violaciones a los derechos humanos sepultadas por las leyes de punto final y obediencia debida. Esas normas fueron declaradas inconstitucionales y nulas, en decisión no impecable de la Corte Suprema de Justicia de la Nación; también fueron declarados imprescriptibles los delitos contra los derechos humanos cometidos con apoyo estatal.
Pero el caso Larrabure es "una piedra en el zapato": allí se demanda que se juzguen los actos criminales de grupos guerrilleros con la misma severidad con que se juzga a los responsables del terrorismo de Estado. En otras palabras, destapar ambos ojos en la mirada sobre la historia.
Admitirlo sería para los magistrados una conducta heroica y de sana Justicia, en la opción por los valores, a la jurisprudencia internacional, sin oír nada del sofisma para amnistiar a la guerrilla.
Hoy, la razón elemental que todo pensamiento jurídico sano necesita como base, nos dice que crímenes de lesa humanidad no son sólo los cometidos con el apoyo del aparato estatal, sino también los ejecutados por las organizaciones terroristas. No hay ningún componente estatal que permita superar el sagrado valor de la vida.
El criterio ha sido expuesto ya por el hoy ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan, cuando intenta de responder a la narrativa del odio con la narrativa de las víctimas. Así, considerar prescriptibles los crímenes de la guerrilla es violatorio de la moderna doctrina y de la jurisprudencia internacional: ambas estiman obsoleta la exigencia de participación estatal para que un crimen sea considerado de lesa humanidad.
En la causa "Almonacid", la Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó que ya en 1973 el asesinato ejecutado en un contexto de un ataque generalizado o sistemático contra sectores de la población civil, realizado por el Estado o por una organización terrorista, era violatoria de una norma imperativa del derecho internacional, siendo obligatoria su penalización.
Los jueces -dijo esa Corte -, como parte de un Estado sujeto a la Convención Americana, están sometidos a ella, obligados a velar porque los efectos de las disposiciones de la Convención no se vean mermadas por la aplicación de leyes carentes de efectos jurídicos por contrariar su objeto y fin.
Hay diversos tribunales que juzgan prescriptos los crímenes guerrilleros, aún contra el criterio superior en la interpretació n e una norma superior también.
Los derechos humanos son comunes a todos los hombres, que son titulares de ellos en plenitud. No hay un derecho a la vida de una y otra calidad.
Las estrategias gubernamentales tendientes a negar la existencia de los crímenes de lesa humanidad de la guerrilla no deben ser materia de contemplación judicial, porque la Convención Americana prohíbe esa discriminació n.
El muy inteligente fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, afirma que los crímenes cometidos por la guerrilla y los perpetrados por la dictadura militar y la Triple A, son delitos de lesa humanidad y, por ende, imprescriptibles.
Ya veremos otros perfiles de esta historia de una injusticia.
* * *
Formación ética y profesional de Larrabure, un modo de ser que causa admiración y respeto entre las personas bien
En esta continuación de análisis sobre el caso del militar secuestrado, torturado y asesinado por el Ejército Revolucionario del Pueblo durante el vigor de un gobierno democrático, podrá verse, en grandes trazos, el desarrollo existencial de esta víctima y cómo se comportó durante un infamante año de encierro y de dolor
Se dijo en la mirada precedente, que Argentino del Valle Larrabure, coronel de la fuerza Ejército, fue secuestrado por el ERP el 11 de agosto de 1974, durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón; que fue ahorcado por sus captores luego de un infrahumano cautiverio de 372 días, durante el cual fue reiteradamente torturado mediante pasajes de corriente eléctrica y haciéndole perder 47 kilos.
También se dijo que había ingresado en la carrera militar, como alumno, en 1949. Cabe preguntarse que hubo entre ese día y el de su desaparición forzada, como le gusta expresar a los magistrados de la camada unilateral del Poder Judicial de la Nación cuando hablan del terrorismo de Estado.
Y una nueva digresión: Videla, Masera y Agosti tomaron el poder el 24 de marzo de 1976. Desplazaron a un gobierno constitucional, Como es tradición, en esa toma de habló del pueblo y de la defensa de la Constitución. Aberrante, desde ya. Pero, el ERP que secuestró a Larrabure y las otras organizaciones que mataban indiscriminadamente , lo hacían durante gobiernos democráticamente elegidos. ¿En nombre de qué pueblo oprimido hacían lo que hacían? Aberrante también.
