Presiones de afuera, respuestas de adentro
Thursday, 16. August 2007, 18:15:27
Presiones de afuera, respuestas de adentro
Vivimos en un mundo donde las presiones sexuales sobreabundan y nos persiguen, pero ¿pasará lo mismo en nuestras iglesias? ¿Están las iglesias preparadas para responder a dichas presiones? ¿Cómo deben comportarse las mujeres? ¿Y los hombres? ¿Y los pastores y líderes?
"Todo está lleno de sexo. Aun cuando me propongo no pensar en ello, el resto de la gente me empuja hacia allí", decía resignado un joven cristiano. Y tenía razón; vivimos en un sistema social impregnado de sexo. Por darle libertad, pensando que el camino de la saturación llevará a la gente a disminuir su interés en él (como si los ejemplos de Sodoma, Gomorra, Babilonia, Roma, y otras ciudades no existieran) el sexo presiona cotidiana y multifacéticamente sobre quienes queremos desarrollar una práctica sexual controlada y vivir en santidad de vida.
Así es el sistema. Cuando una señora joven o señorita camina por la calle, razonablemente bien vestida, recibe frases que van desde lo agradable hasta lo burdo. Cuando viaja en autobús en horas en que muchos lo hacen, los roces y empujones que soporta no siempre son involuntarios. Cierta joven bonita dijo: "¿Tendré que pagar toda mi vida el ser atractiva con esto de no poder caminar ni pasear tranquila sin que me codicien o presionen sexualmente?"
Otra joven, no tan bonita y de tez morena, expresó: "Los hombres creen que porque soy de piel oscura soy más propensa a aceptar sus propuestas. ¿Por qué tengo que aguantar eso?" Sabido es que a muchas damas les gusta este cortejo, pero no dejan de ser presiones.
A esto se suman las de los novios, puesto que, en la generalidad de los casos, el varón es más susceptible a lo físico que la mujer, y son ellas las que deben controlar las relaciones prematrimoniales de pareja.
El varón también sufre presiones. Desde la vestimenta contemporánea hasta la publicidad de neumáticos para el automóvil, todo está presionándolo sexualmente. "Los hombres sólo piensan en eso", dicen las muchachas, pero poco reflexionan sobre el hecho de que ellos viven en un mundo donde abundan las mujeres con faldas cortas, vestidos ajustados, prendas transparentes, diezmados trajes de baño y accesorios diseñados para presentar esos "bocados apetecibles" que el hombre debe codiciar y las otras mujeres envidiar. Muchas mujeres cristianas se visten y comportan sin tener en cuenta el tropiezo que son para los varones.
"Las muchachas de hoy son poco profundas", dicen los varones. Sin embargo, todo el sistema social, al poner tanto énfasis en lo sexual-físico, empuja a la mujer a llamar la atención con el casi único recurso que la misma sociedad toma como válido. Es como un grito clamoroso que la mujer usa para ser tenida en cuenta. Y, muchas veces, ni ella misma se da cuenta.
Las preguntas lógicas y obligadas, entonces, son: ¿Cómo están vistiéndose las damas de nuestras iglesias? ¿Cómo miran nuestros muchachos a las jóvenes? ¿Qué ambiente sociosexual tenemos y creamos nosotros, como cristianos? ¿Tenemos otra identidad por ser cristianos –como debería ser– o hemos sido ya asimilados como parte del sistema?
"Es que voy a quedar anticuada", dicen las muchachas. "No hay nada malo en ello, pastor. Hay que contemplar todo lo bello que Dios hizo", dicen los muchachos. Sí, es cierto que algunos líderes desearían ver a las mujeres cristianas vestidas como lo hacían las abuelas a principios de siglo, pero hay mujeres muy modernas y bien arregladas que saben "decorarse" bien, y al mismo tiempo considerar qué conviene y qué no conviene al crecimiento de sus hermanos, los varones cristianos. La belleza femenina es creación de Dios, "pero no todo me conviene", y es rayano en la blasfemia el postular "la obra de Dios" como motivo para jugar con lo que no es otra cosa que mera carnalidad.
La dura y creciente resistencia al tratamiento del tema por parte de las congregaciones han llevado a los pastores a tener miedo a quedar como antiguos u obsesivos si hablan mucho del asunto. Si bien no podemos quedarnos detenidos en la historia, creativamente debemos acompañar la evolución de los tiempos con respuestas cristianas contemporáneas.
Dios sigue diciendo: "Sed santos como yo soy santo", y santo sigue significando lo mismo: apartado, y no otra cosa.
El mundo tiene su sistema carnal, diabólico, que propone novedades cada día. La iglesia no debe quedar en un tiempo anterior sino formar parte del actual, pero ser parte de los tiempos modernos no es ser del mundo.
Si somos capaces de adaptarnos y cuidar los principios –no las formas– podremos ser de ayuda valiosa a nuestros hermanos; podremos aconsejarlos en santidad y con entendimiento de lo que les toca vivir cada día.
por Francisco Alarcón L.