Regreso a los cerros
Volvamos a la víctima: En 1953, Argentino del Valle Larrabure recibió destino en su Tucumán natal. Allí se sintió reunido con sus raíces y también recibió el reconocimiento de sus superiores.
Esos superiores no fueron tacaños en la calificación: "Supera sus apariencias, que son de porte muy natural, sencillo y modesto. Puesto en acción frente a una tarea se multiplica en el rendimiento, evidenciando toda su capacidad y sus deseos de cumplir. Su manera de ser es llana, franca y leal, lo cual le permite conquistar el aprecio de sus camaradas, el afecto de sus subordinados y la confianza de sus superiores".
Y agregaron: "Dispuesto para la lucha franca, con elevado espíritu de sacrificio, demuestra aspiraciones profesionales dignas de ser reconocidas. Conduce su fracción con criterio. Educa e instruye a su tropa con dominio, precisión y método, y adoctrina con el refuerzo de sus propias convicciones. Es culto. Es respetuoso con todos, sin excepción; subordinado y buen camarada.
Es puntual. Buen gimnasta y resistente a la fatiga".
La firma es del mayor Pedro Alejandro del Río, su jefe de batallón. El criterio era compartido al cabo de su primer año como oficial, por el jefe del Regimiento, teniente coronel Alfredo Cirulli, quien añadía, además, que lo había observado en el ejercicio del mando como "firme, enérgico y siempre equitativo".
La Plata y después
El desempeño de Larrabure fue valorado año por año, unidad por unidad. El jefe en el Regimiento 7 de La Plata teniente coronel José María Morteo, observó: "Es de temperamento reposado, afable y bondadoso", lo cual no le impide "mandar con energía y firmeza…, enseñando con el ejemplo" a sus subordinados.
En 1955, el joven Larrabure fue ascendido al grado de teniente; el mismo año se casó con María Susana de San Martín, hija de un médico porteño.
Llegaron los hijos: en octubre de 1956, la primogénita, María Susana; en junio de 1959, Arturo Cirilo.
Conceptos raigales
Ya que se habla aquí de la familia, hay un gesto familiar que puede pintar al objeto de este recuerdo de cuerpo entero: en febrero de 1974, poco antes del secuestro, el matrimonio Larrabure-San Martín obtuvo de la Justicia de Menores de Villa María, en Córdoba, la guarda de un menor de nueve años, Jorge Alberto, que se integró totalmente en el seno del hogar ya armado.
El concepto de este hombre de armas por demás reflexivo sobre la institución familiar debería usarse en las clases elementales para los alumnos más pequeños: "El matrimonio -dijo- no es un contrato, o no es sólo un contrato. No es tampoco una institución, porque es mucho más que una institución. Y lo mismo, los hijos, los hijos de la sangre de uno, a la cual uno puede asimilar hijos de afecto, hermanos de afecto.
"Estoy convencido de que el matrimonio y la paternidad son grandes por la grandeza de las cosas que los inspiran, desde el espíritu de Dios en quien creo, hasta la profundidad del amor, de que debe ser capaz cualquier ser humano, a no ser que lo obnubile esa naturaleza animal que debe estar controlada por el espíritu".
Hacia la ingeniería
De nuevo, la carrera: durante 1959, fue jefe de la Sección Mantenimiento en el Estado Mayor del Ejército y ascendió a teniente 1º. En el año militar siguiente pasó a la Escuela Superior Técnica, donde el mayor Jorge Garrié Faguet, su jefe del primer curso, señalaba sobre él: "Se destaca entre sus camaradas por su actuación en los estudios y por haber puesto de manifiesto en forma encomiable su sentido de responsabilidad, de resolución e independencia de juicio, y su dominio de sí mismo".
Entre los años 1960 y 1964, tiempo en que cursó estudios en la Escuela Superior Técnica, su calificación fue siempre la máxima. Cien puntos en "carácter", cien puntos en "espíritu militar", cien puntos en "capacidad intelectual" , cien puntos en "competencia en el mando".
En 1963, ya ingeniero militar completo, Argentino del Valle Larrabure fue ascendido a capitán. Pasó a la Fábrica Militar de Tolueno, en Campana, donde primero fue auxiliar técnico de la dirección y, en seis meses más, jefe de producción.
El coronel Eugenio H. Martínez, en esos momentos director de producción de la planta, exaltó al terminar 1965 que había encontrado en Larrabure no sólo "condiciones generales realmente sobresalientes" , sino que también durante el período de su gestión se lograron "resultados altamente satisfactorios, que ponen en evidencia responsabilidad, criterio y conocimientos técnicos de su especialidad" .
Estudio y trabajo
En 1968, recibió el curso básico de Comando en la Escuela Superior de Guerra, pasando luego al Comando de Intendencia, donde fue nombrado jefe de laboratorios. Todas sus calificaciones continuaron siendo de cien sobre cien, mientras que su dedicación profesional hizo que estudiase incesantemente las materias de su especialidad. Largas horas en laboratorios y bibliotecas le permitieron estar al día con los adelantos mundiales, porque como dijo a un químico civil en Campana, "lo único que sé es que en el año 2000 usted y yo vamos a estar estudiando".
Orgulloso de su carrera, siempre destacó que las armas habían sido –Saavedra y sus Patricios mediante- determinantes para el pronunciamiento del 25 de Mayo de 1810. Más tarde, el valor para expulsar a los colonizadores, para establecer la unidad geopolítica del país, para ensanchar las fronteras interiores y para unificar, en períodos cruciales, el pensamiento político con la acción.
Villa María
En diciembre de 1969, Larrabure fue designado subdirector de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María. El hombre veía su destino castrense y, a los 37 años, calculaba un largo y fructífero camino por delante, especialmente en el desarrollo de la industria, una posibilidad concreta de aportar al desarrollo técnico del arma y del país.
Como era diciembre, asumió el cargo y dejó para poco después el veraneo de rigor con la familia. A todos les gustaba la geografía de Claromecó y repetían allí sus descansos de verano.
En abril de 1970, simultáneamente con sus funciones de subdirector, Larrabure se hizo responsable de la jefatura de producción. Sus subordinados, militares y civiles, quedaron asombrados con su capacidad de trabajo. Doce o catorce horas al frente de la planta no eran demasiado cuando de él se trataba. También era permeable a cualquier problema de su gente.
Dos años en Brasil
Al comenzar 1972, tuvo que suspender su licencia anual: después de un breve período en Buenos Aires, en el Estado Mayor, fue designado para seguir un curso en el Instituto Militar de Ingeniería, de Río de Janeiro. Comprobó allí que la Argentina contaba con todos los elementos humanos y técnicos necesarios para que su producción militar se situara a la cabeza en América del Sur.
La residencia en Brasil se prolongó para Larrabure durante todo 1972 y todo 1973. Allí cursó Extensión en Química y alcanzó las más altas calificaciones, además de establecer sólidas amistades con su cautivante don de gente y su conducta simple y cordial.
Según el general José Guimaraes Pinheiro, director del IME, Instituto Militar de Engenharia, dependiente del Ministerio brasileño de Ejército, Larrabure era un hombre "de magníficas condiciones morales e intelectuales. Demostró formación castrense excelente, responsabilidad, sólidos conocimientos profesionales y un elevado espíritu de camaradería".
Agregó el general brasileño que superiores y camaradas de los cursos en el IME se maravillaron de la prontitud con que Larrabure pasó a dominar el portugués, lo que pronto permitió que quedaran realzados su "cavalheirismo e sociabilidade" .
La solidez de esos vínculos amistosos quedaría comprobada también a la hora aciaga de su asesinato.
En lo estrictamente científico, Larrabure se había destacado principalmente en Física-Química Orgánica, en Administració n y Organización de Industrias Químicas, en Química Cinética y en Economía Aplicada a la especialidad.
Su trabajo "Nitración de celulosa por proceso no-clásico" tuvo amplia repercusión en el Instituto brasileño, y en diciembre de 1973 el vecino país lo condecoró con la Orden del Pacificador, destacándose sus cualidades humanas, militares y profesionales, en la resolución correspondiente.
En enero de 1974, sin licencia, Larrabure ya estaba en su puesto de Villa María.
Después, llegarían la mecánica del secuestro y el martirio.
* * *
Noche del 11 de agosto de 1974: copamiento de la fábrica de Villa María y secuestro de Argentino del Valle Larrabure
El militar estuvo secuestrado por los terroristas del ERP durante 372 días. En ese lapso perdió 40 kilos. Fue atormentado de mil formas. Lo mantuvieron en un pozo. Murió cantando el Himno Nacional.