Vivimos en un mundo donde las presiones sexuales sobreabundan y nos persiguen, pero ¿pasará lo mismo en nuestras iglesias? ¿Están las iglesias preparadas para responder a dichas presiones? ¿Cómo deben comportarse las mujeres? ¿Y los hombres? ¿Y los pastores y líderes?
"Todo está lleno de sexo. Aun cuando me propongo no pensar en ello, el resto de la gente me empuja hacia allí", decía resignado un joven cristiano. Y tenía razón; vivimos en un sistema social impregnado de sexo. Por darle libertad, pensando que el camino de la saturación llevará a la gente a disminuir su interés en él (como si los ejemplos de Sodoma, Gomorra, Babilonia, Roma, y otras ciudades no existieran) el sexo presiona cotidiana y multifacéticamente sobre quienes queremos desarrollar una práctica sexual controlada y vivir en santidad de vida.
Así es el sistema. Cuando una señora joven o señorita camina por la calle, razonablemente bien vestida, recibe frases que van desde lo agradable hasta lo burdo. Cuando viaja en autobús en horas en que muchos lo hacen, los roces y empujones que soporta no siempre son involuntarios. Cierta joven bonita dijo: "¿Tendré que pagar toda mi vida el ser atractiva con esto de no poder caminar ni pasear tranquila sin que me codicien o presionen sexualmente?"
Otra joven, no tan bonita y de tez morena, expresó: "Los hombres creen que porque soy de piel oscura soy más propensa a aceptar sus propuestas. ¿Por qué tengo que aguantar eso?" Sabido es que a muchas damas les gusta este cortejo, pero no dejan de ser presiones.
A esto se suman las de los novios, puesto que, en la generalidad de los casos, el varón es más susceptible a lo físico que la mujer, y son ellas las que deben controlar las relaciones prematrimoniales de pareja.
El varón también sufre presiones. Desde la vestimenta contemporánea hasta la publicidad de neumáticos para el automóvil, todo está presionándolo sexualmente. "Los hombres sólo piensan en eso", dicen las muchachas, pero poco reflexionan sobre el hecho de que ellos viven en un mundo donde abundan las mujeres con faldas cortas, vestidos ajustados, prendas transparentes, diezmados trajes de baño y accesorios diseñados para presentar esos "bocados apetecibles" que el hombre debe codiciar y las otras mujeres envidiar. Muchas mujeres cristianas se visten y comportan sin tener en cuenta el tropiezo que son para los varones.
"Las muchachas de hoy son poco profundas", dicen los varones. Sin embargo, todo el sistema social, al poner tanto énfasis en lo sexual-físico, empuja a la mujer a llamar la atención con el casi único recurso que la misma sociedad toma como válido. Es como un grito clamoroso que la mujer usa para ser tenida en cuenta. Y, muchas veces, ni ella misma se da cuenta.
Las preguntas lógicas y obligadas, entonces, son: ¿Cómo están vistiéndose las damas de nuestras iglesias? ¿Cómo miran nuestros muchachos a las jóvenes? ¿Qué ambiente sociosexual tenemos y creamos nosotros, como cristianos? ¿Tenemos otra identidad por ser cristianos –como debería ser– o hemos sido ya asimilados como parte del sistema?
"Es que voy a quedar anticuada", dicen las muchachas. "No hay nada malo en ello, pastor. Hay que contemplar todo lo bello que Dios hizo", dicen los muchachos. Sí, es cierto que algunos líderes desearían ver a las mujeres cristianas vestidas como lo hacían las abuelas a principios de siglo, pero hay mujeres muy modernas y bien arregladas que saben "decorarse" bien, y al mismo tiempo considerar qué conviene y qué no conviene al crecimiento de sus hermanos, los varones cristianos. La belleza femenina es creación de Dios, "pero no todo me conviene", y es rayano en la blasfemia el postular "la obra de Dios" como motivo para jugar con lo que no es otra cosa que mera carnalidad.
La dura y creciente resistencia al tratamiento del tema por parte de las congregaciones han llevado a los pastores a tener miedo a quedar como antiguos u obsesivos si hablan mucho del asunto. Si bien no podemos quedarnos detenidos en la historia, creativamente debemos acompañar la evolución de los tiempos con respuestas cristianas contemporáneas.
Dios sigue diciendo: "Sed santos como yo soy santo", y santo sigue significando lo mismo: apartado, y no otra cosa.
El mundo tiene su sistema carnal, diabólico, que propone novedades cada día. La iglesia no debe quedar en un tiempo anterior sino formar parte del actual, pero ser parte de los tiempos modernos no es ser del mundo.
Si somos capaces de adaptarnos y cuidar los principios –no las formas– podremos ser de ayuda valiosa a nuestros hermanos; podremos aconsejarlos en santidad y con entendimiento de lo que les toca vivir cada día.
por Francisco Alarcón L.