En notas previas sobre el caso del teniente coronel Argentino del Valle Larrabure, se ha visto un somero perfil sobre su personalidad y sobre su carrera militar. Además, hay un enfoque sobre la igualdad ante la ley, ya que no se quiere aceptar para los asesinos el mismo tratamiento judicial que el que reciben los que pudieron participar en el llamado terrorismo de Estado.
Existe una mecánica de los hechos del secuestro en sí, insoslayable para este relato, cuya razón fue actualizada porque una mujer invocó en voz alta el apellido de este mártir en un cato castrense y su familia comenzó a recibir castigos y represalias.
Asalto sangriento
En la noche del 11 de agosto de 1974, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) asaltó dos espacios militares. Uno, el Regimiento de Infantería Aerotransportado Nº 17, en Catamarca.
La respuesta de la guardia frustró el copamiento. Dos terroristas quedaron muertos y herido un tercero. Hubo heridos militares.
El otro ataque se produjo contra la Fábrica Militar de Villa María. Era una geografía distinta -a cinco kilómetros del radio urbano- y la fuerza de choque se integró con setenta guerrilleros armados, varios de ellos entrenados fuera del país.
El ataque contó con la ayuda de un cómplice infiltrado: el soldado Alberto Luis Pettigiani, que abrió puertas y fue el cicerone.
Sábado por la noche
La acción del ERP comenzó a las 22 de ese sábado: quince subversivos coparon un motel a unas nueve cuadras de la planta militar. Varias parejas ya habían ocupado habitaciones del lugar, que en pocos minutos se convirtió en cuartel general del operativo.
Entre los treinta ocupantes armados, una decena se vistió con uniformes militares; el resto, alejado, se mantenía en contacto por radio.
Siempre hay un acaso: una pareja llegó en auto al motel y al verlo a oscuras, retrocedió rumbo a Villa María, lo que inquietó a los conspiradores. Algunos dispararon sin resultado contra el automóvil y desataron un operativo policial en la región.
Varios guerrilleros se lanzaron al ataque contra la Fábrica Militar. Para ese momento, frente al motel, había caído la primera víctima: el cabo Marcelino Cuello.
Los infiltrados
El soldado Pettigiani, con dos adeptos, hizo lo suyo para que la guardia de entrada fuera reducida por traición, desde el recinto. A la vez, en el perímetro castrense, donde se alojaban los oficiales superiores con sus familias -entre ellos Argentino del Valle Larrabure, su esposa y los tres chicos-, se desarrollaba una reunión de amigos. Distensión de sábado por la noche.
Mientras el choque en el motel se prolongaba, alrededor de sesenta terroristas pudieron entrar en el organismo. Se habían dividido en grupos, conocían la distribución del personal a esa hora, así como la ubicación de los materiales.
Los agresores quisieron secuestrar al teniente coronel Osvaldo Jorge Guardone, que estaba en su casa. Este, que ya había oído ruidos extraños, organizó su defensa: le entregó un arma a cada uno de la familia que supiera manejarlas. Cayó uno de los atacantes y le resto se fugó.
Con la gente que estaba reunida, la cosa fue distinta: a Larrabure y al capitán Roberto A. García se les ordenó tirase al piso.
Larrabure, la persona de más alta jerarquía militar en la fiesta, se identificó y demandó tranquilidad. Con García fue tomado como rehén y llevado hacia un automóvil. El capitán trató de escapar y fue masacrado a tiros por la espalda; quedó malherido y lo subieron, con Larrabure, a un vehículo que salió del lugar.
Buena cosecha
La lucha seguía: la dotación de la planta -entre 50 y 60 soldados- resistió sin mayor orden. Habría que contar con el factor sorpresa: al momento de comenzar su descanso nocturno, esa tropa se encontró con gente violenta, armada y con ropa militar.
Fue un triunfo para el ERP, organización que siempre estuvo mejor preparada que otras, también violentas, pero menos entrenadas en táctica de guerrilla rural y urbana.
Los atacantes se fueron con un botín nada desdeñable: un camión cargado de fusiles FAL, ametralladoras, explosivos, armas cortas, y uniformes.
En otros diez vehículos se llevaron a sus muertos -fueron dos- y heridos -entre cinco y siete-. En el lugar, quedaba un feo saldo: Larrabure había sido secuestrado; el capitan García, muy mal herido, fue abandonado por muerto: tenían disparos en el abdómen, quemaduras de cigarrillos en el torso y un brazo y una pierna fracturados.
El ensañamiento con García fue un preludio de lo que iban a hacer con Larrabure.
Horas después del copamiento, cuando intentaba eludir un control de rutas, uno que manejaba un Fiat 128 robado, chocó fuertemente. La policía sacó de entre los hierros un tucumano de apellido Sánchez. En el asiento lateral, estaba el cadáver de un experimentado subversivo: el médico José Luis Boscaroli. Sánchez admitió la participación de ambos en el ataque a Villa María.
Con Argentino del Valle Larrabure, la subversión ya contaba con dos militares en su poder: el Teniente Coronel Jorge Roberto Ibarzábal, había sido secuestrado en Azul.
Otro mundo
Nunca en nuestro país, una persona ha sufrido un cautiverio tan prolongado y tan cruel como el que padeció Larrabure, acosado por el tomento físico y psíquico durante casi un año.
No hubo en prisionero ningún cambio. Simplemente, su excepcional personalidad se mostró a la altura de las circunstancias con una entereza que sólo puede tener su cuna en una concepción moral profunda.
Los "pozos" del terrorismo de Estado ("lugar de reunión de detenidos" en lenguaje militar) eran, dicen sus víctimas, como para marcar la existencia de lo presos de por vida.
Las "cárceles del pueblo" fueron también impensables. Si alguien desapasionado observa cómo fue tenido Larrabure en "prisión" llega a preguntarse cómo hay seres humanos capaces de someter a otros a tales situaciones de despojo. Más aún, este mártir jamás abandonó su profundo amor por la vida. No hubo entrega de ningún tipo.
El ERP le hacía llegar a la familia Larrabure notas y mensajes del cautivo. Una vez, el 28 de febrero de 1975, Narciso Aurelio Larrabure, hermano del secuestrado publicó una carta en la que directamente hablaba con Argentino del Valle. Lo hizo en el diario Córdoba.
En la posdata de meridiana claridad se decía: "En estos momentos sos para la subversión un <trofeo de acción>. En la paz no lejana, éstos se devuelven. Vale".
Pero al prisionero no le dejaban leer diarios, acceder al mundo siquiera desde un receptor de radio.
Ante el silencio, el mismo Narciso Aurelio Larrabure publicó, un mes más tarde, una segunda carta. Al pie, consignaba su teléfono y dirección en San Miguel de Tucumán.
Poco antes de cumplirse el año del secuestro, en diarios de Córdoba y de Buenos Aires apareció una solicitada de la familia que expresaba la esperanza en el reencuentro.
Cartas a los suyos
En cuanto a las misivas que Larrabure pudo enviar a los suyos, tres de ellas estuvieron fechadas el 8 y el 22 de octubre de 1974, y enero de 1975.
En ellas, el estilo delata al hombre de temple. En tono coloquial, por ejemplo, expresa: "Querida María Susanita: Por las razones conocidas no puedo acompañarte en tu cumpleaños, pero sí te llegará mi amor de padre, a través del espacio, de la distancia. Cumples 18 años. Toda una señorita. Debes tener la entereza para sobrellevar este infortunio y estar dispuesta a esperar lo peor...
Dos semanas más tarde, el 22 de octubre, Larrabure consiguió permiso de sus carceleros para remitir una segunda carta a sus familiares, especialmente dirigida a su esposa, a la que afectuosamente llamaba Marisita. Todo es aliento, grandeza y fuerza para reconfortar a los demás: "No bajes la guardia Marisita, y seguí adelante. Nita y los chicos te ayudarán y podrás continuar conduciendo la familia. Les agradezco infinitamente a mis hermanos, y a todos los amigos, personal del Ejército y de la Fábrica que te ayudan en esta emergencia. A mis hijos y ahijado especialmente, que no olviden mi mensaje: aunque suceda lo peor, no deben odiar a nadie...".
Pero no era un iluso: con letra de compleja lectura, le dijo a los suyos: "...Si están todos juntos sean fuertes. No tengan mucha esperanza en volverme a ver. Sepan que siempre los quise mucho. A vos, Marisita, un beso fuerte y la reafirmación de mi amor…"
Ya se verá cómo fue realmente la vida en prisión y cómo fue el asesinato.
Publicado en El Pregón de La Plata los días 15,16 y 17 de Abril de 2008
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